sábado, 27 de diciembre de 2008

LA SERIE NEGRA DE MARK ROTHKO

Homenaje a los Seascapes de Hiroshi Sugimoto. Foto: flight404, Flickr

Rothko fue un artista contemporáneo con una ambición infinita de conocimiento que se expresó en su deseo de lograr un lenguaje poético seminal, liberado de cualquier connotación y referencia. Una apasionada forma de abstracción que remite directamente a la idea de trascendencia y religiosidad. Aquí relato una experiencia personal relacionada con su obra.

<--- El horizonte sobre el mar es una realidad siempre presente para los que habitamos en islas. Invariablemente de una manera o de otra, a lo largo del territorio insular se percibe esta línea que divide en dos planos el espacio cotidiano. El sucesivo cambio del color del cielo, el discurrir de las nubes y la posición del sol constituyen aspectos de un espectáculo con una amplia variedad de matices que nos remite a la idea de infinitud y la constante relación del hombre con el universo.
Ionion sea. Seascape de Hiroshi Sugimoto. Imgen extraida del blog Spoon and Tamago

Hace unos años tuve ocasión de visitar Basilea en Suiza con unos compañeros de profesión para apreciar su arquitectura reciente. Durante una semana nos desplazamos por varias ciudades de ese país, acercándonos a curiosos edificios y espacios urbanos impolutos. Nuestro recorrido incluyó muchos lugares alrededor de nuestra base en Zurich e, incluso, nos adentramos en Francia y Austria, visitando dos obras carismáticas de Le Corbusier y Peter Zumthor, la iglesia de Notre Dame du Haut en Ronchamp y la Kunsthaus de Bregenz. Mi impresión general es que el Norte de Suiza es una región fronteriza que se caracteriza por un fuerte cosmopolitsmo y una gran sofisticación, resultado de una altísima acumulación de riqueza. Algunos arquitectos solemos practicar esa especie de rito religioso reiterado, que consiste en la aproximación a las obras de arquitectos reconocidos en una especie de peregrinación trascendente. Un hecho casi religioso que enlaza con una idea reflejada en un libro extraordinario del crítico literario George Steiner titulado La Nostalgia del absoluto: la incansable búsqueda contemporánea de sustitutos espirituales en una época de laicismo y de creciente abjuración respecto a las distintas confesiones en Occidente.
Un día nuestro grupo se desplazó a ver el famoso Museo Vitra en la pequeña ciudad alemana de Weil am Rheim, para contemplar la colección de pabellones y edificios de reconocidos arquitectos internacionales acumulados en ese lugar. En una decisión improvisada sobre la marcha, la mayoría optó esa tarde de primavera por visitar la capilla de Ronchamp en Francia, mientras que yo elegí acercarme a la cercana Fondation Beyeler -un fantástico edificio de Renzo Piano- cruzando nuevamente la frontera suiza. Mi intención era contemplar el conjunto de cuadros postreros que forman una parte de la famosa serie negra de Mark Rothko y que allí se expone habitualmente, junto con otras maravillas atesoradas por los galeristas Hildy y Ernst Beyeler a lo largo de las décadas centrales del siglo XX.
Un taxista alemán me acercó desde las instalaciones de Vitra a Riehen, donde se encuentra la Fundación Beyeler, atravesando los primorosos campos cultivados y urbanizaciones de casas con perfectos jardines que conforman la periferia de Basilea. El museo de la Fundación Beyeler está al borde de un bucólico valle flaqueado por una carretera respecto a la cual el edificio se sitúa paralelamente, rodeado por árboles y agricultura. Renzo Piano proyectó un techo perforado que permite una eficiente iluminación cenital de las obras de arte y que enmarca fachadas acristaladas hacia vistas sobre los horizontes vegetales del espacio circundante.
Una vez abonada la entrada, me fui directamente a la sala que contiene las pinturas de la serie negra que pertenecieron a los Beyeler. Se muestran combinadas con estilizadas esculturas de Alberto Giacometti que, en mi visión personal, representan un esfuerzo del escultor para expresar una representación esencialista de lo humano.
Los densos lienzos de Rothko son grandes superficies de color que si bien en sus exponentes iniciales, se presentaban como grandes rectángulos enmarcados sobre un fondo neutro, fueron evolucionando hasta que, en la etapa final de la obra del artista, allí representadas, ocupan toda la superficie en una disposición bipartita dividida horizontalmente.
Siempre me intrigaron las escuetas manchas tonales que este pintor nos fue presentando paulatinamente a lo largo de décadas. En su lacónica expresión, contenían sin embargo, una fuerza extraordinaria que siempre me costaba entender. De ahí su enorme atractivo para mí. Siempre les he dedicado un buen rato en su contemplación allí donde me las encuentro, escudriñando su superficie y tratando de descifrar los trazos y pinceladas.
Desde las primeras piezas de los años 40, formadas por rectángulos informales de colores claros y tonos luminosos como los amarillos y beiges, la expresión del artista fue evolucionado con el paso del tiempo hacia la reducción expresiva. La estructura del espacio pictórico se simplifica, limitándose a unas pocas manchas horizontales sobre un fondo neutro. Al mismo tiempo, Rothko fue oscureciendo los colores y tonos elegidos, introduciendo los ocres, rojos, marrones y azules profundos. Alguna foto presenta al autor sentado en un sillón contemplando el cuadro en una postura contemplativa que, probablemente, duraría horas y días para encontrar y reconocer las profundidades de la expresión buscada.
Sin título. Rojo sobre naranja. Mark Rothko. Colección Beyeler

