Central eléctrica de los Llanos 2007Un panorama hacia el futuro que se nos presenta como ciertamente inquietante y que por negarlo no va a mejorar las perspectivas a las que nosotros y, sobre todo, nuestros hijos nos veremos abocados en las próximas décadas. Algunos tildaran estas líneas de catastrofismo o de palabras de aguafiestas pero lo sensato sería ir pensando que alternativas tienen territorios tan frágiles como los archipiélagos, al objeto de ir anticipando posibles escenarios que propicien alternativas energéticas factibles y adaptadas a esa dura realidad que se vislumbra.
La disponibilidad de energía abundante y barata ha sido un factor esencial en la aceleración del desarrollo económico de las sociedades contemporáneas a lo largo del siglo XX. Este producto fundamental que garantiza el bienestar de los países avanzados del planeta se ha basado en el consumo de unos recursos no renovables, los combustibles fósiles que tenderán a una escasez cada vez mayor mientras que la demanda está experimentando ya un crecimiento exponencial. Lo relevante es que como consecuencia de ello, el coste del petróleo está ya en máximos históricos.
La energía eléctrica es un elemento esencial para el funcionamiento de los territorios, formando parte de nuestro escenario de una manera muy amplia. Un hecho del cual no se suele ser consciente, dándolo por descontado. La alta dependencia del petróleo y el carbón en su producción y la extrema fragilidad de las redes técnicas de suministro hacen que cualquier pequeña variación o percance se convierta fácilmente en una catástrofe. Las experiencias tenidas en situaciones de emergencia de este tipo, como ocurrió durante el gran apagón de la costa Este de Estados Unidos o la tormenta tropical Delta que afectó a estas islas, son buen ejemplo de lo que puede pasar ante una incapacidad temporal en el suministro energético.
Las alternativas son complejas y, en cualquier caso, presentan innumerables ventajas e inconvenientes. La energía de origen nuclear tiene serios problemas de seguridad que algunas voces interesadas quieren ignorar señalando su insignificancia. La dura realidad es que los desastres en centrales nucleares han ido teniendo lugar con una frecuencia cada vez mayor. Hay está, por ejemplo, la reciente fuga radiactiva de la central japonesa de Kashiwasaki para ilustrarlo.
La biomasa es otra fuente energética tradicional, a través de la incineración de los residuos de basuras, materia orgánica, forestal, etc., aunque los sistemas disponibles son altamente contaminantes y la aportación es marginal ante la imponente demanda mundial que existe. Algo similar sucede con la posibilidad de llevar adelante la producción de biocombustibles a partir del cultivo de plantas como el maíz, la soja o la caña de azúcar. En este caso, el inconveniente principal estriba en la competición con una de las necesidades más perentorias de la humanidad, la alimentación. La sola perspectiva de utilización con ese destino del maíz producido en las grandes planicies de América del Norte llevó, el año pasado, a un aumento desmesurado del precio de este bien básico en países como México.
Aunque tiene todavía un desarrollo exiguo, el aprovechamiento solar como fuente de energía totalmente renovable es una alternativa que cada vez va adquiriendo mayor consistencia. Las posibilidades de la energía creada por el sol, mediante las tecnologías eólica y fotovoltaica, son todavía incipientes pero ofrecen buenas expectativas para la sustitución de los sistemas convencionales de producción energética en lugares específicos como las islas Canarias, caracterizadas por un altísimo soleamiento y con una distribución de vientos bastante apropiada.
No obstante, la incomprensión y las críticas técnicas al despliegue de estas tecnologías alternativas es un lastre muy importante todavía. Mientras en el pasado no se consideraba adecuado la participación de productores independientes hoy en día ha quedado demostrado que puede suponer un tanto por ciento significativo de aporte a las redes de servicio. Los objetivos en nuestra región se cifran en alcanzar un modesto 20% de producción renovable en la próxima década.
Otro factor que influye también negativamente en el necesario cambio de modelo energético es el que se deriva del control centralizado en la producción energética. Las compañías eléctricas se han convertido en unos gigantes financieros que tienen una altísima influencia en los ámbitos de decisión política y, por tanto, trabajan intensamente contra el cambio necesario.
Richard Rogers, en su libro “Ciudades para un pequeño planeta”, propugnaba una mayor descentralización de la producción como medida de seguridad en caso de averías o caídas en las redes. De hecho, proponía centrales a nivel de barrio que tuvieran como objetivo la generación local de calor y energía utilizando técnicas de reciclaje de residuos de la zona. Les asigna una efectividad significativamente mayor que la que tienen las grandes unidades actuales que se caracterizan, en su opinión, por la generación de notables perdidas a través de la disipación del calor y la necesidad del transporte de la energía producida a más grandes distancias.
