lunes, 30 de agosto de 2010
ARQUITECTURA VIENESA. Algunas obras
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jueves, 26 de agosto de 2010
MASCARAS DE VIENA
Joyería Schullin 2. Hans Hollein, 1982
He estado recientemente en Viena y me ha impresionado constatar que es una de esas ciudades que, como París y Londres, contiene un legado histórico altamente significativo y rico. La capital austriaca es una condensación espacial y cultural intensísima, que se sitúa en un corto período temporal, los años finales del siglo XIX y las primeras décadas del XX.
<---Esa fue una época dorada de esplendor intelectual del Imperio Austrohúngaro y se prolongó a lo largo de una cincuentena de años escasos, entre 1865 y 1920. Coincide también con las convulsiones históricas finales una entidad política heredera del Sacro Imperio Romano Germánico, luego Austriaco, que tendría una duración conjunta de casi más de 1.000 años.
La cultura vienesa fin de siècle debió caracterizarse por una altísima sofisticación, resultado de la interacción de una multiplicidad grande de pueblos, países e identidades. Para percibir esto solo hay que hacer un breve repaso a las innumerables personalidades, que se reunían en sus celebrados cafés, y que tanto han contribuido a la creación del mundo contemporáneo, tal y como lo percibimos en los tiempos mas recientes. Desde filósofos como Ludwig Wittgenstein y científicos como Freud; pintores como Klimt, Kokotscha y Schiele; músicos como Mahler, Schönberg y Berg; hasta escritores como Karl Kraus, Robert Musil y el poeta Georg Trakl. Y por supuesto, arquitectos.
La intensa trayectoria cultural vienesa a lo largo del siglo XX puede representarse desde la arquitectura por algunas portadas comerciales que, como reclamos construidos, se han ideo superponiendo a edificios anteriores de corte romántico. Reflejan las inquietudes de una sociedad dinámica a la búsqueda de una autenticidad característica. Obras de gentes, como Otto Wagner y sus epígonos de la Secezion y la Wiener Werkstätte, que abrieron el camino a una renovación radical de la arquitectura. Y otras, de detractores de las imposturas estéticas de su tiempo, encabezados por Adolf Loos y la intelectualidad más brillante.
El proceso de transformación moderna de la ciudad de Viena está claramente relacionado con la construcción de la gran explanada defensiva, el vacío glacis de varias centenas de metros entre la AltStadt, la parte vieja de la ciudad, y los suburbios; lo que luego, una vez consolidado, se denominaría el Ring. Fue ésa una vasta operación de construcción urbana que dotó a la ciudad austriaca con su sello más característico. El proceso comienza a mediados del siglo XIX con la celebración de un concurso entre profesionales para redefinir ese espacio libre, transformándolo en un nexo central que conectara el centro antiguo y los barrios ya consolidados que formaban la corona periférica. El proyecto ganador de Ludwig von Föster planteaba la generación de un amplío bulevar anular que fuera conectando una sucesión de cinco tramas reticulares de manzanas rectangulares y punteadas por múltiples edificios representativos entre las que se situarían amplías zonas ajardinadas y monumentos. El anillo viario se remataba con el paseo existente a la orilla del río Danubio.
La arquitectura resultante combinaba edificios palaciegos de apartamentos residenciales, destinados a la pujante burguesía vienesa, y también numerosos equipamientos culturales y administrativos. La monumentalidad que se aprecia fue el resultado de la aplicación al lenguaje arquitectónico del conjunto de un historicismo de corte romántico en el que impera la recuperación de los recursos figurativos de la arquitectura clásica. Algo que le confiere a la ciudad una fuerte unidad estilística y sobre la que resplandecen algunas referencias construidas como el nuevo Ayuntamiento, el Parlamento austriaco, la Opera Estatal y numerosos museos e iglesias monumentales. En este proceso constructivo tuvo un papel destacado, Gottfried Semper, como reputado teórico de la escena académica alemana del momento.
