viernes, 29 de febrero de 2008

UNA OBRA DE ARQUITECTURA PERSONAL

Hospital de Dolores. La Laguna , Tenerife. Federico García Barba y Cristina González Vázquez, arquitectos. 2005

Durante mi ya larga vida profesional he tenido un éxito relativo en lo que se refiere a la divulgación de la obra propia. Últimamente, me he sentido algo más reacio a esta forma de promoción del trabajo realizado, considerando la dudosa deriva por la que ha discurrido la enseñanza y la reflexión que sobre la arquitectura se viene haciendo en los medios profesionales.
Pero un comentario anónimo a
una entrada anterior en este blog, referido a la arquitectura espectacular que se ha realizado recientemente en Tenerife, me ha animado a defender un proyecto realizado hace algunos años y sobre el que el comentarista reclama una explicación.

En mi caso, como algunos otros arquitectos canarios de mi generación, mis preocupaciones han estado siempre a caballo entre la arquitectura y el urbanismo en una especie de esquizofrenia profesional que en los últimos tiempos se han hecho algo más aguda.
La arquitectura la considero como una labor en la que la vertiente artística está cada vez más mediatizada por las componentes económicas que lleva implícita y en la que al arquitecto se le han ido hurtando parcelas de responsabilidad cada vez más amplías. En su origen, archi tekton era el primer obrero, aquel que tenía el conocimiento más profundo de todas las variables que una construcción puede llevar aparejada. En la actual configuración de la tarea arquitectónica, el papel de los profesionales ha ido paulatinamente quedando relegado a una misión magra de constructores de imágenes para la venta de futuros paraísos relacionados con las ciudades, las instituciones y el espacio doméstico. Socialmente , se concibe la arquitectura como un cometido subalterno y casi irrelevante del marketing urbano y de las empresas.
No obstante, la arquitectura, como una de las antiguas bellas artes, para llegar a ser no puede renunciar a la triple componente a la que hizo alusión Vitrubio hace más de 2000 años, la Utilitas, la Firmitas y, finalmente, la Venustas a la que nos hemos reducido últimamente. Sin que un edificio sea funcional y eficiente para la demanda del cliente y sin que pueda ser bien construido, por mucha belleza que se aporte la arquitectura tendrá escasas oportunidades de surgir. Y esa es la misión de un único operador, el arquitecto, que pueda combinar las demandas y el conocimiento necesarios para llevar a puerto esa encomienda.

En 1999 se nos ofreció, a la arquitecta Cristina González Vázquez de Parga y a mí, la oportunidad para realizar una interesante obra de arquitectura, el nuevo Hospital Geriátrico de los Dolores, situado en la ciudad de La Laguna. El cliente estuvo conformado por un grupo de técnicos dependientes del Cabildo Insular de Tenerife que mantuvo desde el principio una gran ilusión y respeto por el trabajo que desarrollamos y que constituyó un magnífico foro para debatir las ideas que intentábamos aportar para lograr un equipamiento novedoso frente a las inercias burocráticas habituales.



Patio interior del Hopsital de Dolores


La obra se llevó a cabo desde 2003 hasta 2005 y la construcción no llegó a estar a la altura de los objetivos que se plantearon inicialmente, quizás por un error en la forma de adjudicación burocrática de la obra o también por una incapacidad de los que dirigimos los trabajos de ejecución. Vamos que es un trabajo del que uno se pueda sentir plenamente satisfecho.
El perfil del futuro usuario de este centro hospitalario era el que correspondía a una persona de edad avanzada que, aparte de requerir atención sanitaria, necesitaría ayuda y apoyo, en mayor o menor grado, para realizar las actividades cotidianas más fundamentales. Se intentaba que el centro fuera lo suficientemente flexible y dispusiera de las suficientes ayudas físicas para ofrecer a cada residente un entorno que facilitara su autonomía, entendida como una cualidad que favorece la autoestima y retrasa, en consecuencia, el proceso de deterioro que se sufre en las etapas finales de la vida.
Debido a que los pacientes iban a pasar largas estancias, y dada la reducida movilidad geenral de los usuarios, el edificio se concibió no solo como la casa del usuario sino también casi como su barrio o el entorno privado y público del que dispondrían para su relación cotidiana en la última etapa de sus vidas. El complejo se entendía como una suma de edificios, interconectados entre sí por calles acristaladas que se interrelacionan y permiten el acceso a variados espacios exteriores.
Los otros condicionantes fundamentales del encargo se concretaron en la difícil naturaleza de la parcela y la climatología existente en el lugar.


Pergola exterior de las terrazas solarium


La forma del terreno era bastante irregular, con una fuerte pendiente hacia una autovía colindante y que contaba con una alta densidad de tráfico. El lugar está azotado por los vientos del norte y noroeste que soplan con una gran regularidad y hacen normalmente desapacible la estancia al exterior. Sin embargo, el emplazamiento dispone de una buena orientación al sur apoyada con magníficas vistas sobre el horizonte del mar. El complejo proyectado se adapta a estas condiciones de la parcela, situándose en el triángulo que presenta un menor desnivel y que, además, es el ámbito que resulta más protegido del viento. Dada la gran dimensión de suelo disponible se propuso que toda la superficie libre recibiera el tratamiento de un parque en el que el edificio quedara insertado, para lograr una mayor calidad ambiental de los pacientes. Desgraciadamente, como tantas otras ideas que los arquitectos proponemos ese parque nunca ha podido llegar a realizarse.


