lunes, 27 de septiembre de 2010

LOOS, EL ANTIWIENER

Cuando los padres han construido todo, a los hijos solo les queda derrumbarlo.
Karl Kraus en Die Fackel

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En 1959, la revista Casabella publicaba un número monográfico sobre el arquitecto austriaco Adolf Loos. En ese número se presentaba su obra de arquitectura a partir de un extenso artículo de investigación de Aldo Rossi, en aquella época redactor en aquella publicación italiana.
Decía Rossi allí que la arquitectura siempre ha sido expresión, incluso a través de sus contradicciones, de la clase dirigente de su tiempo, puesto que debido a sus determinantes económico políticos no es imaginable hacer arquitectura de oposición.”
Lo curioso del caso es que la actitud intelectual de Loos fue casi siempre de oposición arquitectónica-a través de sus continuos comentarios críticos- a las variadas escuelas y grupos predominantes establecidos en su entorno. Primero contra el conservadurismo estético de la Viena de finales del siglo XIX y su apoyo incondicional al historicismo que ha quedado ejemplificado en la numerosa colección de edificios del Ring y luego, contra la primera generación renovadora de la arquitectura austriaca, articulada alrededor del movimiento de la Wiener Secezion de Otto Wagner y sus acólitos.
La formalidad del edificio para la sede de la Secesión, de Joseph María Olbrich en la Karlplatz vienesa, condensaría la contradicción reflejada por Loos entre la búsqueda de una alternativa estética para la arquitectura neohistoricista en el énfasis decorativo y la necesidad de una nueva forma de expresión acorde con los tiempos que se avecinaban.
Según relata el escritor y crítico George Steiner en un extraordinario artículo de 1979 para la revista New Yorker, titulado Wien, Wien, nur du allein (Viena, Viena, solamente tú) debería haber un libro extraordinario que no se ha escrito todavía en el que se mostrara que la esencia de la cultura que se ha desarrollado contemporáneamente tuvo su origen en la pléyade de discrepantes que se acumuló en los círculos intelectuales de la ciudad de Viena a comienzos del siglo XX. Tanto la filosofía más reciente como la novelística, la música, la pintura, la sociología, la economía, etc., etc. serían deudoras del pensamiento de los numerosos personajes que se encontraron indefectiblemente en esa ciudad, esos años. Un trío de amigos -que anticiparía y catalizaría numerosas manifestaciones artísticas- destaca sobre esa hormada de pensadores: Karl Kraus, Arnold Schönberg y Adolf Loos.
La práctica satírica que Karl Kraus ejerció sobre sus coetáneos, sobre aquella sociedad próxima, ejemplificaría también el método de duda radical sobre todo lo que nos viene dado desde una fe ciega en la autoridad y la racionalidad establecida. Schönberg y sus discípulos, Alban Berg y Anton Webern explorarían en la parquedad de sus propuestas, los límites musicales de un tiempo que se acababa. Y, finalmente, Adolf Loos abriría la puerta a la concepción de una nueva arquitectura sin atributos, descarnada y liberada de aquella concepción vienesa de decorado que tanto odió.
Edificio para la sede de la Wiener Secezion. Joseph María Olbrich, arquitecto.
Loos, que nunca obtuvo titulación académica, siempre aspiró a un radicalismo superior que despojara al arte de aditamentos de carácter decorativo y pudiera así anticipar más serenamente la expresión adecuada para una época convulsa. Su lucha contra todo tipo de arquitectura enmascarada en el decorativismo fue un ejemplo del camino que debería luego transitar toda la vanguardia organizada alrededor del Movimiento Moderno. Le Corbusier, entre otros, lo consideraba un ejemplo inestimable y, de hecho, lo imitaría descaradamente en sus proyectos de villas en la primera época de su estancia parisina.Panelado interior de madera de caoba en la tienda de complementos para caballeros de Goldmann&Salatsch. Adolf Loos, interiorista, 1904.
En el pequeño excurso de 1898, Die kranken ohren Beethovens (Los oídos enfermos de Beethoven), Loos se quejaba de la extrema incomprensión de los contemporáneos hacia la obra innovadora del verdadero artista. Para él, lo nuevo necesita un tiempo para su asimilación, lo que generaría indefectiblemente el extrañamiento social del precursor de las formas nuevas, situado en un territorio desconocido más allá del gusto establecido. Un estigma que atenazará a aquellos que desde el mayor conocimiento y genio pretenden anticipar la expresión artística de vanguardia. Aunque escribió esas ideas en apoyo a la música atonal del joven Arnold Schönberg y contra el rechazo burgués de la Viena de su tiempo, probablemente lo haría también como un reflejo frente a la propia denegación social de su arquitectura.
