martes 26 de octubre de 2010

SISTEMAS DIGITALES Y ORDENACIÓN TERRITORIAL

Representación de los usos futuros del suelo. SIG del Palm Beach County, Florida


En un futuro inmediato, uno de los instrumentos que debe incorporarse imperativamente a la tarea de la ordenación territorial y urbanística es el que traduzca las determinaciones previstas en la planificación territorial a una herramienta informática apropiada que pueda manejar bases de datos complejas. Ese papel lo representan ya los sistemas de información geográfica y, por ello, serán el camino para lograr una transformación radical de la administración pública del suelo mediante la implementación de departamentos de administración territorial plenamente informatizados.

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Los sistemas de información geográfica (SIGs) constituyen un mecanismo decisivo para el análisis de los territorios ya que permiten la asignación de infinitas familias de determinaciones, datos y características al suelo, lo que facilita una multiplicidad de aproximaciones a la comprensión del espacio que nos rodea. Esos mecanismos informáticos para el tratamiento de datos territoriales, basados en cartografías temáticas son el fundamento de la actual explosión de la información geográfica orientada a su utilización por redes telemáticas comunes como Internet.

En el caso de la ordenación urbanística y territorial esas características a incorporar a las herramientas digitales tendrían que ver, por un lado, con la asignación normativa de usos posibles -o, por el contrario, su prohibición expresa- junto a la definición de las actuaciones posibles en cada parcela; y, por otro, con la concreción de la forma adecuada de la disposición sobre el suelo y la limitación de la intensidad de los aprovechamientos en las edificaciones asociadas. Debido a ello, los SIGs pueden servir muy eficientemente para ejercer una administración continua y en tiempo real de las autorizaciones públicas de todas aquellas transformaciones que se producen en el territorio. Un corolario evidente es la necesidad de traducir el planeamiento territorial y urbanístico, aquellos documentos que establecen la definición explicita de los usos futuros del suelo, a este tipo de sistemas.
Sin embargo, las dificultades que supone tanto el aprendizaje y manejo de herramientas complejas y delicadas, junto a la necesidad de una constante dedicación para la actualización de la información, como unos aparatos administrativos más proclives a mantener las inercias del pasado, están haciendo que la implantación de bases de datos y sistemas de información geográfica en la ordenación del territorio sea muy lenta. Hace ya más de diez años que se explicaron las bases metodológicas adecuadas para afrontar este asunto en un número monográfico de la revista Ciudad y Territorio (Nº 124 2000) y, sin embargo, el retraso actual en su implantación en las administraciones municipales españolas hace evidente este serio problema que existe para la superación de la actual burocratización del manejo público del suelo.
Ordenación urbanística con definición de la forma urbana. Desarrollos urbanizables del PGO de Tegueste. Consultores de Planeamiento, Paisaje y Arquitectura, 2009
Explicándolo de una manera simplificada, un sistema de información geográfico para la ordenación territorial se apoya en constituido esencialmente por dos grupos de componentes interrelacionados: una segmentación espacial dibujada de un territorio concreto, constituida por piezas gráficas independientes y no solapadas y una base de datos alfanumérica que establezca como mínimo las características diferenciales y exclusivas de cada pieza a partir de la definición de aquellas determinaciones imprescindibles. Entre ellas, las que se refieren a las condiciones de uso y aprovechamiento específico en cada punto de ese territorio. Para que pueda funcionar el sistema, una condición ineludible es que ambos grupos estén interrelacionados con la asignación de códigos de enlace que identifiquen las piezas con los grupos de datos o determinaciones específicas.
Un elemento que es esencial para la construcción del sistema digital para la ordenación territorial, al cual da soporte la base de datos, es la división completa del territorio en superficies independientes, interpretadas cartográficamente y a las que se puedan asignar condiciones y datos diferenciados. Teniendo en cuenta las razones de la ordenación urbanística, que suelen estar ligadas a la gestión administrativa de las transformaciones del suelo, la fracción ideal o fragmento territorial a estos efectos, en principio debería ser la parcela o finca catastral.