Planta baja del Complejo del Hospital Geriátrico


En el planteamiento proyectual se huyó expresamente de una formalización geométrica ortogonal y se optó por una solución de piezas curvas más orgánica, de manera que el volumen de los edificios no se impusiera sobre el usuario sino que ofreciera una espacialidad más amable, casi casera, que se pudiera integrar mejor con la vegetación del parque. La organización compositiva del edificio vino pautada por la voluntad de ofrecer una respuesta al viento. Para ello, se estudió en detalle la posición de las alas que forman el conjunto para ofrecer la mínima resistencia al aire. Estas se colocaron todas paralelas a la dirección de los vientos dominantes, en un esfuerzo para evitar corrientes de aire y ruidos.
El edificio se desarrolló en dos plantas en todas las alas residenciales, excepto en aquellas más próximas a la autovía, donde se añadió una tercera planta en semisótano en la que se ubican algunos servicios y superficies auxiliares. Esta solución surgió como respuesta lógica a la necesidad de adaptar los volúmenes a la topografía existente. Los espacios comunes de conexión á cubierto entre las alas residenciales son de una sola planta, de manera que su cubierta se puede aprovechar como terraza y como superficie de evacuación en caso de emergencia.
En planta baja, donde se preveía un intenso uso y aprovechamiento de los espacios exteriores, el edificio se definió mediante varios patios, unos cerrados y con vegetación exuberante y otros abiertos, orientados al sur y a las vistas, de modo que se pudiera disfrutar de espacios algo más protegidos y con un microclima más adecuado, distinta luz y mejor temperatura.
En los bloques organizados como pequeñas residencias se situaron las habitaciones de las personas hospitalizadas, respondiendo al programa genérico requerido de dos unidades de bajo requerimiento, situadas en los extremos del complejo y una tercera unidad central de alto requerimiento y que se organiza en su mayor parte, en planta alta para permitir un mayor control y una mejor comodidad a los pacientes con más problema de autonomía.
Las habitaciones se organizaron normalmente en una banda de pasillo con vistas a los jardines. Son dobles pero concebidas desde el inicio con flexibilidad para que pudieran fácilmente convertirse en individuales, diseñándose para ello u sistema de tabiques móviles. Cada dos usuarios comparten un baño completo amplio y totalmente adaptado a las más que posibles minusvalías.


Pasillo tipo de acceso a las habitaciones


En posición central junto al acceso principal se colocaron todos los servicios colectivos, comedor, rehabilitación, consultas, terapia ocupacional, sala de TV y centro de día para pacientes externos. También estos espacios comunes se estudiaron para que estuvieran directamente comunicados a los patios exteriores.
Básicamente, este es un proyecto que se planteó desde una voluntad de máximo respeto y servicio a los futuros usuarios. La idea de arquitectura implícita no renuncia a una expresión contemporánea, pero ésta nace de la búsqueda de la mejor configuración espacial, las tecnologías apropiadas y del estudio de la luz y del confort.
Frente a las soluciones trilladas y fáciles se prefirió investigar sobre cuales eran las mejores condiciones ambientales para los pacientes. Fruto de ello, se ha producido una configuración heterodoxa de la habitación hospitalaria en la que los usuarios se sitúan enfrentados para permitir que ambos tengan la mejor relación posible, tanto entre ellos como con el exterior y las vistas.
El control del soleamiento fue otro elemento estudiado en detalle, lo que permitió una muy buena temperatura interior así como una luz adecuada, sin renunciar a una comunicación visual potente con el exterior. El complemento de una cuidada proyectación de la disposición de la jardinería influyó en la mejora global de los espacios, tanto interiores como exteriores.
Finalmente, en comparación con las obras de marca arquitectónica reconocida internacionalmente y de las cuales tenemos varios ejemplos en la isla de Tenerife, se llevó un escrupuloso control del gasto público y, en consecuencia, el presupuesto ejecutado no excedió más de un 12 % sobre el ejecutado. Algo que no ha ocurrido en otros casos en los que el despilfarro es notable.
Quizás no sea una obra de amplío reconocimiento pero la mayor satisfacción de los que la proyectamos fue la lectura de una carta en un periódico local en la que una persona, pariente de un usuario, agradecía el mimo con que se había realizado este edificio al servicio de la comunidad.

sábado, 23 de febrero de 2008

LOS JARDINES DE LA VILLA D’ ESTE

Jardines de la Villa d'Este en Tivoli. Grabado contemporáneo de Etienne du Perac.
Extraido del Paisaje del hombre. Geoffrey y Susan Jellicoe, 1975