En otro texto de 1898, Die potemkinsche stadt (La ciudad Potemkin), Loos manifestaba su total oposición, casi su desprecio, a la nueva arquitectura urbana de Viena. Los historicismos románticos, neogóticos, neoclásicos, etc. del Ring respondían a una demanda formal orientada a imitar unos estilos del pasado, envidiados por los recién llegados a la ostentación y el lujo que otorga la riqueza. Según su argumentación, esas nuevas construcciones evidenciarían la impostura de una clase advenediza que prefiere la falsedad y la mentira a la expresión auténtica de la técnica contemporánea. Para ello establecía un paralelismo con las construcciones ficticias que el Príncipe Grigori Potemkim preparó para Catalina la Grande en las planicies de Ucrania, unos inmensos decorados en los que presentar unos supuestos súbditos de unos pueblos y ciudades florecientes que eran simples tramoyas de cartón y telas. Consideraba que la falsificación escenográfica de aquella arquitectura vienesa que pretendía ser palaciega sería lo mismo que una estafa. Para Loos, frente al fetichismo del pasado, la obligación moral de la arquitectura estaría en la búsqueda incansable del estilo acorde a cada época, aquél, que en su inevitabilidad formal y tecnológica, pudiera transmitir la fuerza del espíritu social que corresponde a ese tiempo específico.
En su famoso texto Ornament und verbrechen (Ornamento y Delito), presentado a la reunión de la Werkbund de 1908, exponía entonces de una manera radical la necesidad de despojar al arte y a la arquitectura de las excrecencias decorativas y recuperar la esencia última de la construcción como fundamento para una estética honesta y realista. Hacía allí la comparación entre el aborigen tatuado y el dandi moderno como ejemplos de la relatividad ética y la necesidad de que el lenguaje y la expresión contemporánea se liberarán de aditamentos innecesarios. Para Loos, la evolución cultural equivaldría a la progresiva eliminación de la ornamentación de los objetos y espacios que nos rodean, tanto en el uso cotidiano como en la arquitectura.Un elemento de interés en la relación amistosa entre Kraus y Loos está en la contraposición de sus paralelos esfuerzos con el dominio de la palabra, el lenguaje como expresión de lo efímero imperfecto frente a la realidad del arte que se niega. Así mientras Karl Kraus construye pacientemente su crítica irónica de la sociedad vienesa en la revista Die Fackel (La Antorcha) a lo largo de 900 números y 37 años de esfuerzos continuados, la publicación de Loos, Das Andere (Lo Otro), solo tendrá dos ediciones en 1903 y se consumió en su intrascendencia como medio de comunicación de sus ideas.
El resultado de aquellas deliberaciones, concretadas en algunas de sus obras residenciales y comerciales, alcanzaría un alto grado de refinamiento anticipatorio que le supondría la incomprensión de la mayoría de sus paisanos. El hoy ya famoso y valorado edificio para la sastrería Goldman y Salatsch, en la Michaelerplatz vienesa, terminado en 1911, recibiría a lo largo de las primeras décadas del siglo XX el mote de la casa sin cejas por su ausencia de elementos decorativos en sus escuetas fachadas. Según la leyenda popular, el propio emperador Francisco José rechazaría esta obra y desde su finalización evitaría, para no verlo, salir a la ciudad por la puerta que da a esa plaza, desde su residencia habitual en el Hofburg.
Sin embargo, la actitud de Loos en la Michaelerhaus no era de rechazo visceral a la forma de construcción de la ciudad histórica. Simplemente, hacia una reflexión más profunda sobre las componentes relevantes de la arquitectura vienesa heredada para pasar a extraer sus elementos más esenciales. La forma de la composición vertical, la disposición de huecos y basamentos, el empleo de vitrinas y mostradores acristalados junto a las aceras no serían sino comentarios a la tradición. Por ello, sería una autoexplicación sobre como se podrían hacer las cosas renovadamente sin renunciar a lo allí depositado anteriormente. Es decir, el esfuerzo por establecer un diálogo enriquecedor que no supusiera la perpetuación de la imitación y la falsedad.