La gran sofisticación cultural alcanzada en ese instante crepuscular queda representada por la fuerte reacción de la intelectualidad contra el arte romántico y la arquitectura historicista. Son unos años de intensas polémicas estéticas mantenidas entre los arquitectos, que se aglutinaron en torno al movimiento de la Wiener Secezion, liderada por Otto Wagner. Allí, al igual que en otras ciudades europeas se plantea una renovación estilística radical que se inspiraría en formas naturales y la aplicación de un decorativismo de nuevo cuño. Numerosos edificios ligados a la nueva estética fueron realizados en la ciudad en esos años por los colaboradores de aquél; gente como Hoffmann, Joseph María Olbrich, Max Fabiani o Josef Plecnik.
Pabellón de la estación de metro de Karlplatz. Otto Wagner. 1901
Incluso, Wagner en su última etapa se desprendería de sus residuos historicistas para plantear obras con el sello de la estética secesionista. Los edificios gemelos que Otto Wagner hizo en la Karlplatz para el ferrocarril metropolitano de la ciudad, junto a la Postsparkasse y el pabellón de la Secesión de Joseph Olbrich, representan la ruptura radical con el lenguaje de la arquitectura anterior. Para ello se recurren a nuevas concepciones espaciales y al uso renovado de los materiales más contemporáneos. Todo se reviste con una expresión floral que adjetiva la arquitectura, en consonancia con las sensibilidades estéticas de numerosos artistas coetáneos.
Farmacia Engel. Oskar Laske, 1902
Una portada en la que aquel esfuerzo decorativo está intrínsecamente presente es el diseño que Oskar Laske hizo para el edificio de la Engel Apotheke en Bognergasse. Laske, miembro del movimiento de la Secesión Vienesa y discípulo de Wagner, se limita a redefinir la estrecha fachada del edificio estableciendo una estructura de simetría con un doble hueco central que definen el espacio de la farmacia en las plantas baja y primera, El motivo ornamental principal se establece con la aplicación de dos mosaicos idénticos que representan a sendos ángeles que reciben pociones desde lo alto.
Una segunda oleada de brillantez de la arquitectura vienesa está representada por Adolf Loos, el máximo detractor de los historicismos y también posteriormente del estilo decorativo de los Secesionistas. Es un planteamiento que anticiparía el carácter de las vanguardias europeas que vendrían después. Para Loos, la autenticidad de la arquitectura tendría que surgir desde el despojamiento radical de la arquitectura de todos aquellos elementos no esenciales. Su batalla contra el ornamento le supondría un aislamiento respecto a su entorno profesional próximo y su repudio por la distinguida sociedad vienesa con la que mantuvo infinitas polémicas.
Sastrería Knize. Adolf Loos, 1913
La reivindicación de la cultura occidental, ejemplificada por la que percibió en los Estados Unidos de finales del siglo XIX, le hizo ser un gran defensor de la moda práctica frente a los relamidos atuendos del imperio. Se consideraba a sí mismo un exponente de la elegancia sofisticada. Como consecuencia, Loos tuvo muchos clientes en el ramo de la sastrería lo que le llevaría a poder ejecutar su edificio más reconocido para la empresa de confección Goldman&Salatsch, en la Michaelerplatz.
Otro ejemplo es la reforma de un local para la Sastrería Knize que se situaría en la calle más transitada de la ciudad, Graben. Su portada refleja contundentemente las ideas del arquitecto con una simplicidad funcional que luego se convertiría en estándar en muchos lugares: varias pequeñas vitrinas acristaladas a los lados de la puerta de acceso al local. El artefacto expositivo de los productos en venta se enmarcaría en dos piezas masivas en arco, de granito negro pulido, bajo un friso del mismo material que incluye el logotipo de la firma. Se configuraría así una máscara que reniega del edificio en que se integra de corte claramente historicista.
