sábado, 29 de marzo de 2008

CALLES DE MI ISLA

El Camino Largo de La Laguna. Un espacio para disfrutar


En una reciente sesión del curso que sobre el diseño del territorio se está llevando a cabo en Tenerife desde el otoño pasado, se introdujo una cuestión que merece una reflexión específica: ¿Cuales son las razones que hacen a una calle memorable? ¿Cuales son las cualidades de este espacio urbano esencial?. A partir de ello y con la referencia a algunas calles positivamente valoradas de mi isla pretendo ofrecer algunas claves que entiendo deberían ser relevantes en el diseño viario.

En esa sesión sobre la red viaria local, el profesor de la politécnica de Barcelona, Miquel Corominas y el ingeniero urbanista, Enrique Amigó hicieron un exhaustivo repaso de las condiciones en las cuales se ha desenvuelto a lo largo de la historia el planteamiento de estos espacios públicos tan relevantes para la forma y personalidad de una ciudad. Con un carácter genérico, la forma de las calles representa de alguna manera el talante de una sociedad, sus aspiraciones así como la visión común del devenir colectivo de sus integrantes, etc.
Sin embargo, las cualidades físicas de los ámbitos públicos son elementos que han quedado relegados a un papel subalterno en la concepción de la ciudad contemporánea. Las reglas de composición de la calle, en las que deben de tenerse en cuenta cuestiones como la geometría y la proporción, la elección de los materiales que la construyen, y los elementos auxiliares de mobiliario y ajardinamiento, suelen quedar subordinadas a la funcionalidad del tráfico y la disposición de las infraestructuras que forman parte sustantiva de la misma.
Pero la bondad de una calle tiene que ver también con aquello que se desarrolla en sus bordes. Por ejemplo, las fachadas repletas de coquetas tiendas junto a los típicos cafés con sus terrazas exteriores y edificios señoriales de una similar altura definen la amabilidad de las aceras y hacen que algunas calles de París representen un ejemplo por excelencia de confortabilidad urbana.
También, seleccionamos continuamente recorridos urbanos de nuestras ciudades en función de parámetros sensoriales que tienen que ver con el placer de observar los escaparates de algunos comercios peculiares o, simplemente, contemplar determinadas alineaciones de árboles que nos rememoran nuestro pasado ancestral. Además, algunas calles encierran para nosotros recuerdos gratos de momentos específicos de nuestra personal memorabilia.


La Rambla de Santa Cruz de Tenerife, recién inaugurada en 1950




Allan B. Jacobs, profesor del City and Regional Planning de la Universidad de Calfornia en Berkeley ha escrito dos libros extraordinarios sobre esta cuestión que desgraciadamente, no han sido traducidos todavía al castellano, Great Streets (Grandes calles) de 1993 y The boulevard book, history, evolution and design (El libro del bulevar, historia, evolución y diseño) de 2001. En relación a la razón del valor de determinadas calles extraigo una cita del primero:

Las calles son algo más que espacios de utilidad pública, más que el equivalente a conductos para el agua, la energía y el alcantarillado que de una manera bastante interesada encuentran su acomodo en ellas; más que espacios físicos lineales que permiten que las personas y las mercancías vayan de aquí para allá…La intercomunicación es una de las razones principales de las calles y la que ha recibido una atención abundantísima sobre todo en la segunda mitad del siglo XX. Pero hay otras cuestiones que no.
Las calles moderan la forma, estructura y confort de las comunidades urbanas. Su tamaño y disposición ofrecen o niegan la luz como cualquiera puede haber experimentado. Pueden tener el efecto de enfocar las actividades en uno o varios centros, en los bordes, a lo largo de una línea o simplemente no dirigir la atención a algo en particular. De una manera elemental, las calles son aquellos espacios que permiten a la gente disfrutar del exterior.


Algunas calles de mi isla, al igual que en otros lugares, las consideramos ejemplares. En si mismas, tienen valor urbano por permitir el tránsito peatonal con comodidad y ofrecer un lugar cálido para el encuentro social y algunas actividades recreativas. También permiten un ejercicio físico moderado en condiciones agradables, al mismo tiempo que percibimos el cambiante ir y venir de otros peatones y vehículos. La consciencia de nuestra pertenencia a un mundo físico mayor y la relación con el universo, que nos ofrece la contemplación de la vegetación, las nubes y el cielo sería una consecuencia no racionalizada de nuestro deambular por las calles confortables de los núcleos urbanos en los que habitamos.