En 1559 Hipólito d’Este, el hijo de la famosa Lucrecia Borgia que fue investido cardenal por su abuelo el papa Alejandro VI, comenzó la construcción de la que sería una de las más famosas residencias de la periferia de Roma, la villa d’Este.
El conjunto del palacio y su jardín se emplazan, orientados al Noroeste, en una ladera colindante al pequeño pueblecito de Tivoli que dista 50 kms de Roma. Desde el palacio se pueden observar en la llanura cercana, las ruinas de otro complejo residencial relevante, la villa que el emperador Adriano hizo levantar para su retiro mil años antes.
El arquitecto y arqueólogo renacentista Pirro Ligorio, contratado por D’Este, fue el autor de esta maravillosa obra de diseño paisajístico en la que se expresan las inquietudes y confidencias de estos dos ilustrados personajes, obsesionados con la mitología y los conocimientos herméticos. Ligorio se responsabilizaría posteriormente del onírico parque de Bomarzo en Viterbo, otra de las joyas de la jardinería manierista a la italiana.
A Tivoli se llega recorriendo las carreteras que atraviesan rectas la llanura del Lazio a partir del este de Roma. Yo hice el recorrido en autobús, partiendo de un lugar llamado Ponte San Mamolo, transitando la descuidada periferia romana, tan similar a las de otras ciudades mediterráneas de hoy en la disposición desordenada de infraestructuras, el abigarramiento y la mezcla de construcciones. Después de un trayecto de 40 minutos se asciende finalmente por un corto tramo serpenteante de la vía entre viejos olivos hasta llegar a la parte antigua de este pequeño pueblito.
Cuando se pasean los pintorescos espacios del parque se rememoran las pasiones de una época convulsa, la que correspondió al apogeo en la península italiana, la de las pequeñas republicas ciudadanas de Florencia, Venecia, Pisa, Génova, etc, con la presencia dominante del papado como estado que deriva su poder de la extensión de la Cristiandad por toda Europa.
El Renacimiento representa un momento complicado en la historia occidental. La crisis ideológica generada por la división en el seno del cristianismo, a raíz de la aparición de la Reforma Protestante, y la falta de ética en una jerarquía eclesiástica donde cualquier aberración podía ser justificada, llevó a que determinados intelectuales quisieran buscar una explicación a la caótica situación a través de una curiosa combinación de alquimia, mitología, esoterismo y filosofía clásica. La constante lucha por el poder, las guerras interminables y la destrucción asociada hicieron del refugio en la lectura y la interpretación del pasado una ocupación para algunos privilegiados que se aislaron de una realidad difícil, como es el caso de Hipólito d’Este, a partir del momento en que no pudo acceder al papado.
La naturaleza circundante en su exuberancia pasó a contemplarse como un entorno hostil, un espacio mágicamente interpretable y fuente inagotable de jeroglíficos que como un juego podrían interpretarse a partir de los mitos clásicos. Según ello, el individuo, en su camino hacia el conocimiento, podría descifrar los misterios universales y el porqué de su presencia en el cosmos a través de los signos que el paisaje y la vegetación representan como parte del absoluto trascendente.
Dentro de esta concepción intelectual, las ideas pueden encarnarse como imágenes a construir, como fuerzas impulsoras para comprender las pasiones y las razones profundas de las acciones del espíritu humano como si fueran un reflejo de los actos de la divinidad.
La jardinería a la italiana, que nace en este contexto político y cultural, tiene una primera base teórica en el tratado De Re Aedificatoria de Leon Battista Alberti, que consideraba al jardín como una prolongación necesaria de la arquitectura. Parafraseando a Vitrubio, Alberti reintroduce la concepción clasicizante de la ordenación del espacio, tanto interior como exterior. Sus consejos para el tratamiento de la jardinería, incluyendo la configuración de los caminos, los parterres, setos y otros elementos vegetales son muy precisos y se remiten también a las ideas de autores antiguos como Plinio el Joven.
El jardín a la italiana, tal como lo llevaron a cabo los mecenas renacentistas en sus residencias ligadas al campo abierto, se coloca preferentemente en laderas o topografías escarpadas y debe ser simétrico, conteniendo fuentes y otros juegos de agua así como árboles de hoja perenne colocados de manera lineal y regularmente.
Comparando los planos que se conservan de la formalización original del jardín de la Villa d’Este se comprueban las enormes diferencias respecto a su situación actual. Los grandes setos laberínticos de la parte más llana han desaparecido y se han añadido nuevas láminas de agua en su parte central. Sin embargo, los magníficos cipreses y tejos se mantienen junto a los setos recortados y praderas que nos permiten vislumbrar la magnificencia del planteamiento original. El sistema de axialidades y perspectivas junto con la disposición de fuentes y grupos escultóricos nos rememoran un tiempo cultural en el que se valoraba sobremanera la herencia clásica como depositaria de un saber sorprendente.
El paseo de las Cento Fontane, uno de los espacios más interesantes del jardín de la Villa d'Este

La Villa d’Este es el conjunto monumental por excelencia de Tivoli y ocupa una superficie importante del asentamiento. Este edificio, y sobretodo su jardín, se inspiran y representan el viaje a la búsqueda del conocimiento descrito en la Hypnerotomachia Políphili, o Sueño de Polífilo, que Francesco Colonna escribió a finales del siglo XV y que tuvo una importante traducción al francés en 1540.
Colonna es otro diletante miembro de una de las familias patricias más importantes de Roma como los Farnese, Orsini, Borguese, etc, que se disputaron el poder y la riqueza de la jerarquía eclesiástica durante los siglos XV y XVI. La obsesión por los conocimientos clásicos y su traducción moderna llevó a muchos personajes como Francesco Colonna a estudiar con avidez la herencia griega y oriental.