Un cuadro fascinante es el realizado en 1968, poco antes de morir, perteneciente también a la colección Beyeler y catalogado como Rojo sobre naranja. Desde mi punto de vista, puede ser una exploración de la expresión básica del sufrimiento a través del color. Algunos autores que se han adentrado con mayor criterio en la obra de este artista destacan su permanente ansiedad por la presencia de la tragedia en la historia de la humanidad a lo largo de los siglos.
En las preocupaciones de Mark Rothko, se produjo con los años un posterior deslizamiento en su pensamiento hacia los mitos como sujeto para una investigación de mayor calado. Las connotaciones religiosas se van haciendo omnipresentes de una manera progresiva y se refeljan en su obsesión por establecer un lugar ideal para la colocación de sus obras. Un hecho que adquiere su máxima significación en la denominada capilla Rothko que logra realizar en Houston por encargo de John y Dominique de Menil.
Para este artista, la importancia del espacio como punto de enlace entre lo humano y lo trascendente queda de manifiesto en muchas de sus consideraciones personales; sobre todo aquellas que quedaron expresadas en su libro póstumo, The artist reality. En él señala lo siguiente:
Si uno entiende, o si uno tiene la sensibilidad para vivirlo, la clase particular de espacio a la cual la pintura está orientada, entonces ha logrado comprender la más amplía motivación de la actitud del artista hacia la realidad. El espacio, por consiguiente, es la manifestación plástica rectora de la concepción artística de la realidad.
Sin título. Negro sobre gris. Mark Rothko, 1969. Colección Beyeler

Las obras que vi ese día en la fundación Beyeler, en una primera mirada consistían todas en dos planos de color muy oscuros, negro sobre gris sin más. Al acercarse el observador, se perciben innumerables matices dentro de los oscuros colores. Algo que la fotografía no es capaz de representar. En ese caso, el cuadro actúa como un escenario envolvente en el que nos adentramos en un espacio casi sideral, una especie de vuelo del espectador sobre un magma gaseoso. El límite de los colores acaba por presentarse como una suerte de horizonte en el que aparecen diminutas luces y sombras de un destino esperanzador en la distancia.
Mark Rothko trató de mostrarnos la tiniebla mística, aquel espacio donde la oscuridad emerge sobre el vacío y se extiende como una idea que preludia los orígenes de la creación, según nos explica Amador Vega en su ensayo Zen, mística y abstracción. Continúa este autor, el místico es un creador de la oscuridad, del desierto y del vacío que desea compartir con la divinidad.
Ozono. Una serie fotográfica de la artista keniana Ingrid Mwangi. Una interpretación desde el concepto reivindicativo de la negritud

Parecería que Rothko experimentó este trayecto religioso, un camino de retorno a la unidad primigenia de la que todo ha surgido en un ritual escenificado que exalta la nostalgia del principio. Según Mircea Eliáde, el que ha viajado hacia el origen del mundo en un esfuerzo de los sentidos, comparte el espacio de los seres supremos en una suerte de trance chamánico. Un argumentario filosófico y trascendente que me supera
Ese día, en la Fundación Beyeler, tenía también lugar una exposición retrospectiva de Henry Matisse. El pintor aparecía fotografiado en su estudio, ensimismado en la contemplación de una paloma. La magnifica muestra de Matisse ofrecía un contraste colorista a la serie negra de Rothko; una especie de relajación hedonista para descender de la potente expresividad de los paisajes del abismo representados por Rothko
unto al museo existe una parada de tranvía que acarrea a los viajeros con comodidad y prontitud al centro de Basilea. Elegantes señoras con sombreritos y estudiantes extremadamente educados forman parte del conjunto de usuarios del transporte público de la ciudad. El sistema de conexiones urbanas e interurbanas existente en ese país del centro de Europa es magnífico. Según cuentan, a pesar de su enorme riqueza y calidad de vida, casi un tercio de sus habitantes no posee vehículo propio.
Por la tarde después de atravesar el centro de la ciudad cogí un tren a Zurich que me devolvió al hotel donde nos hospedábamos en una escasa media hora. Una retorno a la cotidianeidad de la vida. --->

viernes, 19 de diciembre de 2008

UN JARDÍN CANARIO

Vista desde el margen de la autopista TF-5 que comunica la vertiente Norte de la isla de Tenerife