Kärnter Bar. Adolf Loos, 1909
Algo similar realizaría para otro minúsculo local, el Kärnter American Bar, un espacio de 4,5 x 6 mts. Su admiración particular por la cultura estadounidense se reflejaría aquí claramente. La fachada se caracteriza por la vidriera de colores iluminados que toma como motivo la bandera americana. El empleo de materiales exóticos tales como la madera de caoba, ónice y el mármol griego de Kyros, contribuye a la dignificación de este pequeño recinto.
Una vuelta a las prácticas ornamentales, al uso sofisticado y al refinamiento en el diseño la encontramos de nuevo con la arquitectura de Hans Hollein, que recupera en los años 70, aquel gusto por los materiales lujosos y sofisticados.
Coincide con una eclosión del lenguaje tecnológico, en el que están inmersos algunos otros arquitectos austriacos como Haus Rucker and Co, Coop Himmelblau o Gustav Peichl. Un grupo que algunos (como Charles Jencks) han etiquetado como Supersensualistas. Este rico movimiento daría pie a algunos episodios ricos de la práctica arquitectónica contemporánea. Por ejemplo, Hans Hollein se encuadraría en el grupo postmoderno liderado por Paolo Portoguesi que presentaría la famosa Strada Novisima en la Bienal de Venecia de 1980. Allí, su aportación a la denominada Presencia del pasado, haría un guiño a la reinterpretación de la herencia cultural austriaca, proponiendo un pórtico columnario que integraría el historicismo de los palacios del Ring con la columna rascacielos del concurso para el Chicago Tribune de Loos y la tosquedad de los materiales naturales en una columna topiaria vegetal.
La presencia del pasado. Portada para la Strada Novísima de la Bienal de Venecia. Hans Hollein, 1980
Hollein realizaría en Viena un selecto grupo de tiendas. Unos locales de refinado esteticismo y primorosa disposición en espacios muy reducidos. Las pequeñas obras comerciales que Hollein desarrolla en ese momento en el casco antiguo de Viena, suponen una síntesis inteligente de las aspiraciones decorativas de la Secesión y el regusto por los materiales selectos del purismo Loosiano.
En una de ellas, la tienda de velas Retti en Kohlmarkt, realizada de 1965, utilizaría una escueta plancha continua de aluminio bruñido que enmascararía la fachada de otro edificio decimonónico. Una estrategia simbólica radical que representa una suerte de caja metálica o joyero en el que se guardan las maravillas de un interior colorista, conformado por una simple geometría de dos cubos intersectados.
Tienda de velas Retti. Hans Hollein, 1965
Otra portada de gran impacto sensual es la que prepararía para la segunda sede de la joyería Schulin de 1982, en otra calle comercial importante del casco histórico de Viena, la Kohlmarkt. Aquí la estrategia de sofisticación de Hollein alcanzaría un mayor nivel de concreción y lujo artístico que lo distancia de sus predecesores. El empleo de un pórtico escultórico, formado por dos columnas de madera de roble que soportan una pieza maciza de bronce, definiría un elemento de atracción a un espacio interior abigarrado, lleno de juegos formales y referencias a motivos decorativos provenientes de la tradición vienesa.
Este grupo de portadas, que he tenido ocasión de apreciar, reflejarían la permanente dialéctica entre tradición y vanguardia. Una disputa en la que los modernos tratan de subyugar a aquellos que les han precedido, estableciendo mecanismos de enmascaramiento y distorsión, cuando no de rechazo radical de la cultura heredada.
Es un proceso de destrucción creativa en el que la evolución hace que, en algunos casos, se pierdan valiosas piezas culturales; transformadas salvajemente en un deseo de imponer la expresión más contemporánea. Es algo que puede ser positivo cuando los que actúan tienen un mayor nivel de desarrollo cultural y aportan un mayor nivel de sofisticación intelectual. Por el contrario, es absolutamente deleznable si los que intervienen lo hacen desde el desprecio a las riquezas aportadas anteriormente.