Según Loos, la arquitectura debe considerarse como una actividad lastrada por la contingencia. El edificio debe responder en una primera instancia a una utilidad básica y, por tanto, para el pensador vienés es, quizás, un hecho intelectual que está más ligado a la artesanía que al arte propiamente dicho. Para nuestro protagonista, la arquitectura está delimitada por las cadenas de lo práctico y por el sometimiento a un encargo específico. La diferencia entre arte y arquitectura radicaría en la posible libertad de sus actores; mientras el artista puede expresar sus obsesiones de una manera irrestricta, el arquitecto debe someterse a unas condiciones de contorno muy precisas que coartan su expresión. Condiciones que se refieren tanto a la geografía y a la funcionalidad como a la técnica y a la economía materiales. Unos acotados márgenes que conceden al arquitecto un papel más artesanal que artístico.
Según el filósofo Máximo Cacciari en su reflexión sobre Loos, la obra de arte comienza en el terreno de la libertad personal y del conocimiento exhaustivo del lenguaje heredado. Desde ahí debe responder al reto de explorar el más allá, poniendo en crisis el conocimiento acumulado y situarse por ello, en una posición extraterritorial, aquella que se refiere al espacio del descubrimiento que se apoya en la comprensión más profunda de las palabras y frases originarias de su especialidad. El momento del arte es un instante arriesgado, de máxima ruptura y que, por su excepcionalidad no es fácilmente reproductible.
Edificio para Goldman&Salatsch en la Michaelerplatz de Viena. Adolf Loos, 1904
Sin embargo y por ello para Loos, la arquitectura únicamente puede alcanzar el estadio artístico en solo dos situaciones, las que se refieren al monumento y al sepulcro.
Es por eso que, en su sepulcro, Loos renuncia a cualquier adorno, propugna el máximo despojamiento lingüístico como forma de apertura a un nuevo universo del espacio artístico, aquel posible porque es único. La excepcionalidad de este hecho espacial, que se expresa en su caso en un cubo de granito de un metro por un metro por un metro, es el lugar en el que espera en el límite alcanzar el futuro, con la renuncia total a la expresión y la escucha de aquello que está fuera de nuestro alcance.
Parecería por ello que la respuesta estética contemporánea a la imposibilidad artística de la arquitectura debería estar en la abdicación de todo deseo expresivo. Este podría ser el legado más destacado que este Antiwiener  nos ha dejado apuntado desde hace ya más de un siglo.
La tumba de Adolf Loos en el cementerio central de Viena--->

lunes, 20 de septiembre de 2010

EL ARTESANO













Por Richard Sennet
Ed. Anagrama. Barcelona 2009

 
 
 
Hace varios años un amigo me recomendó leer un libro de Richard Sennet titulado La cultura del nuevo capitalismo y desde entonces me he convertido en un asiduo de este sociólogo británico. Una de las últimas ediciones de su vasta obra que ha aparecido en castellano es este El artesano (publicado por primera vez en 2008) y que trata sobre la general voluntad de las personas para hacer bien las cosas que se les encomiendan. Constituye el inicio de una trilogía que promete ser apasionante, que continuará con un segundo volumen que tratará de desvelar los rituales que pautan la agresión y terminará con un estudio sobre la forma de lograr y habitar entornos humanos más sostenibles.
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Si hay algo que caracteriza a Richard Sennet es que presenta las cuestiones más densas y complejas de una manera muy amena. Utiliza la narración de anécdotas y experiencias concretas para explicar los asuntos más abstrusos. Su último trabajo publicado se titula precisamente, How I write, Sociology as literature (Como escribo, sociología como literatura), lo que indicaría su segunda vocación, la de enseñar escribiendo bien. Esa habilidad especial del autor hace que El artesano sea un texto que se lea con sumo placer. Tiene que ver en ello su adscripción confesa a la corriente filosófica del pragmatismo que aspira a dar sentido amplío a las experiencias específicas de cada ser humano y que ha contado con precedentes tan cualificados como William James o Richard Rorty.