Debido a ello, un criterio en esta línea es el que basa el sistema en la identificación de la propiedad del suelo; es decir, en la utilización del parcelario catastral allí donde haya una descripción gráfica adecuada. Es más, para establecer un sistema de administración digital de este tipo, debería ser posible agrupar las distintas parcelas o tramos de las mismas que cumplan las mismas condiciones que se consideren relevantes a los efectos administrativos. Si bien el parcelario catastral podría ser el recurso más apropiado para fundamentar un sistema de información territorial no siempre es posible ya que es algo que desgraciadamente esta lejos de existir en la mayor parte del planeta Su ausencia en muchos casos, sus errores en la identificación exacta de las propiedades o su incompatibilidad con las propias bases cartográficas usadas para la descripción del suelo, que suelen presentar diferencias sustanciales de dibujo, hacen al catastro un soporte muy dudoso.
No obstante, un segundo escalón posible es el que se refiere a la identificación de piezas de mayor entidad que puedan mantener en cada punto interior el mismo valor concreto de la determinación que se asocia. Es, por ejemplo, el caso de las manzanas en los suelos urbanos más consolidados; en los que las formas de edificación y sus alturas son similares y, por tanto, el aprovechamiento urbanístico asignado a todas las parcelas que la componen tienen necesariamente el mismo parámetro numérico.
Urbanización residencial en Bonita Springs, Florida. Boston Globe, 30/09/2010
Una condición ineludible para la construcción del mosaico territorial que daría fundamento al sistema de información y administración territorial es que tiene que establecerse inequívocamente la segmentación del espacio en dos conjuntos de piezas independientes y no solapadas: Un primer grupo compuesto por aquellas que conforman el dominio público; por un lado, tanto en la esfera territorial (la costa, los bosques demaniales, dehesas comunales, vías territoriales, etc.), como en las propias áreas urbanizadas (parques, plazas, calles, etc.); un segundo grupo lo formarían las piezas que representan las superficies de propiedad privada (fincas agrarias, manzanas urbanas, etc.). A lo anterior se deben añadir los componentes que establezcan y definan la información asociada. Es decir, las características diferenciales de cada una de esas piezas identificadas y que podría referirse a superficie, usos aceptables, edificabilidad máxima asignada, entre otras muchas y múltiples cuestiones posibles.
En los sistemas digitales para la administración territorial que se asocian a la ordenación urbanística y rústica, esos grupos de superficies pueden agruparse o segregarse en piezas de mayor o menor tamaño, dependiendo del tipo de determinación aplicable. Por ejemplo, una cuestión que se puede aceptar como parte esencial de la ordenación territorial es la determinación que asigna aprovechamiento a las distintas parcelas o aquella otra que establece los usos posibles y prohibidos (residencial, comercial, etc.). Es el caso también de la asignación de un carácter urbano, urbanizable o rústico a grandes piezas de terreno en un territorio concreto.

Segmentación del puzzle de la ordenación territorial establecida de acuerdo a su integración en un Sistema de Información Geográfica. PGO de San Juan de la Rambla. Consultores de Planeamiento, Paisaje y Arquitectura, 2010
Pero pueden haber otro tipo de determinaciones de mayor nivel de complejidad y menor inteligibilidad, como las que se refieren a las formas de gestión que deben aplicarse para lograr un mayor nivel de urbanización del espacio público o aquellas otras que se requieren para lograr de una manera gratuita los suelos destinados a servicios y equipamientos colectivos sin necesidad de tener que recurrir a la compra o expropiación. Es lo que algunos han definido como determinaciones para la gestión y ejecución urbanística y que deben contener necesariamente un importante número de condiciones legales que requieren de un tratamiento informático complejo.
Otra posibilidad consistiría en establecer las superficies mínimas que responden a criterios homogéneos de división espacial. Por ejemplo, se puede dividir un territorio específico considerando su uso asignado tradicionalmente o aquel otro derivado del establecimiento de condiciones legales específicas. Así podríamos segmentar una comarca en piezas de suelo, eriales, forestales, agrarias y urbanizadas junto con las superficies dedicadas a las redes viarias públicas que les dan accesibilidad. En cada punto del territorio el sistema tendría un valor concreto y excluyente al cual le podríamos asignar también unas condiciones de aprovechamiento concretas y que regirían la autorización de unos usos y actividades y también la exclusión de otros.
La segmentación del puzzle espacial de las áreas urbanizadas y de aquellas otras que van a incorporarse a la urbanización, de acuerdo al planeamiento que se proyecta tienen una importancia decisiva para orientar eficientemente el tráfico inmobiliario, asegurando el máximo beneficio colectivo y las garantías adecuadas para los particulares. Por ello, la calidad y precisión de su definición gráfica es fundamental para facilitar una buena administración pública del espacio ligado a los procesos de urbanización y transformación en las ciudades. 

