domingo, 31 de enero de 2010

LA ÚLTIMA COSECHA

Del campo de maíz a la nueva ciudad
Witold Rybczynski
Scribner. New York, 2007


La antropización paulatina de la superficie terrestre ha sido un proceso que ha durado ya milenios desde que las más antiguas civilizaciones se iniciaron en la agricultura. Es lo ocurrido en lugares como Mesopotamia, el Perú o la antigua China que incorporaron la tecnología de cultivar la tierra en distintas épocas. Una fase posterior e irreversible de esta transformación del territorio ha ocurrido cuando el suelo agrícola se urbaniza y se integra en la ciudad. Es el último rendimiento productivo que realiza el que detenta el suelo para dar paso al desarrollo inmobiliario.

En 2007,
Witold Rybczynski publicaba un curioso libro titulado precisamente La última cosecha (Last Harvest: From cornfield to new town). En él explica la manera en la que los campos de maíz próximos a algunas ciudades del Este americano acaban transformándose en suburbios habitados por una clase media que inicia la etapa madura de la vida. El relato compilado por el autor es representativo de ese recorrido universal que desarrolla la urbanización en su camino hacia la ocupación del espacio agrícola próximo a las ciudades.

Como diría el poeta inglés
William Cowper, citado al comienzo de este libro:

Dios hizo el campo, y el hombre la ciudad

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En Last Harvest se cuenta la transformación de una pequeña propiedad agrícola en una urbanización de viviendas unifamiliares en el condado de Londonderry a las afueras de Filadelfia. La anécdota ejemplificada por el barrio de New Daleville, sintetiza el largo proceso de transformación de un espacio productivo en un típico suburbio residencial estadounidense.
Plano de New Daleville. Londonderry County, Pennsilvania. Robert Heuser, Arcadia, 2002

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La narración es muy didáctica, plena de anécdotas, relatando cómo se llevan a cabo estas cuestiones en ese país. Partiendo de la visión de un promotor privado que escoge y adquiere un trozo cualquiera de terreno rústico, se inicia un trabajo empresarial complejo, técnico y administrativo, que dura normalmente varios años, hasta que ese nuevo espacio de urbanidad es finalmente ocupado. Una tarea que depende de numerosos actores y de una multitud de instancias aprobatorias, presentando notables peculiaridades diferenciales respecto a la forma en que ese tipo de transformaciones se realizan en otras partes del mundo.
En Estados Unidos, el papel del promotor inmobiliario y su iniciativa individual son esenciales en el proceso general de transformación del territorio y, en consecuencia, el crecimiento de las áreas urbanizadas. Un sistema en el que la intervención pública es muy contenida y donde la ordenación y planificación del suelo adquiere un rango secundario.
La transformación urbanizadora se inicia con una transacción, la puesta en mercado y adquisición de la parcela. Un granjero se retira a Florida y pone en venta su finca agrícola y entra en acción un pequeño promotor urbanizador cuya visión de negocio es muy simple: se invierte en el terreno, se parcela, se urbaniza y se venden los solares.
En un mercado abierto -como el existente en los estados de la unión americana- cualquier pieza de suelo es susceptible de urbanizarse a iniciativa de un particular. El margen de beneficio típico en condiciones normales se sitúa ahí entre el 15 y 25% sobre la inversión global aportada. Una diferencia sustancial frente a mercados fuertemente intervenidos como los que experimentamos en España, en que las plusvalías que se derivan de la mera clasificación del suelo pueden llegar a representar un 250 o 300% sobre el valor inicial del suelo rústico. Es el problema de la potestad administrativa que ejerce el planeamiento en la clasificación del suelo y el contexto que origina tanta corrupción política y administrativa como la que existe aquí. Algo que ya señalaba
Friedrich Engels en 1872, en el Problema de la Vivienda: las dificultades inherentes a la tendencia al acaparamiento y monopolio del suelo que ejercen los propietarios.
Un segundo escalón del proceso que explica detalladamente el libro es el que se refiere a la forma urbana que los presumibles compradores estarían dispuestos a aceptar. La tendencia de las últimas décadas en este asunto ha estado allí caracterizada por la exigencia de un tamaño creciente en la parcela para la construcción de viviendas aisladas. En algunos estados americanos, este parámetro se aproxima ya al acre propugnado por Frank Lloyd Wright en su conocida propuesta de ciudad, la llamada
Broadacre City. En Estados Unidos, la influencia del suburbanismo, esa idea de vivir fuera de las ciudades en proximidad con el campo y la naturaleza, ha implicado un creciente alejamiento de la población de los centros tradicionales de las ciudades. Algunos han bautizado este fenómeno como sprawl o exurbia: vastos territorios residenciales, apoyados en el automóvil y tan característicos del modo de vida americano. Es algo que solo se podía.
Típica calle del suburbio de Rverside. Frederick Law Olmsted, paisajista. Illinois, 1862. Foto: mjflight, Flickr