El sociólogo Sennet hace un extraordinario trabajo en El artesano, narrando y describiendo la gran perdida colectiva que ha supuesto el menosprecio de numerosas especialidades artesanas en las sociedades contemporáneas. El mito de la procedimentación del trabajo como forma de industrializar las tareas y el consecuente sometimiento del desarrollo paulatino de la experiencia personal concreta, llevan ya bastante tiempo produciendo unos estragos terribles. Algo que ya denunciaron hace más de un siglo, gentes como John Ruskin o Charles Rennie Mackintosh, impulsor de la recuperación artesana ligada al movimiento anglosajón del Arts and Crafts.
Taller de encuadernación. Grabado de la Enciclopedia de Diderot y D'Alambert
En el libro se señala una cifra recurrente derivada de numerosas investigaciones, que indica que el proceso de adquisición de las habilidades mínimas necesarias para llevar adelante una tarea artesanal de una manera eficiente, requiere aproximadamente unas 10.000 horas de entrenamiento de la persona. Ese tiempo común es esencial para lograr un conocimiento artesanal adecuado sobre cualquier materia. Sennet ejemplifica también al respecto la forma cómo se instituyó el manejo del escalpelo, un proceso de codificación de la experiencia que duró más de 100 años desde que en el siglo XV se pudo empezar a producir cuchillos de hierro con una mayor calidad de templado. En 1543, Andrés Vesalio publicó De humani corporis fabrica, un texto ilustrado esencial para el progreso de la actividad medica y que fue solo posible debido a las disecciones del cuerpo humano realizadas por su autor con escalpelos que permitían una precisión adecuada.
Vesalio produjo su descripción a partir del desarrollo de una práctica artesanal de calidad en el arte de la disección de cadáveres. Una habilidad que requiere de una gran precisión para no estropear las muestras y que permitió realizar esa maravilla descriptiva de la anatomía que todavía constituye una fuente de referencia básica en la disciplina anatómica.
El sistema sanguineo. De humanis corpore fabrica. Andrés Vesalio. 1543
El desarrollo del conocimiento artesanal es un proceso lento que en el medioevo requería de una organización gremial muy precisa y jerarquizada. Es debido a este proceso que los aprendices lograban adecuar su práctica a la realización correcta de las distintas tareas que eran necesarias en la práctica de una especialidad concreta. Sennet lo define como la transformación del conocimiento explicito en conocimiento tácito. Dice al respecto que la asimilación constituye un proceso esencial para todas las habilidades. Al aprender una habilidad, desarrollamos un complicado repertorio de procedimientos que acaban convertidos en unas rutinas sobre las que no pensamos directamente. En la fase superior de la habilidad, hay una constante interrelación entre ese conocimiento tácito y el reflexivo, el primero de los cuales sirve como ancla, mientras que el otro cumple una función critica y correctiva. La calidad artesanal es el resultado de esta fase superior.
El problema que suscita esta característica de la acumulación de la calidad es que es muy difícil de transmitir de forma explicita, escrita o de acuerdo al lenguaje. Algo que ya ocurría frecuentemente en los talleres artesanales del pasado. Pone como ejemplo la maestría como orfebre de Benvenuto Cellini, cuyo famoso salero de metales preciosos constituye una cumbre en el manejo de la forja y que ha sido imposible reproducir posteriormente. Como el mismo dijo, su arte moriría con él. Algo similar ha ocurrido con los violines fabricados por Guarnieri o Stradivarius: nadie ha sido capaz de realizar piezas de sonido tan perfecto y delicado después de la muerte de aquellos maestros artesanos de la región italiana de Cremona. Sus violines siguen siendo autenticas joyas irreproductibles que, debido a su especial timbre, son de un valor incalculable.
El problema de la calidad artesana se deriva de la dificultad para transmitir el conocimiento tácito mediante el lenguaje y, en consecuencia, las descripciones detalladas escritas son insuficientes. Sennet, para avalar esta tesis, recurre al contraste entre el médico experto y el novato y sus distintas formas de aplicación de las reglas conocidas. El experto, como es lógico, es más preciso en el diagnóstico al integrar una visión amplia del paciente y analizar el caso en relación a las perspectivas de evolución derivadas de experiencias anteriores; al mismo tiempo y ante el mismo caso, el estudiante tenderá a ser más formalista en el seguimiento de los manuales y procedimientos aplicables según criterios más rígidos.