Hace unos quince años, alguien decidió hacer un pequeño jardín junto a una de esas autopistas que forman parte integrante de nuestra cotidianeidad. Ese espacio se incluía como una de las piezas de un pacto urbanístico para la recalificación de unos terrenos rústicos con destino a la construcción de un área industrial, cuya principal factoría era una planta embotelladora de una bebida refrescante de marca hiperconocida.

<--- El promotor encargó el diseñó del jardín a unos entusiastas naturalistas que decidieron recrear una pequeña porción del bosque primitivo preexistente en la zona. El denominado Monteverde o Laurisilva, un relicto de la Era Terciaria que permanece en las islas Canarias y que desapareció de la plataforma continental europea hace ya unos cuantos miles de años. En una pequeña porción de terreno, que no supera los tres mil metros cuadrados, con una magnífica calidad del suelo, se plantó con esmero una muestra de plantas características de la laurisilva de la región atlántica de la Macaronesia. Una mezcla aleatoria de árboles, arbustos y otras matas que en sus inicios no eran sino pequeños palos frágiles perdidos en una plataforma vacía.
El proyecto contenía especies vegetales tales como Loros, Barbusanos, Adernos y Tiles, que nos son familiares a los isleños pero extraños y desconocidos fuera de estas islas porque son endemismos exclusivos. Hoy este peculiar jardín canario ha explotado con toda sus salvaje energía selvática. Los árboles han crecido y el terreno ha sido ocupado masivamente en una demostración del horror al vacío de lo biológico. Una representación de la ordinaria lucha de las especies vegetales por controlar el espacio.
Esta pequeña muestra boscosa, producto del esfuerzo intelectual, se encuentra retenida tras una débil valla a la espera de una recuperación inmediata del territorio circundante, a la menor muestra de desfallecimiento humano. La imagen que muestra este espacio rodeado de contenedores y carreteras pobladas de fantasmales vehículos, es una representación otra, frente al espacio mitificado de la situación contemporánea de este archipiélago en el borde de África. Ante la presentación romántica e idílica de Canarias como un paraíso volcánico circundado de playas bañadas por el sol, existe otra realidad amenazada de un territorio masacrado por un consumo implacable del suelo y de la circulación constante de mercancías. Este jardín canario es una metáfora, para el que lo quiera ver así de una, de una sociedad frágil a punto de sucumbir por una mala administración de los recursos geográficos heredados.
El mismo lugar en una tarde soleada y con la congestión habitual de tráfico en la autopista
Un paisaje en el que la recuperación del espacio por lo natural es una posibilidad siempre presente. --->

viernes, 12 de diciembre de 2008

LOS ARQUITECTOS COMO MARCA DE CONSUMO

Portadas de arquitectos en significadas revistas americanas de alcance internacional.
A la izquierda Philip Johnson en Time, 8 de enro de 1979. Ala derecha, Jacques Herzog en el New York Times Magazine, 20 de septiembre de 1998

La marca personal es la última frontera del posicionamiento de los individuos como productos de consumo en esta era de la cultura digital. En un mundo crecientemente competitivo está siendo cada vez más importante establecer quienes te conocen y como te conocen. Por ello, muchos arquitectos buscadores de prestigio mediático construyen aplicadamente su marca personal. Analizan concienzudamente cuales son sus valores irreproductibles para exponerlos con eficacia y, también, como pueden ser percibidos por sus posibles clientes a lo largo y ancho del planeta.


