sábado, 26 de junio de 2010

LA DICTADURA DE LA INCOMPETENCIA















Xavier Roig
Gestión 2000. Barcelona, 2010




Acabo de leer este libro que presenta un desolador panorama sobre la situación de nuestro país. Publicado por primera vez en 2008, ahonda en las razones de la crisis actual, aportando numerosas anécdotas sobre este asunto a través del proceso vivido al respecto en Cataluña estas últimas décadas.
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Visto a día de hoy asombra la clarividencia de su autor sobre las causas profundas de que nos hallemos sumidos en un pozo económico muy oscuro. Y es que las consecuencias de la crisis económica internacional son especialmente graves aquí, debido a la actitud con que solemos afrontar estos problemas colectivamente.

El libro comienza con la presentación de una frase del ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani que dice:

El primero de los Derechos Humanos debe ser la libertad de no tener miedo

Y es que realmente para progresar no se debería temer a aquella libertad de expresión que nos permita argumentar y poder con ello cooperar para avanzar. Libertad para opinar, a pesar de que algunas personas se puedan sentir agredidas por las críticas y razonamientos que se vierten. Y es que me parece que el autor sufre esa actitud generalizada aquí que condena al ostracismo al que disiente.
Xavier Roig –que se define como un liberal firmemente admirador de la práctica organizativa de las sociedades anglosajonas- comienza su libro haciendo una reflexión sobre el significado de lo público. Explica una evidencia, esa concepción ideológica sumamente arraigada entre la sociedad española consistente en que todo aquello que desarrolla el sector público es esencialmente bueno para el conjunto de los ciudadanos. Pues bien, tal y como lo presenta, esa forma de pensar sería una de las causas fundamentales de la presente crisis económica que nos atenaza.
Para Roig la dicotomía entre lo público y lo privado que algunos propugnan, en la que las tareas que se realizan desde la esfera pública son esencialmente positivas para el desarrollo colectivo y que lo que ejecutan los privados suele estar imbuido por intereses oscuros y malévolos, es esencialmente falsa. Y es consecuencia de un planteamiento argumental destinado a favorecer los intereses de una clase concreta, la de aquellas personas que se hayan ya incrustadas dentro de las administraciones públicas.
Sin embargo, el verdadero problema estriba en la incapacidad nacional para valorar si lo que se ejecuta se hace de una manera realmente eficiente o, por el contrario, la forma de organización es mejorable. Se considera sistemáticamente que aquello que se realiza desde las administraciones públicas suele ser bueno porque representa per se la solución social de las necesidades, sin tasar o medir la consecución o no del objetivo perseguido.
Según el autor la situación insostenible a la que hemos llegado se fundamenta en el desembarco masivo durante varias décadas en el sector público de un falso progresismo de derechas y de izquierdas, representado por aquellos excomunistas y sindicalistas que protagonizaron las revueltas universitarias contra el régimen anterior, allá por los años 70. La visión colectivista de la organización social ha acabado así imponiéndose de una manera sutil y progresivamente dominante.
El ejemplo extremo de esta situación es la colonización asfixiante de la política española por una visión administrativista y burocrática. Ejemplifica ese hecho una comparación de nuestro parlamento nacional con los que existen en nuestro entorno. Mientras el Congreso de los Diputados español tiene más de un 70% de miembros provenientes del sector público, la composición de esos órganos es claramente divergente en otros países de nuestro entorno. En Francia solo el 50% de sus componentes son funcionarios y en la House of Commons británica esta proporción disminuye al 45%.
Ahí, en la esfera política, los representantes de la función pública -que no de los ciudadanos- defienden claramente sus objetivos corporativos y los privilegios adquiridos por encima de cualquier otra consideración. Y todo ello, claramente por encima de los intereses de los que los han votado.
Marcianos. Imagen: Le Toy
Según Roig, han querido convencernos de que las políticas sociales implican más control público…la burocracia que ha surgido de este planteamiento y que pretende pasar por “social”, no es ni mucho menos bienintencionada. Para él, la obligación de crear una sociedad más justa la tenemos todos y los aparatos públicos solo deberían ejercer como administradores de los recursos, no como ejecutores omnímodos y exclusivos de las políticas.
Por ello la actuación colectiva en la provisión de productos y servicios debería enmarcarse siempre en la consecución de la mayor eficacia. Y a este respecto, los departamentos administrativos son espacios reacios a la evaluación de resultados y al establecimiento de objetivos realmente medibles y fiscalizables. Es preciso analizar y medir los resultados para detectar comparativamente donde se realizan las tareas con mayor calidad, menor coste y menor tiempo. Frente a la necesidad anterior, los espacios de opacidad son sumamente característicos de la burocracia, sin que los ciudadanos podamos tener herramientas de juicio para poder discernir cuales son las necesidades reales ni el cumplimiento de los objetivos.