La minusvaloración del conocimiento tácito adquirido en beneficio del establecimiento de procedimientos tasados descritos mediante la formulación de reglas escritas ha erosionado y empobrecido claramente la producción concreta de los bienes en aras de una supuesta mayor eficacia. Un inconveniente de este hecho es que no contempla el progreso personal a partir de la experiencia concreta y el adiestramiento dirigido. Es un problema clásico que afrontan desde hace muchos años las grandes empresas consultoras sin haber logrado una praxis adecuada todavía. De ello, se derivan las ventajas del grupo artesanal para lograr el grado de experto necesario. Es en el contacto cotidiano entre el maestro, los oficiales y aprendices como en el pasado se podía lograr una transmisión adecuada de ese tipo de conocimiento tácito.
Muchas tácticas laborales específicas se transmiten entre maestros y aprendices con el ejemplo en acción y su descripición es difícilmente reproductible mediante una habilidad complementaria como es el lenguaje escrito. La traslación de estos problemas a las comunidades profesionales y la deriva actual hacia una imposición burocratizada y reglada del trabajo lleva mucho tiempo ocasionado un empeoramiento de las condiciones en que las distintas profesiones realizan sus responsabilidades.
Escalpelo. Foto: Aesop, Flickr
Y es que la voluntad de progreso personal es esencial en el desarrollo artesanal de los individuos. En el proceso de enriquecimiento en las habilidades de los individuos es esencial la motivación en el adiestramiento que incentiva el progreso. Como dice Sennet, volver una y otra vez a una acción permite la autocrítica. Y es que además, la repetición genera una satisfacción no explícita, que lleva a que a medida que las habilidades mejoran sea posible realizar más repeticiones sin aburrimiento.
Allí donde esta necesidad, y la libertad que lleva aparejada, están coartadas por la eficiencia o la rapidez, se produce un cortocircuito que lleva a la ineficacia conjunta de las personas implicadas. Es por ello que sociedades extremadamente limitadas por reglas y normas jurídicas no progresan adecuadamente. En un extremo, las experiencias comunistas de brigadas profesionales han significado la desmoralización de los trabajadores y la ausencia de motivación de sus partícipes y con ello, la paulatina degradación de las tareas que tuvieran encomendadas.
Algo similar ocurre respecto a las herramientas de diseño asistido por ordenador. Un sistema que los arquitectos han abrazado con fervor y que parece que facilita la labor profesional. Según Sennet, es todo lo contrario ya que impide un conocimiento preciso de los objetos que se diseñan; ausencia derivada de la facilidad para sobrepasar la necesidad de volver una y otra vez sobre una misma tarea para poder aprehender su esencia profunda. Como se dice en el libro, el conocimiento de un terreno se adquiere trazándolo una y otra vez y no dejando que el ordenador lo regenere para ti.
Sennet tiene también una especial predilección por los problemas relacionados con el espacio, la ciudad y la arquitectura, derivada de su contacto con especialistas americanos y europeos como Joseph Rikwert y Saskia Sassen. Una disquisición muy interesante que se integra en el texto, relacionada con la diferencia entre experiencia intelectual y artesanal, es la que se refiere a la contraposición de dos obras concretas de arquitectura desarrolladas por dos vieneses universales, el filósofo Ludwig Wittgenstein y el arquitecto Adolf Loos.
La casa Moller de Loos ejemplificaría para Sennet el esfuerzo del arquitecto de integrar la imperfección implícita en la experiencia artesanal. En toda obra de arquitectura surgen constantemente imponderables que transforman – a veces radicalmente- la idea inicial de proyecto. Y, sin embargo, la integración inteligente de estas supuestas deficiencias puede transformar una obra de arquitectura en una experiencia artística que transmite la sabiduría de múltiples operadores.
Casa Moller, Adolf Loos. Foto: Klaas5, Flickr
En otra dirección, la casa que Wittgenstein hizo para su hermana en la Kudmanngasse vienesa representa la voluntad del filósofo para localizar y extraer las reglas esenciales de la arquitectura. En su arrogancia, pretendía entender la naturaleza del pensamiento arquitectónico, construyendo un edificio ejemplar y al primer intento. Algo en lo que de alguna manera siguió las pautas de Loos intentando establecer estructuras y condiciones espaciales universales.