El encuentro de Polífilo con las Musas. Grabado incluido en el Sogne de Poliphile
La edición francesa del texto, conocida como Songe de Poliphile, se realizó a partir de una traducción de Jacques Gohorry y se acompañó de una serie de grabados ilustrativos que fueron la fuente de inspiración de numerosos jardines renacentistas a la italiana, como es este ejemplo de Tivoli. El Sueño de Polífilo es una alegoría del recorrido iniciático personal que se produce en la búsqueda y encuentro con la sabiduría representada por el protagonista y sus vicisitudes al recorrer un espacio mágico presidido por la vegetación.
Polífilo inicia su periplo desde la angustia y el desconcierto que representa la naturaleza salvaje y al igual que en la Divina Comedia de Dante y otros textos coetáneos, el protagonista lleva a cabo su viaje exploratorio a través del caos representado por un bosque o selva. En esta alegoría, los artífices de jardines italianos buscaron la reconciliación de lo ordenado con lo irregular, lo natural y lo artificial, la conocida como terza natura o artificio destinado a la fusión entre opuestos.
En el jardín de la Villa d’Este, se reúnen estas inquietudes, sin llegar a la plenitud que representan trabajos posteriores como el Sacro Bosco de Bomarzo, se lleva a cabo una unificación formal en la visualización del espacio. La vegetación, elegida expresamente por su carácter geométrico preciso, pierde su carácter orgánico para formar parte de una arquitectura del paisaje, los setos se podan y adquieren una volumetría y medida precisas como parte de una concepción escultórica. El agua se trata como el hilo conductor que lleva al visitante en su recorrido y le induce determinadas asociaciones e ideas relacionadas con el relato principal, las cascadas y grutas como caída al abismo, las fuentes como punto desde el que fluye el conocimiento, etc. Los grupos escultóricos tienen una misión descriptiva de los episodios mitológicos que explican determinados pormenores de la fábulación genérica hacia la sabiduría.
Fuente de Pegaso. Jardines de la Villa d'Este
Un ejemplo de lo anterior es la fuente de Pegaso, que según la mitología griega, nació de la tierra fecundado por la sangre de Medusa, decapitada por Perseo. Alude al manantial que brotó del monte Helicón, sede de las Musas, al golpear con sus pezuñas. Este espacio, situado en lo más alto del jardín, es un trasunto del acceso al conocimiento a partir del mundo físico y constituye el inicio del recorrido hacia el entendimiento de la perfección. El paseo continua con la disposición de cascadas, fuentes y láminas de agua en todo un conjunto simbólico que, actualmente, es recorrido por innumerables visitantes venidos de muy distintas partes y culturas.
Espacio acuático central orientado hacia la ciudad de Roma
Cuando uno observa a los turistas japoneses y las parejas en viaje de novio fotografiándose en un lugar tan pintoresco y que conserva un encanto indudable a pesar de la decrepitud de sus conjuntos escultóricos y la degradación de sus fuentes, surge inmediatamente la incógnita sobre que percibirán o entenderán de las complejas profundidades intelectuales que un lugar como éste encierra.
Lo que es indudable es que la acumulación de pensamiento en determinados puntos ofrece generalmente un enorme atractivo a pesar de que no se produzca una comunicación inteligible en el plano racional. En el caso de la Villa d’Este, al igual que en tantas obras complejas del arte heredado, es muy difícil llegar a aprehender y ser consciente de la totalidad de las historias y referencias que contienen los espacios y elementos que motivaron su creación.

sábado, 16 de febrero de 2008

TIPOLOGÍAS APLICABLES AL URBANISMO

La identificación de las tipologías volumétricas aplicables para el proyecto de la nueva ciudad es una de las cuestiones a las que menos se presta atención en la práctica del urbanismo. Sin embargo, tiene una importancia decisiva para la calidad de la arquitectura que posteriormente se pueda desarrollar a partir de la planificación urbana.

Diversos trazados de ciudades. Gráfico comparativo realizado por Michael Surtees a partir del libro Great Streets de Allan B. Jacobs. Spacing Toronto