La introducción de conceptos como la mejora organizativa constante, el incremento de la productividad, el análisis para la mejora de procesos, la introducción de métodos productivos más eficientes, etc. junto a una formación continuada son estrategias bastante arraigadas dentro de la iniciativa privada. A los operadores empresariales y profesionales privados no les ha quedado más remedio que aceptar estos esfuerzos para poder sobrevivir en un entorno local e internacional crecientemente abierto y competitivo.
Por ello, muchas tareas que se realizan dentro de la propia administración, que se asignan también indefectiblemente a las empresas del sector público, deberían abrirse más a la posibilidad de que se hagan siempre desde la iniciativa privada. Sin embargo, el concepto de subsidiariedad, que se impone desde la Unión Europea es algo a lo que las castas burocráticas son extremadamente reacias. Cuando hablamos de subisidiariedad hay que entender que las tareas deben realizarlas efectivamente aquellos que tienen la mejor capacidad y efectividad, es decir las empresas y profesionales privados y en su defecto, el organismo más próximo a los ciudadanos. Por el contrario, la práctica de los que detentan poderes públicos es ir acaparando progresivamente cada vez más trabajo. Y ello a pesar de que el que tengan ya asignado se haga francamente mal. Pero así se tiene un argumento para reclamar constantemente una mayor provisión de recursos.
Lo cierto es que aquí el conjunto de la maquinaria estatal trabaja para proteger y defender sus intereses corporativos por encima de las declaraciones grandilocuentes. Los empleados del sector público se han buscado muchas áreas de influencia, tales como los parlamentos convirtiéndolos en instrumentos de protección de sus intereses. Algo así hacia la aristocracia en los regimenes monárquicos. Aquí se presenta una anécdota sobre Cuba que no por real deja de ser significativa: Fidel hace ver que nos paga y nosotros hacemos ver que trabajamos.
De acuerdo a lo expresado en el libro, el sistema de estado providencia ineficaz, propugnado en la mayoría de los países europeos meridionales, es un mal común en los despectivamente llamados PIGS (Portugal, Italy, Greece, Spain). Donde el poder efectivo lo detenta una burocracia cada vez más autoprotegida, y que por el contrario se necesita un nuevo escenario en el que los individuos asuman la responsabilidad de sus actos y, en consecuencia, entiendan que también tienen obligaciones colectivas. En el que no exista la creencia de que siempre tenemos derechos para cualquier cosa; que existen servicios para todo, que deben ser ofrecidos por un estado en crecimiento constante con la contrapartida de un control que recorta las libertades individuales y genera amplísimas ineficiencias.
Por ello deberemos batallar para imponer actitudes contrarias a estas tendencias. Frente a la opacidad, ausencia de evaluación y descontrol público, habría que propugnar la imposición de una mayor transparencia, la búsqueda de eficacia en el empleo de los recursos colectivos y la eliminación de trabas legales innecesarias.
Roig presenta algunos ejemplos extremos y graves de esta situación de creciente esclerotización de la sociedad española. Un proceso de empobrecimiento que nos hunde cada vez más frente a la competencia de aquellos que si han sabido adaptarse a un entorno crecientemente competitivo. Es el caso de la educación universitaria y el mundo de la cultura. El sistema educativo imperante constituye un monopolio de facto que, además, no funciona adecuadamente. Las universidades españolas padecen el mismo mal que se denuncia respecto al sector público, pero llevado al extremo. El profesorado se identifica con las actitudes funcionariales, parece que colectivamente buscan la unificación por abajo: todos deben ser igual de malos. El proceso de selección universitaria no se deriva del merito sino de la sumisión. Al no incentivarse la competencia no hay estímulos para mejorar, lo que tiene una grave repercusión para las posibilidades de supervivencia nacional.
Como consecuencia del desastre universitario, esta generación que viene va a ser la primera en la historia del país en la que existirán menos titulados que la anterior. Su conclusión sobre España es demoledora: el aparato público ha arañado tanto poder como ha podido, que controla la educación y que con la excusa de transformar esta sociedad mediterránea en una sociedad disciplinada como la del centro y norte de Europa, ha creado una sociedad pasiva, asustadiza, ciertamente perezosa y sin fuerza de voluntad ni ímpetu.
Tendremos que superar esta Dictadura de la incompetencia para poder sobrevivir. Pero en mi opinión no todo es tan negativo. Este polemista catalán sufre también de uno de los males que nos aquejan a muchos de los que vivimos en los rincones que conforman el estado español, la queja infinita. Lo que si es cierto es que la realidad internacional nos obliga a cambiar radicalmente las actitudes en el manejo y disposición de aquellos recursos públicos crecientemente despilfarrados hasta ahora por una ausencia de suficiente responsabilidad social.
Es absolutamente necesaria una autocrítica colectiva que contribuya a distribuir más eficientemente los bienes de todos, reduciendo incluso aquellos puestos de trabajo innecesarios para el buen funcionamiento del sector público. Se hacen muchas cosas que no tienen ya sentido. Y para ello es preciso analizar la funcionalidad y necesidad real de tantos programas y departamentos administrativos de los que, a veces, no se sabe ni cual es su misión.
Burocracia. Imagen: Fabricio Brito, Flickr
Margaret Thatcher, el mayor referente que la derecha internacional ha tenido en las últimas décadas, decía en su autobiografía política, Los años de Downing Street, que