Los proyectos de Adolf Loos eran documentos abiertos que planteaban una estructura integradora reconociendo la imperfección y por ello, los edificios resultantes pueden transmitir una emoción intensa mientras que la frialdad perfecta de la única obra arquitectónica de Witgenstein nació como algo muerto, tal y como reconoció el propio filósofo que, al acabar la casa familiar después de múltiples avatares, señaló que su lucha por lograr una perfección ideal produjo un objeto sin vida. Los efectos que él veía en su casa reflejan, en la época autocrítica, el efecto destructivo del perfeccionismo en filosofía y, más en general, en la vida mental.
Finalmente Sennet señala otro problema frente a la necesidad de la recuperación artesana como vía para un mejor desarrollo de las personas y el logro de trabajos adecuados. Un enemigo último de la artesanía sería el que representa la falacia de la calidad total y su control exhaustivo a base de procedimientos. Un sistema que busca teóricamente la excelencia pero, que en el fondo, esconde una incapacidad manifiesta para lograrlo consecuentemente.
El libro concluye con la reflexión sobre la entrelazada dualidad en el desarrollo artesanal que representan mitológicamente Hefesto y Pandora. Mientras Hefesto es un personaje que representa el valor social del artesano a pesar de su deformidad, Pandora es la belleza como atributo maligno. La fusión ambivalente de estas dos figuras estaría en la base de la cultura material de nuestra civilización. Mientras el artesanado nos puede dotar de bienes cotidianos y estéticos, solo el deseo artístico y la búsqueda de la gloria nos otorgan un mayor placer.
La excelsa belleza irrepetible abriría con ello la puerta a otras fuerzas destructoras e incontenibles. Es difícil contenerse para no destapar la caja de Pandora.--->

domingo, 12 de septiembre de 2010

UNA ISLA HACIA EL FUTURO


Roque de los Muchachos, la Palma. Foto: José Madrid, Flickr

Nuevas miradas sobre La Palma
Esta semana participo en un debate sobre la geografía y la economía de la isla de La Palma, titulado Miradas hacia el futuro. Un encuentro que organiza la fundación Fydes de CajaCanarias y ha sido coordinado por los profesores Carlos Fernández y Francisco Rodríguez de la Facultad de Economía de la Universidad de La Laguna.


En ese evento se van a exponer algunas ideas sobre cuales son perspectivas posibles para un futuro económico y territorial de un espacio insular tan característico, frágil y limitado como el de La Palma, en el contexto global. Como algunas veces he señalado, las islas y, sobre todo, las pequeñas islas, son un lugar privilegiado para actuar como laboratorio territorial que analice las cambiantes circunstancias que modelan nuestros lugares y hacia las que se encamina el conjunto del planeta.
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En cierta medida, las islas, debido a su carácter de espacio limitado y finito, anticipan las tendencias que se van imponiendo mundialmente en el manejo de los territorios, en un contexto económico cada día más interconectado. Por ello, creo, son un lugar privilegiado para hacer prospectiva. Es decir, instrumentos para analizar esas tendencias, su repercusión territorial y, en consecuencia, diagnosticar la situación y evaluar cuales son las posibles alternativas e ideas para poder afrontarlas con unas mínimas condiciones de éxito.
En mi caso, se me ha pedido que haga una pequeña aportación de ideas sobre el territorio y la arquitectura. Espero responder a lo que se me requiere no repitiendo argumentos ya conocidos y excesivamente trillados.
Para el que no la conozca, habría que explicar que La Palma es un lugar que cuenta con valores geográficos indudables. La mayor parte de ellos están relacionados con aspectos biológicos, paisajísticos y culturales. Cuenta con un parque nacional, el de la Caldera de Taburiente, que atesora innumerables especies endémicas, botánicas y zoológicas, en un espacio preservado de una manera correcta. Su condición como espacio que se ha sustraído a un desarrollo inmobiliario incontrolado, junto a otras innegables condiciones culturales y paisajísticas, le ha valido también su declaración como Reserva de la Biosfera, de acuerdo a los criterios de la Unesco.
No obstante, actualmente, La Palma es una sociedad que decrece demográficamente, estancada económicamente dependiendo de unas estructuras agrarias de exportación subvencionada, en proceso de extinción y sumamente depauperadas. En consecuencia, sus perspectivas de futuro no son muy halagüeñas a menos que se exploren alternativas que mejoren sus fortalezas y atenúen sus debilidades.
