martes 14 de julio de 2009

ALTERNATIVAS IDEOLÓGICAS

Puente de Salginatobel. Robert Maillart, 1930. Foto: Mattschoelholz, Flickr

Hay que renunciar y denunciar el desarrollo. Es el recurso dialéctico que acalla la discusión, el gran argumento que avala cualquier posición porque parece irrefutable que nos conduce a un futuro mejor. Esa es la prueba a la que acude la demagogia política ligada al poder para imponer lo inaceptable.

Lo cierto es que el desarrollo que se propugna como incontrovertible es el sistema que ha originado la mayor parte de los problemas sociales y ambientales que padece el planeta, esquilmación de los recursos naturales, destrucción del paisaje, superpoblación galopante, etc. Un proceso que nos hunde en el abismo.

<---El cuestionamiento radical de este concepto, el desarrollo, implica la descolonización paulatina de nuestro pensamiento de ese objetivo impuesto, la transformación total del mundo -de la naturaleza, de las relaciones entre los hombres y de estos con lo biológico- en simples mercancías y bienes. Habría que imponer una necesaria higiene mental que deseconomice las ideas y los sentimientos, una guerra a ganar necesariamente que permita el restablecimiento de un equilibrio imprescindible entre el hombre y el territorio heredado. El progreso humano, tal como se define en el Manifiesto por un futuro posterior al desarrollo de Serge Latouche, debería reorientarse a la búsqueda de un bienestar basado más en la expansión de la calidad en las relaciones personales y por el contrario, la atenuación de la acumulación de objetos y posesiones que acaban transformadas en basura. Una alternativa que debe poner más énfasis en la mejora de los intercambios locales frente al movimiento masivo y geográfico de bienes, personas y capital. Este futuro posible debe basarse en el decrecimiento económico, en el ajuste del consumo a una cantidad muy limitada de recursos por persona, aquellos realmente necesarios para una supervivencia digna. El ineludible decrecimiento implica el control sobre la actual disposición ilimitada de recursos en algunos lugares y su saqueo masivo en otros. Se debe asumir que un consumo como el actual nos condena a la destrucción global del planeta y frente a ello hay que actuar localmente tanto para preservar la tecnobiosfera, es decir el mundo en que vivimos, como para ayudar a restaurar una mínima justicia social. Nuestra propia supervivencia está relacionada con la de los demás y con la del medio que nos rodea. Esta posición implicaría una integración matizada en el contexto mundializado, ampliando y profundizando la autonomía local del pensamiento, la cultura y, en definitiva, la economía. Las ideas y los bienes deben voluntariamente asumirse, producirse e integrarse desde la constante construcción de sociedades particulares con verdadera autonomía, autocentradas y marginadas voluntariamente respecto a la economía mundo dominante. En el contexto de la arquitectura ello significa combatir una serie de falsas premisas ampliamente extendidas y consideradas inmutables. Entre ellas, destaca la avasalladora colonización del arte del diseño y la construcción de edificios por la economía, su ajuste para apoyar la ideología desarrollista dominante y el reforzamiento de las necesidades del mercado mundial. También, la masiva generación de iconos construidos que ha presidido la última etapa de la escena cultural internacional que debe de repudiarse como representación de una ideología impuesta asociada a un progreso mal entendido y al crecimiento innecesario que nos acerca peligrosamente a esa inexorable destrucción colectiva en curso. Tumba de Robert Louis Stevenson. Monte Vaea Upolu, Samoa. Foto: Simone Sassen, 1987
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Es expresivo de este estado de cosas, la situación actual en la que se desenvuelven los fundamentos de la arquitectura.

La utilitas, la funcionalidad, está hoy dominada por los últimos conceptos de moda, el merchadising, la commodification y el branding. Basura economicista.

La firmitas, la manera de construir, entregada a materiales y formas efímeras que no garantizan perdurabilidad y apoyan el más antiético despilfarro. Falso ahorro inmediato que estimula los intercambios y facilita la acumulación del beneficio por unos pocos.

Y la venustas, la belleza, carne de cañón de la publicidad y de la propaganda de los poderosos. La herramienta definitiva para moldear las mentes según el interés exclusivo del dinero.