Calle de La Carrera, casco histórico de La Laguna



Una primera calle que me parece reseñable de Tenerife es la que se conoce como de La Carrera en el casco histórico de La Laguna, el enclave en que se apoyó inicialmente la colonización insular. Su nombre responde a una tradición histórica abandonada de carreras a caballo como parte de las fiestas tradicionales. Sus fachadas medievales con el añadido de algún edificio renacentista y barroco expresan el carácter de una remota sociedad castellana heredera de tradiciones islámicas. En la época de su creación, la vida familiar se desarrollaba tras las paredes y el espacio público, al igual que en los cascos antiguos de Andalucía y el Norte de África, exterioriza una tendencia a su máxima reducción.
La calle de la Carrera presenta una escala armoniosa entre su ancho de 9 metros y una altura proporcionalmente similar definida por sus edificios de dos plantas. De ello podríamos extraer una posible regla básica para el diseño de vías, la altura de la edificación debe ser aproximadamente igual al ancho medio de la calle.
La restauración y recuperación ejemplar del carácter estrictamente peatonal que hizo la arquitecta María Nieves Febles en el proyecto de remodelación de su primer tramo no ha sido continuado en otras vías emblemáticas de esta ciudad. El empleo de adoquines antiguos en un adecuado despiece del pavimento junto con una gran sensibilidad en el tratamiento de las instalaciones e infraestructuras, a pesar de añadidos posteriores, no ha podido reproducirse con igual intensidad en actuaciones posteriores más ligadas a una concepción burocrática del diseño urbano.



Camino Largo. Esquema de su sección de 18 mts.


Un espacio sensacional de esta misma ciudad es el llamado Camino Largo de La Laguna. Un paseo esencialmente peatonal en el que los vehículos circulan con dificultan, casi como delincuentes, y en el que el énfasis del diseño anónimo está volcado en la conformación de una doble hilera de palmeras: las Phoenix Canariensis, un orgullo botánico originario de este archipiélago que ha sido exportado para su empleo en la jardinería de muchos lugares del planeta.
El Camino Largo con su sección de 18 metros, inserta en una amable colonia de ciudad jardín, representa quizás la calle de mayor valor de esta isla. Su paseo y disfrute es una delicia que recomiendo siempre a los que nos visitan.
Otra vía memorable a la que aludir es la Rambla central de la ciudad de Santa Cruz, una arteria preeminente de esa aglomeración que conserva el nombre del General Francisco Franco después de más de 30 años de su desaparición, en una muestra del carácter conformista y acomodaticio de los canarios.





Rambla central de Santa Cruz de Tenerife



La Rambla, que ha servido de modelo a otras vías de nueva creación a lo largo y ancho de la isla, originalmente quedó definida como un camino ronda que circunvalaba la parte antigua de la ciudad en una forma parecida a la que se produjo en las reestructuraciones dieciochescas de las murallas de algunas ciudades europeas. La Rambla de Santa Cruz ha articulado algunos ensanches de la ciudad en el tránsito del siglo XIX al XX. Con su sección de 30 metros ha permitido acomodar eficientemente un amplio paseo peatonal central de 15 metros junto con cuatro carriles para el tránsito de vehículos. Ésta, la reserva del 50% del espacio disponible para el disfrute peatonal, podría ser otra regla relevante para el diseño viario.
La presencia en la Rambla de los enormes Ficus Nitida de origen antillano, o Laureles de Indias como los conocemos en Canarias, dan un carácter emocionantemente espectacular a este espacio urbano esencial de la ciudad. Aquí encontraríamos así otro elemento muy importante para el diseño viario, el empleo de elementos vegetales concordantes con el carácter y capacidad de cada calle concreta. El arbolado es una de las herramientas fundamentales que a partir del barroco han ido otorgando un referente estético esencial a la forma de nuestras ciudades y que no debería de olvidarse en la formalización de las calles. Además, los árboles con su frondosidad suelen corregir favorablemente muchas intervenciones desafortunadas visualmente.
No obstante, la rambla o bulevar arbolado presenta una contradicción en sí misma que consistiría en la escasez de sección de las aceras perimetrales frente al paseo central lo que impide disfrutar de los posibles atractivos urbanos que ofrezcan los edificios colindantes que acompañan a la vía.

En un barrio periférico, diseñado bajo los criterios del urbanismo del Movimiento Moderno, se encuentra otra calle que, aunque actualmente no ha llegado a una madurez funcional y formal, representa un experimento de mejorar la urbanidad de una zona de la ciudad inicialmente inhóspita. La Rambla de Ofra surgió a partir de la remodelación de una especie de autopista urbana de 8 carriles y su acomodación al modelo que representa el bulevar central de la ciudad al que me he referido anteriormente. Una actuación posterior que ha incorporado el recorrido del nuevo tranvía ha mejorado aun más el atractivo y la centralidad que su trazado ofrece.


Rambla del barrio de Ofra


En este caso, la sección de 32 metros hace complicado el encaje de excesivos elementos. En ella se insertan unas raquíticas aceras laterales de metro y medio junto con cuatro carriles reservados al tráfico rodado y otros dos para los raíles del transporte guiado, lo que ha reducido el paseo peatonal central a unos escasos ocho metros, un espacio muy justo para un buen disfrute de los viandantes que lo circulan.



Sección de la Rambla del Barrio de Ofra. 32 mts.


Finalmente, no me he resistido a traer a colación un trabajo, en el que intervine, consistente en el rescate de una vía costera para su uso exclusivamente peatonal, la reforma del Paseo de Colón en el núcleo turístico de Puerto de la Cruz en el norte de la isla.
Esta calle estaba totalmente invadida por aparcamientos y un tránsito de servicio claramente ineficiente. Su transformación en ámbito peatonal exclusivo ha mejorado considerablemente la calidad urbana de este entorno costero presidido por un parque acuático diseñado por el artista lanzaroteño César Manrique.