El Consejo Económico y Social de Canarias ha abordado valientemente la cuestión en su último informe anual sobre la economía regional, dedicando un capítulo entero a esta isla y que titula, La Palma, economía, sociedad y medio ambiente. Es un trabajo documentado y valioso que ha aparecido recientemente, un ingente esfuerzo intelectual que trata de abordar estas cuestiones para ofrecer algo de luz sobre los problemas de ese territorio insular concreto en la coyuntura actual.
Muchas de las cosas que se dicen en ese trabajo, creo que son sumamente enriquecedoras para alumbrar algunas alternativas posibles para estimular el desarrollo de la isla de La Palma en el futuro. Entre ellas, la propuesta de distintas innovaciones agrícolas ligadas a las tradiciones seculares del lugar parecería -a un profano como yo- un mecanismo viable para garantizar una mejora de las rentas menguantes de los palmeros. Se propone abordar inteligentemente una estrategia de la diferenciación y la calidad, ofreciendo productos agrarios reconocibles con alguna distinción peculiar y apoyándose en la naturalidad y la ausencia de fertilizantes como sinónimo de excelencia. Criterios que parecen correctos.
En mi percepción de lo allí expuesto, la recuperación de los mercados cercanos, insulares y regionales con productos frescos y perecederos, verduras, hortalizas y frutas, presentados como orgánicos y con marca propia, contribuiría a ese objetivo de mejora de las rentas agrarias insulares.
Un tercer elemento que sería esencial debería consistir en la construcción de circuitos avanzados de comercialización, para lo que es necesario el apoyo de la administración regional. Habría que acelerar la promoción de mercados y mercadillos municipales como un mecanismo que ofrezca una distribución alternativa frente a las grandes cadenas comerciales de capital exterior que no apoyan realmente la producción regional más allá de las declaraciones huecas.
Unidades de paisaje de la isla de la Palma. En azul, antrópicas; en verde, bióticas; y en ocre, abióticas. Analisis realizado por el equipo de la Reserva de la Biosfera de La Palma
Continuando con las ideas expuestas por el informe sobre la isla del Consejo Económico y Social de Canarias, parecería necesario incrementar el atractivo hacia el exterior para aumentar el volumen de visitas y de esa manera apoyar la sostenibilidad insular. En esta línea, La Palma constituye un tesoro escondido muy apreciado por un reducido número de conocedores que valoran enormemente el disfrute de sus condiciones paisajísticas y naturales. El senderismo es una actividad privilegiada en ese sentido. No obstante, el número anual de pernoctaciones es excesivamente bajo para apoyar adecuadamente una supervivencia económica de un territorio en el que habitan 80.000 personas.
El mundo es un espacio geográfico en el que se mueven cuatro tipos de flujos esenciales: capital, información, mercancías y personas. Estos flujos son los que evidentemente determinan la economía de los lugares. Como ha expresado Richard Florida en una brillante metáfora sobre las diferencias de producto interior bruto entre las regiones, el mundo ha dejado de ser plano para convertirse en un territorio de valles extensos y unas pocas cumbres altísimas.
Respecto a lo anterior, Canarias solo cuenta con alguna intensidad en lo que se refiere al movimiento de personas, ya que la actividad turística genera un movimiento de pasajeros considerable, superior a los 25 millones anuales. Existen algunos intentos por mantener una actividad ligada al trasvase de mercancías y a la exportación decreciente de productos del sector primario. Esta región tiene pocas posibilidades, aunque se intenta, en lo que se refiere a la información y podría decirse que es transparente para los flujos de capitales.
Dentro de este contexto ¿cuales son los atractivos que una isla concreta -como puede ser La Palma- tiene para incrementar el flujo de las personas?
La posición de una isla como La Palma en el sistema de las redes de transportes de pasajeros es doblemente periférica. De ello se deduce una debilidad manifiesta lo que debe inducir a que los esfuerzos para dar a conocer sus bondades y ventajas tienen que redoblarse a través de todos los canales en que ello sea posible.
Pero como contrapartida, algunos apuntan (como Gilmore y Pine) que el atractivo de los lugares se mejora ofreciendo experiencias únicas y no reproductibles por otros competidores. En esto, la isla tiene bastantes cosas que ofrecer y es cuestión de disponerlas en las condiciones de visibilidad más eficaces.
