sábado, 31 de mayo de 2008

UN AÑO EN EL CIBERESPACIO

El 3 de junio de 2007 coloqué mi primer texto en este Blog, Islas y Territorio. Se titulaba Los perjuicios del coche y en él enumeraba las razones por las que creo que deberíamos empezar a renunciar a este medio de desplazamiento y utilizar más el transporte colectivo. De repente ha transcurrido un año y apenas he sido consciente del tiempo pasado. Tempus fugit.

Dos cuestiones que me interesan forman parte del título de cabecera, las islas y el territorio. Son temas que me preocupan, las islas como lugares de una fragilidad y límites evidentes que constituyen un campo de pruebas que anticipa lo que puede ocurrir en espacios más extensos; el territorio como concepto de lugar transformado por la cultura y del que la humanidad se ha apropiado hasta convertir el planeta en un soporte dedicado exclusivamente a nuestra actividad.
Me ha parecido fundamental mantener una regularidad y constancia en mi participación en este universo asombroso que llaman el ciberespacio. He insertado videos desde ese medio extraordinario, YouTube, que se va a comer la televisión convencional. También viñetas y caricaturas, entrevistas periodísticas, recuerdos a compañeros desaparecidos, y, sobre todo, textos en más de 60 ocasiones. Es como si uno dispusiera de un pequeña revista personal especializada en mis obsesiones.
He pretendido ofrecer algunas veces reflexiones personales y en otras ocasiones divulgar ideas sobre aquellas cuestiones que me preocupan. En su mayoría están inspiradas (por no decir, copiadas) en textos de muchísima gente que he leído durante bastantes años. Mi motivación ha sido casi la de un desahogo frente al amordazamiento al que nos someten los poderes dominantes. El llamado universo real se ha convertido un lugar en el que las únicas ideas que difunden los medios de comunicación convencionales son aquellas que permite un tamizado sutil de lo conveniente al servicio de los intereses dominantes, tanto políticos como empresariales, locales y globales.
Me preocupan los problemas territoriales que afectan a los espacios geográficos, principalmente a las islas. El urbanismo y la arquitectura han sido mi ocupación durante casi treinta años y he escrito profusamente sobre ello. Quizás se deba a que he sido responsable de una revista de arquitectura hace muchos años, Basa, el órgano de expresión de los arquitectos canarios. También es posible que exista una voluntad didáctica que me viene de mi fugaz paso por la Escuela de Arquitectura de las Palmas de Gran Canaria. Cosas de la edad: la querencia de enseñar a los más jóvenes.
Pero sobre todo, este esfuerzo me produce una satisfacción extraordinaria porque me ha permitido ir desgranando ordenadamente aquello que pienso o he pensado a lo largo de los años sobre muchos temas relacionados: la arquitectura, el arte, el diseño de parques y el paisaje, el urbanismo, la ordenación territorial de las islas, la energía, la geografía y la omnipresente economía. En un reflejo condicionado por el pasado, me gustaría también trasladar estos textos a libros impresos, de esos que se compran en las librerías y de los que todavía no cuento con ninguno en mi haber. Como muchos, la vanidad hace que pretendas llegar a cuantos más, mejor.
Alguien me ha dicho que realmente lo que me inspira es el protagonismo. Nada más lejos de mis intenciones básicas. Me mueve un deseo de expresar ideas y participar en la discusión sobre los temas que nos afectan a todos para superar con racionalidad las tremendas manipulaciones que contribuyen a sujetarnos en beneficio de unos pocos. Lo cierto es que mis palabras han ido teniendo repercusiones insospechadas. Últimamente, han sido utilizadas como argumento para un programa político electoral en mis islas. Gracias, Virgilio por tu confianza y buena suerte en tu difícil andadura como nuestro principal representante gremial.
Empecé con la intención de dirigir lo que escribía a mis colegas de la isla de Tenerife pero con el transcurso del tiempo he observado que han ido quedando reducidos a una pequeña fracción de mis anónimos lectores. Poco a poco han sido rebasados por colectivos de Madrid y Barcelona y, más recientemente, por grupos de Buenos Aires, Ciudad de México y, en fin, de muchos lugares de ese vasto continente que es Sudamérica. Siempre recordaré la vez que hice una crítica a la arquitectura de los arquitectos famosos que invaden mi isla con sus supuestas maravillas arquitectónicas. La respuesta desde Italia, a lo que llamé La invasión de la arquitectura siniestra, fue masiva, animándome a desenmascarar más rotundamente la supuesta arquitectura apoyada por los medios de comunicación profesionales y la colaboración timorata de la gran mayoría de nuestros colegas.
Pero lo que más me asombra cada día que pasa es el interés que pueden despertar mis columnas semanales en gentes dispersas que no conozco y me brindan su atención. Me resulta extremadamente sorprendente lo que le pueda interesar a alguien que accede a esta página, por ejemplo, desde Angola o Nueva Zelanda. ¿Qué cosas son las que pueden resultarle de interés? Internet es una herramienta maravillosa que te atrapa y te permite acceder a un conocimiento extraordinario.
De acuerdo a las estadísticas del último mes, se abren una media de 120 páginas diarias. Lógicamente, no todas se leen. Muchos me critican la longitud de mis entradas pero creo que es fundamental una mínima extensión para poder explicar con coherencia un pensamiento. Las imágenes son también fundamentales en esta explicación que pretendo de las cosas, puesto que son metáforas poderosísimas, aparte de que me gusta mucho la fotografía. Siempre que viajo me acompaña mi máquina digital con la que fotografío los lugares que visito; desde hace algún tiempo vierto una selección de lo visto en otro lugar que me ha resultado esencial, Flickr.com y que suelo enlazar a través de ese widget lateral que incluye esta página.
Una cosa que si echo en falta es un mayor nivel de participación y la aportación de debate. Reconozco que es engorroso ponerse a escribir y a mi también me cuesta enormemente, aunque no lo parezca. Creo que es fundamental el intercambio de pareceres aunque sea para negar las posiciones del otro, porque en cualquier caso el diálogo respetuoso siempre es enriquecedor para todos y de la síntesis nacen propuestas valiosísimas.
Gracias por leerme y hacerme comentarios durante este año tan corto. Espero seguir ahí una temporada más colocando regularmente mis pensamientos.