Sin embargo, en las dos últimas décadas se ha producido un cambio tendencial hacia modelos más densos y compactos desde la voluntad para recuperar formas urbanas más tradicionales, tomando como ejemplos suburbios antiguos como Riverside en Illinois, proyectado por Frederick Law Olmsted o Chestnut Hill en Philadelphia. Es el caso de las ideas propugnadas por el movimiento del New Urbanism y propuestas ejecutadas como la pequeña urbanización costera de Seaside en Florida, proyectada por los arquitectos Andrés Duany y Elizabeth Plater Zyberk. O la nueva ciudad de Celebration, de la corporación Disney a las afueras de Orlando. Con ellas, una visión tradicionalista de la arquitectura y el urbanismo ha acabado imponiéndose en la imaginería de la sociedad americana como solución a la deshumanización de las extensas conurbaciones existentes.
Casa en la playa. Seaside, Florida. Foto: Erewhom, Flickr

Según Rybczynski, este fue el ideario en el que los promotores de New Daleville se apoyaron para sacar adelante su pequeña urbanización en la negociación de la calificación del suelo con los comités del municipio y otros organismos reguladores. Todo un entramado de intereses, criterios y preferencias, representados en distintas instancias aprobatorias relacionadas con la transformación del suelo. Desde juntas de supervisores y comisiones de planificación municipal que ejercen la visión de los residentes ya asentados y en el que los agricultores más antiguos no suelen prácticamente estar personados.
Un criterio sobre el que todos los suburbanitas estarían totalmente de acuerdo es el que se refiere a permitir el menor crecimiento imprescindible en su entorno. Parecería que el mantenimiento económico de la agricultura fuera un objetivo altruista de esos residentes. Es, sin embargo, una regla extendida que refleja el egoísmo de los ya situados que quieren impedir a toda costa un cambio en la imagen del territorio que vaya más allá de la imagen bucólica de una campiña idealizada y disfrutada a costa de otros. Como se señala en el libro, los Estados Unidos podrían subdividirse en dos espacios mentales contrapuestos, habitados por los que favorecen el crecimiento frente a los que lo niegan.

Esquema de criterios y tipologías admisibles para Seaside. Plano de su Architectural Design Guidelines. Andres Duany y Elizabeth Plater Zyberk

En los desarrollos urbanos americanos, la estética es también una cuestión a considerar, aunque en la práctica quede sepultada por las necesidades económicas de la industria de la construcción residencial. Según parece, las distintas ordenanzas de edificación de los municipios han ido incorporando guías para la definición formal de la arquitectura. De una manera matizada, se siguen aquí las enseñanzas de Raymond Unwin, que hace cien años establecía que la armonía es una herramienta esencial para el éxito de un plan de urbanización y que es esencial ejercer algún tipo de control sobre la forma arquitectónica resultante. Es lo que promueven los códigos formales y constructivos más recientes, los conocidos en América como Architectural Design Guidelines. Como el desarrollado específicamente para Seaside, basado en los elementos espaciales característicos de la arquitectura popular de la costa Este americana: porches, miradores, columnatas y balaustradas.
Una vez autorizada la propuesta de urbanización de New Daleville por el municipio, el recorrido hacia la conformación de una nueva pieza de ciudad continúa con la aparición de nuevos agentes, los constructores y los vendedores de casas.

Levittown, New Jersey. La primera urbanización suburbana industrializada

El precedente de Levittown es esencial en una concepción peculiar de la industrialización de la vivienda americana actual. Lo que inventaron los Levitts no fue aquella prefabricación masiva que se propugnó en los años sesenta del siglo pasado, sino una más amplia y sencilla estandarización de los elementos espaciales y constructivos, así como la ordenación racional de los procesos productivos. Es decir, la mejora organizada de la participación de esa multitud de especialidades que intervienen en la construcción de una vivienda.
Con ello, lograron imponer un sistema económicamente eficiente que abarató considerablemente el costo de la vivienda popular suburbana en los Estados Unidos. Sin embargo, la concepción de una industrialización parcial de la vivienda ha implicado la imposición paulatina de unos modelos residenciales repetitivos y escasamente variables en la forma de muchas periferias residenciales americanas.
Hoy en día, las constructoras promueven modelos de vivienda caracterizados por un conservadurismo exacerbado, en los que lo importante es la racionalización máxima de sus componentes y la adaptación a los gustos del mercado potencial. El proceso inmobiliario concluye con la actuación de los vendedores pertenecientes a las empresas. Acción que se apoya en un análisis detallado del espectro del mercado de futuros compradores, generalmente familias de profesionales del sector servicio pertenecientes a una clase media que trabaja en las ciudades próximas. Ahí la imagen del producto final es esencial y para ello, la construcción de prototipos representativos a escala real es básica. En New Daleville, los modelos tradicionales comercializados por empresas como LRK o
Ryan Homes tuvieron nombres como Sheldon, Melville o Carroll, siempre en estilo colonial o con fachada georgiana clasicista, y potentemente adaptados a una imaginería personal muy conservadora.
Casa en la ciudad de Celebration. Foto: Jordi Romkema, Flickr