Es lo que tiene el progreso.--->
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martes, 3 de agosto de 2010
UNA CRÍTICA A LA NORMATIVA DE LA CONSTRUCCIÓN
Solución de lamas para la corrección del soleamiento en el Hospital de Dolores. Federico García Barba y Cristina González Vázquez, arquitectos. La Laguna, Tenerife. 2005
Una nueva normativa que afecta a la forma de los edificios y, especialmente, a las condiciones de la construcción y las instalaciones técnicas asociadas ha empezado a exigirse oficialmente en España desde hace ya algún tiempo. Es el denominado Código Técnico de la Edificación que, junto a todos aquellos documentos que lo desarrollan, constituye una nueva referencia de obligado cumplimiento para todos los profesionales que trabajan en el campo de la arquitectura.
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Un importante esfuerzo administrativo que se expande año a año y cuyo objetivo programático ha sido, en principio, mejorar las condiciones en que se desenvuelve la práctica de la construcción en este país y que, sin embargo, es realmente un poderoso obstáculo para desarrollar una verdadera arquitectura de calidad al contener numerosísimos errores de concepto. El Código Técnico español es una colección de normas en las que se priman algunas ideas equivocadas sobre la sostenibilidad y también muchísimos planteamientos injustificados. En su conjunto, representa una concepción burocratizada de la profesión y traerá a largo plazo una progresiva perdida de la calidad de aquello que teóricamente se quiere mejorar.
En el campo de la arquitectura y la ingeniería relacionada con las instalaciones, el Código Técnico de la Edificación se ha convertido en una verdadera pesadilla. Un instrumento administrativo más que exige un esfuerzo excesivo para la justificación de condiciones obligatorias. Contiene errores de bulto en relación a los objetivos pretendidos de mejora de la calidad constructiva y el avance en la sostenibilidad de las tecnologías aplicadas a los edificios.
Vivimos en una época que avanza hacia una destrucción masiva de recursos esenciales, donde el exterminio originado por una civilización depredadora del entorno se pretende frenar o atajar con herramientas que no hacen sino complicar aun más la difícil situación que padecemos. Parece como si estuviéramos abocados inexorablemente a cumplir aquel segundo principio de la Termodinámica que decía que en cualquier sistema aislado la cantidad de entropía tiende a incrementarse en el tiempo. Considerando la entropía en términos más genéricos como la tendencia al caos y la inutilidad, está claro que, a veces nuestras acciones aceleran radicalmente este proceso.
Casi podríamos asociar lo anterior con la continua referencia social y mediática al cumplimiento del protocolo de Kyoto y la necesaria reducción de gases de efecto invernadero. Unos lemas propagandísticos vacíos que están continuamente en boca de políticos, académicos y profesionales y a los que se dedican ingentes recursos que se quedan meramente en el marketing de las declaraciones o que suelen producir efectos contrarios a lo que se pretende. Sería conveniente exigir una mayor prudencia en la disposición de instrumentos no contrastados científicamente de una manera suficiente y que se plantean para alcanzar aquellos nobles objetivos.
Efecto benéfico de la acción de la humedad proveniente de las nubes en el clima del Norte de la isla de Tenerife. Gráfico: Francisco Ferrer, Universidad de La Laguna
Otro de esos elementos de distorsión es el movimiento que se agrupa tras la bandera de la sostenibilidad en arquitectura como factor transformador y de progreso. Un esfuerzo colectivo que está derivando en aberraciones técnicas por estar liderado por quien no tiene los conocimientos adecuados. Este es un campo en el que multitud de esfuerzos con pretensiones de veracidad han surgido para acabar creando un confusionismo enorme al no estar suficientemente avalados científicamente. La presencia aquí de intereses económicos no explicitados claramente está teniendo también consecuencias funestas. Y como ejemplo de ello pueden presentarse los innumerables materiales y soluciones que nominalmente sostenibles no coinciden claramente con esos objetivos que pretenden defender, y que son apoyados vehementemente por los intereses de la industria de la construcción y las instalaciones técnicas.
