domingo, 22 de febrero de 2009

EL DESGOBIERNO DE LO PÚBLICO












Por Alejandro Nieto
Editorial Ariel. Barcelona, 2008

Vivimos una época en la que los poderosos pretenden que aceptemos todo tipo de patrañas para lograr sus objetivos. Algunos lo consideran el resultado de la ideología como recurso político, pero el alcance de la manipulación y tergiversación de la realidad ha llegado a tales extremos que los menos cándidos se han acostumbrado a desconfiar sistemáticamente de las palabras intocables que trufan el relato de los sucesos cotidianos. Cuando alguien inicia hoy en día un discurso salpicado con conceptos como la democracia, la libertad, el bien común, etc., muchas personas suelen elevar los parapetos de la incredulidad de una manera sistemática.

<---Viene este alegato a cuento de un libro esclarecedor que habla sin tapujos de los lugares comunes de la política contemporánea, poniendo para ello como ejemplo el espacio más cercano al autor, el estado español. La disección y catalogación de los infinitos desafueros que se cometen tomando como bandera la administración de lo que es de todos, define el objetivo principal del Desgobierno de lo público, el último libro de Alejandro Nieto, catedrático emérito de Derecho Administrativo.
El alcance de las argumentaciones de Alejandro Nieto es extremadamente contundente sobre la manipulación y creciente corrupción de ese espacio fundamental que es la organización política de las sociedades. El objetivo declarado del autor consistiría en exponer crudamente la realidad de los gobiernos, una situación enmascarada por inmensas dosis de ideología y demagogia sobre la que, en la lectura de sus argumentaciones, se tiene la sensación inmediata de algo claramente percibido: un dejá vu.
El candidato a la presidencia de los Estados Unidos de América, Barack Obama, en plena efervescencia de su campaña electoral
<--- El análisis que se efectúa en el libro se refiere al caso de la política española contemporánea pero, en una u otra medida, la argumentación es claramente extrapolable a otros países y sociedades. El elemento básico de la tesis expuesta consistiría en el intento constante y exitoso de una manipulación sin precedentes de la imagen que los ciudadanos tienen del gobierno y de la administración de los intereses colectivos. Por encima, en lo oficial existiría la visión del estado como una institución desinteresada orientada al servicio colectivo mientras la realidad, oculta del escrutinio público sería para Nieto, que los aparatos administrativos son instrumentos de dominación, patrimonializados constantemente por grupos de reducidos de nuestros congéneres. El autor parte de la discusión de cual es el fin último de la política y que papel ha representado el estado a este respecto. De acuerdo a la exposición inicial del libro estaría sumamente claro que la actividad política tendría como objetivo el ejercicio del poder y el estado es, en último extremo, un aparato, un instrumento para ejercerlo. Pero el estado para ser un elemento humanitario debería de actuar en beneficio del común de los administrados y cuando se desvía de este objetivo impide el desarrollo sostenible en los planos social y económico. Tal como se recoge en el libro, extraído a su vez de un Informe del Banco Mundial, un estado eficaz es imprescindible para poder contar con los bienes y servicios, y normas e instituciones, que hagan posible que los mercados prosperen y que las personas tengan una vida saludable y feliz.
En consecuencia, la metáfora esencial, aquella que definiría el sentido último de la política en la esfera contemporánea, debiera ser el desarrollo personal de los administrados, en los planos económico, social y cultural. Sin embargo, el desgobierno al que alude Nieto, tiene que ver con el constante falseamiento y desviación de estos fines loables, de tal manera que en lugar de servir a los intereses públicos nuestros gobernantes atienden otros, que ordinariamente son los intereses de la propia clase dominante que ocupa el poder del estado.
Insiste en la cuestión señalando los rasgos más destacados del desgobierno actual español que consiste en el establecimiento de unas políticas públicas absolutamente prioritarias dirigidas a: a) mantenerse en el poder; b) ejercerlo en beneficio personal de sus titulares, asociados y clientes; c) aceptar y practicar a tal efecto las técnicas de patrimonialización, corrupción y manipulación; y d) limitar el servicio al pueblo a las medidas estrictamente necesarias para que se tolere el desgobierno y se pueda volver a legitimar en un nuevo proceso electoral.. Parafraseando a Ortega y Gasset, la España oficial consiste en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos ministerios de alucinación.