Ordenación general de las superficies de un municipio de la isla de Tenerife. PGO de San Juan de la Rambla. Consultores de Planeamiento, Paisaje y Arquitectura, 2010
De todo lo anterior, se colige que en la práctica urbanística hay varias familias de determinaciones espaciales que se pueden asociar a la aplicación de los instrumentos de ordenación. Unas tienen que ver con cuestiones de índole general que afectan a la totalidad del territorio y otras que concretan las condiciones normativas aplicables para cada pieza de suelo. Entre las de rango general cabría establecer las que se refieren a los usos globales y la clasificación y categorización del suelo asignadas a grandes superficies del territorio que se ordena. Por ejemplo la segmentación en suelos de carácter ambiental, paisajístico, agrario, urbano, costero, etc. El otro grupo que podríamos adjetivar como de ordenación pormenorizada se refieren a cuestiones que afectan tanto a la regulación de la parcela en su definición y a la disposición de los posibles edificios en planta, como a la que afecta al establecimiento de la volumetría potencial en cada caso, junto a la regulación específica de los usos que es posible autorizar en cada parcela o solar. También, es viable establecer determinaciones en el sistema de ordenación y administración territorial que permitan avanzar en la definición de las formas de gestión del suelo para que se pueda realizar la urbanización y la entrega de parcelas dotacionales y las calles urbanizadas a la colectividad de una manera adecuada.
Lo importante para la constitución de un sistema de información territorial útil es que sirva para la consulta rápida de las condiciones que el instrumento urbanístico y territorial establece para cada punto de terreno que se gobierna. Las administraciones públicas, y la sociedad en general, necesitan de formas de ordenación del suelo ágiles y actualizadas, que puedan hacer un uso eficiente de las capacidades informáticas existentes en nuestros días. Unas herramientas de consulta eficaces para poder dirimir lo más conveniente en cada caso con celeridad y transparencia. 
Mosaico de la ordenación pormenorizada del conjunto histórico de San Juan. PGO de San Juan de la Rambla. Consultores de Planeamiento, Paisaje y Arquitectura, 2010
Por ello, los instrumentos de ordenación territorial deberían enfocarse para que puedan cumplir esta premisa desde hoy mismo, hacia sistemas de administración digital, aportando desde su formulación las herramientas que permitan su consulta instantánea y la verificación de las condiciones establecidas en cualquier fase de los procedimientos administrativos asociados a la autorización de usos y aprovechamientos sobre el suelo.
Es más, lo primordial es que cualquier ciudadano pueda ser capaz de acceder, en condiciones sencillas y en cualquier momento, a las determinaciones urbanísticas e interpretar esas condiciones que establece el ordenamiento vigente. Es decir hacer disponibles los datos sobre un terreno concreto para que una persona que no sea especialista esté habilitada, sin necesidad de intérpretes o intermediarios, para saber que se puede hacer allí, de calcular con una precisión aproximada la superficie edificable asignada y que, en definitiva, pueda obtener con facilidad los datos y parámetros urbanísticos que establecen el valor de un inmueble concreto.
La disposición de esas herramientas a disposición pública en la red de redes, Internet es el corolario necesario a este objetivo y con ello, se lograría la mayor transparencia pública que evite las arbitrariedades a las que tanto se acostumbra desde la esfera pública.--->

lunes 18 de octubre de 2010

EL LÁPÍZ, UNA HERRAMIENTA COTIDIANA


Generalmente, no nos solemos fijar en esa multitud de instrumentos familiares que nos acompañan en nuestra vida diaria. A menudo, su existencia la damos por hecha, como algo habitual, sobrevenido y que forma parte de nuestro paisaje personal con inmensa naturalidad.