Paseo de Colón. Puerto de la Cruz, 1993. Diseño de Federico García Barba en colaboración con los arquitectos Cristina González Vázquez y Angel García Palmas



En este caso, la preocupación por lograr una completa accesibilidad para personas de movilidad reducida junto con el empleo de la vegetación para dar unidad definieron las pautas del diseño. La explotación de determinadas perspectivas y aperturas al paisaje, el empleo de algunas referencias simbólicas y un cuidado en la disposición de pavimentos y en el diseño del mobiliario han contribuido al éxito de la propuesta que ha merecido algunas distinciones.

domingo, 23 de marzo de 2008

LA GLOBALIZACIÓN DE LA POBREZA


Como se enriquecieron los países ricos…y porque los países pobres siguen siendo pobres.
Por Erik S. Reinert
Editorial Crítica. Barcelona 2007


A partir de los años 70 del siglo XX, los adalides de la economía ortodoxa, algunos la adjetivan como neoclásica, han extendido el dogma del libre comercio como el bálsamo que solucionaría los problemas y desigualdades de este mundo globalizado. Por el contrario, el librecambismo es otro mito que ha contribuido a exacerbar las injusticias y la pobreza de este mundo bajo el manto ideológico de unas tesis equivocadas.

El autor presenta, desde una heterodoxia basada en su experiencia como consultor para el desarrollo en el Tercer Mundo y a partir de la recuperación de autores históricos ignorados por la ciencia económica, una visión alternativa sobre las razones que mueven el intercambio económico desigual entre los países, aquél que está en la base de una exacerbación creciente de la miseria de una parte muy importante de la humanidad. Sus argumentos para combatir la creciente desigualdad económica internacional los agrupa en lo que denomina como el Otro Canon, y han sido recuperados en gran medida de autores actualmente desconocidos como Antonio Serra, Philipp von Hörnigk y Friedrich Lizst.
Para levantar este nuevo cuerpo teórico, Reinert procede primero al desmontaje de lo que presenta como el gran engaño de la economía del desarrollo que se concretó en el llamado Consenso de Washington, auspiciado por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, cuya apoyatura ideológica partiría del texto de Adam Smith, La riqueza de las naciones de 1776 y de las ideas de David Ricardo. A continuación presenta las ideas alternativas de economistas heterodoxos para finalizar definiendo las condiciones para un desarrollo equilibrado de los países más pobres.
El concepto fundamental que soporta la actual estrategia de dominación neocolonial de las regiones pobres es la imposición de la libertad de comercio como mecanismo natural para el reequilibrio de las rentas y la nivelación de los precios. Sin embargo, y de acuerdo a los datos presentados ocurre esencialmente lo contrario. Históricamente, los países que se opusieron el intercambio incontrolado de mercancías en los momentos clave de su desarrollo son aquellos que, posteriormente, se han convertido en las economías de más éxito del planeta. Sorprendentemente, es el caso de Inglaterra o Estados Unidos que en una fase inicial de su desarrollo industrial se cerraron mediante tasas y aranceles a los productos provenientes de otros lugares mientras estimulaban con incentivos a sus incipientes y poco competitivos tejidos industriales.