Marcas arquitectónicas reconocidas. De izquierda a derecha, Rem Koolhaas, Toyo Ito, Glenn Murcutt, Steven Holl y el valor japonés emergente, Shigeru Ban
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Un precursor de estas cuestiones fue el arquitecto americano, Philip Johnson, un auténtico especialista en la difusión de su propia persona como marca arquitectónica identificable en el competitivo universo corporativo de la ciudad de Nueva York y, por extensión, los Estados Unidos de América. Siempre cultivó un aura de arquitecto comprometido con la causa de la alta cultura, llegando a ser uno de los patronos más significados del Museo de Arte Moderno de aquella ciudad. En los inicios de su relación con esa institución, epítome del arte moderno occidental, organizó en 1932 de una manera espectacular -es decir, con pompa extrema y entretenimiento- la conocidísima exposición The Internacional Style, que catapultó a la fama en aquel país a los que luego se convertirían en iconos de la arquitectura del siglo XX, Le Corbusier, Mies van der Rohe y tantos otros.
Pero las aportaciones de Philip Johnson a la arquitectura contemporánea son más que discutibles y su papel en la historia concreta de la arquitectura norteamericana se ha engrandecido exageradamente. Lo que si es cierto es que fue magnifico en las relaciones públicas, aprovechando todas las oportunidades que se le presentaron para apuntalar una fama creciente como arquitecto de referencia. Se dice que trabajando en el despacho de Mies, ya exiliado en América, llegó a piratearle la idea de la conocidísima Farnsworth House, para construir con antelación su famosa casa de cristal en su inmensa propiedad particular de New Canaan.
Uno de sus mayores éxitos mediáticos consistió en aparecer en la portada de la revista Time, en 1979, elegantemente vestido portando una maqueta del conocido edificio neoyorkino que ejemplificaba su abjuración del Estilo Internacional y el Movimiento Moderno en el justo momento del resplandeciente despegue del Postmodernismo arquitectónico. Pero sus piruetas y oportunismos en arquitectura tuvieron muchos otros episodios como el apadrinamiento de la exposición sobre el Deconstructivismo que también presentó esa nueva moda arquitectónica al universo cultural americano.
Philip Johnson construyó una marca de arquitecto claramente identificable en la cresta de la ola con esmero durante toda su vida, lo cual le reportó innumerables beneficios y un prestigio dudoso como arquitecto de referencia en la historia de la arquitectura americana del siglo XX. Un ejemplo de mercadotecnia personal que luego han seguido muchos otros de una manera entusiasta.

Según Vincent Grimaldi, una marca es una combinación de atributos, transmitidos a través de un nombre o de un símbolo que influencia el pensamiento de un público determinado y crea valor para su propietario.

Las marcas no crean directamente un prestigio o una reputación determinada pero si contribuyen a presentar edulcoradamente una cuestión a la manera publicitaria con objetivos claramente económicos. La relación entre marca y reputación se establece a través del posicionamiento, dicen los expertos en mercadotecnia. Crudamente, consistiría en el análisis de los valores y defectos de un determinado producto, servicio o incluso persona, así como las características del mercado clientelar al que se quiere acceder para presentarlo de la manera más favorable posible y que sea cuanto más conocido mejor. Un aspecto básico en estas estrategias de marketing profesional consiste en la identificación de aquellos aspectos distintivos y peculiares que podrían expresar, de una manera fehaciente, la competencia y cualificación de los especialistas en edificación, en este caso. Lo cierto en el caso de los arquitectos, es que esto se ha transformado en un proceso para la generación de espectáculos teatrales, cada vez más alejado de la verdadera arquitectura.

Cartel anunciador del documental del oscarizado director de cine Sidney Lumet sobre la forma de trabajo de su amigo arquitecto, Frank Gehry

El camino para la gestión de marca personal, lo han descubierto de una manera evidente las celebridades de todo tipo, estrellas de Hollywood, jugadores profesionales, etc. Este grupo de actores contemporáneos trabajan denodadamente para mejorar la presencia de su nombre en todo tipo de medios y es que la reputación no depende directamente del esfuerzo propio sino de lo que los otros piensen de uno. Gracias a ello, el posicionamiento de la marca puede gestionarse favorablemente y con ello obtener resultados económicos personales muy sustanciosos.
Esta cuestión se trabaja intensamente también en el caso de los arquitectos estrella. Si bien los mecanismos para llegar al reconocimiento, primero profesional y luego mediático, son tortuosos y escasos en el entorno contemporáneo. Revistas profesionales, premios de arquitectura, cortejo a la crítica favorable y contacto privilegiado con la academia, incluso una apuesta directa por el cine como en el caso de Frank Gehry, son recursos por los que se está llegando cada vez más intensamente a un reconocimiento falseado de la arquitectura en la cultura de masas. Aquellos elementos para el conocimiento de los avances disciplinares que antes constituían una garantía de objetividad sobre la calidad de la arquitectura han pasado a ser parte interesada en su proceso de reconocimiento mediático, jugando un papel cada vez más confuso.
En tiempos recientes, algunos arquitectos muy reconocidos se han volcado fervientemente en el esfuerzo para la construcción de sus propias marcas profesionales como iconos identificables. Un caso muy sugerente en la esfera internacional es el del holandés, Rem Koolhaas y su agencia de Rotterdam, OMA o Office for Metropolitan Architecture.