La fase final de la comercialización de New Daleville se caracterizó por el inicio de la crisis inmobiliaria estadounidense que es descrita con poco detalle. Un fenómeno que se ha llevado por delante los ahorros de muchas familias, también a numerosas empresas, bancos locales y afectando finalmente de una manera grave al sistema financiero internacional.
El problema principal del desarrollo urbanístico y la promoción inmobiliaria es que es un territorio económico de fácil acceso y sujeto a unos ciclos abruptos de difícil predicción. Estas características generan graves consecuencias para la economía de las regiones, como se puede apreciar en estos momentos. Como se señala en el texto: el mercado inmobiliario residencial está poblado por aficionados haciendo transacciones infrecuentes sobre la base de información limitada y con escasa o ninguna experiencia para calibrar el valor fundamental de las casas que construyen y venden.
El libro acaba con la mudanza de algunos vecinos y la constitución de la asociación de propietarios, una suerte de democracia local autogestionada. Las ilusiones y la estabilidad financiera de personas concretas en un plazo largo de años han quedado fuertemente comprometidas de esta manera.
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sábado, 23 de enero de 2010

ESPACIOS INSULARES

Vista de las laderas del pico Teide con la isla de La Palma al fondo. Grabado de J.Williams para la Histoire Naturelle des Illes Canaries. 1838

Los que vivimos en islas dedicamos algún momento a intentar entender el alcance de lo que significan estos espacios insulares. Analizar cuales son las pautas y hechos derivados del territorio que influencian nuestra vida cotidiana, nuestra forma de pensar e, incluso, las razones para ser más o menos felices aquí y ahora.

Como le podría ocurrir a cualquier habitante del planeta, pero con sutiles y ligeras diferencias que surgen del mar, el horizonte y las estrecheces. Como me transmitió un paisano hace muchos años, el universo del isleño consiste en lo siguiente: a la espalda la montaña y al frente, el mar. Sin más puntos cardinales.

<---Recientemente, un amigo y antiguo compañero escolar -José Luis Rivero- me ha regalado una pequeña joya: un ejemplar del último número de la Revista de Occidente, dedicado a las Islas (Nº 342 de Noviembre de 2009). En el se agrupan un conjunto de pequeñas reflexiones sobre el carácter insular que presentan matices de una riqueza insospechada. La recopilación ha sido organizada por Jorge Lozano e incluye textos de Umberto Eco, Giles Deleuze, Peter Slotedijk y, por supuesto como no podía ser menos, Ortega y Gasset. En esta pequeña monografía se agrupan trabajos orientados desde muy diversas perspectivas, literarias, filosóficas y cinematográficas entre otras. José Luis Rivero nos explica los pormenores económicos que habría aplicado Robinson Crusoe en su aportación titulada “Las islas en la economía y la economía de las islas”. En ella se describe el papel que la novela de Defoe ha tenido en la ciencia económica: una experiencia muy ligada a los presupuestos de la teoría económica clásica. Dice Rivero:
La isla es el escenario perfecto para representar al hombre aislado que se dispone a tomar decisiones económicas sin influencia social alguna, en condiciones de alejamiento, limitación extrema de disponibilidad de recursos y de accesibilidad. En principio, Robinson Crusoe ni siquiera tiene capital, esto es, no tiene nada que le permita transformar unos bienes en otros, así que se encuentra en condiciones originarias…
En tales condiciones, el análisis el análisis económico puede observar el comportamiento y la tomas decisiones de un individuo en un laboratorio en forma de isla. Esta observación es especialmente atractiva para la economía neoclásica, que se fundamenta en el “egoísmo psicológico”…
El puerto de Funchal en la isla de Madeira. Grabado del siglo XVIII

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Otro isleño de aquí, Andrés Sánchez Robayna, nos presenta con su característica erudición y magnífica escritura un conjunto de poemas extraordinarios que toman como tema a la isla.

Escojo el poema de Pedro García Cabrera -poeta canario eximio- que Andrés Sánchez ha escogido y que expresa el sentimiento de los isleños con una rotundidad y economía de palabras sin parangón.

[UN DÍA HABRÁ UNA ISLA]
Pedro García Cabrera

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado.
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores
a todos los que pisan sus orillas.
Solo no estoy. Están conmigo siempre
horizontes y manos de esperanza,
aquellos que no cesan
de mirarse la cara en sus heridas,
aquellos que no pierden
el corazón y el rumbo en las tormentas,
los que lloran de rabia
y se tragan el tiempo en carne viva.
Y cuando mis palabras se liberen
del combate en que muero y vivo,
la alegría del mar les pido a todos
cuantos partan su pan en esa isla
que no sea silencio amordazado
.

Es impresionante como cuando así escribió, pudo sintetizar tan sabiamente sentimientos y emociones desde su soledad insular. Atisbos nacidos en la isla de La Gomera. Casi me atrevería a afirmar que las cosas mas profundas se pueden expresar de una manera muy sencilla. Es lo que hacen los poetas admirablemente y con una gran economía de palabras.
El antillano Derek Walcott propone en un verso del poema -que también ha seleccionado Sánchez Robayna- algo así Derek Walcott en una imagen extraida de Caribbean Book Blog
Pero las islas pueden solamente existir
Si hemos amado en ellas.

Haber amado un horizonte es insularidad.