Trabajadoras en un fábrica china de productos electrónicos. El País 19/05/2005


La creencia en que la libertad de mercado, apoyada por la teoría neoclásica estándar, daría lugar a una armonía general en la que el intercambio sin impedimentos de bienes produciría a la larga un reparto equitativo de la riqueza y que la globalización que lleva aparejada beneficiaría por igual a todos, es un argumento que va acumulando detractores y que se ha demostrado con el paso de los años extraordinariamente inconsecuente con la realidad. Hay está la deriva de África durante los últimos 25 años para demostrarlo contundentemente.
Lo cierto es que durante el primer período de globalización (entre 1840 y hasta el estallido de la primera guerra mundial) los países ricos se especializaron cada vez más en la exportación de productos manufacturados mientras que la periferia colonial permanecía tecnológicamente subdesarrollada, enviando materias primas hacia las metrópolis. Sin embargo, los intentos de Inglaterra por permanecer como el único país industrializado de Europa, apoyada ideológicamente por los profetas del libre comercio, fueron radicalmente ignorados por el conjunto de países continentales y las colonias anglófonas recién liberadas de ultramar, Estados Unidos, Canadá y Australia. Estos países siguieron la misma política de desarrollo que había llevado a cabo Inglaterra desde el siglo XV, alentar la industrialización propia y desincentivar la importación de productos extranjeros con una protección arancelaria relativamente alta.
Aquí aparece uno de los conceptos básicos alternativos para conseguir un desarrollo de los países. Frente a la aplicación de un comercio sin restricciones hay que comprender lo que realmente hicieron aquellos que se enriquecieron y emularlo. No se trata tanto de hacer lo que los ricos te dicen que es conveniente hacer como observar lo que realmente hicieron e imitarlo para lograr un resultado mejor. La observación para elegir regiones concretas como referencia y la emulación de sus estrategias serían las herramientas básicas para el desarrollo que han demostradfo su éxito a lo largo de la historia.
Hoy en día nos hallamos en una etapa en la que se ha impuesto una nueva globalización basada en los mismos postulados equivocados que se defendieron hace dos siglos: la visión de un mundo que tendería al equilibrio en una división natural del trabajo, algunos países exportan productos agrícolas y materias primas mientras importan abiertamente manufacturas y servicios avanzados. Con ello se ha recuperado una organización internacional muy parecida al funcionamiento de las colonias del siglo XIX pero de una manera más sutil con instituciones locales entregadas a la repetición de los errores del pasado.
El neocolonialismo actual se basaría en la incentivación de la especialización de las regiones pobres en actividades económicas con rendimientos decrecientes que serían aquellas intensivas en trabajo poco especializado como la exportación de materias primas y productos agrícolas masivos como el algodón. Según ello, los países subdesarrollados se especializan en las ventajas comparativas que proporciona la naturaleza mientras que las regiones avanzadas se centran en la estimulación de ventajas creadas por el hombre.
El autor señala la diferencia de los pobres respecto a los países avanzados que se han especializado en la búsqueda sistemática de las actividades que concentran rendimientos económicos crecientes. Para conseguir estos rendimientos, la alternativa estaría en la creación de nuevos productos innovadores que permitieran consiguientemente una industrialización específica. El texto hace una distinción significativa de la innovación posible entre productos y procesos. En el primer caso, la aparición de nuevos productos innovadores permitiría la extensión de la riqueza como consecuencia de la existencia de una competencia e información imperfecta generada por los nuevos conocimientos, la aparición de grandes barreras a la entrada de nuevos competidores y enormes beneficios mientras que la innovación en procesos conduciría por el contrario hacia un empobrecimiento paulatino derivado de la mejor información comparativa y el aumento de la competencia. Esto último es algo que en estos momentos está ocurriendo claramente en las industrias turísticas y del transporte donde la aparición de las tecnologías de la información aumenta la competencia de precios y ejerce una presión a la baja sobre los márgenes de beneficio.


Mina de oro de Serra Pelada, Brasil. Sebastiäo Salgado


De acuerdo e ello, el énfasis en la educación sería una condición necesaria pero no bastaría para extender la riqueza al Tercer Mundo ya que sin un proceso de diversificación y extensión de la industrialización, la inexistencia de puestos de trabajo acordes a la formación generada lo único que incentiva es la emigración. Sería necesario proporcionar empleo a la gente cualificada mediante la diversificación de la actividad económica.
Desde la perspectiva del Otro Canon que propugna Reinert, la riqueza de una nación depende de lo que esta produce y de acuerdo a ello, el libre comercio entre naciones con un nivel de desarrollo similar beneficia a ambas partes. Cuando este libre comercio es asimétrico conduce a los países subdesarrollados a ser pobres, mientras que las regiones avanzadas incrementaran su especialización en ser cada vez más ricas.
Según la tesis del autor, el desarrollo de las regiones pobres necesitaría inicialmente de una nueva autarquía que permitiera la aparición de una diversificación productiva y la introducción de actividades industriales y de servicios avanzados en condiciones forzadas de competencia imperfecta frente a las que se exportan desde el mundo desarrollado. Esta autarquía se presenta cada vez más necesaria en un momento en que el coste de los transportes en que se basa el libre comercio ha aumentado desmesuradamente como consecuencia de una escasez cada vez mayor de combustibles baratos.
Gran parte de estas ideas se expresaban ya en 1684, cuando Erick von Hörnigk diseñaba una estrategia económica en su libro Austria por encima de todo. Sus comentarios, que aparecen en el libro, son sumamente elocuentes sobre el quehacer necesario, algo sobre lo que reflexionar en las circunstancias actuales de muchos lugares:

Primero, inspeccionar el territorio del país con el mayor cuidado, sin omitir las posibilidades agrícolas de la menor proporción de terreno
Segundo, todos los productos que se den en un país y que no puedan utilizarse en su estado natural, deben elaborarse en el propio lugar, ya que el pago por su manufactura excede en general al valor de la materia prima en dos, tres, diez, veinte o incluso cien veces.
Tercero, para satisfacer las dos reglas anteriores se necesitará gente, tanto para producir y cultivar las materias primas como para su elaboración. Así pues se debe de prestar atención a la población, que debería ser tan grande como el país pueda mantener.
Cuarto, el oro y la plata existentes en el país, ya sean de sus propias minas u obtenidos de otros países mediante la industria, no deben de salir de él en ninguna circunstancia a menos que no haya otro remedio.
Quinto, los habitantes del país deben hacer todo cuanto esté en su mano para mantenerse con sus propios productos, limitando a ellos el lujo y evitar en lo posible la importación de productos extranjeros.
Sexto, en caso de que las compras mencionadas fueran indispensables, en la medida de lo posible se deben obtener de primera mano a cambio de otras mercancías propias.
Séptimo, tales artículos extranjeros deben importarse como productos no elaborados y darles su forma acabada en el país, en el que permanecerán así los salarios correspondientes a la manufactura.
Octavo, se deben buscar sin descanso oportunidades para vender los bienes superfluos del país al extranjero en forma manufacturada y a ese fin, el consumo se debe de buscar hasta en los lugares más lejanos de la tierra.
Noveno, excepto por consideraciones de fuerza mayor no se debe permitir en ninguna circunstancia la importación de artículos de los que exista una oferta suficiente de calidad aceptable en el propio país y en esa materia no se debe de mostrar ninguna simpatía o compasión hacia los extranjeros ya sean amigos, parientes, aliados o enemigos, ya que toda amistad cesa cuando supone mi propia ruina.