<--- La transformación de la política en beneficio de quienes dirigen y administran los bienes colectivos sería así una deriva consustancial del sistema económico imperante, que se enmascara mediante la demagogia y la propaganda; todo ello, de una manera cada vez más apabullante en la situación contemporánea. Según Nieto, el esfuerzo del poder en la sombra consistiría en tratar de reducir la democracia a un procedimiento de renovación pacífica y periódica de las oligarquías políticas locales, dejando las grandes decisiones a los titulares de la soberanía difusa internacional. No obstante, el asunto no sería tan fácil como en una primera lectura pareciera. Gobernar en la situación actual es una tarea compleja que no puede ejercerse por la imposición sino que debe basarse en la consecución de alianzas múltiples y estas requieren de un intercambio de prebendas. Con ello, los estados han dejado de ser los proveedores universales para convertirse en catalizadores, habilitadores, protectores, negociadores, mediadores, orientadores y constructores de consenso.Todo el sistema se basa en la justificación de la democracia actual como el menos malo de los sistemas políticos. Algo que ya señaló Winston Churchill hace varias décadas. Los gobiernos y los líderes políticos democráticos tendrían como aval principal solamente su sometimiento a una selección periódica. A este respecto se sugiere en el libro que así como la justificación y legitimación de esta actividad en el pasado venía de una autoridad inconmensurable (Dios era el que otorgaba su poder al soberano), en nuestros días el poder se ejerce en virtud del pacto social. Pacto social que, de una forma arriesgada, se podría definir como el compromiso de servicio desinteresado a la consecución del bien común y que, en el fondo es otra argucia ideológizante para convencer a la sociedad sobre aquello en lo que cree cada vez menos gente. Lo cierto es que el gobierno de las cosas no se ejerce sobre la base de lo razonable sino que la imposición del interés partidario se realiza mediante la manipulación. Dice Nieto, el gran descubrimiento de la praxis política moderna es el relevo del orden ejercido por la fuerza hacia el orden impuesto mediante la manipulación. A la violencia ha seguido, en otras palabras, el engaño, lo que no deja de suponer un cierto progreso si se entiende que así se justifica la paz social.
Siguiendo con el relato del autor (que no me resisto a transcribir parcialmente) el secreto de la política actual se encuentra, pues, en la falsificación de todas las instituciones y en la manipulación de todas las personas. Así como el mercado es el eje de la economía, la democracia sería el eje de la política. De lo que se trata es de utilizar ambas estructuras como rehenes. Las empresas se atrincheran en la libertad de mercado pero manipulan la oferta a través de oligopolios. La demanda a través del fomento compulsivo de necesidades inexistentes y los precios a través de protecciones estatales. De la democracia se han apoderado los partidos políticos y deslumbran a los ciudadanos con técnicas publicitarias, engañosas.
Mientras la tiranía se apoyaba en la fuerza, los partidos políticos se apoyan para gobernar cada vez más en propaganda y artimañas cada vez más descaradas. Y aquí aparece otra idea fundamental que recoge este libro: la democracia no es la organización de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones colectivas sino la descarada imposición de la partitocracia. Es decir, la sucesiva apropiación del ejercicio del poder por oligarquías muy reducidas situadas en las cúspides de los partidos políticos que se disputan constantemente el gobierno de las instituciones del estado.
El discurso de Nieto continúa en una vena cuasi anarquista, estableciendo la necesidad inexcusable de la constitución oligárquica para ejercer el poder, señalando que cuando un colectivo humano quiere formar y expresar su voluntad y, sobre todo, si quiere actuar, es imprescindible que delegue en una minoría que le represente habida cuenta de que es imposible que la masa actúe de forma directa. Y siguiendo lo planteado por
Robert Michels establece la condición oligárquica de los partidos políticos que actúan dentro del marco de la democracia formal representativa, existe una ley histórica de bronce que convierte inevitablemente a los partidos en un simple aparato de poder que se encuentra en manos de un reducido núcleo de personas que, a través de la organización, controlan al pueblo por un lado y se apoderan del Estado por otro.
El corolario inevitable de todo lo argumentado hasta aquí, (que en el trabajo de Alejandro Nieto se disecciona de una manera mucho más extensa lógicamente) es que el resultado del asalto partidario del poder se concreta en el reparto del botín, formado por las distintas instituciones y poderes que conforman el estado. La corrupción y el mal funcionamiento de las instituciones junto con la desmotivación del funcionariado, cuando no su directa corrupción subsidiaria son las consecuencias de este desgobierno que se señala y que supondría una apropiación indebida de los bienes que pertenecerían a todos los ciudadanos.
De aquí el enorme descrédito actual de la política, que está socavada por la actitud depredadora derivada del ejercicio del poder de las oligarquías partidarias y, en un segundo y tercer planos, por la corrupción de grupos cada vez más extensos de miembros de los propios partidos y de los funcionarios encargados de la administración de los servicios y de la riqueza común.
Así, se ha llegado a una situación en la cual poca gente en nuestro país se toma el gobierno y las leyes con seriedad. Se entiende que la picaresca sea un deporte nacional en España; una actitud que levanta admiración por doquier, cuando los que nos dirigen ofrecen un constante espectáculo de despropósitos sucesivamente renovados. Sin embargo, existe también dentro de la propia administración el otro extremo, el de la imposición legal excesiva. Como señala Nieto, los gestores deben de ocuparse de la eficacia, pero a sus espaldas están los controladores que vigilan el respeto a la legalidad. Pero lo más extraño es cuando este equilibrio se rompe. Porque la eficacia sin el contrapeso de la legalidad desemboca en el despotismo como los escrúpulos excesivos de la legalidad en la parálisis.