Esas rimas de Walcott se podrían enunciar también como

El que alguna vez ha amado el horizonte ha conocido el sentimiento de la isla

Quizás yo lo entienda mejor así

Creo que este aperitivo que me he atrevido a presentarles aquí, les anime a adquirir un ejemplar de este número de la Revista porque merece la pena. Ello si tienen ocasión y, en caso contrario, siempre nos quedará Internet. Y el todo gratis, denostado por algunos.
Representación de los aborígenes de la isla de La Gomera. Leonardo Torriani, 1588. Dibujo realizado para la Descrittione et historie del regno de l'Isole Canarie.--->

lunes, 18 de enero de 2010

CREACIÓN DE VALOR ARTÍSTICO

Escultura expuesta en la muestra de arte contemporáneo de Corea. Saatchi Colletion, 2009

¿Como se construye valor en el arte contemporáneo? ¿Cuales son las razones de los astronómicos precios pagados por piezas artísticas en nuestros días? Estas son preguntas que muchos se hacen y que muy pocos se atreven a responder.

Para ello, primero, habría que tratar de entender el subjetivo ecosistema de la producción artística contemporánea, caracterizado por estrellas mediáticas y marchantes renombrados, galerías de marca, multitud de museos, ferias internacionales y casas de subastas.

<---Establecer un elenco de argumentos que soporte a las nuevas aportaciones artísticas es la primera tarea en la larga marcha hacia la construcción de valor en el arte contemporáneo. Este es un esfuerzo sutil que tiene que ver con la extrema subjetividad, con las percepciones y los sentimientos personales. En eso consiste el trabajo intelectual de una manada de especialistas en estética, encabezada por críticos e historiadores del arte, mediatizados con la visión de especialidades próximas como la filosofía, literatura, sociología e, incluso, economía. Actualmente el mercado potencial del arte está muy claramente delimitado, tal y como se ha expresado en algunas contribuciones recientes al respecto. Es el caso de una monografía, recientemente publicada en el semanario The Economist (Suspended animation, a special report on the art market. November 28th 2009) o el curioso libro titulado El tiburón de 12 millones de dólares de Don Thomson. La demanda artística solvente – es decir aquella que puede pagar las cifras multimillonarias que se barajan-estaría restringida actualmente a un elenco de operadores muy reducido, formado por los grandes millonarios y las instituciones museísticas y culturales junto a los galeristas que intermedian y, más recientemente, las casas de subastas.
Este universo de inversores y consumidores del arte contemporáneo más divulgado se ha acabado articulando alrededor de unos lugares muy concretos. A comienzos del siglo XXI, el mercado artístico se está desplazando desde los Estados Unidos hacia Inglaterra y China. Entre los dos primeros países concentran los 2/3 de la oferta contemporánea más valorada. Los principales centros de distribución artística en la actualidad se podrían localizar en Nueva York, Londres y Shangai y responden a una demanda de personas con una gran capacidad económica, anglosajones, chinos y rusos, principalmente. Según una estimación reciente, los grandes millonarios -aquellos que cuentan con más de un millón de dólares en recursos ociosos- son solo 10 millones de personas en todo el mundo, un selecto grupo con una alta disponibilidad de dinero líquido suficiente para satisfacer los caprichos más insospechados.
Otro ámbito artístico claramente mercantilizado es el que representan las instituciones museísticas. Conglomerados culturales con recursos públicos y privados ingentes para invertir en manifestaciones artísticas de todo tipo. En la última década y solo en Europa se han abierto más de 100 centros de arte y museos, espacios que necesariamente tienen que llenarse de contenido cultural.
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Girlfriend. Richard Prince, 1999

Entre los artistas, productores de oferta artística, y los consumidores que buscan las experiencias de la exclusividad, la falsa distinción que otorga el dinero y el apasionamiento con lo incomprensible, se sitúan los operadores de intermediación, galeristas de marca y casa de subastas internacionales. Según The Economist, el objetivo principal del intermediario está centrado claramente en la construcción de valor asociado a la escasez. Un camino hacia ello se sustentaría en la producción de acontecimientos, la generación de espectáculo y la subsiguiente presencia del arte abundantemente en los medios de comunicación de masas que generen una pléyade reducida de artistas de marca reconocida.
Las grandes muestras y las ferias de arte contemporáneo juegan también su papel en la exhibición y mercantilización de la producción artística y al consecuente creación de valor. Eventos como la Bienal de Venecia o Art Basel funcionan como grandes cajas de resonancia donde los propios países promocionan a sus figuras emergentes. En ellas se puede tantear la promoción de artistas concretos o colocar determinadas piezas en este mercado especializado y selecto.
En los últimos tiempos, han sido los propios artistas -aquellos que cuentan ya con una valoración de mercado reconocible- los que han tomado el mando en el proceso de asignación de valor a sus productos artísticos. La alianza con las casas de subastas de arte, establecida por gente como Damien Hirst y Charles Saatchi, ha dado lugar a la aparición de un mecanismo novedoso de construcción del valor mercantil en la actividad estética. La asignación de precios por pugna directa entre los propios consumidores y galeristas. Es lo que está ocurriendo con las subastas de arte contemporáneo en las principales casas como Christie’s, Sotheby’s o Philip de Pury, en las que se han llegado a pagar más por un cuadro de Andy Warhol que por un avión Boeing 737.
El diseño de un discurso narrativo que dé relevancia a los objetos artísticos es una tarea sumamente compleja que necesita apoyarse en catálogos y publicaciones lujosísimas que acrecientan indirectamente sul valor. Un camino para la construcción del relato artístico contemporáneo surge de una identificación de las piezas y artistas con los mitos de nuestro tiempo, aquellos que han tenido o tienen una mayor repercusión en la cultura de masas. El espectáculo, la extravagancia o el sobresalto son los mecanismos recurrentes para ello, en una carrera de hitos que ha transformado radicalmente la razón de ser de la actividad artística.
En este proceso específico que compone la artisticidad de nuestros días, la adherencia a los personajes generadores de espectáculo adquiere una relevancia esencial. El protagonismo en el arte reciente del entretenimiento, la publicidad y la actualidad en los medios se canaliza, por ejemplo, con la apropiación de la imaginería relacionada con las estrellas populares, cinematográficas, deportivas y musicales, etc. Muchos recursos estéticos derivados de lo anterior se han incorporado directamente en el arte desarrollado en la segunda mitad del siglo XX. Esto es una evidencia que se puede reconocer en la obra realizada por gentes como Andy Warhol y sus epígonos más recientes, Jeff Koons, Richard Prince, Takashi Murakami, etc.
Michael Jackson y su mono Bubbles. Cerámica de Jeff Koons, 1988. Foto: Dalbera, Flickr