En el fondo, una reproducción de un cuadro del artista italiano Vito Campanelli y un múltiple-casita de Juan Gopar

sábado, 24 de mayo de 2008

ESTRATEGIAS INMOBILIARIAS LIGADAS AL TURISMO

Marina de Cope en Aguilas, Murcia. Master Plan indicativo de la propuesta ganadora del concurso internacional. Landmarks y EDSA, 2007

A lo largo del siglo XX ha tenido lugar un desarrollo extraordinario en uno de los sectores económicos que actualmente presentan más dificultades, el inmobiliario. Uno de sus objetivos más lucrativos siempre ha sido la creación de nuevo espacio urbano y su materia prima es el territorio con valores paisajísticos potenciales.

Vista aérea de una de las islas de Port Grimaud

En España las salvajes recalificaciones de suelo han estado ligadas en muchos casos a uno de los productos inmobiliarios de mayor éxito, lo que algunos denominan eufemísticamente como turismo residencial. Este segmento del mercado turístico es el que se relaciona con el deseo de cambiar la residencia habitual, el traslado a lugares atractivos en los que se produzca un encuentro con la costa, el clima amable y una forma de vida idealizada. El poderoso desarrollo del turismo en la segunda mitad del siglo XX también ha catalizado la creación de una potente industria ligada a la construcción de estos paraísos soñados para el descanso y el contacto con el sol, el mar y el paisaje natural.
Sin embargo, el creciente deterioro de muchos espacios costeros ha obligado en una etapa madura del sector inmobiliario turístico a la búsqueda de argumentos que facilitaran la continuidad y viabilidad de los procesos urbanísticos y constructivos a largo plazo. La experiencia vivida en los últimos cuarenta años en el arco mediterráneo, desde la llamada Costa Esmeralda en Italia hasta el sur de España, ha significado la creación de un vasto espacio urbanizado continental organizado a lo largo de potentes ejes viarios y de transporte que cada vez encuentra más dificultades para continuar su expansión.
Algunas formas de colonización de la costa han tenido especial fortuna entre las empresas inmobiliarias y se recurre a ellas constantemente como estrategia para allanar las reticencias que se están planteando con fuerza creciente frente a los procesos de transformación masiva de los espacios costeros. Dos ejemplos claros de esta estrategia de aumento del valor añadido de la promoción son las marinas y campos de golf asociados a urbanizaciones residenciales gigantescas.
El modelo urbano de la marina parte de la visión que tuvo un arquitecto francés de los años 60, Francois Spoerry. Gran aficionado al deporte de la vela se planteó el objetivo de poder atracar su pequeño yate en la puerta trasera de su casa como una visión ligada a un pequeño poblado marinero tradicional y pintoresco.
En 1966 comenzaba las obras del que sería en años posteriores uno de los lugares de mayor éxito de la Costa Azul francesa, Port Grimaud, situado en la gran bahía de Saint Tropez. Actuando a la vez como promotor, urbanista y arquitecto conformó una gran urbanización lacustre, organizada a lo largo de canales, que se convertiría en un modelo de referencia para otras propuestas posteriores del mismo autor como Port Liberté en Estados Unidos. Este poblado, a la manera de Venecia contemporánea, se situó sobre una zona pantanosa de escaso valor. Comprende más de 3.500 viviendas en 3 y 4 alturas, cuyo modelo básico tiene 60 m2 y tres dormitorios y se conoce como maison de pêcheur en referencia a un supuesto origen relacionado con la pesca.

El espacio urbano característico de Port Grimaud

Port Grimaud es el argumento publicitario contemporáneo de muchísimas apuestas inmobiliarias de gran calado, basadas en la interacción entre tradición, deportes náuticos, gran densidad urbana y architecture douce, como tituló Spoerry, el libro en el que explicaba su visión promocional del nuevo modelo de ciudad turística.
En Port Liberté, frente a Manhattan, se propuso en 1980, a partir del mismo planteamiento teórico, llevar a cabo un desarrollo inmobiliario más compacto basado en edificios más potentes. El proyecto original alcanzaba a 2.300 viviendas, canales y marina con cabida para 850 barcos, hotel de 350 habitaciones y el complemento de espacio para oficinas, comercio y hostelería. Los avatares financieros de la vecina Wall Street dieron al traste con esa promoción urbanizadora que ha quedado semiparalizada desde finales de esa década.
La concepción de la arquitectura y el urbanismo de Francois Spoerry estará siempre íntimamente ligada a un planteamiento del negocio inmobiliario que toma las formas tradicionales del pueblo mediterráneo, la casa popular y el paisaje costero como herramientas de marketing para la venta de unos productos turísticos de muy baja calidad y que, como formula de éxito, se ha reproducido mundialmente de una manera vertiginosa. Se trata de pensar formas orgánicas de composición, de integración y control del espacio público, que buscan mimetizar las nuevas construcciones en un territorio idealizado a la manera de arcadia rural o marinera.