En una época en que la mayoría de las personas no están predispuestas a repensar críticamente los paradigmas ofrecidos desde el poder, hay que abstenerte. Por eso yo me declaro apóstata de la arquitectura, abandoné hace tiempo esa religión a la que he amado. Una imposibilidad manifiesta para la poesía, secuestrada por la comunicación del vacío.
Habría que recuperar aquel papel que tuvo architékton, el humilde primer obrero: construir ese lugar reservado para el hombre, que existe entre la tierra y el cielo. La arquitectura se construye a la contra, frente a la resistencia del suelo para expresar las ideas de la época percibidas en lo alto.
Excavar los lugares para encontrar la firmeza de los terrenos. Analizar las formas heredadas como expresión de la interpretación de los caracteres específicos, topografía, clima, variabilidad de la luz, etc.
Escrutar los cielos implica interpretar las líneas que nos dibuja el firmamento hacia el futuro, recto entre las estrellas y las constelaciones y curvo según las orbitas de los planetas.
Proyectar con la geometría, esa herramienta olvidada asociada a la razón. Utilizar los materiales heredados y próximos que no hay que transportar. Volver a recuperar las ideas esbozadas por nuestros antepasados frente a la imposición forzada de la novedad.
Nuestras verdaderas referencias, la percepción de los fenómenos de la naturaleza, la enseñanza de los antiguos, la experiencia de los próximos. Habría que recuperar la búsqueda de la expresión en el análisis de los sitios. Me faltan las palabras.
Elogio del horizonte. Gijón, Asturias. Eduardo Chillida. Foto: khuasi, Flickr
<---Decía Eduardo Chillida en relación a su obra Elogio del Horizonte: He buscado la escala que me ha parecido justa para ayudar al hombre a pasar de lo pequeño que es a la grandeza del horizonte. Estuve mucho tiempo sintiendo el lugar como posible y circulando mentalmente dentro de mi escultura como si fuera un hombrecito para darme cuenta de lo que iba a ser en relación a la escala definitiva, para darme cuenta de lo que iba a ser la relación del hombre con la montaña de Santa Catalina en Gijón. Lo que no he sabido nunca descifrar es la relación matemática que hay entre la dimensión del hombre y la del horizonte. Una cosa es inmensa y la otra, nosotros, pequeña. La obra, lo que pretende, es ayudar, ser un peldaño, una ayuda para pasar de la mínima dimensión que tenemos a la enorme dimensión del cosmos y de su definición frente a la curvatura de la tierra que es el horizonte.

Siguiendo la magnífica línea discursiva presentada por Felix Duque en Habitar la tierra -y que copio descaradamente- ser en el mundo significa construir sobre los lugares, sosteniendo a lo que allí hay y al mismo tiempo abrirse a los cielos, el recinto de las ideas que nos conectan con lo sagrado.
Los lugares no existen por lo general en sí mismos. También pueden ser creados por los humanos a la manera en que los puentes generan un espacio accesible que antes no estaba. Como escribió Martín Heidegger en su premonitorio Construir, habitar, pensar:

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El puente se tiende ligero y fuerte sobre por encima de la corriente. No junta dos orillas ya existentes. Es pasando por el puente como aparecen las orillas en tanto que orillas. El puente es propiamente lo que deja que una yazga frente a la otra.

Es a partir de esta idea como se puede entender en lo que hemos convertido los lugares y el mundo en su conjunto, algo que no existía anteriormente y que hemos transformado en nuestro beneficio. Lo natural preexistente se ha transformado en parque debido a la acción del pensamiento, la tierra se ha excavado para extraer las cavernas que constituyen nuestra morada.

Pero ahora estamos a punto de perderlo todo por la acción de todos. Desde hace varias décadas la huella ecológica global realmente existente implica que el consumo desplegado ya no puede sostenerse con la totalidad de la accesible masa planetaria. La tecnobiosfera que hemos creado, la interacción de los materiales de la Tierra con la acción civilizatoria de la humanidad, es un mecanismo con una fecha de caducidad que se ha vuelto claramente evidente en los últimos tiempos.
Durante dos siglos se ha vivido en movimiento continuo, tras el falso progresismo de las vanguardias. Bajo la enseña de lo nuevo, las vanguardias han acabado imponiendo la moda como medida del tiempo y con ello, la renovación constante de las mercancías. Frente a este proceso descabellado, habría que reivindicar la recuperación de posiciones de retaguardia crítica, considerar que la enseñanza realmente valiosa también es la que procede de una mirada atenta a lo que nos rodea y el simple disfrute sensual de los que nos ha sido dado. La finitud del planeta y nuestra supervivencia nos lo exige.
Escuela en Rudrapur, India. Hieringer Roswag. Selección Premio Aga Khan 2007
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Percibir el latir del suelo, escudriñar el horizonte, habitar realmente el solar donde se vive son los requisitos para salvar la tierra. A su vez, decía también Heidegger, la esencia de la persona está en el DaSein, precisamente el Ser Ahí. No en otro lugar imaginado.