Aquello que tiene una mayor presencia en el universo mediático contemporáneo va incorporando valor en un sistema iterativo constante de acumulación de relatos, descripciones, anécdotas, imágenes, en el que todo contribuye al incremento de su apetencia popular. La deriva oportunista del arte y su consideración como producto transaccional ha aprovechado eficientemente estos mecanismos de la cultura popular para apoyar el valor de mercado de los productos artísticos.
No deja de ser relevante que uno de los principales impulsores del arte contemporáneo sea un publicista, Charles Saatchi. Constructor de acontecimientos y mensajes que calan en la imaginería de las masas. Una de sus muestras más famosas, aquella en la que puso en valor a algunos jóvenes artistas británicos, se llamaba precisamente Sensation. Una estrategia publicitaria de apoyo a la venta mercantil de unos productos sin valor conocido previamente, mediante la creación de un acontecimiento espectacular. De este esfuerzo concreto adquirirían reconocimiento mediático gentes hoy tan valoradas en el mundo anglosajón como los revoltosos hermanos Dinos y Jake Chapman, Chris Ofili, Damien Hirst o Tracey Emin.
Beautiful inside my head forever. Pieza de Damien Hirst, subastada en 2009 por 8 millones de Libras Esterlinas en la sede londinense de Sotheby's. Foto: Chris John Becket, Flickr

Hoy en día, Saatchi, y su galería londinense de King’s Road, junto a otros coleccionistas de prestigio reconocido como François Pinault, Bernard Arnault, etc. orientan los proceso mercantiles de valoración artística.
La misión final del artista contemporáneo parecería ser presentar las cosas tal y como nadie las haya visto con anterioridad, asignándoles con ello un nuevo significado. La transformación posterior en fetiche cultural es una tarea de otros, de los mercaderes del arte y de los consumidores de objetos que contienen un aura derivada de la escasez. Unos mecanismos espurios que están reduciendo el mundo cultural a un sórdido y vacío entretenimiento.
Según reconocía Jean Baudrillard ya en 1970, la misión principal del arte radicaría hoy por hoy en la expresión de la inutilidad. La transformación de la pulsión estética en una nada que se autoconsume. En un mundo mercantilizado al extremo de transformar todas las cuestiones en objeto de consumo, los mensajes artísticos más radicales de nuestro tiempo tenderían a la desaparición. En sus palabras (ver El ascenso del objeto, el fin de la cultura en La societé de consommation):):
Esta búsqueda de la esencia de la nada es, por el contrario, el factor estetizante de desear que la nada exista como tal, que tenga un valor e, incluso una plusvalía, sin considerar el mercado, que rápidamente tomará control de ello. El gesto de Duchamp, cuando bautiza al urinario como fuente, fue intentar reducir las cosas a la insignificancia. En cierta manera, no fue responsable de lo que sucedió a continuación.
Asigno gran importancia a la inutilidad como construcción de la nada, en el sentido que, si asumimos este arte de la desaparición, logramos una visión artística, asociada a la estrategia de gestionar el material que estamos mostrando –donde normalmente no hay nada que ver en ese acontecimiento- que sirve para convertir la nada en espectáculo, en estética, en valor de mercado, en una forma de completa inconsciencia, el síndrome colectivo de estetización que conocemos como cultura.