La propiedad estatal elimina (o cuando menos reduce de un modo radical) la amenaza de quiebra que impone disciplina en las empresas de propiedad privada. Para las empresas públicas las inversiones no son más que una nueva petición al erario público; compiten por tanto con las escuelas o las carreteras por el mismo dinero. Como consecuencia las decisiones económicas se toman en función de criterios completamente diferentes de los que primarían en una empresa del sector privado.
¿Sorprendente, no? Pues me parece que va a tener razón, manteniendo el argumento toda su vigencia en una situación como la actual.--->

domingo, 13 de junio de 2010

ACTUAR POLÍTICAMENTE

Hace escasamente quince días una candidatura -que yo he encabezado- ha sido designada para dirigir los destinos de la organización de los arquitectos en la isla canaria de Tenerife. Aun no hemos tomado posesión de nuestros nuevos cargos pero muchas personas me han hecho ya reflexionar sobre el esfuerzo que significa liderar una organización profesional como ésta.

Han sido dos semanas intensas en contactos y conversaciones. Mucha gente nos ha querido transmitir sus parabienes, ideas e ilusiones sobre lo que hay que hacer en una situación tan complicada como la que padece el sector de la construcción en este archipiélago. Un solo dato explica la magnitud de la debacle: En solo tres años, los arquitectos canarios han perdido el 80 % del mercado de trabajo disponible. Algo que ya he explicado sobre el contexto español con más detenimiento en otro lugar.


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La exuberante y explosiva situación del mercado inmobiliario residencial, que existía antes de 2007, es muy probable que no vaya a resurgir en una década, al menos. La comparación de la situación nacional de esos años con lo que se producía en otros países del entorno europeo era ya preocupante entonces; muchos hablaban de la expansiva burbuja inmobiliaria en curso. Pues bien, finalmente ha estallado y nos ha precipitado en un profundo pozo económico. En España se construía más que en Alemania, Inglaterra y Francia juntas, lo que ha llevado a la ocupación masiva de amplias porciones del territorio costero y de la periferia de las principales ciudades. El excesivo stock de viviendas sin colocar, fruto de una irresponsable actuación de bancos y administraciones, está impidiendo una relocalización eficiente del crédito. Y con ello, la precipitación de numerosos colectivos en la penuria. Entre ellos, los arquitectos. 
El trabajo que nos toca, a los que entramos a dirigir el Colegio de Arquitectos de Canarias, consistirá en reorientar eficientemente el rumbo de este barco que se apoya en un presupuesto de varios millones de €uros y que representa a un grupo de más de setecientos profesionales en la isla de Tenerife. Heredamos una situación de creciente insostenibilidad en un entorno extremadamente hostil: los recursos económicos son insuficientes, existe un cuestionamiento legal de nuestras bases financieras que está a punto de hacerse efectivo, junto a una desaparición casi completa del mercado de trabajo al que aspiran los arquitectos, etc.
La primera tarea de gobierno se debe concretar en el establecimiento de un sentido de misión claro, que permita tener una imagen certera, en referencia a lo que hay que hacer, para todos los que vamos a participar en este esfuerzo: cargos directivos, personal administrativo y colegiados arquitectos. Una metáfora que explicaría la situación se asemeja a la del árbol enfermo que hay que podar urgentemente para que no muera. Y si podemos, injertarle algunas ramas nuevas para que crezcan y fructifiquen mejor.
Una interpretación del cuadrante de las posiciones políticas. Political compass. org 