Portada del número monográfico de la revista española Croquis dedicada a Rem Koolhaas y OMA. Se aprecia el diseño simple del logo que ha sido posteriormente abandonado.

Koolhaas ha llegado a reconocer que su práctica profesional se cimenta precisamente en su consideración como una marca arquitectónica que resuelve todo tipo de problemas urbanos y de arquitectura espectacular. Su base profesional, OMA, es una auténtica fábrica de soluciones destinadas en primera instancia a satisfacer las sinergias publicitarias de sus clientes, generando logos, esquemas, maquetas e imágenes sorprendentes que enfatizan el esfuerzo propagandístico muy por encima de la arquitectura construida.
El logo de OMA se ha identificado con la marca exclusiva donde trabaja Koolhaas a la manera que los modistas de prestigio generan sus modelos para casas famosas consolidadas, Dior, Chanel, Gucci, etc. Lo curioso es que Koolhaas ha inventado su marca paraguas en un tiempo record a la misma vez que se expandía como consultora internacional de arquitectura y de proyectación urbana para envidia de grupos de ingeniería muy consolidados.

Es sintomático que los arquitectos que tienen una poderosa ambición para construir una marca con repercusión en el universo de los medios tengan una tendencia irresistible a vestir rigurosamente de negro. De una manera voluntariamente asumida, parecería que pertenecieran a una congregación religiosa claramente identificable.

El panteón de las actuales celebridades arquitectónicas en negro: Norma Foster, Frank Gehry, Jacques Herzog, Zaha Hadid y Kazuyo Sejima

La cuestión del negro en el atuendo es posible que estuviera motivada en sus inicios por una voluntad de renuncia intelectual a las pulsiones estéticas ligadas al consumo y el derroche. Sin embargo, en este momento el negro de los arquitectos reconocidos podría identificarse con el esfuerzo por generar una imagen de marca claramente identificable en un mundo altamente competitivo, estableciendo una sinergia visual con colegas situados en una estrategia comercial similar. El atuendo en negro apoyado con trajes de marca reconocible es un recurso simple de apropiación de una supuesta elegancia que refuerza el carácter de marca sofisticada al que aspiran algunos arquitectos, como ha reconocido expresamente por ejemplo, Zaha Hadid en un rosario de entrevistas a revistas y periódicos de medio mundo.
Haciendo una prospección rápida sobre algunas referencias de arquitectos marca de nuestros días se constata este efecto. Es el caso de Norman Foster, Frank Gehry, Jacques Herzog, Zaha Hadid o Kazuyo Sejima que han abrazado el negro como atuendo identificador y otorgador de distinción. Otros profesionales, como Renzo Piano, Glenn Murcutt y el noruego Sverre Fehn, prefieren presentar una imagen más desenfada y colorista, en consonancia con su concepción artesanal de una arquitectura más comprometida con sus futuros usuarios. El poderoso efecto de marca es indefectiblemente menor en estos últimos.
El premio Pritzker se ha convertido en el marchamo de entrada a este universo de la arquitectura espectacular en una ceremonia de reconocimiento internacional que tiene que ver principalmente con la visibilidad mediática de sus protagonistas. Es interesante constatar que Herzog y deMeuron lo obtienen a partir de la aparición del primero en la portada del New York Times Magazine en 1998. Momento en que es presentado como el icono definitivo de la elegancia en arquitectura, fotografiado delante de su emblemático edificio para las bodegas Dominus en Napa Valley, California. Algo similar le ocurriría en su momento a Phliip Johnson que obtiene este mismo galardón el año en que aparece en Time.
Otros arquitectos galardonados con el Premio Pritzker: Sverre Fehn, Rafael Moneo, Renzo Piano, Mendes Rocha y Siza Vieira
Enlaza lo anterior con otra fábula significativa que va construyendo un aura cultural sofisticada. Los arquitectos, que forman parte del universo de las estrellas internacionales, se precian de ser grandes conocedores de las distintas especialidades del vino que existen en el mundo. La viticultura de calidad se ha transformado en una seña de identificación de la alta cultura, un signo de clase rebuscado que reflejaría la supuesta acumulación individualizada de distinción. Apreciar el vino adecuado puede ser el elemento fundamental para la obtención de un encargo arquitectónico importante en los ritualizadas ceremonias contemporáneas de la cultura empresarial o política. Para las marcas arquitectónicas, las ventajas asociadas a los vinos exquisitos llegan al extremo de considerar la producción de caldos propios. Es el caso del español, Rafael Moneo, gran conocedor de vinos del mundo y, a la vez, poseedor de una bodega propia en su tierra de nacimiento, Navarra.
En China, los arquitectos también beben vino. Herzog&deMeuron en plena dirección de las obras del Nido de Pájaros en Pekín