El Congreso de los Diputados español en sesión plenaria


Quizás sea algo implícito en la naturaleza humana, como ha señalado Emilio Lledó en una reciente reseña sobre este mismo libro. El hombre es la especie que practica desafueros de todo tipo con más intensidad; con el objetivo último de conquistar un poder ilimitado, cuanto más absoluto mejor, sobre los otros miembros de la manada.
La pulsión de la violencia y la dominación es el argumento definitivo que está en la base de los poderes que controlan nuestro mundo. Según Lledó, es en el círculo, o mejor dicho, en el circo de la política, ese necesario instrumento de la convivencia y la filantropía -amar la vida de los otros y no solo la nuestra-, donde se presentan las más sorprendentes patologías en torno a estas cuestiones que se arrastran desde hace siglos en la historia.
El problema de estas disquisiciones es la imposibilidad de ofertar alternativas factibles para la reconducción de unos procesos de dominación colectiva contra los que es extremadamente difícil luchar. La transformación de la democracia representativa, aquella consistente en elegir a unos dirigentes por largos periodos temporales, a un espacio de participación y decisión social más amplío, es la tarea de nuestros días y sobre la que textos como éste intentan ofrecer una crítica superadora de errores que nos perjudican gravemente y con un alcance colectivo cada vez más amplío. --->


domingo, 15 de febrero de 2009

MARCANDO CIUDADES



El conocidísimo logo de la ciudad de Nueva York, diseñado por Milton Glaser en 1972

El anglicismo branding se relaciona con una práctica tradicional de los vaqueros americanos, la grabación a fuego de los ejemplares del ganado integrante de sus rebaños con el objeto de lograr distinguirlos de aquellos de la competencia. Este concepto se ha trasladado a la gestión urbana como la definitiva herramienta para conseguir el deseado desarrollo de urbes y regiones. En nuestros días, una nueva disciplina, la mercadotecnia de las ciudades, se esfuerza en interpretar las características esenciales de la idiosincrasia urbana como estrategia para lograr un mejor posicionamiento económico asociado a las metrópolis en competencia.