Por todo lo anterior, es necesario construir una visión hacia el futuro, orientada a la supervivencia del colectivo de los arquitectos canarios, que se articule en la definición detallada de un conjunto de prioridades estratégicas. El establecimiento de un conjunto de objetivos claros y la creación de las herramientas adecuadas para medir su cumplimiento es también esencial. Y para superar las reticencias habituales, este esfuerzo debe construirse desde la participación y cooperación más amplia posible. La incorporación amplia de los compañeros en los procesos de toma de decisiones será determinante para la estrategia de gestión que estoy esbozando aquí. Eso implica, claro, articular esfuerzos que dinamicen el debate; ello nos obligara a los que estamos comprometidos en esto a trabajar para presentar las ideas, discutirlas y articular criterios que puedan ser lo más ampliamente asumidos.
Los que nos hemos presentado a esta tarea de dirigir la organización de los arquitectos en la isla de Tenerife, hemos pensado algo sobre esto y que aquí empezaré a exponer. Son una serie de enfoques que se ha intentado plasmar primariamente en nuestro programa de gobierno para los próximos tres años. Evidentemente, las alternativas que hay que explorar pasan por la búsqueda de nuevos campos de trabajo profesional.
En un futuro inmediato hay que intentar convencer a las autoridades locales para que se estimulen los procesos de reconversión de edificios antiguos, aquellos que formarían parte del parque de viviendas obsoleto. A pesar de la intensa construcción experimentada en los últimos años, existen innumerables edificios en un estado de decrepitud considerable que deberían analizarse y valorarse en aras a estimular la mejora de su calidad y garantizar con ello unas mínimas y mejores condiciones de habitabilidad. Algo que legalmente está previsto de una manera exhaustiva y que no se ha exigido por negligencia de muchas administraciones públicas. En Canarias, lo anterior debería hacerse extensivo a la primitiva planta alojativa turística, situada en los núcleos vacacionales más antiguos; Construcciones que suponen número considerable de edificios hoteleros y de antiguos grupos de apartamentos turísticos. La rehabilitación de la planta alojativa no se ejecuta, de una manera evidente, debido a la fronda legal excesiva que lo impide. Algo inconcebible en nuestra situación y extremadamente necesario para garantizar la competitividad del sector económico que hoy sustenta la menguante economía canaria.
Otro espacio de trabajo de arquitectura es el que se relaciona con la provisión de dotaciones públicas de todo tipo. Mientras en Europa, e incluso en el resto del estado español, hace ya muchos años que se cuenta con una gran oferta de servicios y equipamientos sociales, en Canarias la demanda insatisfecha de servicios sanitarios, asistenciales, culturales y educativos dista muchísimo de estar cubierta adecuadamente. En Canarias, el llamado estado del bienestar es todavía una utopía que presenta carencias muy notables, como consecuencia de desigualdades extremas y una ineficiente y endémica distribución de los recursos. Construir guarderías, centros para la atención a ancianos, colectivos desfavorecidos, espacios para la enseñanza especializada, recursos sanitarios, etc. es una tarea que todavía no se ha concluido a pesar de los importantes esfuerzos realizado en las últimas décadas y podría suponer una importante fuente de actividad para los arquitectos de aquí.
La mejora paisajística de nuestros deteriorados espacios insulares es también otro ámbito de trabajo en el que hay una tarea ingente por hacer y que, sin embargo, se ignora sistemáticamente como algo secundario. Y tiene una relación directa con la percepción global del espacio turístico y, en consonancia, con la competitividad global de ese sector económico frente a nuestros competidores más inmediatos.

Sede del Colegio de Arquitectos de Canarias en Santa Cruz de Tenerife. Arquitectos: Díaz Llanos y Saavedra, 1972.