Anécdotas superficiales como éstas permitirían exponer alguna hipótesis arriesgada, cuanto más oscura y lujosa es la impedimenta del arquitecto más irreal e inconsecuente es la aportación de su portador al mundo de la arquitectura entendida como actividad intelectual más allá de la mercadotecnia personal. Sinergías de marca. Zaha Hadid y el modisto Karl Lagerfeld en mutuo apoyo espectacular
Con este tipo de bombardeo mediático repetitivo hasta la saciedad se ha terminado por consolidar internacionalmente a algunos arquitectos como los iconos más representativos de una supuesta arquitectura de vanguardia que ha quedado ineluctablemente circunscrita a un aliento cultural discutible, adosados a la imposición de unos esquemas de poder económico y político insostenibles a largo plazo. Lo cierto es que esos edificios que se generan desde estas posiciones solo exponen gestos vacíos de contenido. Un griterío ensordecedor de gigantismos enfermizos, colores estridentes, transparencias forzadas, cáscaras y virutas retorcidas, plegamientos imposibles y toda una cadena sin fin de recursos espectaculares conducentes a la imposición de unos escenarios para la moda del espacio.
Arquitecturas que se consumen con una velocidad que se acelera en el tiempo y dejan de ser noticia inmediatamente para sustituirse por nuevos gestos más sorprendentes, si cabe. El carácter efímero de estos edificios incide en una durabilidad muy escasa apoyada en unas tramoyas apuntaladas con dificultad, que finalmente ocultan un despilfarro material y una insostenibilidad energética sin parangón en otros campos.

Como declararía Zaha Hadid en una entrevista preclara:

Yo soy mi propia marca y ser distinta aumenta mi caché. He tenido que sacrificar mi vida personal ya que no tengo tiempo para nada más que lo que hago. En la era de las estrellas vivimos en una gran trampa, la gente quiere verte. Si no apareces, se enfadan y te vas metiendo en una espiral de aviones que van consumiéndote la vida.

Nada es perfecto. Ni siquiera ser una celebridad con éxito en la arquitectura. Su consumo también es exigente y acelerado. Como la moda. --->

sábado, 6 de diciembre de 2008

LOS NUEVOS ALMACENES DEL CONOCIMIENTO

Vestíbulo de acceso al Tokyo Data Center. Foto: alexkane, Flickr

Durante cientos de años la humanidad ha ido depositando el conocimiento en libros y bibliotecas. Pero en los últimos treinta años este proceso de acumulación ha sufrido una radical transformación de la que todavía no se vislumbra su magnitud. Crecientemente, la información convertida al formato digital ha pasado a disponerse en una multitud dispersa de espacios y edificios que contienen cientos y miles de pequeñas maquinas interconectadas. Por lo general, sin que se haya sido consciente de las implicaciones que este cambio ha producido en el acceso al saber, y la seguridad e intimidad personal, entre otras cosas importantes.

La aparición a mitad del siglo XX de la tecnología informática, del ordenador o computador personal, y finalmente Internet, ha supuesto un vuelco radica en la forma como se gestiona y difunde el conocimiento adquirido. De la plasmación de las ideas y los datos sobre páginas de papel hemos pasado en un instante histórico a una acelerada digitalización de toda la información disponible. Sin apenas darnos cuenta hemos empezado a acumular el saber histórico junto con otros tipos de información en oscuros espacios desconocidos. Lugares que nos son casi invisibles y sobre los cuales sería conveniente reflexionar.
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Esquema del centro de almacenaje de datos de la empresa Hosting.com en Irvine, California