A partir de ideas simples como la anterior, los economistas han bautizado como planeamiento estratégico una nueva disciplina supuestamente orientada a mejorar la competitividad de los lugares. Han proliferado infinidad de libros y guías de autoayuda orientados a políticos incautos y representantes empresariales ávidos de ideas, que enseñan los fundamentos de este nuevo paradigma, supuestamente insoslayable para el crecimiento económico. Propuestas atractivas siempre presentadas bajo eslóganes de corte anglosajón: Del city marketing al urban branding, por ejemplo.
<--- La identificación y análisis de pretendidas debilidades y amenazas junto a posibles fortalezas y oportunidades ha originado un floreciente negocio de asesoramiento orientado a las comunidades locales y sus representantes políticos. En cualquier caso, con resultados inciertos, si consideramos los ingentes esfuerzos económicos invertidos. En todas estas tecnologías ad hoc, no se enfoca sobre cuales son los elementos y procesos realmente decisivos; aquellos que consiguen una mejora real de la calidad urbana para los propios usuarios, más allá del juego estrictamente económico. El planeamiento estratégico de corte economicista encasilla a las ciudades y regiones como una especie de productos en competencia por el mercado de los visitantes y las inversiones. Este tipo de de acercamiento al desarrollo urbano busca englobar las características y aspectos de las ciudades en un marco reducido a producción y consumo, relegando a un papel subsidiario las verdaderas necesidades de sus habitantes. Cuestiones tales como calidad espacial, funcionalidad eficiente, infraestructuras eficaces y servicios comunitarios apropiados, por ejemplo. La mercadotecnia de los lugares coloca también en un segundo plano de análisis aspectos sustanciales de la urbanidad y del urbanismo, las ciudades como expresión principal de la organización colectiva de las relaciones humanas, políticas, culturales y sociales entre otras. Aspectos que se suelen expresar en la disposición de espacios de alta cualidad funcional y estética. Lo cierto es que en un mundo hipercompetitivo, las diferencias entre los lugares y sus singularidades paisajísticas, culturales y etnográficas han adquirido una importancia decisiva para la economía de las sociedades. Ello como consecuencia de estrategias que tienen que ver con la disponibilidad de energía barata y una logística de los transportes sumamente eficiente; elementos que han ido eliminando progresivamente las ventajas competitivas tradicionales. Parecería que la única y principal meta económica de las ciudades y regiones fuera la mejora constante de la productividad y de la generación de riqueza, maximizando los recursos disponibles o creándolos desde la nada si fuera necesario. Es sorprendente a estos efectos el proceso ocurrido recientemente en algunos países del Golfo Pérsico y también en la costa de China en su esfuerzo despiadado por situarse en lugares preeminentes en el panorama urbano contemporáneo. Según el planeamiento urbano estratégico así concebido, es necesario inventar nuevos servicios y atributos que generen una identidad territorial renovada y con ello, posicionarse en el panorama mundial en una situación emergente. De acuerdo a este planteamiento ideológico, la estrategia adecuada para la mejora de la ciudades sería aquella que busca indefectiblemente atender un segmento concreto y cuanto más amplío mejor del mercado clientelar de posibles inversores y usuarios. Para ello es esencial la propaganda y la comunicación de los nuevos productos ofertados, que en este caso, se pueden identificar con categorías específicas de edificios icónicos y espacios urbanos espectaculares constantemente remozados.