sábado, 15 de marzo de 2008

UN TERRITORIO INEXPLORADO: INTERNET


Internet, la red que está entre nosotros en una traducción apresurada, es un fenómeno que puede ser ya muy familiar para los que acceden a esta página. Por el contrario, para muchos de mi generación constituye una gran incógnita que se conoce casi de oídas, un territorio desconocido que presenta una característica inquietante, no se desarrolla en un espacio concreto.



Campos de trigo. Havre, Montana. Alex S. Mclean. Del libro Across the american landscape



Vivimos en una época de transformaciones aceleradas donde se está produciendo una importante migración social hacia ese continente que permanece invisible para numerosas personas. Internet es un imaginario tecnológico que está situado en el espacio de la tecnología y que está inédito para una parte importante de la humanidad.
Todavía hay muchas personas que no pueden acceder a la red y lugares que no están conectados, bien porque no existe electricidad o las telecomunicaciones están en pañales. Es el caso de la inmensa mayoría del continente africano y gran parte de Asia, probablemente bajo el férreo control que ejerce el poder político.


La localización de la comunidad bloguera, según The Bobs, Best of the Blogs


Para mí, Internet es un territorio inexplorado para el que convendría desarrollar mapas y conceptos que lo explicasen más allá del mundo de los fanáticos de la tecnología y siguiendo a los más jóvenes que son la vanguardia que se dirige hacia este mundo digital. Quizás sea una posición un poco irreflexiva pero es la de aquél que parte de la ignorancia. De acuerdo a este objetivo, intentaré exponer algunas ideas que he ido recopilando así como otros pensamientos que me ha sugerido la escasa experiencia que he tenido de este éter imaginario situado entre las personas.
Nosotros, ustedes que me leen y yo, somos la primera generación de exploradores que se ha adentrado en este vastísimo lugar que se expande a medida que lo vamos conociendo, como en la famosa teoría del Big Bang del astrofísico Hubble. Internet es un inmenso espacio sin geometría en continuo movimiento que es muy difícil de percibir desde una perspectiva convencional como la que hemos utilizado hasta ahora.
Todo ha partido de la capacidad de ciertas cosas para transformarse en ceros y unos. La matemática binaria ha encapsulado un infinito universo de ideas y conocimientos en paquetes digitales que circulan a la velocidad de la luz por las redes de transmisión de datos que ya circundan la mayor parte del planeta.
Mundialmente, la información que está actualmente disponible en formato digital ha superado los 280.000 millones de Gigabytes lo que supondría una acumulación de 45 Gigabytes de datos por persona de acuerdo a una noticia reciente. Una cantidad inmensa que hace cada vez más real la máxima de que el exceso de cosas es basura y la abundancia de información se transforma en ruido. Ante esta avalancha necesitamos pautas de exploración así como la participación de algunos actores que actúen de intermediarios para el filtrado de la información, algunos los han definido como los brokers del conocimiento.
Esta exuberancia ha hecho necesario la preparación de mecanismos nuevos que faciliten la exploración de la capacidad de acceso a esta nueva fuente de conocimiento que es altamente compleja. Según el famoso gurú japonés de estrategia empresarial
Kenichi Ohmae, este continente invisible como titula uno de sus libros, presenta cuatro dimensiones superpuestas: la visible que afecta a los lugares que ya conocemos; la transfronteriza que tiende a escapar al control de las naciones y la administración; la cibernética que se relaciona con la extensión de las posibilidades tecnológicas de comunicación que han cambiado radicalmente las relaciones interpersonales; y, finalmente, la que se presenta como la dimensión de la alta multiplicidad, la capacidad para afectar a los sistemas económicos y sociales a una gran velocidad y con unos enormes resultados sin precedentes.
Ohmae presenta también otros conceptos muy interesantes para entender Internet. Es el caso de los portales y las plataformas.
Los primeros son una herramienta bastante conocida, las páginas de acceso que acogen inicialmente la entrada a Internet, recordemos aquellos puertos digitales antiquísimos que ya han desaparecido como Netscape o Altavista, bautizados como navegadores. Y los buscadores que resisten a la preeminencia de Google como Yahoo y MSN. Los portales tienen una repercusión notable para los negocios puesto que sus transeúntes ofrecen muchísima información sobre sí mismos, personalidad, preferencias, huellas digitales de todo tipo, etc.