El problema es que todo lo anterior exige el acopio de ingentes fondos públicos que no están disponibles actualmente. No hay una voluntad política de establecer los mecanismos necesarios para obtener los recursos precisos, mediante una mejora de la eficiencia administrativa o de la ampliación de impuestos o tasas. Por el contrario, aquí impera exclusivamente la consigna de la reducción del tamaño de las administraciones públicas y la reducción abstracta del déficit público.
La exploración de los mercados de arquitectura e ingeniería fuera de nuestro archipiélago es otro territorio que requiere ser tanteado de una manera sistemática. La aproximación a los países y regiones de nuestro entorno inmediato debería ser un objetivo evidente. Y ello, por la gran acumulación de competencias técnicas y de conocimiento de las que ya disponemos aquí; y de la escasez y necesidad de apoyo técnico que hay en lugares como Marruecos, Mauritania, Senegal, Cabo Verde, etc. Nuestro papel debería centrarse en secundar tanto los procesos inversores en marcha, como el seguimiento y canalización de recursos de ayuda al desarrollo que se dirigen a esta región, desde los distintos organismos, instituciones y estados avanzados.
La recuperación de especialidades técnicas y tareas abandonadas – que a lo largo del tiempo han sido asumidas por otros profesionales desde perspectivas y disciplinas próximas- es un campo que hay que volver a reconsiderar. La incapacidad actual de los arquitectos, por falta de herramientas, habilidades y conocimientos esenciales, requiere de una intervención potente para actualizar nuestros conocimientos y volver a adquirir la competencia técnica en una multitud de campos relacionados con el núcleo central de nuestra profesión.
En consonancia con el objetivo anterior, la promoción de un sistema de reciclaje profesional permanente es otra asignatura pendiente que requiere un esfuerzo muy importante en estos momentos. Necesitamos continuar y ampliar urgentemente la formación de los arquitectos en temas constructivos, tecnológicos, manejo presupuestario, mejora de los procedimientos de trabajo, acceso a la información, gestión empresarial, etc. El desarrollo profesional requiere hoy en día una continua actualización y reciclaje de nuestras habilidades en consonancia con la acelerada transformación técnica que existe en el sector. Probablemente, con ello se adquieran capacidades no ejercidas hasta ahora que amplíen el panorama del acceso al trabajo que tanto necesitamos.
Finalmente, hay que lograr una presencia continuada ante la sociedad, mejorando nuestra reconocida capacidad de influencia en el entorno canario. Ello se refiere a la explicación argumentada de nuestras posiciones en temas específicos que nos atañen y para los que tenemos una opinión cualificada. Debe ser también una herramienta con la que contribuir a la transformación de un territorio, una cultura y un entorno social extremadamente debilitado, falto de perspectivas, debido a un liderazgo colectivo que, en gran medida, ha declinado de sus responsabilidades en este momento tan crítico.
La responsabilidad que nos ha sido asignada y a la que hemos optado voluntariamente consiste en liderar todos estos procesos y objetivos que he esbozado más arriba. Una tarea apasionante que asumimos con ilusión y entrega. Intentaremos hacer todos los esfuerzos que sean precisos para lograrlo. Espero que no defraudemos a todos aquellos que han puesto su esperanza en mí y el equipo que voy a empezar a dirigir.
Está claro que la tarea que tenemos en el horizonte se refiere a actuar políticamente y liderar. Para ello, lo mejor sería escuchar el consejo imperecedero de Lao Tse:


El buen líder habla poco. Y cuando ha concluido su trabajo y alcanzado su propósito, la gente dirá: Lo hicimos nosotros.


No es mi caso en este momento. Pero es que necesito primero poner en orden las ideas y comunicarlas de la manera más amplia posible.
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viernes, 4 de junio de 2010

TRES AÑOS

El 3 de junio de 2007 publicaba por primera vez un texto en esta plataforma que bautice como Islas y Territorio. En este tiempo de 36 meses he escrito ya centena y media de artículos sobre una gran variedad de cuestiones.
Tres velas. Denimas, Flickr
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Es ésta una efemérides cuya conmemoración se ha convertido ya casi en una costumbre para mí. Recordemos lo que dije en 2008 y en mi primer aniversario aquí.
Al principio, mis intereses se centraban en exponer ideas sobre la ordenación del territorio y la situación específica de las islas. De ahí el título que elegí en su momento para encabezar esta plataforma de comunicación personal.