Desentrañar ese ahí, ese simple ahí, esa es la verdadera tarea.--->

sábado 4 de julio de 2009

LA ARQUITECTURA POSTERIOR A LA BURBUJA

Piscina en el museo de Kanazawa. Foto: cameranew, Flickr
















Después del estallido. La arquitectura en el Japón posterior a la burbuja
Por Thomas Daniell
Princeton Architectural Press. New York, 2008




Japón es un territorio mítico para la cultura occidental. Para algunos, entre los que me cuento, representa quizás un nivel de sofisticación extremo y también ese lugar donde hoy se anticipan y experimentan algunos posibles escenarios de ciencia ficción; aquellos en los que probablemente vamos a estar inmersos en el futuro.

En ese conjunto de islas se produce un refinamiento extremo de muchas ideas y experiencias que a lo largo de la historia se han ido incorporando al acervo humano. Por ello, es tan interesante observar los procesos que allí tienen lugar. Esa potencia cultural heredada ha permitido a un país concreto, y a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, haber logrado situarse a la vanguardia del desarrollo económico y social. Y también experimentar con ello, la anticipación de las consecuencias positivas y negativas del modelo de crecimiento global sin límites ni contrapesos en el que estamos inmersos.

En su libro Armas, gérmenes y acero, Jared Diamond definía un eje geográfico fundamental para la transmisión de las innovaciones y el conocimiento, aquel que se desarrolla en dirección Este Oeste, desde Bretaña en Francia hasta Japón, aproximadamente a lo largo del paralelo 50. Este es un espacio terrestre que ha permitido un movimiento recurrente de las migraciones históricas, sin impedimentos infranqueables, así como una transmisión de las innovaciones y el conocimiento aportados sucesivamente por las distintas culturas que se han organizado y desarrollado a lo largo del mismo. Desde los sumerios y griegos hasta los imperios persa, chino y mongol.
Frente a otras posibles directrices de transmisión geográfica -como las orientadas de Norte a Sur (es decir, las que se podrían haber dado en el continente americano o en África) las principales aportaciones a la historia de la humanidad se han movido principalmente entre Europa y Asia. Ello se debe a la continuidad esencial del territorio, caracterizado por esa plataforma sensiblemente horizontal de más de 12.000 kilómetros de longitud. Un espacio que está interconectado geográficamente sin la existencia de grandes barreras. África cuenta con la frontera que supone el enorme desierto del Sahara y América con el istmo de Panamá; dos hitos territoriales que han impedido una relación fluida entre las partes dividiendo esos dos continentes en grandes espacios infranqueables y no relacionados. Los Mayas y Aztecas no pudieron tener un contacto con la civilización del Tahuantinsuyu, los llamados incas
Las nuevas ideas y los sucesivos sistemas de pensamiento han llegado a Japón siempre en último lugar. Sus habitantes han ido absorbiendo las aportaciones intelectuales de una variedad enorme de naciones situadas al Oeste, definiendo una cultura peculiar que además ha permanecido también aislada durante largos períodos de la historia. Ese país insular ha representado siempre un extraordinario laboratorio de pruebas de la cultura global.
Este libro, After the crash, analiza un período económicamente convulso de la historia reciente de Japón, un testimonio de lo ocurrido desde la perspectiva específica de la arquitectura y el urbanismo, aquel que se ha desarrollado desde 1990 hasta casi nuestros días. Como arquitecto extranjero que reside allí, Thomas Daniell es un privilegiado observador inmerso en las peculiaridades de esa cultura tan sofisticada y avanzada que pretende mimetizarse dentro del panorama internacional.
A partir de 1990, los japoneses han experimentado una situación económica similar a la que actualmente se sufre en numerosos países avanzados. Un desarrollo acelerado y muy potente que estalla de repente, como consecuencia de la explosión de una burbuja especulativa acumulada y que lleva al país a entrar en una recesión prolongada, que dura ya más de una década. Las consecuencias para la industria de la construcción y para la arquitectura en Japón han sido devastadoras y cuando se empezaban a ver los primeros síntomas de un tímido resurgimiento, nuevamente la economía nipona se ha visto azotada también por las consecuencias del desplome del sistema financiero internacional.
Desde 1960, el archipiélago asiático experimentó un crecimiento extraordinario originado por su exitosa incorporación a la producción industrial avanzada primero y por sus aportaciones tecnológicas de vanguardia posteriormente. En paralelo, y sobre todo a partir de los años 80, se desarrolló una espectacular expansión del sector de la construcción, apoyado por unos bancos muy potentes que llegaron a situarse entre los primeros del mundo por recursos. Desde otras partes del mundo se observaba Japón como una especie de fenómeno fascinante, el país más rico del mundo, admirado y temido a la vez que empezaba a comprar masivamente activos extranjeros con sus excedentes de capital.
En Japón tenía lugar la producción de una arquitectura altamente brillante, innovativa y sofisticada que emanaba de esas enormes cantidades de dinero disponibles. Ello se inscribía en un entorno de desarrollo inmobiliario masivo que alimentaba una burbuja de precios en las que el valor del suelo era irrelevante y donde los edificios se hacían para ser usados y sustituidos de una manera extremadamente rápida. Debido a ello, la experimentación surgía de un caldo de cultivo extraordinario que produjo una generación de arquitectos con un gran talento estético. Es el caso de Tadao Ando, Waro Kishi, Shin Takamatsu y tantos otros ampliamente divulgados en el panorama internacional de la cultura arquitectónica alrededor de 1980.