La construcción residencial es un sector que consume muchísimos recursos y lleva inserta la aportación de una gran cantidad de energía. Tanto la producción de los materiales necesarios, como su transporte y disposición en los edificios supone un consumo energético muy elevado. Algo que también se produce con la renovación y reconstrucción que se hace a veces por razones meramente especulativas y que no tienen nada que ver con la durabilidad real de los edificios. Este es un apartado que representa una parte considerable del despilfarro incremental de recursos naturales en el que estamos inmersos.
Pero otra gran parte de este derroche, que se relaciona con el consumo de energía, viene directamente relacionado con el mal diseño y el empleo de todo tipo de ideas equivocadas en la proyectación de la propia arquitectura, tanto constructivas, estéticas como, simplemente, de baja calidad técnica en las soluciones de los edificios. Últimamente, se han vuelto a defender las llamadas estrategias pasivas en la fase de proyecto de obra, orientadas a la disminución del consumo energético y garantizando siempre condiciones de confort ambiental adecuado. Es lo que algunos denominan arquitectura bioclimática, en una adjetivación confusa al menos
En las estrategias pasivas de diseño arquitectónico tiene un papel fundamental el análisis y comprensión de tres elementos que configuran el confort climático de los lugares en relación a las personas: el soleamiento, la humedad relativa y la temperatura. Factores éstos, esenciales en la configuración del clima de los territorios y que presentan diferencias muy importantes entre las distintas regiones del mundo como en el transcurso de las estaciones.
Las formas constructivas que atienden a la corrección del soleamiento y a la protección frente a las otras inclemencias atmosféricas constituyen, por así decirlo, un repertorio de recursos formales que han diferenciado históricamente las respuestas arquitectónicas entre unos lugares y otros. Constituyen un abanico de recursos casi estéticos, cuyo empleo contemporáneo simplemente imitativo ha conducido a infinidad de aberraciones constructivas y a problemas de climatización forzada casi insolubles en algunos casos. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el empleo de fachadas acristaladas en muro cortina, sin protección solar en los climas tropicales.
Solución errónea y optima para el posicionamiento de los edificios respecto al sol en invierno y verano en la zona de Miami. Esquema realizado por Victor Olgvay para Arquitectura y Clima
Determinados autores han estudiado este problema proponiendo soluciones que tienen una influencia decisiva en la forma de las edificaciones y la arquitectura. Un precedente ha sido el esfuerzo del norteamericano Victor Olgyay, cuyo libro Arquitectura y Clima de 1963 es una referencia fundamental para comprender el alcance de estas cuestiones que afectan profundamente a la arquitectura. En ese texto, Olgvay proponía el establecimiento de una zona de confort térmico teórico interior que valorará combinadamente una serie de elementos atmosféricos que influyen en la definición de un marco adecuado para los edificios. Entre ellos, la latitud del lugar y la forma en que se produce el soleamiento directo relacionado, la temperatura media diaria durante los distintos meses y estaciones del año, junto a la humedad relativa y la acción de los vientos predominantes. Todos estos factores definirían, según el autor, un perímetro de confort deseable situado entre los 21 y 25º Celsius y con una humedad entre 10 y 80 %, ajustable y mejorable con la ventilación y la acción de los vientos.
En los esquemas de Arquitectura y Clima se aportaban también ideas para combatir los problemas derivados del exceso de penetración solar con simples soluciones constructivas que aumentarían las áreas de sombra en las fachadas y cubiertas de la edificación. También planteaba la posibilidad de utilizar la acción benéfica del arbolado y la vegetación, así como el estudio de la posición conveniente de los edificios en relación con la topografía existente en los lugares. Aportaba unos criterios simples y prácticos para mejorar la calidad del ambiente interior. Finalmente, la revisión de soluciones para la disposición inteligente de huecos y aislamientos permitiría contrarrestar también los efectos de las bajas temperaturas en climas continentales y extremos. Unas indicaciones que inmediatamente algunos podrían relacionar con la sabiduría y las estrategias que tradicionalmente han utilizado los constructores anónimos de la arquitectura popular.