Una de esas herramientas conocidas es el lápiz, un utensilio que nos ayuda diariamente a expresarnos, tanto a través del dibujo como a partir de la escritura personal. ¿Cuantos billones de ideas habrán fluido por sus puntas de grafito como una extensión casi espontánea de nuestro pensamiento? ¿Cuantos millones de dibujos de cosas maravillosas habrán surgido mágicamente sobre el papel como consecuencia de su aplicación?
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El lápiz ha acompañado a la humanidad durante varias centenas de años ya. A fuerza de la costumbre se ha convertido en una herramienta a la que no le solemos prestar ninguna atención, ya que suele ser omnipresente. Para escribir, para dibujar, para anotar recordatorios, para calcular, para rascarnos, para…
Este pequeño artilugio nos escolta en esa multitud de tareas cotidianas como una extensión de la mano, prolongando nuestro pensamiento y dejando una huella de nuestro paso por el mundo. Sin embargo, conceptualmente nació de una idea muy simple: proteger con madera una materia endeble, el grafito, para poder manipularlo y usarlo para crear todo tipo de líneas y tramas y, por supuesto, generar el sistema gráfico de comunicación por excelencia, la escritura.

Seguramente, el lápiz surgiría de una manera muy diferente a la forma en como se concibe la innovación en nuestros días, una época en que sufrimos con estoicismo una saturación de discursos plagados de juegos verbales vacuos. La innovación, esa importante estrategia relacionada con el esfuerzo común para avanzar y superarnos colectivamente, ha quedado indefectiblemente sepultada bajo la avalancha de palabras, haciendo que las ideas verdaderamente renovadoras corran el riesgo de perderse en una sopa de incoherencias y vacíos. Me refiero a esas disertaciones con los que nos aturden expertos y políticos de toda laya, que están llenas de acrónimos inventados intraducibles (como I+D+i) y que acaban usándose como mantras para engañarnos con el vacío argumental y la nada. Hoy, en los países avanzados, difícilmente se dan las condiciones para inventar cosas sencillas como las que puede representar el lápiz.

Sin embargo, la verdadera innovación probablemente la hacemos todos cada día cuando reflexionamos sobre nuestro trabajo y nos planteamos de una manera sencilla como podemos simplificar y mejorar lo que inicialmente se aparece como complejo. También cuando aplicamos el ingenio en las cosas más nimias y simples para que se puedan producir de una manera diferente. Lo ocurrido con los lápices a lo largo de la historia es un ejemplo preclaro de ello.


El lápiz es un instrumento heredero del stylus romano, procedente de Egipto o Mesopotamia. Consistía éste en un punzón metálico con el que se marcaban tabletas de barro o cera para escribir. Según Jeremy Rifkin, las sociedades agrícolas primitivas tuvieron que organizarse de manera más compleja para la producción a gran escala de los cultivos. Un esfuerzo que supuso la especialización de miles de obreros para desarrollar la tecnología hidráulica que sustentaba el regadío y con ella, concebir un sistema que permitiera el control del trabajo común y unas comunicaciones eficientes. La invención de la escritura supuso por ello un salto inconmensurable de la historia de la humanidad que se apoyó en herramientas que luego han permanecido a la largo de los milenios como ese estilete que antecedería a nuestros lápices contemporáneos.