Proceso de destrucción de la Expo 85 de Tsukuba. Foto: Ryuji Miyamoto


Sin embargo, a comienzos de los años 90 la situación estalló como consecuencia de un mercado de la propiedad excesivamente revalorizado y del apalancamiento financiero que se apoyaba en esos activos inmobiliarios ficticios. De repente, se produjo el hundimiento de la bolsa y con ello, dio inicio la llamada década perdida. Una recesión que ha durado más de una docena de años salpicada de escándalos en el sector de la construcción y la paralización casi total en la realización de nuevos edificios. Una situación que constituye un precedente al que se refieren los expertos para entender lo que actualmente sucede en la mayor parte de las economías avanzadas del planeta, con Estados Unidos a la cabeza.
<---Según Daniell, de un día para otro, la siguiente generación de prometedores arquitectos se quedó sin un espacio propicio para un ejercicio profesional minimamente viable. Las alternativas exploradas por ellos ante el vacío originado, se orientaron hacia la introspección, la experimentación formal y al análisis de la realidad metropolitana existente. El discurso teórico de la arquitectura se recentró en el examen de la vida cotidiana y la identificación de los patrones de asentamiento suburbano más allá de la intensidad de los espacios centrales de las megaciudades principales. De acuerdo a lo expuesto en el capítulo titulado Less than zero, minimalism and beyond (Menos que cero, minimalismo y más allá), el resultado de esa catarsis se ha concretado en un período dominado por una arquitectura que ha tendido hacia la simplicidad, la insubstancialidad e, incluso, la banalidad. Para representar este posicionamiento generacional el autor cita una obra del joven arquitecto Junya Ishigami, incluida en la exposición Hi-energy field, celebrada en Tokio en 2004. Consistía en una simple mesa formada por una lámina de acero de 3 milímetros de grosor, nueve metros de largo y dos metros y medio de ancho, apoyada en cuatro patas de ese mismo material de un metro de alto. Para lograr un efecto de ligereza extraordinaria, la superficie y sus soportes fueron pretensazos previamente, formando una leve curvatura que permitía recuperar la horizontalidad con la acción del propio peso del elemento, una vez colocado en su posición definitiva.
El alto grado de sofisticación que tratan de expresar en Japón tiene una relación directa con una austeridad extrema y la búsqueda de una reducción material al mínimo posible. Se recurre a conceptos significativos como ligereza, transparencia y carácter efímero para adjetivar la voluntad hacia una arquitectura específica. Según el autor, también se puede detectar el recurso a valorar la necesaria sostenibilidad planetaria y la reutilización adaptativa de los materiales constructivos. Casi, cabría conceptualizar este esfuerzo como la búsqueda de una estética de la desaparición

Plantas esquemáticas de obras significativas del período. Arriba a la izquierda, Onishi Hall, Gunma de Kazuyo Sejima, 2005. Arriba a la derecha, Museo del Arte Contemporáneo del siglo XXI en Kanazawa de SANAA, 2004. Abajo a la izquierda, Museo Tomihiro, Gunma de aat+ de 2005. Abajo a la derecha, Forum para el Arte Ambiental en Annaka de Sou Fujimoto, 2003.

