domingo, 29 de julio de 2007

LA SOSTENIBILIDAD ENERGÉTICA DE LA ISLA DEL HIERRO

Central eléctrica de los Llanos 2007

Un hecho trascendental para el futuro del de Canarias, que acaba de tener lugar, ha pasado bastante desapercibido en esta comunidad. Por primera vez se ha puesto en marcha un proceso destinado a cambiar radicalmente el sistema de producción eléctrica de una isla entera a partir de una estrategia de autosuficiencia.

Un antiguo editor de la revista Rolling Stone, James Howard señalaba recientemente que estaríamos a punto de iniciar una era caracterizada por una escasez creciente de la energía basada en combustibles fósiles y baratos. Un bien, la energía ilimitada, del que somos extremadamente dependientes y al que tan fácilmente nos hemos acostumbrado. Pero los problemas que se derivarán de esta escasez son más complejos de lo que en principio podemos suponer. Decía Howard en su libro “La gran emergencia” que el mundo desarrollado comenzará a padecer los efectos de un incremento de su coste mucho antes de que el petróleo y la gasolina se agoten del todo. La decadencia de los combustibles fósiles será, sin lugar a dudas, la mecha que prenderá una contienda crónica entre las naciones que se disputen los remanentes. Estas guerras por los suministros ya han dado comienzo pero habrá más en el futuro. El alcance del sufrimiento a padecer por nosotros, los occidentales, dependerá del grado de obstinación con que decidamos aferrarnos a hábitos obsoletos, costumbres y certidumbres que simplemente, ya no resultaran rentables.
Un panorama hacia el futuro que se nos presenta como ciertamente inquietante y que por negarlo no va a mejorar las perspectivas a las que nosotros y, sobre todo, nuestros hijos nos veremos abocados en las próximas décadas. Algunos tildaran estas líneas de catastrofismo o de palabras de aguafiestas pero lo sensato sería ir pensando que alternativas tienen territorios tan frágiles como los archipiélagos, al objeto de ir anticipando posibles escenarios que propicien alternativas energéticas factibles y adaptadas a esa dura realidad que se vislumbra.
La disponibilidad de energía abundante y barata ha sido un factor esencial en la aceleración del desarrollo económico de las sociedades contemporáneas a lo largo del siglo XX. Este producto fundamental que garantiza el bienestar de los países avanzados del planeta se ha basado en el consumo de unos recursos no renovables, los combustibles fósiles que tenderán a una escasez cada vez mayor mientras que la demanda está experimentando ya un crecimiento exponencial. Lo relevante es que como consecuencia de ello, el coste del petróleo está ya en máximos históricos.
La energía eléctrica es un elemento esencial para el funcionamiento de los territorios, formando parte de nuestro escenario de una manera muy amplia. Un hecho del cual no se suele ser consciente, dándolo por descontado. La alta dependencia del petróleo y el carbón en su producción y la extrema fragilidad de las redes técnicas de suministro hacen que cualquier pequeña variación o percance se convierta fácilmente en una catástrofe. Las experiencias tenidas en situaciones de emergencia de este tipo, como ocurrió durante el gran apagón de la costa Este de Estados Unidos o la tormenta tropical Delta que afectó a estas islas, son buen ejemplo de lo que puede pasar ante una incapacidad temporal en el suministro energético.
Las alternativas son complejas y, en cualquier caso, presentan innumerables ventajas e inconvenientes. La energía de origen nuclear tiene serios problemas de seguridad que algunas voces interesadas quieren ignorar señalando su insignificancia. La dura realidad es que los desastres en centrales nucleares han ido teniendo lugar con una frecuencia cada vez mayor. Hay está, por ejemplo, la reciente fuga radiactiva de la central japonesa de Kashiwasaki para ilustrarlo.
La biomasa es otra fuente energética tradicional, a través de la incineración de los residuos de basuras, materia orgánica, forestal, etc., aunque los sistemas disponibles son altamente contaminantes y la aportación es marginal ante la imponente demanda mundial que existe. Algo similar sucede con la posibilidad de llevar adelante la producción de biocombustibles a partir del cultivo de plantas como el maíz, la soja o la caña de azúcar. En este caso, el inconveniente principal estriba en la competición con una de las necesidades más perentorias de la humanidad, la alimentación. La sola perspectiva de utilización con ese destino del maíz producido en las grandes planicies de América del Norte llevó, el año pasado, a un aumento desmesurado del precio de este bien básico en países como México.
Aunque tiene todavía un desarrollo exiguo, el aprovechamiento solar como fuente de energía totalmente renovable es una alternativa que cada vez va adquiriendo mayor consistencia. Las posibilidades de la energía creada por el sol, mediante las tecnologías eólica y fotovoltaica, son todavía incipientes pero ofrecen buenas expectativas para la sustitución de los sistemas convencionales de producción energética en lugares específicos como las islas Canarias, caracterizadas por un altísimo soleamiento y con una distribución de vientos bastante apropiada.
No obstante, la incomprensión y las críticas técnicas al despliegue de estas tecnologías alternativas es un lastre muy importante todavía. Mientras en el pasado no se consideraba adecuado la participación de productores independientes hoy en día ha quedado demostrado que puede suponer un tanto por ciento significativo de aporte a las redes de servicio. Los objetivos en nuestra región se cifran en alcanzar un modesto 20% de producción renovable en la próxima década.
Otro factor que influye también negativamente en el necesario cambio de modelo energético es el que se deriva del control centralizado en la producción energética. Las compañías eléctricas se han convertido en unos gigantes financieros que tienen una altísima influencia en los ámbitos de decisión política y, por tanto, trabajan intensamente contra el cambio necesario.