Esta tarea de persecución del vacío conceptual ha sido llevada al extremo por personajes ya clásicos dentro del panorama del arte contemporáneo. Es el caso de Andy Warhol, una marca artística sumamente apreciada hoy en día por las casas de subastas que comprendió la fuerza icónica de la publicidad y de la reproducción masiva de imágenes como un proceso concentrador de valor.
John Waine. Litografía de Andy Warhol , 1962. Foto: David LeGuss, Flickr

Warhol tuvo la conciencia de prefigurar una combinación adecuada en la identificación de las tendencias estéticas más asumibles por la cultura de masas junto a una capacidad de innovación formal indudable. Su amplío legado, compuesto por unas diez mil piezas realizadas entre 1961 y 1987, constituye un espacio de negocio muy eficaz sobre el que se puede estimar el valor de cada obra con fiabilidad. El paraíso de los más voraces especuladores internacionales.
En realidad, la pieza artística es solo un fetiche que representa el momento creativo en que se produjo. Poseer este tipo de objetos es una pulsión humana relacionada con el afán de establecer una distinción, un elemento identificador del status social de su propietario. Finalmente, los residuos deleznables del arte contemporáneo han quedado reducidos a una asignación de valor con la que respaldar inversiones y con las que no haga falta guardar paletadas de dinero en ignotas cajas fuertes.
Tal y como señalaba Rafael Argullol en un artículo reciente:
Se ha convertido en hegemónico un arte fraudulento auspiciado por engranajes mercantiles en los que la ignorancia con respecto a la gran tradición artística solo es superada por la codicia.--->

domingo, 10 de enero de 2010

ALGUNAS OPINIONES SOBRE EL URBANISMO DE TENERIFE

PGO de Santa Cruz de Tenerife, 2009. Detalle de la ordenación propuesta para el centro de la ciudad

La presente batalla sobre el futuro urbanístico de Santa Cruz de Tenerife ha terminado, por ahora, en la larga guerra contra el crecimiento salvaje y lo ha hecho como era previsible. Generando un sabor agridulce para todos. A los que lo han apoyado porque no entienden las razones de tan potente desafío y a los otros porque la rabia no ha hecho sino acrecentarse ante el inexorable empuje de la maquinaria del poder.

En mi opinión, esta suerte de mal llamada democracia que padecemos es un proceso perverso, que ha mutado desde la administración de las necesidades colectivas hacia un mecanismo para desviar los intereses comunes en beneficio de unos pocos en demasiadas ocasiones. Y esto ya no se aguantará mucho tiempo más sin que haya que cambiarlo. Un liderazgo ético no se puede construir sobre cimientos tan endebles como los que fundamentan a la clase política en estos momentos, por mucha demagogia ideológica que se le eche.

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Si consideramos el añadido de paletadas de mercadotecnia, tergiversaciones sin cuento y la gran cantidad de verdades edulcoradas con las que nos tratan de convencer sobre la supuesta calidad de esas actuaciones que nuestros representantes actuales proclaman, es para borrarse definitivamente de esta comunidad canaria y de la partitocracia que nos dirige en todo el conjunto del estado español. Si no fuera porque nos va en ello el futuro a todos. Los males del sistema de partidos políticos ya lo ha descrito con gran acierto Alejandro Nieto en su magnífico libro sobre El desgobierno de lo público.
La realidad de la gestión de los intereses comunes en nuestra región y el conjunto del país, por añadidura, es francamente mejorable. Nos encontramos en una situación que hay que calificar, como mínimo, de trágica. Requiere un cambio urgente en las cabeceras de las instituciones y la retirada de toda una generación de dirigentes absolutamente sobrepasados por las circunstancias. Políticos encasillados en unas administraciones extremadamente burocratizadas, mediatizados por una legislación de imposible cumplimiento que ha generado un entorno asfixiante que nos ha llevado a lo que, alguna vez, he calificado de parálisis insostenible. Vemos a nuestros gobernantes como un grupo de personas que detentan el poder, armados para la acción con tics y recetas del pasado y que, desgraciadamente, no entienden las verdaderas claves del futuro que nos aguarda.
Pienso que nos encontramos en otro de esos momentos en que es necesaria una regeneración en profundidad. En lo que se refiere a los temas territoriales, se constata que el crecimiento en extensión y ocupación salvaje de los espacios insulares se ha detenido momentáneamente. Y, sin embargo, muchos consideramos que sería una opción suicida reiniciar la carrera de la construcción residencial a la que hemos estado acostumbrados en los últimos tiempos. Ello, a pesar de que nos haya estado dando de comer en las últimas decenas de años. Sobre todo si tenemos en cuenta que el territorio de las islas ya lo percibimos como claramente finito. La creciente escasez del suelo para consumir se ha vuelto un axioma incontrovertible.
El problema que tenemos en el horizonte está relacionado con la necesidad de un cambio de modelo económico e, imbricado con ello, una nueva forma de tratar el suelo de nuestras islas. Un futuro económico que no se es capaz de imaginar todavía. No obstante, opino que la alternativa debería centrarse en la calibración muy cuidadosa de las posibilidades de implantación de nuevas actividades, la regeneración de los desmanes producidos en el paisaje y la implementación adecuada de las cuantiosas necesidades de servicios públicos colectivos insatisfechos. Y sigo creyendo en la planificación a largo plazo como una herramienta necesaria frente a la alternativa de la constante improvisación que tanto se aprecia.
Creo que si somos conscientes ya de la obsolescencia radical del modelo económico basado en la construcción. Ni la industria turística, ni el sector residencial necesitan ocupar nuevas superficies útiles. Lo que se requiere son nuevas ideas para recualificar intensamente los deteriorados espacios consumidos en los últimos cincuenta años. La forma en que se ha transformado de una manera tan despreocupada el territorio en Canarias ha estado premeditadamente dirigida por la improvisación y la constante apropiación particular de rentas colectivas. Arreglar los espacios urbanizados deficientemente es una tarea inaplazable en las que se tengan en cuenta cosas tan simples como aumentar el ancho de las aceras, el ajardinamiento y arbolado de las calles, la provisión de espacios públicos agradables, revegetar las periferias de los núcleos habitados. También, conseguir dotar de espacios suficientes para los servicios sanitarios, sociales, educativos, etc. en los distintos barrios y pueblos no en el centro de las ciudades. Guarderías para poder dejar a nuestros hijos, bibliotecas de barrio para poder acceder a la cultura y la información, residencias suficientes para atender a nuestros mayores, etc, etc.
Es por esto, que la clave estaría en la planificación de acciones sobre el territorio desde una perspectiva radicalmente opuesta a la que estamos acostumbrados. Si cada propuesta requiere decenas de años para ver la luz verde en los procesos participativos y aprobatorios, algo está funcionando muy mal en el sistema legal con el que nos hemos dotado.