La ejemplificación de la zona de confort ambiental en la arquitectura. Victor Olgvay, 1963
Más recientemente las propuestas de Olgyay se han concretado de una manera que profundiza en sus planteamientos científicos, mediante los denominados climogramas de bienestar. Uno de estos diagramas que ha tenido indudable fortuna es el que se ha denominado como climograma de Givoni (bautizado así en honor a su creador el arquitecto israelí Baruch Givoni). Con esta herramienta se analiza la calidad del confort climático atendiendo a los mismos condicionantes que Olgyay, pero estableciendo unos ámbitos de mejora posible de la calidad ambiental. En el climograma de Givoni, realizado para cada localidad concreta, se puede determinar cuales son las épocas del año en que es posible optimizar la calidad ambiental interior recurriendo solamente a elementos pasivos como el sombreado y la ventilación cruzada. Todo ello, de acuerdo a cartas específicas donde concreta el despliegue de la representación mensual de temperaturas y humedades conocidas en relación a la zona de confort estimada.
Climograma de Givoni aplicado a la situación climatica específica de Alcalá de Henares. Fuente: Esther Higueras
Esta es una de las técnicas más elaboradas para la determinación de soluciones térmicas apropiadas para los edificios, que se apoya en la determinación de las condiciones climáticas particulares de un entorno geográfico. La construcción del diagrama de Givoni parte del dibujo de la interrelación con la zona de confort establecida de humedades y temperaturas medias a lo largo de los distintos meses del año y, a partir de ahí, la definición de los ámbitos en que son necesarias mejoras que se conseguirán con distintas técnicas, desde la ventilación natural hasta el uso de maquinaria específica, finalmente y en último lugar.
Por el contrario, las administraciones públicas españolas no han tenido en cuenta para nada estos criterios y experiencias en la exigencia de medidas para el control térmico y el confort interior de la edificación. La experiencia de Olgyay y Givoni ha sido ignorada a pesar de que es una técnica avalada y contrastada internacionalmente. Un recurso técnico que ha sido adoptado como patrón de referencia incluso por la American Society of Heating, Refrigerating and Air Conditioning Engineers (Asociación Americana de Ingenieros de Climatización).
La investigación sobre la forma en relación a las mejores condiciones de aprovechamiento térmico del soleamiento en una localización concreta. Sede del Ayuntamiento de Londres. Foster Ass.
En 2006, el Ministerio de Vivienda español presenta el Documento Básico de Ahorro de Energía (DB-HE), en desarrollo del Código Técnico de la Edificación, por el que se trataba de hacer más sostenible la edificación en este país y así tratar de cumplir los compromisos contraídos en relación al Protocolo de Kyoto. Un objetivo loable para racionalizar el uso de la energía y su consumo relacionado con la construcción.Posteriormente, ha adquirido vigencia también el denominado Procedimiento de Certificación Energética de los Edificios y el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, ambos promulgados por el Ministerio de Industria. De su lectura parecería que este último organismo quisiera potenciar unas soluciones técnicas de climatización que tienen que emplear maquinaria en cualquier caso, incrementando innecesariamente el consumo energético.
El problema es que todos estos documentos de exigencia legal obligatoria parten de un error de concepto, que es la consideración exclusiva de la temperatura como elemento de medida de la calidad ambiental del interior de los edificios. Probablemente, sus redactores transcribieron acríticamente esquemas y criterios provenientes de la experiencia en las zonas septentrionales del continente europeo, donde el factor frío es muy importante. Sin embargo, en el sur mediterráneo y atlántico, el problema del soleamiento es la cuestión esencial.
En este caso, una maraña legal y de dudosa validez científica está contribuyendo a establecer mayor complejidad en la redacción de los proyectos de arquitectura. Con ello se está obligando a incluir cálculos innecesarios y equivocados como parte obligatoria de la documentación exigible. Con toda probabilidad, el Código Técnico y sus Documentos Básicos van a producir, en muchos casos, el efecto opuesto a sus objetivos programáticos: una generación de edificios de peor calidad técnica y estética.--->
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