Una imagen para un nuevo mundo. Internet Web Trends map. Information Architects, Tokio, 2007

El concepto de plataforma me parece más interesante. El ejemplo inmediato es el del esperanto, un idioma universal que se convirtió en una propuesta fracasada. Una plataforma podría definirse como un lenguaje o mecanismo universal que fuera fácil de manejar y que tuviera el máximo número de usuarios debido a que ha sido aceptado voluntariamente. Otros lo señalan como standards.
La plataforma básica de Internet es el idioma inglés que es el que corresponde al pais que ha apostado más fervientemente por la inmersión en el nuevo territorio. Debido a ello, los ciudadanos de Norteamérica, Australia, India, etc. tienen una ventaja notable a la hora de acceder al continente invisible y sus posibles ventajas y oportunidades.
Pero también hay otras plataformas muy valiosas en Internet. Por ejemplo, para la economía Visa o las monedas fuertes son otro elemento crucial que han acabado con los años imponiéndose como standards. Es el caso del $ólar y, crecientemente, el uro que permiten transacciones en la red impensables hace 25 años cuando nació Windows, otra plataforma de facto.
Otro elemento crucial en Internet es el de la identidad. Actualmente, nuestra identidad en Internet, el número IP, o Protocolo de Internet en su traducción inglesa, es el elemento básico. Un pasaporte que compartimos con las maquinas que nos permiten la intercomunicación y, por ello, el viaje hacia el nuevo territorio. En un futuro inmediato, esta identidad se va a extender a multitud de mecanismos y cualquier elemento o aparato tendrá su IP que le permitirá comunicarse con la red e interaccionar con nosotros
Pero Internet es una auténtica revolución que está transformando radicalmente las relaciones sociales y económicas tal y como las hemos conocido en el siglo pasado. Se está produciendo un cambio que va a desbancar actitudes a partir de una serie de atributos que se han impuesto desde el inicio y que traen de cabeza a los viejos detentadores del poder y la riqueza. Estos atributos de los que disponen los usuarios para transformar las herramientas habituales de control son la capacidad para la autogestión, la gratuidad radical de lo que se produce u oferta y la cooperación como actitud social masiva.
Parecería el triunfo final de la utopía del
anarquismo, la ausencia radical de control, la imposición de la autonomía personal completa y la libertad de asociación para el desarrollo de los proyectos que cada cual estime. Esta anarquía de Internet trae de cabeza a algunas empresas que han logrado controlar en el pasado reciente el mundo de los contenidos analógicos y ven evaporarse sus fuentes de enriquecimiento.
En mi caso particular, uso Internet para varias cosas que no deben de ser muy diferentes a la del común de los mortales: Correo electrónico, consulta de bancos y agencias de viaje, periódicos, aunque ahora pudiendo acceder a las ofertas digitales de otros lugares remotos, etc.



Mi Internet particular


Ahí van mis opiniones sobre algunos sitios a los que accedo regularmente o no tanto.