La Ciuda Jardín de Mont Ferrer. Una ordenación urbana alrededor de un campo de golf y frente a la nueva costa artificial en la Marina de Calviá.Propuesta para la revisión del Plan General de Calviá. Ricard Pié y Rosa Barba, 1.988

Este modelo de reconfiguración de los territorios costeros se ha intentado plantear también como estrategia para una recualificación de algunas áreas turísticas obsoletas. Es el caso de las propuestas definidas para Calviá y Magaluf, en la isla de Mallorca, a comienzos de la década de los 90. La introducción de vastos espacios anegados se tomó como argumento para planificar la expansión del elemento fundamental de la ciudad turística mallorquina, la costa, en un intento de ampliar el territorio turísitico hacia espacios traseros a la primera línea de playa. El proyecto de la Marina de Calviá, formando parte de la propuesta para la revisión del Plan General del municipio avivó con escasa fortuna el debate sobre como afrontar la renovación de los espacios degradados en las islas más comprometidas con los desarrollos turísticos de masas.
A partir de la inundación de un espacio para una nueva bahía de más de 70 hectáreas, en Calviá se planteó un proyecto territorial a medio camino entre el concepto urbano de Spoerry para Port Grimaud y las formas urbanas derivadas de la experiencia americana de los clusters en fondo de saco. En este caso, aparece también la contribución de múltiples operaciones inmobiliarias apoyadas en grandes campos de golf, próximas a la costa recreada. La magnitud de los trabajos de ingeniería asociados y los costes financieros derivados hicieron que las revolucionarias ideas concebidas quedaran finalmente solo en el tablero de dibujo y en la imaginación de sus autores.
Actualmente, este tipo de conceptos ha sido fervientemente asumido por operadores inmobiliarios altamente especulativos que basan sus estrategias de colocación de producto en agresivas campañas de marketing directamente realizadas en los mercados objetivo. Es el caso de la empresa Polaris World que ha inundado la llanura entre Murcia y Cartagena de desarrollos inmobiliarios altamente degradados y en los que no existe una mínima estructura territorial que los sustente.

Imagen urbana actual de un resort de Polaris World con su supuesto campo de golf

Los llamados resorts de Polaris World cuentan con un campo de golf, eso sí, diseñado por el famoso golfista Jack Nicklaus y promociones de varios miles de viviendas con terraza hacia un paisaje maquillado que nada tiene que ver con la realidad del entorno. Sus rimbombantes nombres, Mediterranean Lands, Hacienda Riquelme, Condado de Alhama, sugieren un universo exótico latino rodeado de sol que no se corresponde con unos lugares desolados que no cuentan con los mínimos elementos de cohesión urbana, equipamientos, comercio, etc. que los hagan viables como pequeñas ciudades.
Las múltiples promociones de Polaris se localizan en municipios con muy escasa población, anteriormente dedicados a cultivos de secano, como Torrepacheco, han proliferado hasta conformar un territorio fantasmagórico que va a lastrar con una alta insostenibilidad al sureste del territorio español. La escasez de agua es un mal endémico de la zona y el continuo trasvase de recursos hídricos desde una agricultura enclenque hacia usos residenciales muy especulativos va a generar una gran hipoteca hacia el futuro.
Recientemente, el gobierno regional ha aprobado otro proyecto faraónico, la llamada Marina de Cope, situada entre Lorca y Aguilas, en una huida hacia adelante que solo cabe calificar como suicida. En una geografía anteriormente considerada como albergue de altos valores paisajísticos y naturales, en base a su desclasificación como espacio natural protegido y la aprobación de unas Directrices de Ordenación Territorial del Litoral de la región de Murcia, se ha dado carta de naturaleza a una operación de gran envergadura para transformar irreversiblemente uno de los escasos paisajes que todavía se conservan salvajes en la costa mediterránea española.
El modelo de implantación es una burda copia de las ideas avanzadas cuarenta años atrás por Francois Spoerry, avalado en este caso por un denominado Master Plan que ha sido elaborado por dos empresas americanas, Landmark y Edsa, y supondrá la remodelación de más de 1.000 hectáreas para albergar 9.000 viviendas y 20.000 plazas hoteleras que estarán acompañadas por 5 campos de golf, una marina para grandes yates y canales destinados al atraque de todo tipo de embarcaciones.
La desmesura alcanza en este caso cotas increíbles en un territorio que presenta signos de desertificación acelerada y cuyo mantenimiento se basará en una aportación energética altísima que facilite la desalación de inmensos volúmenes de agua de mar.
Pero si observamos más lejos, vemos que este es un ejemplo de una tendencia mundial expansiva del sector turístico que tiene hoy en día su punta de lanza en el fuerte desarrollo urbano de Dubai. Un país que, ante unos recursos petrolíferos en fase de extinción, ha apostado por una estrategia de posicionamiento global como lugar de moda y de superlativos.
Actualmente, el 30 % de su Producto Interior Bruto depende ya del turismo y su gobernante, el Jeque Mohamed bin Rashid al Maktoum apoya un crecimiento aun más potentes de la industria inmobiliaria. No hay idea faraónica, que por extravagante no sea aceptada inmediatamente para realizarse en plazos record. Así, el emirato de Dubai se ha lanzado a la ocupación de su plataforma costera con todo tipo de desarrollos residenciales como los complejos Palm Jumeirah, Palm Jebel Alí y Palm Deira, cuya ordenación se asemeja a palmeras que puedan ser apreciadas desde la estratosfera.
El impacto publicitario y el atractivo inversor es de tal calibre que la mayor parte de las promociones se encuentran ya colocadas y vendidas. Cuando se hace una aproximación a la forma urbana generada se observa un espacio muy orientado al control y la privacidad donde cada unidad cuenta con su piscina y trozo de playa privatizada y en el que la arquitectura y la calidad de la construcción son de muy bajo nivel.

Varias urbanizaciones del complejo Palm Jumeirah recién terminadas. Dubai, 2007

La publicidad no suele hacer referencia al calor asfixiante y a las difíciles condiciones de habitabilidad existentes en un territorio, el desierto, que carece de cualquier posibilidad de autosuficiencia. Todo se enmascara con un lenguaje que se asemeja a una supuesta arquitectura de raigambre local y el acceso a atracciones urbanas disparatadas.
En una situación de recursos energéticos claramente insuficientes, este tipo de proyectos inmobiliarios representan una vertiente más de las tendencias suicidas del capitalismo liberal hacia la construcción de un planeta cada vez más inhabitable.

domingo, 18 de mayo de 2008

REFLEXIONES SOBRE DOS PEQUEÑAS ISLAS

Vista aérea de Nauru donde se observa el sistema portuario insular, organizado para el embarque de mineral de fosfato. Foto: lotto 94024, Flickr

Dos islas de reducido tamaño en el Pacífico suroccidental, Nauru y Tikopia ofrecen visiones contrapuestas sobre como afrontar la sostenibilidad territorial a partir de organizaciones sociales y económicas diversas. Mientras Nauru es un lugar de habitabilidad altamente inviable a medio plazo, Tikopia ha funcionado como territorio autosuficiente durante más de tres mil años.