La definición del trazado de la ciudad y la asignación de un aprovechamiento volumétrico a los espacios parcelados privados son dos operaciones fundamentales para la definición del proyecto de la forma de la ciudad futura que están íntimamente relacionados. Estas dos tareas constituyen un trabajo fundamental en la tarea de la técnica urbanística y para ello se precisa conocer las herramientas disponibles para conseguir una organización adecuada del espacio urbano. El trazado garantizaría la provisión de aquellos elementos públicos que son fundamentales para un buen funcionamiento de la convivencia y de la accesibilidad a los recintos privados, manzanas o parcelas mientras que el establecimiento de las condiciones para llevar a cabo un aprovechamiento de las superficies parceladas tiene que ver con la definición de las tipologías edificatorias y los posibles usos aplicables a esos volúmenes resultantes.Por ello, es muy importante entender cuales pueden ser los diferentes tipos que, a los efectos urbanísticos, pueden aplicarse y su estrecha relación con el soporte geográfico, la geometría de la parcelación, su medida y la relación topológica entre espacio público y privado.
Pero ¿Qué es lo que se entendería por tipos o tipologías edificatoria o urbanística? Recurriendo a los diccionarios y enciclopedias, la Real Academia de la Lengua Española define tipología como el estudio y clasificación de los distintos tipos existentes, considerando al tipo como el ejemplo característico de una especie, de un género, etc. Algo más allá, el diccionario de María Moliner considera al tipo como el ejemplar de una especie, teórico o existente en la realidad que reúne en el más alto grado y con la mayor pureza las cualidades peculiares de ella. O tipo como modelo que sirve para valorar o graduar las cosas de la misma especie que él.
Desde una perspectiva genérica, el establecimiento del tipo serviría como instrumento para establecer las condiciones óptimas para la identificación de los distintos elementos diferentes en un sistema concreto. En el caso de la edificación y la arquitectura ello tendría que ver por una parte con los aspectos volumétricos y espaciales que conforman las distintas formas de implantación de la construcción en el territorio y por otra con las distintas posibilidades de uso de los edificios. De la identificación taxonómica de las distintas tipologías existentes en cada lugar se derivarían las condiciones normativas para permitir el desarrollo de la edificación de una manera reglada de acuerdo a los diferentes instrumentos para la ordenación urbanística.
Tradicionalmente, y dada la alta prevalencia de la edificación residencial en el territorio no se tiene claro el concepto de tipología aplicable a efectos territoriales normativos, que se suele confundir el tipo edificatorio o con los usos que se pueden producir espacialmente en los volúmenes edificados. Así no es extraño observar en las determinaciones urbanísticas habituales que forman parte de los planes de ordenación, clasificaciones y referencias extrañas tales como Casas Unifamiliares Aterrazadas o Edificación Aislada Hotelera.
Ya a comienzos de los años 70, Aldo Rossi, en su libro La arquitectura de la ciudad, alertó de la importancia de las tipologías urbanas para el establecimiento de formas urbanas características y que parten de tradiciones extendidas en los modos de vida de las distintas sociedades. La forma volumétrica final de lo urbano se conformaría a lo largo de siglos y a partir de la consolidación de prácticas y patrones consecuentes con las distintas estrategias de aprovechamiento del territorio llevado a lo largo de la historia por muy variados grupos humanos.

Muestra del tejido urbano y las tipologías asociadas del casco tardo-medieval de La Laguna, Tenerife. Islas Canarias


El urbanista catalán Juli Esteban, en su conocido manual Elements d’ordenació urbana, precisa algo más el concepto al referirse a las condiciones iniciales que motivan la aparición de los distintos tipos edificatorios en relación a la ciudad: Dice Estebán, los edificios que se construyen en la ciudad tienen unas características que resultan de su destino, de los procedimientos constructivos del momento y también de factores culturales de la población. La síntesis de estas características da lugar a edificios que sin variar los elementos fundamentales de su composición y forma, se repiten numerosas veces en la ciudad: son lo que se reconocen como ”tipos edificatorios”.
De ello, este autor deduce la extrema importancia que tiene la identificación y elección del tipo edificatorio tanto para la composición formal de la ciudad nueva como para no destruir la morfología peculiar de los espacios urbanos existentes.
Sigue considerando Juli Estebán al respecto que el tipo edificatorio es un factor muy importante en la parcelación del suelo, ya que “en cada tipo hay implícita una manera de ocupar y utilizar la parcela”. En consecuencia, y en tanto que las áreas parcelables de la ciudad están condicionadas por las conveniencias de la parcelación, los tipos edificatorios han de ser una referencia importante para la delimitación de esas áreas, lo que es lo mismo que describir como deben de ser para la ordenación de la ciudad.
A partir de esta reflexión, se podrían identificar tres sistemas tipológicos básicos para la ordenación volumétrica de la arquitectura futura en su relación con las parcelas que la albergan, la ordenación por volúmenes adosados, los que corresponde a volúmenes aislados y los que disponen la edificación de una manera irregular.
Históricamente, a partir de la concepción de la ciudad medieval y renacentista, el primer tipo de ordenación ha sido el modo habitual. El tipo volumétrico adosado correspondería a aquellos ámbitos de la ciudad en los que los edificios se han construido mediante la definición de paredes medianeras ciegas que se adosan a sus vecinos a partir de la alineación de las calles, disponiendo completamente del espacio de contacto entre lo público y lo privado.
Inicialmente, la construcción medieval ocupaba parte del espacio disponible de parcela para construir las viviendas, reservándose las traseras a otros usos accesorios a la habitación y a posibles crecimientos futuros. En esta forma de ocupación tradicional y con el transcurso de los años, normalmente suele ir produciéndose un proceso de relleno completo de las parcelas, acompañado de un crecimiento en altura hasta producir esos recintos de una alta densidad de aprovechamiento que tan característicos son de los centros más antiguos de las ciudades.
El tipo de volumetría adosada a efectos urbanísticos admitiría una subdivisión a los efectos táxonómicos y a partir de una voluntad planificadora que pretende una regularización y el establecimiento de límites a los efectos de controlar los efectos perniciosos de una excesiva concentración de volúmenes. Particularmente, se podría distinguir entre aquellas parcelas en las que la edificación podrían ocupar la práctica totalidad de la superficie disponible, realizando la ventilación e iluminación de los distintos espacios interiores a través del mecanismo de los patios y aquellos otros en los que los planes han determinado espacios mínimos no ocupables para garantizar unas condiciones higiénicas mínimas como en el caso de las propuestas de ensanche diseñadas a finales del siglo XIX.