PGO de Santa Cruz de Tenerife, 2009. Plano de propuesta de estructura viaria insertada en la trama territorial metropolitana.

Es el caso del infausto Plan General de Ordenación de Santa Cruz que ha pasado el trámite de su segunda aprobación provisional con una controversia desmesurada. Una cuestión que pocos profesionales entendemos cabalmente es la razón de que su dilatadísimo proceso aprobatorio aun no haya concluido.
Hace ya más de dos años se supervisó técnica y jurídicamente durante más 8 meses por funcionarios de la Dirección General de Urbanismo. Un control exhaustivo que se orientó a la comprobación del cumplimiento de la extensa legalidad exigible. Como resultado de aquello se exigieron una serie de modificaciones documentales que requirieron de un nuevo proceso de información pública. Proceso legal que abrió nuevamente la batalla política que acaba de concluir y en la que nuevamente se han introducido argumentos espurios e injustificables que ya estaban debatidos y aceptados tácitamente en un proceso de tramitación que ha durado ya más de 8 años.
Resta su nueva supervisión técnica y jurídica, la consideración del documento del Plan General de Ordenación por la Ponencia Técnica de la provincia occidental y su remisión posterior a la consideración de la Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias y -si el proceso no encuentra nuevos obstáculos- deberá redactarse su Texto Refundido y, finalmente, cursarse nuevamente para su aprobación por el Consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio que dará la orden para su publicación en el Boletín Oficial de la Comunidad. Un proceso complejísimo y disparatado en el que el tiempo restante debe presuponerse más en años que en meses.
Opino que en las actuales condiciones es conveniente lograr la aprobación definitiva de este Plan General de Ordenación de Santa Cruz de Tenerife ya que es un documento que, legal y técnicamente, mejora al que está en vigor. Al margen de ello considero que no es un buen plan para la ciudad, ya que en líneas generales constituye una rectificación ligera del modelo definido por el plan anterior de 1992.
Su estrategia de ordenación ha consistido en transformar y redefinir innecesariamente muchísimas piezas de la ciudad consolidada. Con ello se han corregido numerosos errores puntuales de la ordenación anterior y también se ha amparado a muchas iniciativas económicas de carácter variopinto. Desde luego, es un documento de una precisión técnica superior y se adapta con bastante eficiencia a toda la parafernalia legal que es vigente en esta región.
Muchas operaciones específicas –espoleadas por los intereses especulativos de muchísimos operadores inmobiliarios- contribuirán a una densificación inconveniente de las partes más edificadas del municipio. Ello sin ofrecer como contrapartida, una mejora potente en espacios libres, dotaciones y equipamientos. Es más en algunos casos, se sustituyen equipamientos consolidados por nuevas operaciones de desarrollo residencial, incrementando la densidad edificatoria y una mayor congestión sobre la ya de por sí colapsada trama viaria.
Vista de la periferia de la ciudad de Santa Cruz en 1935. Foto: Paco Yanes, Flickr

Por otra parte, en aquellos escasos espacios vacantes periféricos se ha procedido a diseñar operaciones de nueva ocupación de suelo destinada tanto a generar nuevas actividades productivas como a establecer nuevos ensanches densificados con destino residencial. El Plan incluye también la redefinición de actuaciones estructurales – ya previstas en el Plan anterior- para descongestionar el tráfico del centro más colapsado, proyectos de ingeniería ya diseñados en detalle que supondrán una mejora ambiental y funcional indudable para la reorganización de la ciudad central y las periferias más desconectadas en relación a la accesibilidad motorizada.
Considero que se ha renunciado a un objetivo más acorde con los tiempos, el decrecimiento edificatorio en la ciudad central y, en general en el municipio, en aras de incentivar la inversión pública en los barrios infradotados y en los municipios más alejados.
Podríamos definirlo como un plan urbanístico bulímico en el que no ha quedado superficie o espacio sobre el que no se haya pensado una ordenación orientada a la generación de mayor desarrollo y crecimiento. Desde mi perspectiva, me hubiera parecido más correcto establecer un criterio general tendente a atenuar esa mayor concentración de actividades y servicios en el centro de esta ciudad y sus barrios periféricos que se propugna como algo inexorable. Vivimos sobre todo en la vertiente norte de una isla excesivamente polarizada, donde se reside en una periferia extendida a más de 50 kilómetros del centro de la capital. Y se trabaja principalmente en los espacios situados en el área metropolitana de Santa Cruz. Ello origina diariamente un flujo de desplazamientos masivos que pendulan entre unos lugares y otros a lo largo de determinadas franjas horarias, generando unos procesos congestivos absolutamente nefastos. El PGO de Santa Cruz va a contribuir notablemente con sus propuestas de mayor concentración de actividades a incrementar este problema. Finalmente, el modelo expresado en el plan tiene un déficit básico consistente en la falta de coordinación metropolitana: la ciudad que vivimos no se puede entender aislada radicalmente por los límites administrativos. Este problema ha motivado numerosas inconcreciones en su borde administrativo.