Ortofoto de las islas de Nauru y Tikopia en proporción aproximada a su tamaño. Imágenes extraidas Google Earth

Uno de los últimos países que se ha incorporado a la Organización de Naciones Unidas es la pequeña isla de Nauru en la región de la Micronesia al norte deAustralia. De acuerdo a los datos de Wikipedia, la República de Nauru es una nación insular sobre un atolón cuya superficie es de solo 21 km2, que contaba con 9.275 habitantes en 2007, que fue primero colonia alemana y luego dependió de Australia hasta que alcanzó la independencia en 1968.
Tikopia, que ya he comentado en otra ocasión, forma parte del archipiélago de las islas Salomón y cubre un área de 5 km2 alrededor de un pequeño lago interior, el Te Roto albergando a 1.200 habitantes de una manera constante a lo largo de la historia. Según el arqueólogo Patrick Kirch, su primer poblamiento se produjo a partir de las sucesivas oleadas de polinesios que se expandieron por el Pacífico desde China y Taiwán hace más de 5.000 años.
La economía de Nauru se ha basado históricamente en la exportación de un producto que es el resultado de la acumulación milenaria del detritus de las gaviotas, el fosfato que se usa como fertilizante agrícola. A esta producción de mineral se añadió en 2001 una segunda actividad productiva heterodoxa, el funcionamiento como centro subsidiario de detención de inmigrantes ilegales y de personas en busca de asilo con destino a Australia. Los habitantes de Nauru han vivido en consecuencia a lo largo de esta década, en una especie de paraíso subvencionado en la que los isleños permanecen desempleados esperando su cheque mensual mientras algunos trabajadores extranjeros extraen los depósitos de fosfatos.



Aeropuerto de la Republica de Nauru. Foto: Cedric, Flickr


Por el contrario, la economía de Tikopia se ha basado históricamente en una explotación agrícola intensiva y altamente racionalizada del escaso territorio disponible de tal manera que se garantizase una autosuficiencia completa. La producción se ha organizado según principios de cultivo muy adaptados territorialmente a las características del bosque tropical preexistente y con la consciencia de una capacidad de población muy determinada y limitada. La organización política de la isla muy enraizada en una cultura participativa ha tenido que adoptar en algunos momentos decisiones extremadamente difíciles para garantizar la supervivencia colectiva. Según datos históricos, en 1600 resolvieron colectivamente eliminar todos los cerdos de la isla y sustituirlos por la pesca de altura, ya que esa especie consumía demasiado vegetal que podía ser necesario para la alimentación de la población. También se ha señalado que en algunos momentos no ha estado mal visto socialmente el infanticidio con el objetivo de mantener una población estable y autosuficiente.
Nauru, por el contrario, es una isla absolutamente dependiente de las exportaciones y del intercambio internacional, que está sometida a crisis frecuentes originadas en el cambio de unas condiciones externas incontrolables por la población local. Su inmersión absoluta en la economía global hace que se tengan que producir procesos migratorios recurrentes. La última situación conflictiva se ha producido como consecuencia del cambio del gobierno conservador australiano y su sustitución por una coalición progresista encabezada por Kevin Rudd. Una decisión del nuevo gobierno del país vecino por la que ha decidido el mes pasado el cierre de los centros de detención en Nauru, va a generar una crisis sin precedentes en la pequeña republica, cuyos dirigentes ya están solicitando vivamente la protección caritativa de donantes internacionales para mantener su modo de vida. Es posible que la incapacidad para la autosuficiencia y la total insostenibilidad de Nauru lleve nuevamente a la emigración como consecuencia del aumento desorbitado del precio de la energía al que se asiste en la última década y que mueve el trasporte marítimo de mercancías.
Tikopia representa una situación radicalmente diferente y constituye un ejemplo muy interesante de sostenibilidad radical basada en una gestión política y medio ambiental de abajo a arriba. Su millar de habitantes conocen cada palmo de la isla y son conscientes de las acciones de cada cual, mantienen una gran sensibilidad sobre cuales son los intereses colectivos que conviene estimular y como controlar las acciones del vecino para que no perjudiquen al conjunto.
La muy eficaz gestión territorial en Tikopia floreció paulatinamente a consecuencia de la aplicación sucesiva de decisiones colectivas sobre el medio. Según excavaciones arqueológicas recientes, hace 3000 años ya los Tikopios se alimentaban de la caza en las colonias de pájaros marinos, el consumo de fruta salvaje, la pesca cercana y el marisqueo. Alrededor del año 100 de nuestra era esas fuentes se habían consumido o desaparecido casi en su totalidad. En los mil años siguientes, los habitantes de la isla fueron recurriendo a una recolección más controlada de las frutas tropicales y el cultivo progresivo de huertos bajo los árboles y palmeras. La posterior introducción de especies foráneas adaptadas como el cerdo y las gallinas, como sustitutivo proteico del pescado y los pájaros, facilitó la compensación de su perdida. La transformación final del lago central en una granja de pescado gestionada eficientemente permitió la eliminación de los cerdos cuya cría exigía 10 kilos de vegetales por cada kilo de carne, una producción nada eficiente en una situación insular de escasez extrema.