Con el tiempo he ido ampliando mi panorama hacia una multiplicidad de temas referentes tanto al urbanismo como el diseño del paisaje, la geografía, el arte contemporáneo, la energía, el turismo, la tecnología, etc. etc. Al final me he ido concentrando cada vez más en los aspectos profesionales de la arquitectura. Un argumento sobre el que he escrito casi en una tercera parte de las entradas que he realizado aquí. Era seguramente algo inevitable al ser mi profesión de origen; aquella en la que me gradué como arquitecto por la Universidad Politécnica de Barcelona y a lo que me he dedicado esforzadamente a lo largo de mi experiencia de trabajo. Son ya más de 30 años dedicados a proyectar y construir en las islas Canarias. Y a partir de la que he hecho de casi todo.
Es curioso porque la vida te lleva a los lugares y tareas más insospechados. Después de tanto tiempo sobre mis espaldas, cuando comento sobre esto con aquellos que recién se titulan, lo que les aconsejo es que se abran a cualquier oportunidad. Es muy probable que el trabajo que haya que realizar no tenga nada que ver con aquello para lo que creen que están preparados.
Por ejemplo, en mi caso, he hecho algunas decenas de intervenciones paisajísticas, a raíz de ganar un concurso público para realizar un pequeño parque en la primera periferia de mi ciudad, convocado por el Ayuntamiento. En ese entonces no tenía ni la más remota idea sobre plantas y jardines, pero con el tiempo vas complementando tu formación de una manera improvisada a veces y consciente en la mayoría de los casos.
Lo que para mí, este espacio en Internet si ha propiciado es una mayor notoriedad pública. Aquí he podido exponer mis ideas e inquietudes sin las cortapisas y censuras a las que nos somete el sistema habitual de medios de comunicación, revistas profesionales, periódicos, etc. Es el gran debate del momento: hasta cuando va a mantenerse abierta esta ventana que ha incrementado exponencialmente la libertad de opinión y la capacidad de comunicarse la humanidad con facilidad y sin intermediarios con intereses.
Ya, hoy en día, muchas plataformas digitales periodísticas están bloqueándose e imponiendo costes que restringen el acceso igualitario al conocimiento. En mi opinión, un retroceso social que pretende prolongar la inviabilidad de un sistema económico moralmente injusto e insostenible a largo plazo, el del capital financiero transnacional y sus estructuras corporativas opacas y cuasi feudales.
Y aquello ha llevado a lo otro, probablemente. En este tiempo he sido elegido Académico de Bellas Artes, lo que también he contado aquí en otra ocasión. Y, ya muy recientemente, he sido elegido para representar al conjunto de los arquitectos de mi isla. Es muy posible que la tarea de Presidente de la demarcación de Tenerife del Colegio de Arquitectos de Canarias sea una ocupación que me va a llevar muchísimo tiempo de dedicación personal, teniendo en cuenta las difíciles circunstancias actuales que rodean el desempeño de esta profesión.
A pesar de ello, espero hacerlo con la máxima ilusión y esperanza porque considero la contribución de nuestro colectivo es muy importante para la sociedad en que vivimos. La transformación en positivo del territorio y la mejora de las condiciones de vida en las ciudades ha sido durante mucho tiempo una responsabilidad en la que los arquitectos han hecho aportaciones criticables y también otras muy positivas. Lo que es cierto es que los arquitectos somos unos técnicos que disponemos de conocimientos que pueden mejorar el uso del escaso espacio disponible y hacer más eficiente la decreciente disponibilidad de recursos colectivos.
Últimamente he orientado mis intereses -y en consecuencia, aquello sobre lo que escribo- hacia cuestiones más profesionales: el análisis del entorno en el que se desenvuelven los arquitectos en España. Un contexto extremadamente difícil que refleja un solo dato que he conocido hoy: los proyectos de viviendas realizados actualmente en el conjunto del estado español son solo una veinteava parte de los que se hacían hace solo 3 años. Un escaso 5% sobre las 900.000 unidades de 2007.
Me temo que en los próximos tiempos, en los que todavía se va a prolongar esta crisis que padecemos -aquí, en España y en Europa- voy a seguir bombardeándoles sobre este tipo de temas, ya que van a estar en el centro de mis ocupaciones y preocupaciones.

Seguiré informándoles. Con argumentos, optimismo y, sobre todo, gratis. Gracias por estar ahí, al otro lado de la pantalla.
En el Jardín Botánico de Montjuich, Barcelona delante de una representación de las maravillas de la flora de mi archipiélago.--->