La etimología de la palabra lápiz se rastrea en la lengua latina y su significado está relacionado con la piedra. Efectivamente, el grafito, que es su principal componente, es una piedra grasa que deja un rastro muy oscuro sobre muchas superficies. Esa cualidad permite directamente su uso como mecanismo para el dibujo y la escritura personal.
También el inglés pencil inglés remite a un pequeño pincel usado para escribir antes del descubrimiento del grafito en el siglo XVI. La nueva herramienta que surgiría de la invención del lápiz heredaría también en su denominación habitual la denominación de aquellos pinceles de escritura usados en los países anglosajones con anterioridad.
El mayor depósito de grafito se descubre en Borrowdale, Inglaterra en 1665 y sus aplicaciones iniciales estuvieron relacionadas con los moldes para la fabricación de cañones debido a su inmejorable pureza. Esta condición hizo que tuviera un carácter estratégico y su control directo por la corona inglesa. Según se cuenta en la información histórica que ofrece el Cumberland Pencil Museum, la leyenda dice que una violenta tormenta sacó a la luz las raíces de árboles recubiertas por un extraño material negro. Ese material que resultaría ser el grafito lo empezarían a usar los pastores del lugar para marcar sus ovejas.
Sin embargo, fue en Italia donde se produjo la innovación que definiría la base técnica del instrumento: Una pieza de grafito recubierta de madera para una mejor manipulación y control. En un principio parece que se ahuecaban palillos para introducir las barras del mineral y, así subsiguientemente, acabarían tallando dos piezas semicirculares simétricas de madera que se encolarían en la solución finalmente estandarizada. Esta es la tecnología de fabricación que ha permanecido inalterada hasta prácticamente nuestros días.
La extensión de su uso por toda Europa en los siglos XVII y XVIII, así como las impurezas de otros yacimientos continentales descubiertos posteriormente, obligaron al molido del material y a su reconstitución y endurecimiento con arcilla. Una mezcla que surge en Francia de la necesidad durante las guerras napoleónicas. El inspirador de esta nueva innovación está en el inicio de una de las marcas conocidas de este tipo de artilugios, Nicholas Conté. Un ingeniero que establecería la proporción entre uno y otro material y también la creación de una codificación a partir del grado de dureza resultante que es la base del sistema de identificación habitual.

A mediados del siglo XVII, Lothar von Faber iniciaría una dinastía de artesanos alemanes, fabricantes de lápices. Von Faber añadiría al lápiz otras innovaciones sencillas. Por ejemplo, la forma hexagonal de la pieza que facilitaría un mejor uso habitual. Al aplanar lateralmente la forma cilíndrica se lograba eliminar que los lápices rodasen por las mesas y acabasen perdiéndose con facilidad. Pero Faber, y luego la marca que lo seguiría, Faber-Castell, no solo aportó aquella mejora sino que estableció reglas para la normalización del tamaño, grosor y graduación a la que acostumbramos hoy en día.
Otra aportación, a las formas y diseños del lápiz que von Faber mejoró, no ha sido tan reconocida y es la que se refiere al añadido de una pequeña goma de borrar en uno de sus extremos. Sin embargo, es en Estados Unidos donde ha adquirido mayor carta de naturaleza y donde aquella idea fue patentada finalmente a finales del siglo XIX, sin que le fuera reconocida a su verdadero descubridor.
Desde entonces la región alemana de Stein, cerca de Nuremberg, ha seguido fabricando los mejores lápices, y de allí proceden las marcas de referencia que se utilizan masivamente y son un símbolo de máxima calidad. Nombres como Faber- Castell, Staedtler y Lyra que hoy acaparan masivamente el mercado mundial de esta herramienta.