La laguna central de Tikopia. Foto: Archidose.org


Finalmente, la integración entre la sociedad y el territorio, que se encontraron los primeros europeos que visitaron la isla a principios del siglo XIX, se caracterizaba por un equilibrio inestable pero bien gestionado entre población y soporte físico y biológico. Lo que percibieron los primeros colonos occidentales fue un territorio tropical lujurioso en el que la primera impresión de sus bosques y frondas de palmeras como algo natural en realidad enmascaraba una especie de huertos masivos y absolutamente antropizados en beneficio de la población residente. Los Tikopios habían logrado crear una economía totalmente autosuficiente basada en una microgestión muy eficiente del territorio destinada a una población limitada.
Hasta fechas muy recientes y desde un punto de vista social y político, la solución de los problemas que se plantean en esta pequeña isla se ha decidido colectivamente, con la gente valorando y trabajando conjuntamente para su resolución. Un caso interesante es el que se refiere a los métodos tradicionales empleados en Tikopia para el control poblacional, se han manejado con naturalidad técnicas simples para la contracepción y el aborto con el objetivo de no superar la población máxima asumida por todos. En casos extremos, la exigencia social del celibato, la poligamia o incluso, el infanticidio han funcionado como solución a un crecimiento desmedido. El antropólogo
Jared Diamond en su libro Colapso, señalaba también otro método sorprendente de control poblacional, el suicidio colectivo practicado en Tikopia hasta fechas tan recientes como 1950.
Aunque pueda parecer desmesurado e irracional a ojos occidentales, el ejemplo de la isla de Tikopia en las Salomón, representa el otro extremo de una relación viable con el medio ambiente disponible. En situaciones de crisis, como las que vivimos actualmente en el conjunto del planeta, se deberían buscar alternativas y soluciones de gestión territorial menos dependientes del consumo energético y el transporte, como la que representa la Republica de Nauru y más orientadas al autoabastecimiento, como la llevada a cabo en Tikopia durante milenios.

domingo, 11 de mayo de 2008

LOS NUEVOS BEDUINOS TECNOLÓGICOS

Stata Center, MIT. Boston. Frank Gehry, arquitecto. Foto: Christopher Chan, Flickr

A partir de la universalización de las telecomunicaciones, primero en los países avanzados y más tarde en el resto del mundo, se ha ido produciendo una profunda mutación que tendrá unas repercusiones espaciales que todavía no somos capaces de percibir en su totalidad.

Una nueva generación está abrazando aceleradamente una forma de vida diferente, cuya metáfora más aproximada es la que se identifica con el modo de vida de las tribus nómadas que habitaban los desiertos en el pasado. El beduino tecnológico contemporáneo, como bautizaba el semanario
The Economist a esta nueva especie en un informe reciente (12/04/2008), aprovecha las tecnologías digitales y habita un inmenso espacio a la manera de desierto por el que se desplaza constantemente con un equipaje muy reducido. El nómada digital apenas necesita recursos físicos para su subsistencia económica e intelectual. Estos nuevos comportamientos inéditos de los individuos, que van a experimentar una aceleración sin precedentes en los próximos años, probablemente transformarán las relaciones habituales con el medio físico de una manera extraordinaria, cumpliendo así una de las profecías que ya avanzó Alvin Topfler en La tercera ola, la irrelevancia de un lugar concreto para trabajar o relacionarse socialmente, la superación de muchos desplazamientos obligatorios a los que estamos acostumbrados.
La extensión ubicua de la interconexión de los lugares y las personas a partir de las tecnologías de las telecomunicaciones móviles está originando una auténtica revolución en las áreas metropolitanas más desarrolladas del mundo. Los nómadas digitales se relacionan con el mundo provistos de herramientas cada vez más compactas, bautizadas con acrónimos renovados constantemente, un universo de palabras y definiciones en progresiva evolución: Ordenadores Portátiles, PDAs (Asistentes Digitales Personales), UMPC (Ordenadores Personales Ultra-Móviles), Blackberrys, IPhone, etc.
Estas nuevas tribus no necesitan un lugar concreto para acceder a la información y al trabajo, existen oasis que les ofrecen un enlace para su relación con la red de redes. Internet. Concurren protocolos y herramientas de acceso que se renuevan constantemente: las actuales opciones ADSL (conexiones fijas de alta capacidad de transmisión) WiFi (Telecomunicaciones abiertas y universalmente accesibles sin cables), HotSpots, etc. El nómada contemporáneo puede ser alguien cercano, no identificable fácilmente y que ni siquiera necesita ya trasladarse constantemente por razones de trabajo. Lo hace probablemente por motivos más afectivos, por conocer personalmente los atractivos de los lugares y las sociedades así como a determinados individuos con intereses similares. Se caracteriza no por lo que porta sino por lo que conoce y al igual que los habitantes del desierto, su equipaje es mínimo aunque sabe donde puede obtener los recursos que necesita.