Marcas Olímplicas: Barcelona 92 de José María Chías y London 2012 de Wally Ollins --->
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Y en este punto, lo esencial es la construcción de la marca identificativa, el branding de ciudad al que hace referencia el título que encabeza este texto. Una marca claramente reconocible es un valor potentísimo para la comercialización de los productos en un escenario competitivo donde es fundamental producir una diferenciación adecuada. Una denominación confusa o irreconocible incide en una incapacidad para colocar las mercancías producidas. Las marcas comerciales de éxito suponen un elevado valor comercial en si mismo que arrastran un alto grado de lealtad en sus consumidores a partir de una determinada calidad ya percibida e interiorizada.
Para los territorios, el principal valor de marca es el propio nombre del lugar que representa una serie de elementos reconocidos por los potenciales usuarios de esa ciudad o región. En nuestros días, Barcelona no representa, a los efectos del brand urbano, lo mismo que la comunidad autónoma catalana, por poner un ejemplo. Barcelona lleva varias décadas haciendo un esfuerzo extraordinario de planeamiento estratégico y marketing urbano que ha permitido situar a esta ciudad en un papel envidiado dentro del contexto europeo, siendo reconocida masivamente como un lugar vibrante que cataliza tendencias culturales ligadas a la arquitectura, el diseño y el arte. En este caso concreto, la fuerza de su éxito enmascara las semillas de un deterioro urbano cada vez más palpable en unos espacios públicos crecientemente monopolizados por un consumo desaforado de experiencias turísticas.
El geógrafo marxista británico David Harvey señalaba en un extraordinario artículo escrito en 2001, las razones que apoyan la exacerbación de las peculiaridades locales y el papel central de las actividades culturales para el desarrollo regional. Se titulaba, El arte de la renta: la globalización y la mercantilización de la cultura.
En un mundo tendente a la uniformización generalizada, el objetivo básico de los actores urbanos y regionales, de acuerdo a la lógica capitalista al uso, debería centrarse en el mantenimiento e incremento de lo que Harvey define como rentas de monopolio. Es decir, encontrar la forma de generar productos urbanos que tengan una condición de exclusividad tendente al absoluto. Se trataría de crear aquellos factores que contengan aspectos únicos y no reproductibles y que, por lo tanto, solo puedan consumirse en el propio sitio. En la medida que un producto es fácilmente comercializable o está sujeto a su posible reproducción mediante falsificación, imitación o simulacro, menos capacidad tendría para generar rentas monopolísticas ligadas a un capital simbólico cultural concreto.
Uno de estos atributos que contribuye al establecimiento de este tipo de rentas es el que se refiere a la calidad de las experiencias estéticas. Los arquitectos, como expertos en el campo de la estética, la imagen y el diseño de edificios singulares, somos profesionales especializados en la generación de este tipo de artículos no reproductibles y de ahí se deriva ese papel relevante que algunos tienen en la sociedad del espectáculo actual, los llamados starquitectos.
Como consecuencia de lo anterior, la arquitectura se ha convertido en un género esencial de producción cultural para la sociedad contemporánea. Ritualiza físicamente, ya que, como diría MacCannell, de una manera genérica en su esencial libro El turista, permite la realización de experiencias personales que transportan a los individuos más allá de los límites de su ser para organizar emociones compartidas, relacionadas con la percepción sensual del espacio.
De acuerdo a MacCannell, todas las atracciones turísticas son experiencias culturales. Según este autor, una experiencia cultural consistiría en dos hechos fundamentales: una representación idealizada de un aspecto concreto de la vida que denominaría modelo y su experimentación como sensación individual intensificada o influencia. Y para la conexión entre el modelo y la influencia, los dos elementos que componen la experiencia cultural, es necesario un medio, un mecanismo que permite realizar la interacción necesaria para la producción del efecto buscado como puede ser un teatro, un periódico, la televisión o, simplemente, una fotografía o un relato.

La Ópera de Sydney, el edificio icónico del siglo XX por excelencia. Una obra del arquitecto Jorn Utzon que ha llegado a representar a esa ciudad australiana. Foto: Dave Smith, Flickr

Una vez colmadas en las colectividades avanzadas las necesidades básicas y el consumo de artículos primarios, los grupos sociales privilegiados pasan a concentrarse en la adquisición de un tipo de mercancías que no son claramente identificables y reductibles a procesos: las experiencias culturales relacionadas con modos de vida idealizados, representados en las ciencias, las artes el deporte, etc. No se trata tanto de la producción de objetos materiales como de la generación de actividades reflexivas que permiten un consumo individualizado pero participativo y que organizan la comunión colectiva dentro del universo simbólico habitual.
La acumulación de experiencias culturales se produce a través del ocio, una fase de la vida que discurre en paralelo al ámbito y tiempo del trabajo. Algunos colectivos humanos privilegiados habrían accedido a un mayor consumo cultural del ocio, una vez las necesidades de mercancías físicas han sido suficientemente colmadas. El sistema económico se habría trasladado así de la explotación del trabajo como mecanismo de obtención de renta a la concentración en el ocio colectivo como fuente de riqueza más sofisticada. La generación de capital simbólico o cultural, como lo bautizara en su momento Pierre Bourdieu, adquiriría por ello, un valor fundamental en la producción patrimonial de las sociedades.
En las últimas décadas y a partir de la comprensión y racionalización de estos fenómenos, la arquitectura se ha identificado como un medio esencial para la realización de este tipo de experiencias culturales, contribuyendo así a la creación de capital simbólico orientado a la mejora de la competitividad de los lugares. Este proceso tiene lugar porque la arquitectura, considerada como un mecanismo de producción cultural, genera rentas monopolísticas, como se ha señalado. Un hito fundamental para la comprensión de esta transformación y los procesos inherentes a la producción de esta especialidad del capital, ha sido la construcción del Museo Guggenheim de Bilbao, que constituye un ejemplo patente de la fuerza de estas estrategias economicistas.