Según el semanario The Economist, actualmente se producen más de 15.000 millones de lápices anualmente, de los que un 15% son de la firma Faber Castell. La potencia de esta marca se fundamenta tanto en su reconocimiento mundial como una referencia de calidad como en el continuo esfuerzo para lograr pequeñas innovaciones.
Durante los últimos cien años, el fabricante Faber-Castell ha seguido trabajando en logar pequeñas mejoras para ese instrumento. Una de sus aportaciones más recientes es la que se refiere al llamado EcoPencil que se basa en el uso de madera certificada ecologicamente por el Forest Stewardship Council. Para la fabricación del EcoPencil se han puesto en cultivo 10.000 hectáreas de bosque reforestado sobre un terreno brasileño anteriormente estéril. Una iniciativa que aporta a la marca un carácter sostenible y responsable frente a la devastación de recursos que actualmente padecemos. Algo parecido está haciendo más recientemente con el uso para los lápices de barnices y lacas libres de toxinas y biodegradables que se supone hacen más felices a los padres, que observan como sus hijos mantienen esa tradición de roer continuamente sus extremos.
EcoPencil. De Treehugger
Una última innovación curiosa de Faber-Castell al instrumento es el añadido de tramas de puntos de goma en su envoltura exterior para hacerlo más ergonómico, al contribuir a atenuar el efecto deslizante del sudor humano en su superficie, atenuando con ello el deslizamiento por la palma de la mano.
Como podemos comprobar, los lápices han evolucionado enormemente con el tiempo y las innovaciones asociadas han sido también de una simpleza apabullante, pero que por ello no son menos importantes. Es sorprendente, por ejemplo, que el simple hecho de transformar la forma cilíndrica de su soporte ligneo en un prisma hexagonal supuso un grandísimo avance en su manejo y conservación general. Actualmente, se experimenta también con la opción triangular como una alternativa que puede ser popular entre los niños al adaptarse mejor a sus pequeñas y redondeadas manos.

De todo lo anterior, podemos deducir que la historia del lápiz es indicadora de cual puede ser el verdadero papel de la investigación aplicada. En cuanto que su progresiva transformación hasta las formas y estándares actuales es la narración de un continuo añadido de pequeñas y sencillas aportaciones que se fundamentan en simples evidencias de ingenio. Una forma de mejora continua que nada tiene que ver con esas complicadas parafernalias que nos quieren vender como las estructuras imprescindibles para producir la innovación.
En el fondo, podríamos deducir que lo que los promotores públicos buscan realmente con ese discurso ligado al famoso trinomio de la Investigación, Desarrollo e Innovación, es la generación de nuevas burocracias para el control más restringido de los escasos recursos colectivos y que, por tanto, sirvan de argumento para nuevos privilegios administrativos.--->