Un espacio WiFi: Bryant Park, New York. Foto: wallyq, Flickr


Está transformación en curso hará posible que, dentro de muy poco, aquellos que trabajamos en la administración y los servicios no necesitemos acudir diariamente a un lugar concreto para realizar nuestras tareas. Un parque, un café, nuestras casas o nuevos lugares adaptados a las necesidades digitales, lo que alguien ha definido como Third Space (el Tercer Espacio), podrán ser ámbitos que sustituyan a oficinas y sedes empresariales tal y como las concebimos actualmente. La interacción cara a cara seguirá siendo una necesidad a largo plazo, pero la realización de aquellas tareas concretas que siempre se han ejecutado individualmente, podrán ocurrir en la mesa de al lado o al otro lado del océano. Según Manuel Castells, la característica básica y más importante de estas nuevas relaciones que se expanden es la permanente conectividad y la disponibilidad constante en red.
No obstante, las tecnologías asociadas a la telefonía móvil están todavía en un grado incipiente de desarrollo, incluso en aquellos lugares con mejor acceso a las conexiones inalámbricas. Todavía no se ha alcanzado el grado de sofisticación que anticipaba la película de Ridley Scott,
Blade Runner, que ya en 1982 mostraba la relación oral con las maquinas como el mecanismo más apropiado de acceso a las fuentes de información.
En este panorama, el énfasis decimonónico en la acumulación de capital fijo, el continuo añadido de construcciones e infraestructuras potentes, está perdiendo importancia frente a la relevancia creciente de los elementos que componen el capital intangible. Habría que entender este tipo de capital como algo que va más allá del acceso sencillo y barato a la información, sino también como una mejor calidad de las instituciones humanas que nos amparan colectivamente y una mayor complejidad e interrelación de las redes que canalizan el talento. Es decir, una superior eficacia de los lugares y las fuentes en las que bebe la clase creativa a la que suele referirse
Richard Florida.
Algunas instituciones académicas y empresas ya han comprendido inteligentemente la mutación en curso y se están aprovechando de ello para mejorar la productividad de sus trabajadores y usuarios. Es el caso del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y el buscador Google que han proyectado edificios y espacios mejor adaptados a las nuevas necesidades de sus frescos usuarios digitales.
En Boston, MIT ha diseñado un nuevo edificio dentro de su complejo educativo, el llamado Stata Center. Proyectado por el arquitecto californiano
Frank Gehry para albergar diversos departamentos de la institución, como el Laboratorio de Inteligencia Artificial y Ciencias de la Computación, el Stata Center se ha planteado como un lugar que contiene gran cantidad de espacios informales y la presencia ubicua de acceso digital y telecomunicaciones de alta capacidad.



Stata Center, MIT. Vista Aérea del nuevo edificio


La característica arquitectura de Gehry, con sus reminiscencias al Cubismo, se adapta maravillosamente a una demanda de lugares variados y sorprendentes que permitan el encuentro despreocupado de estudiantes y profesores, así como espacios para el retiro temporal de sus usuarios sin recurrir a las habituales aulas y despachos departamentales que tanto han caracterizado a los edificios universitarios en el pasado reciente.



Espacio interior del Stata Center con sus pintorescos usuarios



La palabra clave es informalidad, que se suele emplear como referencia para el fomento de la creatividad y la atracción del talento. Un discurso que tiene un fundamento equivalente entre muchas empresas tecnológicas y que encaja muy bien con el cambio sociológico que está teniendo lugar con el acceso universal a la información.
Una actitud similar es la que inspira a los que proyectan los espacios de trabajo para la empresa Google. La estrategia de organización espacial de la sede central en Mountain View, California, ha aprovechado unos edificios comprados a Silicon Graphics y ha encajado sus actividades a partir de su transformación radical. El llamado Googleplex incluye atracciones de todo tipo que buscan favorecer y facilitar la vida de sus usuarios-empleados y, aparte de una redecoración anárquica que presume de divertida, incluye espacios de guardería, gimnasios, salas de relajación, restaurantes, etc.


El CooglePlex de Mountain View a vista de pájaro


Nuevas sedes de Google se están realizando en otros países siempre con la idea de lograr espacios placenteros y altamente conectados a la red de telecomunicaciones. En estos casos, se utilizan también referencias a las costumbres y modos de vida local como atractivo para identificar a esa multinacional con la idiosincrasia de las distintas regiones a las que se dirige su expansión.



Un espacio de trabajo de la nueva sede de Google en Zurich



Muchas empresas están teniendo muy en cuenta estos procesos en su crecimiento. El ejemplo de los cafés Starbucks o las librerías Barnes&Noble en Estados Unidos señalan el camino. Sus puntos de venta se plantean buscando una identificación con sus clientes, su comodidad y, nuevamente, dotando de facilidades para la conexión inalámbrica.
En otro plano más amplío, el espacio para la socialización en las ciudades está sufriendo en consecuencia una mutación sutil que no acabamos de percibir todavía en su integridad. El despliegue urbano de redes de telecomunicaciones de alta capacidad para la transmisión de todo tipo de datos, texto, imágenes, video, etc. está ocurriendo con una rapidez extraordinaria y afecta tanto a los países avanzados como a muchos en desarrollo. Los oasis para los beduinos digitales que están apareciendo en aeropuertos, universidades, cafés e incluso parques y otros espacios públicos urbanos se fundamentan en la extensión de una multitud de antenas de alta capacidad de transmisión y conexión de aparatos digitales.
En las ciudades, un fenómeno social interesante, que se desarrolla en este momento, es el que se refiere a la construcción de mallas colaborativas de puntos de acceso gratuito a Internet. Con ello, el acceso a la información puede tener un coste muy bajo o gratuito y, como resultado, se está desarrollando una importante brecha entre los ilustrados que tienen capacidad para conocer las posibilidades que otorgará el creciente saber disponible y aquellos que habría que adjetivar como analfabetos tecnológicos que representaran un papel subalterno en la conformación de este nuevo mundo en formación.
Sin embargo está abundancia de nuevo conocimiento colectivo plantea otros problemas como el que se refiere al discernimiento y elección sobre lo que interesa a cada cual. El ruido informativo en red está requiriendo de profesiones y técnicas que guíen la navegación por este nuevo océano de posibilidades.
En estas circunstancias, el devenir futuro de las ciudades tendría menos que ver con la construcción de nuevos artefactos físicos y más con la disposición de espacios públicos apropiados para la interrelación telemática pero también social. Este proceso podrá permitir una mayor interacción colectiva de los individuos y sin embargo, el proceso de deterioro de lo físico pasará a un segundo plano de las agendas políticas. Es posible que nuestras ciudades y espacios metropolitanos se conviertan en lugares más inhabitables e inhóspitos, un espacio para transitar a gran velocidad sin apenas contacto con nuestros vecinos o en el que, incluso, interactuaremos físicamente menos con nuestras familias y amigos.
Estos días, he recogido una metáfora brillante para explicar estos procesos en curso. Me ha surgido al escuchar las reflexiones sobre la ciudad contemporánea del filósofo Francisco Jarauta. Según lo sugerido, estaríamos asistiendo a la revancha de Abel, el pastor, que una vez asesinado vilmente por su hermano Caín fue apartado de la imaginería del mundo occidental para que pudiera construirse una sociedad agraria sedentarizada durante milenios. La vuelta al nomadeo digital representaría el retornado triunfo de la libertad y pureza primigenia de una humanidad liberada de los lugares.