Mi portal es, evidentemente, Google. Considero que su ventaja está relacionada con la instantaneidad de acceso que otorga su algoritmo de búsqueda. Lástima que no sirva para desbrozar un poco más allá de lo que significa la ordenación y presentación de las cuestiones consultadas por número de accesos de otros internautas. Generalmente, aparecen en primer lugar los sitios menos interesantes y llega a ser agotadora la búsqueda de información realmente valiosa. En el pasado usaba Yahoo y casi lo he descartado definitivamente. Los portales son, en este sentido, excesivamente democráticos para mi gusto.
En cuanto a redes sociales y personales, es decir aquellos lugares de socialización entre internautas, la verdad es que no los suelo usar mucho más allá de la comunidad bloguera que se articula alrededor de Blogger y Wordpress, unas herramientas magníficas para la comunicación de ideas y vivencias de cualquiera. Alguna vez he visitado Myspace y Facebook pero no les acabo de encontrar el truco. En Facebook he abierto una cuenta y he colocado alguna imagen pero no me acabo de apreciar su utilidad. Será cuestión de la edad.
Lo que sí me parece el invento más maravilloso de este tipo de redes colaborativas es
Wikipedia, la encarnación digital de la famosa Biblioteca Universal que imaginó Jorge Luis Borges. Quizás sea la sección más interesante de aquella biblioteca imaginada que contenía todas las palabreas y relatos imaginables, aquella que actúa a modo de oráculo en la que uno pregunta y siempre tiene una respuesta al instante que va creciendo en intensidad a medida que sus esforzados editores van enriqueciendo el contenido. Lo siento por los detentadores de esa responsabilidad en el pasado, las enciclopedias como Espasa o Britannica pero han perdido el monopolio el saber.
Otro de los recursos de Internet que me fascinan son los depósitos de información que se van construyendo de una manera colaborativa. Hay están
YouTube en lo que se refiere al video amateur, y Flickr como inmensa colección de imágenes que permite viajar por todo el mundo sin moverse de casa.
Technorati se ha convertido en un auxiliar valiosísimo para mí. Es un mecanismo que permite recolectar instantáneamente la nueva información que aparece en la red de los sitios y personas que me interesan. Lástima que esté en inglés para los que no dominan esta plataforma porque les dificulta extraer el partido que ofrece.
En último lugar, quisiera reflexionar sobre algunos negocios que se apoyan en Internet y que resultan imbatibles en ciertas cuestiones. El caso de
Amazon, el mercado por excelencia de Internet, es extraordinario para los anglófonos, porque ha sido capaz de integrar y ofertar las cosas más inverosímiles en su propuesta de intermediación. Así su potencial de venta es inmenso. Algo parecido a lo que ocurre con EBay, pero en este caso con la colaboración activa de una infinidad de intermediarios aficionados y profesionales en una mezcla curiosa.
El tema de la publicidad en Internet lo considero bastante contradictorio con el carácter de este nuevo territorio, aunque ha ido creciendo con los años en una estrategia de negocio que puede ser incompatible con los rasgos a los que antes hacia referencia, autogestión, gratuidad y cooperativismo. Estimo que los internautas son reacios por naturaleza a la publicidad convencional y de ahí el gran fracaso de banners y sugerencias subliminales.
El problema de cómo extraer valor en Internet es algo que debaten constantemente en estos momentos aquellos que pretenden actuar empresarialmente en este territorio. De hecho entiendo que la intermediación que tiene futuro es la que relaciona el mundo de las ideas que se exponen en la red con el acceso a mercancías concretas o físicas.
Otra cuestión es la que supone este territorio como espacio para la construcción de nuevas marcas globales, tanto para las empresas como para los lugares y las personas. Como dice Ohmae, los jugadores mas exitosos en este nuevo continente serán aquellos capaces de definir una personalidad digital reconocible desde características particulares muy concretas.
Finalmente, Internet parece una materialización caótica de aquella utopía de la lógica que los filósofos del
Racionalismo, a partir de Descartes, vaticinaron en el siglo XVII. Según ellos, la adquisición del conocimiento se produciría a través de la aplicación de la razón para desentrañar aquello que nos es válido entre la avalancha de datos y hechos inconexos.
Quizás me equivoque profundamente en mucho de lo que he escrito más arriba. Quizás esto que he contado les parezca ya conocido a muchos de ustedes, ciudadanos del continente invisible, pero es aquello que como neófito he querido compartir de lo que entiendo sobre este nuevo territorio inexplorado que es Internet.


Inmersion, Benjamin Edwards. The new suburban landscape. Walker art Center, Minneapolis, 2008

miércoles, 12 de marzo de 2008

Junya Ishigami : space for your future @ TOKYO

Interesante propuesta artística que transforma radicalmente un espacio interior. El volumen está definido con un globo de película de aluminio y relleno de helio. Ha surgido la arquitectura gaseosa como alternativa. A lo mejor alguno lo incorpora a sus proyectos

viernes, 7 de marzo de 2008

EL IMPERATIVO MORAL DE LA ARQUITECTURA

Escuela en Gando, Burkina Fasso 2003. Diabadé Francis Keré, Arquitecto. Una muestra de arquitectura ética y moralmente comprometida con su sociedad y la sostenibilidad global del planeta

En 2005, otorgaban el Premio Anual al edificio más accesible de la Comunidad Autónoma Canaria al Centro Socio Sanitario del Hospital de Dolores, al que dediqué una entrada el 29 de febrero pasado. Con ese motivo preparé un texto de reconocimiento en el que quería poner el énfasis en la recuperación de la dimensión ética de la arquitectura y que creo que mantiene su interés en un momento cultural en el que los arquitectos vivimos obnubilados por la imagen de nuestras obras.

Esto es lo que escribí entonces:

En unos tiempos en los que las sociedades avanzadas se dedican mayoritariamente a la búsqueda de una satisfacción placentera de la existencia, hay que reivindicar la verdadera arquitectura como actividad destinada a solucionar los problemas de la morada de los hombres. Frente a la generación de innumerables imágenes y al consumo acelerado de basura mediática es necesario reclamar su función social como objetivo primordial.
Enredados en la construcción de una falsa belleza destinada exclusivamente a su presentación formal, al placer visual absoluto, el recurso a un monumentalismo hueco, y la ansiedad por conseguir una presencia pública, los arquitectos hemos ido olvidando que el fin básico de toda obra construida consiste primordialmente en albergar, de una manera adecuada, las necesidades de nuestros conciudadanos en lugares concretos.
Este es un momento histórico que se caracteriza por una creciente escasez de recursos de todo tipo y una injusticia global generalizada en su distribución, y en el que es necesario recuperar una visión ética de nuestra profesión. El imperativo moral de la arquitectura de nuestros días debería centrarse en el aprovechamiento racional y eficaz de los materiales disponibles. Frente a una dictadura de la estética vacía hay que contribuir a imponer la austeridad frente al despilfarro.