Axonometrías correspondientes a variantes de la volumetría adosda


Es lo que se podría considerar como tipologías adosadas cerradas, retranqueadas y alineadas. En los dos últimos casos, corresponderían a aquellas ordenaciones volumétricas de las manzanas en las que son obligatorias la reserva de espacio libre entre el lindero de la parcela en contacto con la calle y la alineación de la edificación en el primero o, también, la reserva de espacios traseros a través del mecanismo de una alineación interior obligatoria en el segundo.
La alta concentración que originan los procesos de densificación en zonas de volumetría adosada llevó a reclamar hacia finales del siglo XIX un cambio radical en la concepción de las ordenaciones urbanas.
La teorización de las ciudades jardín propugnadas por los higienistas británicos y, posteriormente, la concepción urbana relacionada con las propuestas de los urbanistas en el primer tercio del siglo XX condujo a la aparición de un nuevo tipo de ordenación volumétrica que podríamos denominar aislada, considerando la usual organización de la edificación en las parcelas que se proponen en la formalización de los modelos de ciudad ideal.
Este nuevo concepto de ciudad relacionado con los tipos aislados se realizaría a partir de las Garden Cities británicas y la famosa Ville Radieuse de Le Corbusier. Se utilizaría para el desarrollo de los barrios populares de vivienda hacia la mitad del siglo XX, propugnados para las clases trabajadoras y formado parte de las mejoras propuestas por los socialdemócratas y la idea residencial del estado del bienestar.

Las variantes del tipo volumétrico aislado: ciudad jardín, bloque y torre

La volumetría aislada como tipo urbanístico admitiría también una subdivisión normativa, atendiendo a la forma en que la posible edificación se dispone en la parcela. Se podría hablar de tres categorías aisladas que corresponderían a las formas de torres, bloque, y la muy característica de casas pequeñas, distintivas de las urbanizaciones que han heredado el concepto de la propia ciudad ajardinada de viviendas unifamiliares.
Finalmente, se incorpora un nuevo tipo volumétrico intermedio que se relaciona con la aparición tanto de la urbanización marginal en los países con crecimientos urbanos explosivos como con la definición de ciertos desarrollos urbanos más complejos en las ciudades con un alto nivel de sofisticación urbanística. Es lo que podríamos denominar como volumetría irregular que a su vez se puede subdividir en horizontal, escalonada o específica.
Los dos primeros casos, señalarían a aquellos desarrollos informales característicos de aquellos países con escasos recursos públicos, que no han podido atender una fortísima demanda residencial y que ha llevado a que los emigrantes y nuevos pobladores de las ciudades hayan ocupado espacios irregularmente en situaciones que cabría calificar como enormemente deficientes. Atendiendo a los ejemplos latinoamericanos, la volumetría irregular horizontal pautaría las periferias de ciudades como Ciudad de México y Buenos Aires mientras que la escalonada queda representada por los barrios de ranchos de Caracas.
La volumetría irregular específica acabaría de completar esta familia tipológica y se referiría a las implantaciones que incluyen generalmente una superposición de usos junto con una definición de volúmenes que atiende a un planteamiento arquitectónico muy mediatizado por espacios de alta centralidad.

Tipos irregulares en las categorías de horizontal, escalonada y especifica

Con esta propuesta de clasificación de posibles tipologías volumétricas a los efectos urbanísticos se pretende aportar un pequeño grano de arena en el esfuerzo de lograr unos sistemas normativos más adecuados al trabajo de los urbanistas y sus mecanismos de regulación, una más adecuada forma de la ciudad futura a partir del proyecto del territorio.

domingo, 10 de febrero de 2008

LA CONSTRUCCIÓN INSTANTÁNEA DEL ESPACIO

Concetto spaziale. Lucio Fontana

Durante las décadas centrales del siglo XX, una gran eclosión cultural , especialmente artística, tuvo lugar en Italia. Centrada en las ciudades que polarizan la actividad de este país, Roma y Milán, en esta última desarrolló su obra un personaje que siempre me ha intrigado: Lucio Fontana, pintor argentino nacido en Rosario, y que se ha inscrito en la historia del arte del siglo XX como representante del movimiento denominado espacialismo.




Sus cuadro, de un esquematismo radical, se caracterizan por una gran contención expresiva que generalmente se circunscribe a cortes sobre lienzos coloreados que buscan comunicar una especialidad oculta.
A la manera del instante decisivo que Cartier Bresson introdujo en la fotografía, Fontana busca la máxima reducción del acto creativo, un momento que concibe como de intensa energía o fuerza intelectual. Curiosamente, esta actitud simple que se podría emparentar con la visión oriental y la gestualidad de los caligramas japoneses, transmite una gran intensidad al espectador que lo contempla interesado por entender.
Recientemente, he descubierto una serie fotográfica que representa ejemplarmente el proceso creativo de Lucio Fontana. Fue llevada a cabo por el magnífico fotógrafo Ugo Mulas, probablemente hacia la mitad de los años sesenta, y en ella se representa al artista en su estudio en pleno acto creativo. Aparece en el esplendido libro titulado La fotografía y que fue publicado por el editor Giulio Einaudi en 1973. Mulas es un intérprete de esa generación, también muy curioso, que se relacionó con la mayor parte de los artistas, pintores, escultores, etc. que acudían en esos años de efervescencia a la cita que ha representado durante muchos años la Bienal de Venecia.



En las fotos de Ugo Mulas se observa a su amigo, Fontana, en el momento preciso de realizar la operación creativa. Una fase previa supone la concentración del artista para imaginar la forma del espacio a crear y generar la energía suficiente para su formulación instantánea. Una vez decidido el concepto el acto creativo se realiza muy rápidamente como refleja la secuencia fotográfica.