PGO de Santa Cruz de Tenerife. 2009. Plano de los sistemas generales y locales de espacios libres, equipamientos y otras dotaciones

Estas son solo algunas cuestiones que me sugiere una revisión superficial de este documento. No obstante, un análisis riguroso y fundamentado del mismo requeriría un trabajo mucho más dilatado que una reseña periodística. Lo cierto es que plantea muchas dudas ante el cambio de ciclo económico y social que experimentamos en estos momentos.
Es destacable la endeble capacidad técnica con que se afrontan estos procesos de planificación lo cual da lugar a que muchos documentos urbanísticos contengan multitud de errores tanto conceptuales como de aplicación práctica, dando lugar a la aparición de oposiciones masivas a su ratificación. Un ejemplo lo constituye el revuelo causado también por el documento para la revisión del Plan General de Ordenación de Tacoronte.
No es una cuestión de recursos económicos, ya que la Comunidad Autónoma ha hecho un gran esfuerzo al respecto. Es un problema de la enorme ineficacia en la aplicación y distribución actual de las asignaciones presupuestarias. La empresa que canaliza estas actividades, Gestión de Planeamiento de Canarias, es modélica en lo que se refiere a la hipertrofia administrativa y a la escasez de resultados positivos en sus objetivos. Después de un cuarto de siglo, cuenta con cientos de trabajadores en sus dos sedes, situadas en las dos islas capitalinas, maneja unos recursos públicos multimillonarios y solo han logrado terminar y aprobar unos escasísimos documentos urbanísticos relacionados con los municipios canarios.
Mientras unos escasos equipos técnicos de urbanistas, geógrafos, arquitectos, biólogos y abogados, luchamos por sacar adelante con menguantes recursos económicos el engorroso planeamiento que es necesario aprobar para cumplimentar la complejísima legislación territorial canaria. Y ello, con la aplicación de condiciones de contratación, que podríamos calificar como exorbitantes claramente, que escandalosamente nos aplica nuestro propio cliente y competidor la empresa pública GesPlan.
Panorámica de la ciudad de Santa Cruz. 2003--->

viernes, 1 de enero de 2010

LA DEMOCRACIA URBANÍSTICA EN MI CIUDAD


Los habitantes de esta ciudad estamos asistiendo atónitos a un debate marcado por una gran controversia. Después de ocho años de trabajo, ingentes recursos consumidos y un proceso participativo denso se ha llegado a una situación altamente explosiva que afecta a ese documento técnico y jurídico que definirá los posibles usos del suelo en Santa Cruz de Tenerife durante la próximas décadas.

<---Creo que en estos momentos actuales caracterizados por tanto encono y griterío no hay condiciones para poder opinar con mesura y argumentos sobre el Plan General de Ordenación de esta ciudad en que vivo.
El que se salga del guión, asumido por aquellos que detentan el liderazgo en la lucha, lo tachan directamente de vendido, sirvengüenza, mentiroso, hijo de p...
O curiosamente también de antisistema, inmovilista, hijo de papá, funcionario...
Los que debaten tan agriamente descalifican sistemáticamente al adversario y no exponen nítidamente sus argumentos. Algo que, en mi opinión, rozaría casi el fascismo. Una clara perversión de la democracia que tanto conjuran y reclaman. Estamos corroidos por la demagogia, una expresión del escaso desarrollo cultural de esta sociedad.
Ni unos han sabido explicar las cuestiones que se critican, más allá de la versión interesada y las verdades a medias, ni los otros han podido argumentar seriamente, superando la tergiversación, la descalificación y el insulto.
Es evidente que los representantes políticos al cargo del municipio han perdido la legitimidad para avalar sus propuestas y los otros, aquellos que se oponen, aterran con su beligerancia manifiesta. En este momento, la batalla actual sobre esta cuestión no está situada en el plano técnico sino en el de la autoridad ética para decidir sobre el futuro de este colectivo social al que pertenecemos.
Desde luego, puede haber otras perspectivas más positivas y enriquecedoras para todos en este asunto -la ordenación y planificación del aprovechamiento del suelo- tan importante para el futuro de este castigado territorio insular. Sin embargo, la discusión debe centrarse sobre el documento que está en la palestra pública.
---> <--- Dado que ya han sido varias personas las que me piden que exponga mi opinión públicamente al respecto, creo que estoy en la obligación de hacerlo. No obstante, esperaré para ello un tiempo a la espera de que se remansen las aguas y se pueda dialogar de verdad. --->