Museo Guggenheim de Frank Gehry. Bilbao, 2002. Foto: NYT


Con todo ello, la arquitectura espectacular contemporánea ha pasado en los últimos tiempos a constituirse en un artículo muy preciado porque permite la generación de capital simbólico colectivo sin apenas aportación de recursos materiales así como la generación durante períodos prolongados de este tipo de rentas, localizadas en unos lugares muy concretos. En un momento histórico en que han disminuido radicalmente las barreras para la producción y distribución de mercancías a partir de la destrucción de la distancia –ello como consecuencia de una disponibilidad de energía barata- la construcción de este tipo de recursos difícilmente imitables y casi mágicos ha adquirido un valor central en el desarrollo de las sociedades avanzadas.--->
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sábado, 7 de febrero de 2009

EL TERRITORIO DEL ROTO

A lo largo de los últimos años, el diario madrileño El País ha publicado con una periodicidad casi diaria, las mordaces viñetas de un dibujante que es una referencia intelectual para muchos en España, Andrés Rábago, El Roto. El próximo jueves, 12 de febrero, se le hace entrega de un nuevo galardón , el Primer Premio por un Nueva Cultura del Territorio que le han concedido y que ha sido instituido por dos colectivos profesionales relacionados con el análisis y gestión del territorio, la Asociación y el Colegio de Geógrafos de España.

Una viñeta del
Roto es una sabia condensación de pensamiento crítico resumido en un dibujo y un texto. Un proyectil intelectual dirigido directamente a los prejuicios de esta sociedad en la que transitamos y que nos ha tocado sufrir. Una época llena de dogmas intocables que nos están llevando paulatinamente a una mutua autodestrucción asegurada, una situación similar, pero más lenta, a la que auguraba aquella doctrina de la disuasión nuclear que los estadounidenses en los años 50 bautizaron como MAD ( Mutually Assured Destruction), una locura.
<--- Andrés Rábago profundiza en las contradicciones cotidianas del sistema capitalista contemporáneo y nos expone descarnadamente los lugares comunes que avalan ideológicamente las más infaustas patrañas e injustas desigualdades. Acompañado en las mismas páginas por otro crítico despiadado, Rafael Fraguas, Forges, ambos ofrecen diariamente un satírico comentario sobre las hipocresías que pretenden justificar lo injustificable.
<--- Muchos días espero el cotidiano repaso de esas viñetas. Una pequeña contribución que comenta la difícil realidad que nos ha tocado vivir y que añade una nota de humor a las desgracias de la crisis que se cierne sobre nosotros, la mayoría de los ciudadanos de los países avanzados. Un proceso que poco a poco, nos va hermanando con los sufrimientos que ya padecen las tres cuartas partes de la humanidad. Una camino incontrolado que nos iguala por la base en la desigualdad. El problema es que lo que era una sucesión de los esperpentos que este humorista presentaba muy de vez en cuando, ahora se ha convertido en un filón inagotable que da material válido para la crítica con una asiduidad constante. Quizás es que antes no podíamos verlo con tanta claridad. Vaya desde aquí mi más sincero homenaje a los que practican este tipo de humor inteligente y, en especial, al Roto.
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<--- El urbanismo que en sus orígenes se planteó como una técnica para lograr unas ciudades más armoniosas y funcionales, ha ido siendo transformado paulatinamente en una fuente de corruptelas y de enriquecimiento ílicito. Una apropiación descarada de los bienes públlicos colectivos

La extendida convicción de la expansión continua de la red viaria como mecanismo asegurado de crecimiento económico, implícito en la mejora de las comunicaciones personales y la distribución ilimitada de mercancías, está produciendo una crisis ambiental irrecuperable

El absurdo de basar el desarrollo económico en la construcción masiva y la edificación
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