domingo, 4 de mayo de 2008

ANDRÉ LE NOTRE. Los orígenes de la ordenación del territorio

Vista aérea de Versalles en el momento de su plantación. Pierre Patel, 1688
En nuestros días, la ordenación y planificación espacial a gran escala se ha convertido en una técnica habitual para la remodelación de porciones sustanciales del territorio. Las primeras tentativas de estas estrategias contemporáneas de transformación positiva del espacio surgieron en la corte francesa de Luís XIV, en la que André Le Notre, desempeñó un papel central como jardinero mayor del reino

A lo largo del siglo XVII, el arte de la jardinería experimentó un desarrollo extraordinario en Francia. En el centro de esta evolución técnica hacia una proyectación integral del paisaje estuvo un influyente personaje del cual se conoce poco, André Le Notre. Su influencia estética en el diseño de la ciudad posterior se puede rastrear hasta nuestros días, en que los conceptos de Hausmann para París o Le Corbusier y su Carta de Atenas han sido asumidos plenamente
Directa o indirectamente, el jardín clásico a la francesa ha sido durante los últimos siglos fuente de inspiración para la articulación urbanística del crecimiento de numerosas ciudades como podemos comprobar en los ejemplos de numerosos textos y proyectos urbanos para lugares tan dispares como la ordenación de las ciudades de Washington y Filadelfia y el movimiento del City Beautiful en Estados Unidos o el diseño de Canberra en Australia, la nueva ciudad capital desarrollada sobre la base del proyecto de Walter Burley Griffin. Hoy en día, si observamos las más recientes propuestas para Dubai, algunas reminiscencias de aquellos conceptos clásicos todavía subsisten inconscientemente, ayudando a la difusión de las propuestas espectaculares que formalizan empresas y arquitectos de renombre mediático.
A finales del siglo XVI, sobre todo a partir del reinado de Enrique IV y la influencia de María de Medicis, se consagró el predominio definitivo del poder real sobre la nobleza en la corte francesa. En ese tránsito, se abandonan las formas tradicionales medievales de relación con el territorio abriéndose los castillos al espacio circundante y surgiendo los chateaus como complejos residenciales inscritos dentro de extensos parques. El caso del castillo de Courances, en la periferia de París, es un precedente del cambio de actitud de los terratenientes en el uso a gran escala del territorio. En Courances, la apertura de grandes visuales en los bosques circundantes, mediante su talado selectivo o la replantación ordenada, junto con la utilización de las láminas de agua como efectos que acentúan la grandeza del espacio, son algunas de las tácticas que en la reordenación territorial utilizaron aquellos jardineros del pasado a la busqueda del placer estético de sus clientes.

Planta general de la ordenación de Versailles. Abbé de la Grivé, 1746


La recuperación extensiva de las simetrías y la estructuración de las propiedades de acuerdo a los principios clásicos recuperados por Alberti y, sobre todo, a partir de la publicación del influyente tratado de Palladio ,daría lugar a la típica organización del chateau en tres ámbitos, la pars urbana, el espacio en contacto con los asentamientos rurales próximos, la pars rustica, la granja donde se aprovecha el territorio para los usos humanos, agrícolas y residenciales y la pars fructuaria, el resto preservado para el disfrute de lo natural. Una división mental del territorio que se prolonga hasta nuestros días en el planeamiento zonal o de mosaico al que tanto se acostumbra en Europa.
Los inicios de André Le Notre son bastante oscuros y existe una ausencia notable de referencias históricas o escritas. Se sabe que su padre, Jean Le Notre, tenía el cargo de Jardinier Ordinaire en Las Tuilleries, el jardín a la italiana anexo al palacio real del Louvre. Este espacio tan característico de la actual ciudad de París, fue remodelado a mediados del siglo XVII por su hijo André, a partir de un encargo expreso de Luís XIV para transformarlo en el primer parque público de la historia, con destino no solo al uso de los cortesanos sino también al conjunto de los habitantes de la ciudad.
Las obras de ordenación paisajística más conocidas de Le Notre son las que están asociadas a numerosas mansiones campestres, entre las que destacarían Marly, Chantilly, Vaux Le Viconte y, sobre todo, el parque del palacio de Versalles. En esta selección de obras se expresa lo más selecto del genio y la grandeza de Le Notre como planificador del territorio. En cada caso, la implantación de una linealidad contundente de las masas arboladas nos explica brillantemente que estamos en presencia de una actuación humana deliberada mientras que el movimiento masivo de la topografía y el plegamiento del suelo contribuyen a la grandiosidad de las distintas propuestas. Las axialidades son incorporadas como instrumentos para la definición de perspectivas de vasto alcance, planificadas a partir de la aparición de nuevos conocimientos matemáticos y su aplicación con instrumentos de medida y replanteo apropiados. El trazado de grandes avenidas paisajísticas y el despliegue de extensas láminas de agua dialogan con el horizonte y el cielo a partir de la intervención de todo un grupo de expertos que surgen a partir de necesidades concretas, botánicos, fontaneros, topógrafos, etc.
Conceptos novedosos fueron asentándose durante el siglo XVII en multitud de vastas obras en las que siempre se observa la mano de Le Notre y que pasarían a ser esenciales en la composición formal de la jardinería clásica a la francesa. Posteriormente, todo ese bagaje cultural formalizado en el desarrollo histórico del arte del diseño paisajístico de ese país serviría en siglos posteriores como contraposición estética a las propuestas del parc paysager a la manera de Alphand y otros más inspirados en el pintoresquismo británico. En nuestros días, el estado francés ha extendido este interés por el paisaje hacia la preservación formal del territorio, una referencia para el resto del mundo.