Toda la serie fue escenificada con la colaboración de Fontana y en ella tiene un papel muy relevante la forma en que se introduce la luz a la manera de los pintores barrocos, desde lo alto y otorgando una gran potencia al relato de las sombras.
La gran contradicción de todo este esfuerzo representativo de Mulas es que consiste solamente en una teatralización de la supuesta forma de actuar de Lucio Fontana. Su propia admiración por el artista le lleva a concebirlo como un personaje heroico, casi demiúrgico en la tarea principal, la creación extrema.

viernes, 1 de febrero de 2008

PLANET OF SLUMS







(Planeta de chabolas)
Mike Davis
Verso, New York 2006

Este libro presenta un recorrido apabullante por el creciente deterioro que están experimentando las aglomeraciones urbanas de las regiones pobres del planeta. La paulatina colonización de las ciudades por barrios masivos de chabolas carentes de cualquier infraestructura o servicio colectivo es un hecho característico de gran parte de las principales urbes del Tercer Mundo.
Este fenómeno, que está transformando paulatinamente muchas ciudades situadas en diferentes partes del mundo, convierte en lugares inhabitables el lugar donde se desenvuelve una parte muy importante de la humanidad. La aparición de las favelas, las villas miserias y los ranchos, tal y como son conocidos en Latinoamérica, está ligado a una dualización social y a una pobreza que ha ido ampliándose en las últimas décadas a capas cada vez más extensas de la población.

Ranchitos de Caracas. Foto: Janis, Flickr

La extensión del chabolismo es una consecuencia de la aplicación de las estrategias depredadoras implícitas en la visión capitalista extrema de la economía actual e incentiva la migración de sus habitantes hacia los lugares más favorecidos del planeta. Este es el tema principal del libro que quiero comentar.
En 1994, Mike Davis aparecía fulgurantemente en la escena de la geografía y de la crítica urbanística de los Estados Unidos con un libro titulado, Ciudad de cuarzo, una arqueología del futuro en Los Ángeles.
En Ciudad de Cuarzo se hacía una brillante disección de las razones que estaban en la base del expansivo crecimiento de la ciudad de Los Ángeles a lo largo del siglo XX. Utilizando las herramientas de un marxismo heterodoxo, Davis desenmascaraba los esfuerzos de las sucesivas elites ligadas históricamente a esa ciudad para transformar un páramo semidesértico en una de las regiones metropolitanas más representativas de la cultura planetaria. La construcción de un concepto o historia ligada a un territorio como marca apetecible, la metrópolis soleada en el Sur de California, ha sido en ese caso, el motor que originó un crecimiento fulgurante de la conurbación más representativa de la ideología urbana del siglo XX.
Planeta de chabolas es un documento oportuno en un momento histórico en el que se celebra pomposamente el punto estadístico de inflexión por el que la mitad de la humanidad ha pasado a considerarse urbanizada, superando a la población rural. Pero la cuestión es ¿en qué condiciones?
Mike Davis disecciona escrupulosamente el contexto que ha llevado a que, en las últimas décadas, ingentes cantidades de personas hayan tenido que abandonar sus tierras y campos originarios con la esperanza de lograr unas mejores condiciones vitales para enterrarse con dificultades en megaciudades altamente inhabitables.
A partir de la mitad del siglo XX una parte significativa de la población planetaria ha ido acumulándose en asentamientos de pobreza extrema situados en los vacíos despreciados de las grandes ciudades. Tal y como señala el autor, la evolución del sistema productivo mundial ha conllevado la reserva de las actividades financieras, administrativas y de comando para determinadas zonas y ciudades del mundo desarrollado mientras que ha desplazado al proletariado industrial a la inmensidad del subcontinente chino, un país que se ha convertido en la principal fábrica del mundo.
Por otra parte, el continuo incremento de la productividad agrícola y su especialización extrema ha originado también el abandono progresivo de extensas zonas del planeta y la emigración de sus habitantes a las ciudades más próximas a la búsqueda de un modo de sustento diferente. Con ello, el crecimiento de las ciudades en el mundo pobre se ha desconectado de la industrialización y el crecimiento económico derivado de la urbanización ha dejado de tener una relación directa con el tamaño de las aglomeraciones.
La producción agrícola subvencionada ha llevado a que los campesinos de los países más atrasados hayan quedado sometidos a los dictados de las instituciones financieras internacionales y sus políticas de desregulación económica. La imposibilidad para competir en igualdad de condiciones de las producciones agrícolas africanas y asiáticas con las cosechas subvencionadas de los países avanzados ha producido el efecto del abandono de regiones enteras.
Según Davis, a partir de 1970 este proceso se ha acelerado y el crecimiento del chabolismo en las ciudades del hemisferio sur ha sobrepasado ampliamente la tasa de urbanización misma. Con ello, la urbanización actual debería considerarse un sinónimo de favelización o chabolismo. Ello ha llevado ya a que una sexta parte de la población mundial habite en chabolas actualmente.
El libro describe las condiciones de vida en la anteriormente conocida como urbanización marginal. Comparando las descripciones y análisis de este fenómeno que se realizaron en el último tercio del siglo XX por autores como John Turner y Joan Busquets , la situación de estos enclaves ha empeorado notablemente.
La definición más aceptada, sobre el barrio de chabolas como concepto incluiría una acumulación informal de infravivienda, con un acceso inadecuado al agua y al saneamiento así como una inseguridad extrema en lo que respecta a la propiedad y la salud. La superpoblación y un aprovechamiento extremo del suelo serían consecuencias asociadas a estos lugares. Esta definición operativa del fenómeno fue adoptada por la conferencia de las Naciones Unidas que tuvo lugar sobre el tema en Nairobi en 2002 y que se organizó bajo el liderazgo de Anna Tibaijuka, actual Directora Ejecutiva de UN-Habitat.
De acuerdo al comentario aportado sobre el informe paralelo a dicha conferencia, el fenómeno del chabolismo es extremo en países como Etiopía en que representa más del 99% de los espacios habitados disponibles. Igualmente, Bombay se podría considerar la capital mundial del chabolismo con más de 10 millones residentes en barrios de este tipo o simplemente, ocupando la calle y unos espacios públicos cada vez más escasos.
Pero los países desarrollados están empezando a no estar exentos de este fenómeno. La diferencia estriba en que mientras en el mundo subdesarrollado, se ocupan los intersticios periféricos de las ciudades, en Estados Unidos y Europa, la aparición de infravivienda se está concentrando en los centros urbanos. La ocupación extrema de viviendas en los conocidos en España como pisos-patera o el abandono de los Downtowns centrales de América a la marginalidad y la pobreza podrían ser expresiones de una peculiar traslación del fenómeno del chabolismo a los espacios centrales del sistema urbano mundial.
Desde un punto de vista económico, uno de los principales problemas para la población que se asienta en este tipo de barrios de infravivienda es la gran dificultad para el acceso a la propiedad dentro del sistema legal predominante. Ello acarrea consecuencias como la imposibilidad de contar con activos con los que responder ante las entidades financieras para la puesta en marcha de actividades que requieren de recursos más allá del propio trabajo. Por ello y con buen criterio, el actual gobierno de Brasil, por ejemplo, ha planteado la puesta en marcha de un procedimiento para el reconocimiento masivo de la propiedad en estos barrios de chabolistas.
Según Davis, uno de los elementos fundamentales en la localización de este tipo de asentamientos es una accesibilidad lo más próxima posible a los lugares donde se puede realizar algún tipo de trabajo. La falta de controles urbanísticos en determinados países trae como consecuencia una lógica de ocupación irregular con una alta densidad poblacional de todo el espacio libre disponible en las proximidades de las grandes vías de comunicación. Es el caso de Dharavi en Bombay, que he comentado recientemente, un asentamiento de chabolas surgido alrededor de la vía del tren en su punto de llegada a la zona central de la ciudad.
Un capítulo específico está dedicado a la descripción de la ecología del slum. Empieza retratando una villa miseria a las afueras de Buenos Aires como el lugar con peor feng shui del planeta. El asentamiento se ha llevado a cabo sobre un lago de residuos tóxicos junto a un cementerio, justo en el centro de una zona periódicamente inundable. Las consecuencias sanitarias son evidentes a cualquier visitante.
Junto a una concentración poblacional fuera de toda racionalidad, otra característica extendida en estos lugares es la ausencia de facilidades para la evacuación de las aguas fecales y los detritus, lo que lleva a unas situaciones absolutamente humillantes. Es el caso, que narra, de las mujeres de Bombay, donde más de la mitad de la población no cuenta con un retrete o, simplemente una letrina, y para evitar violaciones las mujeres deben esperar a reunirse en grupo a altas horas de la madrugada para desplazarse a hacer sus necesidades en los parques o en la playa.
Como acusa Davis de una manera expeditiva, la crisis global de salubridad que acarrea la ausencia de saneamiento en las ciudades del mundo pobre desafía cualquier hipérbole al respecto. Se vive en la mierda literalmente.