Otra característica interesante de la experiencia arquitectónica japonesa, surgida de la recesión económica, es la voluntad de mantener la simplicidad de los esquemas iniciales de proyecto y con ello lograr directamente la expresión constructiva de los diagramas abstractos que inspiran las ideas espaciales. Esta tensión formalista hacia la reducción simbólica de las obras, se fundamenta en formas geométricas muy simples, aquellas que tienen un enunciado fundamentalmente bidimensional, definido por cajas, cilindros, mallas y curvas informales.
En estos años, un arquitecto de la generación anterior ha liderado las ideas más avanzadas y los procesos experimentales. Arata Isosaki ha estado presente en muchos de los debates e iniciativas culturales que sobre la arquitectura han tenido lugar en ese país. Desde su oficina se han coordinado experiencias tan interesantes como los barrios experimentales de Nexus World en Fukuoka y Motosu en la prefectura de Gifu. En ellos se han realizado obras muy interesantes de gente como Steven Holl, Rem Koolhaas y jóvenes locales como Kazuyo Sejima

Interior de la Mediateca de Sendai de Toyo Ito. Foto: cittadioro, Flickr

Posteriormente, todo este pensamiento colectivo ha cristalizado en una serie de obras esenciales y representativas de la época. Como las que suponen la famosa mediateca de Sendai de Toyo Ito de 2001 y el Museo de Arte Contemporáneo del Siglo XXI en Kanazawa de Kazuyo Sejima y Ryu Nishizawa de 2004, entre otros. En el primer caso, Ito logra aplicar su discurso sobre los flujos en unos espacios sin límites y altamente ambiguos.
Toyo Ito termina la mediateca en 2001, un proyecto ganado en el concurso correspondiente. Un edificio planteado como un híbrido entre biblioteca pública y espacio expositivo. En él, el arquitecto trata de expresar la dramática reducción de la capacidad de la arquitectura para representar las ansías culturales de aquella sociedad. Para Ito, las nuevas capacidades tecnológicas relacionadas con las telecomunicaciones y el acceso masivo a la información habrían vuelto redundante la corporeidad de la arquitectura. Así el diseño de este edificio trata de expresar la relación entre el espacio físico y el mundo digital. La característica estructura tubular de patios significaría el nexo de conexión entre el lugar y la dinámica de fluidos provenientes del resto del universo, información, agua, electricidad, etc.
En 1999, Sejima y Nishizawa ganan el concurso para realizar el museo de Kanazawa. En él plantean una forma extremadamente simple, un cilindro en el que casi desaparece la división entre espacios interiores y exteriores en la transparencia e invisibilidad de los paños acristalados. La forma que permite el máximo espacio interior con la mínima longitud de cerramiento se plantea como un recurso para lograr la total ausencia de voluntad expresiva. La estructura se estudia para lograr también su desaparición o su transformación en un simple recurso gráfico que forma parte del esquema primitivo. Todo ello se acompaña de una mínima elaboración de la idea inicial, una vez establecida la elección del esquema funcional en que va a encajar el programa solicitado.

Interior del Museo de Kanazawa de SANAA (Sejima y Nishizawa). Foto: vlaysuke, Flickr

Con este planteamiento extremadamente minimalista, se corre el riesgo, en mi opinión, de imponer una imposible estrategia constructiva, en la que el sometimiento de los materiales a la estética de las refelxiones soñadas transforme los edificios en una efeméride con un grado de caducidad muy corto. Quizás en Japón, la longevidad de los edificios no sea lo habitual pero este planteamiento encaja muy mal con la reclamación de una ética de lo sostenible.
No obstante, es muy interesante observar desde la distancia lo ocurrido en aquel país asiático para vislumbrar lo que puede suceder en otros lugares.--->