A pesar de que en una primera instancia han surgido por doquier en los países más desarrollados, los nuevos almacenes digitales del conocimiento se están localizando en sitios muy concretos. Existe una tendencia a su concentración en lugares muy específicos y las decisiones sobre este asunto estratégico están siendo tomadas por empresas que no explican claramente sus objetivos y criterios. La concentración y acumulación del conocimiento por unos pocos está desarrollando privilegios y fuentes de información vitales sin que la inmensa mayoría de la humanidad sea consciente de sus repercusiones sobre el ejercicio del poder.
Lo cierto es que las inmensas galaxias y océanos de datos, cuyo tamaño se duplica cada cierto número de años en una extraña ley de Hubble, son todavía irrelevantes a la hora de la extracción de conclusiones específicas sobre el comportamiento íntimo de los individuos. Esto lo ha explicado muy acertadamente Simon R Garfinkel, experto informático en seguridad digital de la marina estadounidense, en un número reciente de la revista Scientific American (Investigación y Ciencia, Noviembre de 2008). Los algoritmos para la resolución de identidades, fusión de datos, y análisis cruzado orientados a tratar las gigantescas disponibilidades de información son todavía incapaces de extraer antecedentes fiables de una persona determinada. Ello, más allá de la identificación de su fecha de nacimiento, número de teléfono, etc., al generarse errores en una proporción muchísimo mayor a la de aciertos. La parafernalia de control personal difundida por la imaginería hollywoodiense, en películas como la Identidad Bourne, está todavía lejos de ser una realidad aunque el esfuerzo existe y esté en camino.
En los inicios de la nueva era de la información, como la ha bautizado Manuel Castells en su famosa trilogía, los ordenadores eran unos monstruosos artilugios que ocupaban centenares de metros cuadrados en unas condiciones tecnológicas precarias.
El surgimiento del ordenador personal y de los sistemas de almacenaje mediante cintas y discos magnéticos, produjo un vuelco fundamental que condujo a la extensión planetaria de las tecnologías informáticas. Nuevos conceptos extraídos del griego y con reminiscencias arcaicas, el Megabyte y sus herederos, Gygas y Teras, fueron haciéndose cotidianos para expresar la capacidad de almacenaje de datos en un espacio cada vez más reducido. El futuro
Peta reflejará una capacidad de acceso a un volumen de información que no hubieran podido soñar nuestros padres. Toda la historia acumulada en un dispositivo que cabrá en la palma de la mano.
La traducción digital del saber atesorado físicamente es un proceso que aun sigue en curso. Cientos de instituciones públicas y privadas están actualmente digitalizando sus posesiones para hacer realidad aquella colección universal completa de textos que se imaginó Jorge Luís Borges en uno de sus geniales relatos,
la biblioteca de Babel. Ha sido la conceptualización de lo que llaman contenidos que se archivan, textos y datos de todo tipo de los cuales las imágenes en movimiento lo que ha constituido la última frontera de la acumulación del conocimiento.
La aparición de Internet y su utilización masiva, hace escasamente una quincena de años, ha supuesto a su vez un cambio radical en la forma en que se accede y gestiona la información disponible. Un espacio inmaterial construido masivamente por las persistentes aportaciones de millones de personas en todo el mundo, realizadas de una manera anárquica y libre, sin que hasta ahora se vislumbre un control u orientación clara.
Un elemento relacionado con la información digital y que paulatinamente se ha ido configurando como crucial a los efectos económicos, es el lugar donde se guardan las aportaciones individuales, constantemente acopiadas y como se tratan masivamente los datos que flotan espontáneamente en Internet. La esfera política todavía no se ha percatado de este hecho esencial, para la independencia y la competitividad de las sociedades. La acumulación masiva de datos está teniendo lugar delante de nuestras narices a una velocidad de vértigo y sin que, por lo general, nos demos cuenta.
Proyecto de la empresa Terremark para el Neutral Access Point de las Américas en Miami

Algunas regiones y países como Europa, China o Estados Unidos, ya se han dado cuenta de la importancia estratégica de este fenómeno. Mientras ciertas economías están pensando en cuestiones que se relacionan con la potente capacidad de los nuevos centros de datos para la generación de empleo, otros actores sociales se han fijado el objetivo de controlar los masivos flujos de información y establecer un filtro legal o simplemente su censura previa.
Empresas estadounidenses lideran este proceso de acumulación de conocimiento, en primera instancia con objetivos económicos. Por ejemplo, Microsoft o Google en el universo de su gestión genérica o EBay o Amazon en el acopio de datos personales sobre gustos y aspiraciones, lo cual les está generando un poder de influencia extraordinario sobre las decisiones individuales de cientos de millones de personas.
En un reciente informe del semanario Economist, titulado
Donde la nube se encuentra con la tierra, se identificaba estos esfuerzos como un proceso de construcción empresarial similar al que durante la primera mitad del siglo XX llevaron a cabo las compañías de suministro de aguas, eléctricas y de telecomunicaciones. En ese trabajo se señalaba la reciente y creciente transformación hacia la ubicuidad de las utilidades que se suelen emplear para la interacción con la información digital. Este proceso lo han bautizado los anglosajones como cloud computing: Informática en nube, tratamiento etéreo o virtualización de la información en traducciones apresuradas.
La cuestión es que programas y servicios como el tratamiento de textos y la gestión del correo electrónico van a dejar de depender de la adquisición de determinados paquetes informáticos a instalar en las maquinas de nuestra propiedad para poder disponer de ellos en cualquier lugar que disponga de un acceso a la red telefónica o Internet. Con ello nuestros datos estarán globalmente disponibles pero no serán localmente gestionados y con ello, su control y disposición lo repartiremos con quienes han suministrado el servicio. La generación de bases de datos gigantescas a partir de esta valiosa información permitirá gestionar la oferta personalizada de productos en un proceso de manipulación creciente de nuestras necesidades al margen de la obtención de servicios que resultan ya irresistibles.
Amazon, el gigante de la venta en la red, es el que señaló el camino cuando en 2006 comercializó la oferta de un paquete de programas denominado Amazon Web Service, que permite la creación de una base de datos individual en la que acumular y poner a disposición de grupos y empresas recursos sin necesidad de tener una base física propia.
Otras empresas americanas han apostado por esta línea de negocio que supone la generación de una legión de centros de datos con millares de ordenadores interconectados. Google construye aceleradamente en estos momentos una infraestructura global formada ya por más de 40 centros de datos repartidos por todo el mundo que albergan más de dos millones de ordenadores. Microsoft está conectando a su red global una proporción de 35.000 nuevos servidores cada mes.