Cité Soleil, Port au Prince, Haiti. Foto: Rifd, Flickr

Otro problema derivado de la ausencia de control urbano y la masiva aglomeración perpetrada es la gran fragilidad de aquellas edificaciones frente al fuego. Continuamente se producen incendios provocados que arrasan masivas extensiones de chabolas en diferentes partes del mundo. Como ocurrió en 1993 en diversas barriadas de Manila, dejando a cientos de miles de personas sin cobijo, a partir de los fuegos propiciados por los propietarios de suelo y que se transformaron en una especie de renovación urbana dura o demolición en caliente.
Es tal la magnitud del problema del chabolismo que habría que intervenir de inmediato. En caso contrario y según los datos aportados por investigadores del Observatorio Urbano de las Naciones Unidas, la pobreza urbana en el mundo alcanzará pronto a la mitad de la población que se concentrará en las ciudades. No hay actualmente iniciativas en este sentido, sin embargo el desvío de una mínima parte de la riqueza que se acumula en los países avanzados podría producir una diferencia muy significativa.
El autor señala, finalmente, el problema principal de este tipo de asentamientos del Tercer Mundo, consistente en su práctica desaparición mediática y frente al poder. Las clases dominantes de los países afectados ocultan sistemáticamente la fealdad y miseria de estos lugares en una especie de movimiento perverso en pro de un embellecimiento urbano que trata de ignorar la realidad de los problemas
Sirva este libro para ofrecer algo de luz en la oscuridad, un merito de Mike Davis en su lucha por desenmascarar los poderes despiadados que configuran nuestras ciudades de una manera absolutamente egoísta.