sábado 9 de octubre de 2010

URBANISMO Y TRANSPARENCIA DIGITAL

Urbanización residencial en Bonita Springs, Florida. Imagen: Boston.com

La difusión reciente y generalizada de maquinas para el manejo de todo tipo de datos ha introducido la posibilidad de estructurar ordenadamente cualquier sistema que implique el uso masivo de información. Por ello, también el diseño de los mecanismos para la gestión y acceso automatizado a información espacial se ha convertido en el próximo desafío para el urbanismo y, en general, para la ordenación del suelo en la esfera de las administraciones públicas.
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Una ordenación territorial sistemática adaptada a su gestión mediante aplicaciones informáticas es hoy en día un reto esencial para el gobierno del territorio en los países avanzados. Sin embargo, y de una manera generalizada, todavía se siguen empleando herramientas inadecuadas para el control y gestión de esa información masiva asociada a los usos y aprovechamientos del suelo. Parecería que las inercias administrativas fueran un lastre de difícil superación en este campo.
En países como España, por ejemplo, el control legal del territorio se ha confiado tradicionalmente al registro de la propiedad urbana y rústica, el catastro relacionado con los impuestos asociados y, más recientemente, a través de instrumentos urbanísticos específicos que faciliten la administración en la esfera municipal. Es el caso de los planes generales y parciales de ordenación, que generalmente no superan un nivel de definición instrumental y documental básico para esa posible ordenación informatizada del tráfico privado de los terrenos.
Las bases registrales son un instrumento esencial para el manejo de las transmisiones privadas de la propiedad del suelo mientras que el catastro de la propiedad es una herramienta ligada a la hacienda pública que posibilita al estado asignar impuestos al suelo de una manera justa, en teniendo en cuenta las posesiones reales de cada cual. Ambos instrumentos son fundamentales para permitir un tráfico de esos bienes privados sobre bases contrastadas y fiables y con ello, acceder a otros servicios que se apoyan en la propiedad de carácter inmobiliario, como los financieros. En muchos países tanto los registros de la propiedad como el catastro son inexistentes o poco fiables y ese hecho supone un déficit notable para el desarrollo social de los territorios, como así han comprendido algunos. Existen ya algunos esfuerzos altruistas que pretenden contribuir a implantar este tipo de servicios colectivos de una manera eficiente y fiable. Es el caso del Instituto para la Libertad y la Democracia, que desde Perú impulsa sistemas más eficaces y honestos para extender las garantías sobre los derechos de propiedad del suelo entre los más pobres y desasistidos.
Parcelario catastral del barrio del Ensanche en la ciudad de Barcelona. Fuente: BCN Pic
Los registros de la propiedad y los servicios catastrales públicos son, en sí mismos, ejemplos de bases de datos territoriales, imprescindibles para una gestión adecuada del suelo. Es decir, el acopio duradero, constante y fiable de los datos relativos a la distribución de la propiedad del suelo permite actuar con unas mínimas condiciones de seguridad. Esta es una tarea que tradicionalmente se ha llevado a cabo en archivos escritos y otros sistemas de carácter analógico en los que se tienen en cuenta las referencias y mapas cartográficos de una manera nominal. Hoy en día, la disponibilidad de cartografías digitales avanzadas permite asociar esas bases de datos relativas a la propiedad del suelo a la identificación geométrica precisa de cada parcela. En muchos lugares se ha desarrollado ya esa tarea de transferir esa ingente información acopiada sobre el suelo hacia bases cartográficas homologadas. Un grave problema que se suele presentar es el volcado de la información utilizando referencias cartográficas y mapas dispares, que no tienen una homologación unitaria, lo que hace disímiles e incompatibles las nuevas capas dibujadas de datos con otras afectadas.
Zonificación urbana del PGO de Lerida. 2005. Revista Urban nº 13
En lo que se refiere a los instrumentos relacionados con la disciplina urbanística que se han incorporado a la ordenación del suelo desde mediados del siglo XIX, sus herramientas tampoco han evolucionado de acuerdo a las capacidades disponibles ya, de carácter informático y digital. Hoy en día, se sigue proyectando masivamente la ordenación del territorio y de la urbanización usando ideas, conceptos, e instrumentos provenientes de las maneras y metodologías heredadas del pasado.
Pero es que además, existen contradicciones y superposiciones que impiden aclarar el objetivo y alcance de los instrumentos técnicos y administrativos. Por poner un ejemplo, la legislación espacial española, a partir de la segunda mitad del siglo XX, ha concebido los planes generales de ordenación como una anticipación deseable del desarrollo de lo urbano en las distintas circunscripciones municipales. El plan establecería un diagnóstico y unos objetivos para decidir la mejor opción en la disposición de las nuevas áreas residenciales y económicas sobre la base de un análisis previo de las distintas componentes que pueden tener una influencia en el crecimiento de las ciudades (geográficas, económicas, sociodemográficas, etc.). Junto a lo anterior, ese instrumento urbanístico definiría también los elementos que garanticen una funcionalidad y estructura adecuada al conjunto, nuevas carreteras, dotaciones colectivas, etc.; además aportaría una definición básica de las condiciones de uso y aprovechamiento de las distintas superficies ordenadas.
Un sistema muy endeble y discutible para garantizar una adecuada ordenación del territorio que a la vez oriente el desarrollo de la urbanización y al mismo tiempo cumpla también con la tarea de determinar el alcance del derecho de propiedad en las distintas piezas de suelo que componen un término municipal. Con esta doble responsabilidad el plan falla en la anticipación futura de los desarrollos y además también fracasa como instrumento de ordenación, concebido colateralmente para asignar nuevos aprovechamientos urbanísticos. Por todo ello, el sistema urbanístico español ha degenerado con el tiempo en un fangal de corruptelas y arbitrariedades que lastran muy negativamente el futuro territorial de este país.
Lo que es peor, en el curso de los años en España, el urbanismo y los instrumentos asociados han ido abandonando paulatinamente la componente planificadora para convertirse casi exclusivamente en mecanismos para la asignación de nuevos usos y aprovechamientos a determinadas piezas de suelo seleccionadas de una manera irracional y aleatoria. Este proceso de asignación administrativa de aprovechamiento supone una fuente de enriquecimiento notable sin apenas costes de producción. Revalorizaciones que se concretan en una excesiva plusvalía urbanística generada prácticamente desde la nada. Una suerte de piedra filosofal contemporánea que es buscada con ahínco por los propietarios monopolistas de suelo y sus colaboradores necesarios. Aquí, como en otros muchos lugares, la mera clasificación de una superficie de suelo como urbana o urbanizable supone la generación de ingentes rentas; un hecho que está en el fundamento de la atrayente especulación inmobiliaria con el territorio. Es este un mecanismo espurio al socaire del crecimiento de las ciudades -que son fruto del esfuerzo colectivo- pero en base al cual los operadores privados tratan de apropiarse denodadamente de esa nueva riqueza, teniendo como consecuencias colaterales innumerables fraudes técnicos y administrativos, también apoyados políticamente en muchos casos. La especulación sobre el suelo no es una situación nueva, pero a la que más de doscientos años de experiencia urbanística no ha logrado establecer un control adecuado.
Mientras no se cambien estas condiciones legales en que se apoyan los procesos de urbanización en nuestro país, la única forma de combatir esta apropiación privada, indebida y excesiva, de rentas solo puede consistir en el establecimiento de la máxima transparencia junto a la definición con precisión de esas plusvalías para intentar la máxima devolución hacia la colectividad de la riqueza producida. Y aquí empiezan a tener un papel fundamental los sistemas públicos digitales, geográficos y territoriales, basados en información masiva sobre el suelo. La construcción de bases de datos urbanísticas, fácilmente accesibles mediante su consulta universal permitiría tener un control colectivo y más eficiente de los desarrollos urbanísticos. Y con ello, argumentos colectivos para lograr una mejor reversión a la esfera pública de las plusvalías generadas.