Vista aérea de un centro de datos en Quincy, Massachussets. Foto: cellanr, Flickr

Algunos lugares, como en las cercanías de Seattle en el estado norteamericano de Washington, se han convertido en verdaderos santuarios de datos, en una prolongación espacial de las sedes centrales de esas empresas especializadas en la gestión de la información y los servicios asociados.
La localización de centros de datos, o mejor dicho la generación de nuevas urbanizaciones especializadas, debe responder a requisitos estrictos y que dependen de la fiabilidad, eficacia y economía de las infraestructuras disponibles en el lugar. En muchas partes del mundo, algunos ya han percibido el importante negocio que supone la gestión informática de bases masivas de datos y aspiran a atraer la localización de estas fuentes de riqueza.
Entre los condicionantes esenciales para la localización de centros de datos está el suministro de energía disponible en cantidad creciente y muy barata porque tanto el funcionamiento de los propios ordenadores, su acumulación progresiva como la refrigeración necesaria para la disipación del calor asociado, generan un consumo muy elevado de electricidad.
Otra cuestión importante es la disponibilidad de una población culturalmente preparada y con capacidad para el manejo de las tecnologías y sistemas apropiados junto con conexiones próximas y eficientes a la red telemática global
La gestión de miles de ordenadores en funcionamiento permanente y unas condiciones necesariamente estables de temperatura ambiente ha convertido a la producción de enfriamiento regular y constante en el elemento básico de diseño de estos centros de datos o granjas de servidores como también son conocidos
Precisamente, países como Islandia se han revelado una buena localización al disponer de un clima extremadamente frío que hace superflua la refrigeración y contar además con importantes fuentes energéticas geotérmicas de bajo coste basadas en el vulcanismo superficial existente. Esta isla del Atlántico Norte aporta también otras ventajas evidentes como son una población con un buen nivel de formación y su posición relativamente cercana al eje de comunicaciones telemáticas más importante del mundo, el que conecta la costa Oeste americana con el sur de Inglaterra y Europa.

Localización de los principales cables telefónicos submarinos que conectan Europa y América. Fuente: Telegeography, 2008

IBM ha diseñado módulos acoplables de ordenadores, instalados en contenedores estándar, capaces de incrementar la capacidad de un centro de datos con enorme facilidad. Google ha puesto también sobre el tapete de la discusión sobre el futuro de estas instalaciones varias ideas para mejorar su eficiencia y economía. Una de ellas consistiría en localizar estos servicios en alta mar, alimentando sus necesidades energéticas con la fuerza de las olas y producir la refrigeración necesaria a partir de la renovación constante con fría agua de mar. Un diseño preliminar de esta idea circula ya por la red, definido como una especie de barco factoría anclado en medio del océano que albergaría cientos de ordenadores. Ejemplos de soluciones para centros modulares de IBM y barco de datos propuesto por Google

Muchas dudas se suscitan a los profanos en estas cuestiones. El problema es saber donde está el control y la responsabilidad final sobre la disposición de esta vasta información. Conocer quien ejerce algún tipo de atribución y porqué, sobre datos sensibles de millones de personas que no lo saben o han autorizado de una manera discutible su acumulación.
Por ello, los estados y las regiones deberían tomar consciencia de este problema y exigir la construcción de las llamadas eufemísticamente nubes locales de datos que puedan ser administradas y controladas por las propias colectividades más cercanas y no extender el peligro de que nuestra información sea gestionada y gobernada con fines exclusivamente económicos desde remotos lugares indefinidos.