Otra de las cuestiones más relevantes que se esgrimen contra el uso de las tecnologías solares renovables se refiere a las dificultades para su almacenaje y la distribución constante en el tiempo. Es cierto que el viento y el sol no son recursos a los que se pueda acceder de una manera equilibrada y dependen de las variables condiciones meteorológicas y atmosféricas, debido a lo cual es necesaria la acumulación para suplir aquellos momentos en que no se cuenta con aportación suficiente. A este respecto, las baterías como tecnología de reserva presentan grandes desventajas debido a su alto coste de producción actual y su rápida obsolescencia. Aunque su eficiencia está mejorando como consecuencia de la amplia variedad de aparatos portátiles que se han ido introduciendo, su capacidad es muy exigua para poder contar con las mismas para su incorporación masiva a los sistemas energéticos regionales y metropolitanos.
Algunos propugnan como solución a este problema, la transformación de la energía proveniente del sol en hidrógeno de tal manera que se pueda quemar posteriormente de una forma regular. Otro sistema de almacenamiento es el que se basaría en la utilización del agua como acumulador de energía mediante su transporte en vertical y la generación eléctrica posterior mediante turbinas.
A partir de esta última alternativa se ha iniciado recientemente un camino altamente sugerente para sustituir el sistema actual de producción energética en Canarias. El anuncio oficial de la exposición pública del proyecto de una nueva central hidroeléctrica para la isla del Hierro debe de considerarse como punto de partida de una estrategia diferente que puede considerarse como revolucionaria.
El planteamiento que se pretende ha sido diseñado como un sistema mixto que aprovecha la energía eólica como base de aprovisionamiento y la reserva de excedente energético a partir del transporte en altura de agua. El sistema, que se quiere llevar a cabo, significaría la creación de una nueva central hidroeléctrica en la costa y laderas de Azofa, en el sur de la isla más occidental de Canarias, con capacidad para 11 Megawatios y que tendría el objetivo de cubrir la demanda de energía de la totalidad de la población actual de 10.700 habitantes así como el crecimiento previsto en las próximas décadas.
El esquema funcional previsto estaría constituido por dos depósitos, uno de 500.000 m3 a situar en una depresión volcánica a 700 metros sobre el nivel del mar y otro inferior en la costa con la mitad de capacidad del superior, junto con una central de bombeo para la elevación de agua entre los depósitos y una batería de cuatro turbinas que aprovecharían la caída del agua, produciendo 3.000 Kilowatios cada una. Todo el conjunto se basaría en la aportación energética de un parque eólico compuesto por 5 aerogeneradores de 2.000 Kilowatios y su conexión a la red existente a través de la central actual de los Llanos, que trabaja con motores de fuel oil y a la que vendría a sustituir.
El sistema proyectado funcionaría a partir de la transformación en electricidad del viento que suministrará en primera instancia a la red y, en segundo lugar, para acumular en altura agua que posteriormente se usaría para la generación, a la manera de una central hidroeléctrica de pantano pero a una escala más reducida.
Este sencillo dispositivo va a permitir en un futuro próximo la autosuficiencia completa de esta pequeña isla y eliminar su dependencia de la aportación de combustibles fósiles, así como la eliminación completa de la producción insular de gases de efecto invernadero y su envío a la atmósfera.
Con ello, la isla del Hierro se constituirá en breve en un espacio de avanzada para el cambio necesario y un ejemplo para una producción energética alternativa. Esta propuesta constituye un precedente magnífico que debería servir como base tecnológica para un posible trasvase de los conocimientos desarrollados en aras a la sustitución progresiva en otras islas de la actual producción energética basada en combustibles fósiles.
A mayor escala está experiencia debería evaluarse para su traspaso a otras islas. Se cuenta ya con elementos territoriales que podrían incorporarse a una estrategia diferente de producción energética. El aprovechamiento de los elementos agrícolas de almacenaje y distribución del agua que se ha creado en el archipiélago a lo largo de más quinientos años podría integrarse en una estrategia esencial de autosuficiencia energética. A partir de la red de canalizaciones, embalses, estanques y pequeños recursos existentes se podría crear un sistema alternativo que garantizase un suministro eléctrico menos dependiente de las aportaciones exteriores.
Se argumentará que sería difícil en las condiciones actuales, pero esta experiencia debería estimular el cambio de los actuales sistemas de producción unificada por islas, apostando por la energía solar renovable, el diseño de una red alternativa de distribución más mallada y extensa y contar con la aportación de un mayor número de productores que pudieran desplegarse sobre el territorio de una manera lo más homogénea posible.
La alternativa consiste en ignorar los grandes cambios que se avecinan y tener que afrontarlos en una posición de mayor desventaja. En este caso, la inactividad juega en contra de la viabilidad de la forma de asentamiento actual de Canarias. Lamentablemente, es más fácil el inmovilismo puesto que la percepción colectiva del problema energético futuro tiende a potenciar su ignorancia.



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