Decía Vitrubio hace más de dos mil años:

Todo edificio debe de construirse teniendo en cuenta la durabilidad, la necesidad y la belleza

Los tres preceptos: Utilitas, Firmitas, Venustas nos han acompañado a los arquitectos durante toda la historia como una referencia que determina la verdad de las obras que realizamos.
Estos tres valores que Vitrubio estableció en un plano de igualdad, adquieren en cada época una conflictividad derivada de la voluntad para imponer algún aspecto sobre los otros.
El arquitecto neoclásico Karl Friedrich Schinkel fue más allá al priorizar los preceptos vitrubianos y reconocer la necesidad de solucionar los problemas concretos como la cuestión primordial a resolver.

Schinkel dictaminó que:

la tarea de la arquitectura consiste en transformar una construcción práctica, útil y funcional en algo hermoso

Lo que podemos entender que coloca a la funcionalidad en un lugar que antecede a la belleza en los edificios que aspiran a ser reconocidos como arquitectura.
Desde una visión romántica, Violet le Duc amplió algo más lo anterior al proclamar que la belleza en los edificios deriva de una expresión justa de la construcción y de la solución de los problemas funcionales.

solo surge una verdadera solución estructural para cada situación concreta

Siguiendo esta línea de pensamiento, nuestros esfuerzos deben de dedicarse por encima de cualquier otra consideración a perseguir una solución correcta de los problemas que se nos encomiendan.
Es, en este contexto, cuando adquieren significado las cuestiones relativas a la accesibilidad, que deben contemplarse no como una carga burocrática más sino como una tarea fundamental que se sitúa en el primer plano de la escena de la arquitectura, aquella relacionada con la correcta funcionalidad de los edificios.
Nuestra preocupación como arquitectos y nuestros esfuerzos deben enfocarse hacia una multiplicidad de circunstancias entre las que destacaría las siguientes: el tamaño y la medida adecuada de los espacios, el análisis del comportamiento previsible de los futuros usuarios, el uso de materiales duraderos y agradables así como el aprovechamiento energético óptimo de las condiciones climáticas de cada lugar


La cúpula en medio elipsoide de la iglesia de San Carlino alle quatre Fontane de Francesco Borromini

No se pueden tolerar edificios en los que no caben las personas o las cosas que acompañan su vida, haciendo incomoda la existencia en unos espacios concebidos solo desde una perspectiva estética. Más aún cuando esos usuarios padecen minusvalías que les obligan a llevar una vida con restricciones.
La historia de la arquitectura moderna está repleta de experimentos que hicieron incomoda la vida de sus usuarios
La consideración de la idiosincrasia concreta de los usuarios de nuestros edificios es otra cuestión que tiende a no tenerse en cuenta en aras a la satisfacción de ideales estéticos inapropiados. Debería rechazarse la arquitectura escenográfica cuyo objetivo es el consumo de imágenes y cuyo destino inmediato es su transformación en restos irreparables debido a que no se ha tenido en cuenta la necesaria durabilidad de los materiales a emplear.
Algunas cuestiones que se consideran secundarias podrían mejorar notablemente la comodidad de los edificios con un mínimo esfuerzo. Sacar partido a una iluminación natural adecuada, estudiar la correcta orientación solar para garantizar un confort térmico y establecer mecanismos para el ahorro de energía son imperativos a contemplar necesariamente en una época en que los recursos tienden a desaparecer a una velocidad de vértigo, máxime cuando además no somos realmente conscientes de la magnitud del problema.
La ausencia de preocupación por el confort en los edificios que caracteriza a una gran parte del trabajo de los arquitectos contemporáneos es algo que influye muy negativamente en la percepción cotidiana del espacio para la mayoría de la población.
Este problema se torna en un hecho más grave, si cabe, para aquellos colectivos que padecen una disminución en sus condiciones de movilidad y percepción. Cuando uno no es capaz acceder a las habitaciones de su propia casa, se tienen dificultades para percibir las distancias entre las cosas, diferenciar las figuras del fondo e, incluso asearte es una molestia desagradable, la vida se convierte en un tormento innecesario por culpa de una reprobable insensibilidad en el diseño.
Cuestiones tan triviales como aumentar el ancho de las puertas, algo que hasta cierto punto podríamos considerar como accesorio aunque su solución tenga un coste ridículo, se convierten, en estos casos, en asuntos relevantes para aquellos que tienen dificultades para moverse. Por ello, conceptos de diseño como la accesibilidad desapercibida han pasado a adquirir un protagonismo cultural destacado ya que se pueden solucionar estos problemas solamente con un poco de comprensión.
Hacer accesibles nuestros espacios cotidianos para las personas de edad, para aquellos que tienen una visión disminuida, dificultades de movilidad o, incluso para aquellos que tienen sus condiciones físicas mermadas transitoriamente, es únicamente una cuestión de aplicar una sensibilidad apropiada que asimismo puede mejorar nuestra propia vida.
Los arquitectos no solo tenemos que conseguir adecuadas soluciones estéticas y una correcta inserción de los edificios en la ciudad sino que también deberíamos prestar más atención a la solución de los pequeños problemas cotidianos que tanto influyen en nuestro cometido diario.

Platón lo resumía en su Diálogo con Gorgias de una manera apropiada al señalar que la belleza está ligada a la bondad de las cosas justas.