Patio de Tazacorte, La Palma. Foto: Carlos Schwartz, Archivo Histórico del COAC
Algunas ya son conocidas y se relacionan con el acceso a unos espacios paisajísticos singulares. Otras deberían conectarse con una adecuada combinación entre la gestión inteligente de ese territorio que aun contiene elementos naturales, la preservación de la cultura tradicional agroganadera heredada y una acogida razonable de los flujos de visitantes, aprovechando las infraestructuras y arquitecturas ya existentes.
Estos son activos inmateriales que serán fundamentales para el desarrollo de la posible industria de la recepción turística en este espacio insular: Es decir, las peculiaridades ambientales y paisajísticas; la forma en que se ha concretado el proceso de antropización, la específica construcción territorial realizada históricamente en la isla; y finalmente, el sabor de una cultura muy caracterizada y anclada en las tradiciones del sur de Europa que se expresa formalmente en la arquitectura popular heredada.
Pero es que podría haber otros muchos elementos que todavía no se han explorado consecuentemente en aras a aquel objetivo de generar atractivos para el ofrecimiento de experiencias basadas en la cultura local. Un trabajo reciente de un brillante investigador palmero, Arnoldo Santos, titulado Paseando entre jardines, ofrece una nueva perspectiva relacionada con la vegetación exógena acumulada a lo largo de la corta historia del archipiélago.
El carácter de La Palma como relicto biológico presenta singularidades relacionadas con la botánica y la zoología que son un activo fundamental cuyo aprovechamiento ya se ha organizado convenientemente. Un paso más allá es el que se relaciona con la introducción de flora exótica. Un hecho que se ha producido de una manera natural a lo largo de su historia y que permanece relativamente oculto.
Pero en esto comparte características con la isla de Madeira. Y allí parecería que lo están aprovechando con mayor inteligencia. El lema con el que se publicita esa isla atlántica, la isla de las flores, bien podría transponerse a La Palma. Un ejemplo de las estrategias desarrolladas en la isla portuguesa es la presencia de un jardín botánico en Funchal que es una infraestructura que ofrece una experiencia didáctica al visitante; una oferta que permite entender las cualidades específicas de la flora propia e introducida en aquella isla.
Jardín Botánico de Funchal. Foto: José Ferreira Jr, Flickr
De acuerdo a esta argumentación, otro elemento que podría incrementar el atractivo de la isla es la puesta en valor de la jardinería tradicional. Un circuito explicativo de las formas, especies y caracteres utilizados en los jardines domésticos que subsisten, podría ser un nuevo valor que se podría aportar.
Otra cuestión que ofrecería una nueva área a explorar es la que podría suponer la arquitectura de calidad como un elemento que aporte valor añadido a los atractivos presentes. Es preciso para ello, la identificación de la autenticidad en los elementos de valor patrimonial superadora de una visión, muy extendida en la isla, romántica y retrógrada de la arquitectura popular. Me refiero a la necesidad de estimular el talento en la producción arquitectónica, permitiendo la aparición de una expresión contemporánea que no sea meramente imitativa de las formas del pasado. Un complemento que se echa también en falta en La Palma es una mayor sofisticación en el interiorismo; algo que requiere de la aportación de especialistas preparados que den un toque de modernidad a las inserciones en los edificios más allá de actuaciones superficiales y meramente cosméticas.
Hay que recurrir nuevamente al ejemplo de alguna arquitectura reciente de Madeira y Azores para ejemplificar esta tesis. Unas experiencias insulares ligadas también netamente al lugar, pero que no renuncian al Zetgeist, la expresión estética que corresponde a la contemporaneidad.
Casa das Mudas. Espacio exterior de acceso. Paulo David, arquitecto. Calheta, Madeira 2005
Es relevante el caso del proyecto del centro cultural de la Casa das Mudas en Calheta, del colega macaronésico Paulo David, que hace una interpretación brillante del paisaje magmático de la isla para insertar un programa museístico con reminiscencias cultas plenamente actuales. Un edificio que fue nominado como edificio del año 2005 en el Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea.
Por supuesto, que hay una multitud de posibilidades relacionadas con esta cuestión del desarrollo autocentrado pero creo que no es este un espacio adecuado para extenderse con la profundidad que ello requeriría
Now I see. Instalación de Brigitte Kowanz en su exposición del MUMOK--->