Identificación del conjunto de fincas registrales de la isla de Tenerife sobre cartografía pública homologada. Sistema de Información Geográfica en la red de la empresa pública canaria GrafCan
Un instrumento técnico que colaboraría eficientemente en el objetivo social anterior es el que proporcionan las herramientas denominadas sistemas de información geográfica basadas en programas informáticos ya ampliamente disponibles. Un sistema de este tipo es un conjunto de recursos digitales que permiten una explotación adecuada de datos asignados espacialmente. Con ellos, se pueden hacer análisis complejos sobre las condiciones geográficas y la distribución espacial de distintas cuestiones asimilables territorialmente. Por ejemplo la distribución de la población, el carácter y riqueza ambiental de los suelos boscosos, etc. En los últimos años esta posibilidad sencilla de asignación espacial de datos concretos ha dado lugar a una explosión exponencial del uso y explotación de la información espacial disponible. Solo hay que recordar lo que suponen herramientas como Google Earth o Maps para entender el alcance del cambio producido.
Pero es que la incorporación de la ordenación urbanística y territorial a los sistemas de información geográficos permitiría un acceso sencillo y casi inmediato de la información sobre el suelo. Una vez construida la base de datos espacial, su disposición en Internet no requiere de grandes esfuerzos. Es más la construcción de una base de datos urbanísticos orientada a su gestión cotidiana podría permitir que cualquier transformación o cambio en los aprovechamientos y usos del suelo pudiera reflejarse en un corto período de tiempo.
Llevado a su extremo, estos sistemas de información digital en la red podrían constituir un procedimiento de trasmisión de ese conocimiento esencial para la colectividad que se refiere al manejo del suelo y del gobierno en el crecimiento de la urbanización. Un instrumento que dificultaría la acción oscura de aquellos que pretenden obtener ventaja precisamente de esa información privilegiada que hoy en día está restringido a los departamentos de planificación urbana ligados a los Ayuntamientos.
Favela en la costa de Río de Janeiro. Foto: J.K. Johnson, Flickr--->