El eje central de Vaux Le Viconte con los parterres de broderie en primer plano. Truthmaker, Flickr


En el Chateau de Vaux Le Viconte, construido entre 1656 y 1661, Le Notre plantea por primera vez, con plena libertad, la formalización de una vasta porción territorial a gran escala. Lástima que este espacio tan extraordinario esté asociado al episodio de la caída en desgracia de su promotor Nicolás Bouquet, defenestrado por Luís XIV precisamente por la afrenta que supuso que un subordinado hubiera podido llevar a cabo un lugar tan suntuoso que ensombreciera las riquezas del propio Roi Soleil.
En el parque del castillo de Chantilly, en el que se empezó a trabajar en 1663, se actúa a una escala de mayor alcance. La disposición de grandes láminas de agua aparece aquí por primera vez, junto con el arte de la topiaria aplicado al recorte masivo de las masas boscosas y la configuración de grandes ejes visuales intersectados diagonalmente por avenidas.
Finalmente, en Versalles, Le Notre llega a la plenitud de su concepción del espacio territorial considerado como un lienzo monumental, preparado para desplegar la obra de arte paisajística. La labor de una vida, progresivamente ampliada, que no llegaría a ver culminada en todo su esplendor. En Versalles, tuvo que lidiar con la intromisión y batalla constante con otros personajes influyentes de la corte, empezando por el propio rey y siguiendo por los arquitectos del palacio, Le Vau, Hardouin Mansart, etc. El resultado es la más magnificente expresión del poder absoluto, del poder hombre sobre la naturaleza y sobre los otros hombres, de la concentración de la riqueza en el monarca como consecuencia de la implantación de una concepción política determinada que ya es historia. La desigualdad extrema que genera como contrapartida excelsas obras de arte.
En el caso francés, los trabajos prácticos se acompañan de toda una codificación teórica paralela. En 1636 se publica el Traité du jardinage selon les raisons de la nature et de l’art de Jacques Boyceau de la Baraudière, que expone por primera vez los criterios y preocupaciones de la gran cohorte de jardineros galos del siglo XVII. En el se explican, por ejemplo, las técnicas y plantas necesarias para formalizar parterres y realizar las famosas broderies, encajes decorativos de base botánica formados por setos recortados, que dibujan las zonas próximas a los edificios en los parques de la época de una manera tan característica. El texto también refleja en cierta medida la influencia del Hypnerotomachia Poliphili, del que ya he hablado en otra ocasión al comentar los jardines de la Villa d’Este en Tivoli. Pero las prescripciones y enseñanzas de Le Notre fueron finalmente recopiladas y presentadas a posteriori en el tratado de Dezallier dÁrgenville, La théorie et la practique du jardinage de 1709.
D’Argenville establece cuatro normas fundamentales para lograr un jardín correcto a la francesa. Sorprendentemente, destaca un primer criterio básico, la necesidad de ceder la expresión artística a los elementos naturales. Las otras tres normas son más prácticas, no sobrecargar con sombras, ni dejar demasiado descubiertos los espacios ajardinados junto con buscar que el espacio paisajístico parezca mayor de lo que es realmente.
En épocas posteriores, la influencia de la concepción del paisaje barroco a la francesa se ha extendido por toda Europa y América hasta llegar a nuestros días en que los problemas del diseño territorial son otros. Uno de ellos, cada vez más relevante, consistiría en como mantener las vastas extensiones rústicas y con una agricultura en retroceso en un estado aceptable.



Propuesta para la reforma de las Tullerías como arqueología poética vegetal. Bernanrd Lassus, 1990


El problema de la recuperación de los jardines históricos es un tema apasionante que ha abordado Bernard Lassus, un gran paisajista francés contemporáneo, en el parque de la Corderie Royal en Rochefort sur mer, un trabajo realizado entre 1982 y 1987, o en sus propuestas para la renovación del Jardín Real de las Tullerías de 1990. En la propuesta para la reforma de las Tullerías, Lassus reflexiona sobre como tratar un espacio vegetal que ha sido remodelado sucesivamente a partir de la destrucción de Le Notre del trabajo anterior a la italiana de Claude Mollet, hasta nuestros días. Lassus propone mostrar conjuntamente las diferentes capas del palimpsesto en una unidad compleja al que bautiza como jardín del retorno, restableciendo una serie de conexiones históricas a partir del tratamiento de las plantas en forma de vestigios biológicos de épocas pasadas.
En América, otro paisajista notable, Richard Haag, ha investigado la relación espiritual entre la biología de los bosques y los mecanismos de la jardinería clásica. Haag pasó unos años en Japón y la influencia del Zen es patente en la formalización de sus jardines, traduciendo a los Estados Unidos una tradición milenaria de aquél país. Los cuatro jardines preparados por este paisajista en la década de los 80 para la Reserva Bloedel en Seattle, nacen de esta integración de varios mundos en las que relación entre lo natural y lo artificial son el fundamento básico de la concepción espacial y estética.
En uno de esos jardines se ha producido una recuperación contemporánea de uno de los conceptos paisajísticos de la visión de Le Notre, el contraste de una línea de agua frente a la masa informe del bosque. La escenificación del jardín del Estanque Reflectante en la Reserva Bloedel se inspira en ese precedente de la jardinería clásica a la francesa, desde una concepción del espacio naturalizado como lugar para la presentación de lo sublime o sagrado.


La expresión de lo sagrado. Reflection Pool, Bloedel Reserve. Richard Haag, 1987. Seaturtle, Flickr


En nuestros días, el arte del diseño del paisaje no cuenta con el apoyo de monarcas como Luís XIV, pero es conveniente conocer estas experiencias para intentar mejorar la calidad de unos entornos antropizados cada vez más deteriorados por la incultura generalizada sobre el tratamiento del territorio.