Richard Rogers, en su libro “Ciudades para un pequeño planeta”, propugnaba una mayor descentralización de la producción como medida de seguridad en caso de averías o caídas en las redes. De hecho, proponía centrales a nivel de barrio que tuvieran como objetivo la generación local de calor y energía utilizando técnicas de reciclaje de residuos de la zona. Les asigna una efectividad significativamente mayor que la que tienen las grandes unidades actuales que se caracterizan, en su opinión, por la generación de notables perdidas a través de la disipación del calor y la necesidad del transporte de la energía producida a más grandes distancias.
Otra de las cuestiones más relevantes que se esgrimen contra el uso de las tecnologías solares renovables se refiere a las dificultades para su almacenaje y la distribución constante en el tiempo. Es cierto que el viento y el sol no son recursos a los que se pueda acceder de una manera equilibrada y dependen de las variables condiciones meteorológicas y atmosféricas, debido a lo cual es necesaria la acumulación para suplir aquellos momentos en que no se cuenta con aportación suficiente. A este respecto, las baterías como tecnología de reserva presentan grandes desventajas debido a su alto coste de producción actual y su rápida obsolescencia. Aunque su eficiencia está mejorando como consecuencia de la amplia variedad de aparatos portátiles que se han ido introduciendo, su capacidad es muy exigua para poder contar con las mismas para su incorporación masiva a los sistemas energéticos regionales y metropolitanos.
Algunos propugnan como solución a este problema, la transformación de la energía proveniente del sol en hidrógeno de tal manera que se pueda quemar posteriormente de una forma regular. Otro sistema de almacenamiento es el que se basaría en la utilización del agua como acumulador de energía mediante su transporte en vertical y la generación eléctrica posterior mediante turbinas.
A partir de esta última alternativa se ha iniciado recientemente un camino altamente sugerente para sustituir el sistema actual de producción energética en Canarias. El anuncio oficial de la exposición pública del proyecto de una
nueva central hidroeléctrica para la isla del Hierro debe de considerarse como punto de partida de una estrategia diferente que puede considerarse como revolucionaria.
El planteamiento que se pretende ha sido diseñado como un sistema mixto que aprovecha la energía eólica como base de aprovisionamiento y la reserva de excedente energético a partir del transporte en altura de agua. El sistema, que se quiere llevar a cabo, significaría la creación de una nueva
central hidroeléctrica en la costa y laderas de Azofa, en el sur de la isla más occidental de Canarias, con capacidad para 11 Megawatios y que tendría el objetivo de cubrir la demanda de energía de la totalidad de la población actual de 10.700 habitantes así como el crecimiento previsto en las próximas décadas.
El esquema funcional previsto estaría constituido por dos depósitos, uno de 500.000 m3 a situar en una depresión volcánica a 700 metros sobre el nivel del mar y otro inferior en la costa con la mitad de capacidad del superior, junto con una central de bombeo para la elevación de agua entre los depósitos y una batería de cuatro
turbinas que aprovecharían la caída del agua, produciendo 3.000 Kilowatios cada una. Todo el conjunto se basaría en la aportación energética de un parque eólico compuesto por 5 aerogeneradores de 2.000 Kilowatios y su conexión a la red existente a través de la central actual de los Llanos, que trabaja con motores de fuel oil y a la que vendría a sustituir.
El sistema proyectado funcionaría a partir de la transformación en electricidad del viento que suministrará en primera instancia a la red y, en segundo lugar, para acumular en altura agua que posteriormente se usaría para la generación, a la manera de una central hidroeléctrica de pantano pero a una escala más reducida.
Este sencillo dispositivo va a permitir en un futuro próximo la autosuficiencia completa de esta pequeña isla y eliminar su dependencia de la aportación de combustibles fósiles, así como la eliminación completa de la producción insular de gases de efecto invernadero y su envío a la atmósfera.
Con ello, la isla del Hierro se constituirá en breve en un espacio de avanzada para el cambio necesario y un ejemplo para una producción energética alternativa. Esta propuesta constituye un precedente magnífico que debería servir como base tecnológica para un posible trasvase de los conocimientos desarrollados en aras a la sustitución progresiva en otras islas de la actual producción energética basada en combustibles fósiles.
A mayor escala está experiencia debería evaluarse para su traspaso a otras islas. Se cuenta ya con elementos territoriales que podrían incorporarse a una estrategia diferente de producción energética. El aprovechamiento de los elementos agrícolas de almacenaje y distribución del agua que se ha creado en el archipiélago a lo largo de más quinientos años podría integrarse en una estrategia esencial de autosuficiencia energética. A partir de la red de canalizaciones, embalses, estanques y pequeños recursos existentes se podría crear un sistema alternativo que garantizase un suministro eléctrico menos dependiente de las aportaciones exteriores.
Se argumentará que sería difícil en las condiciones actuales, pero esta experiencia debería estimular el cambio de los actuales sistemas de producción unificada por islas, apostando por la energía solar renovable, el diseño de una red alternativa de distribución más mallada y extensa y contar con la aportación de un mayor número de productores que pudieran desplegarse sobre el territorio de una manera lo más homogénea posible.
La alternativa consiste en ignorar los grandes cambios que se avecinan y tener que afrontarlos en una posición de mayor desventaja. En este caso, la inactividad juega en contra de la viabilidad de la forma de asentamiento actual de Canarias. Lamentablemente, es más fácil el inmovilismo puesto que la percepción colectiva del problema energético futuro tiende a potenciar su ignorancia.

jueves, 26 de julio de 2007

Mexico City.Peripheral Landscapes

Aquellos que han tenido la oportunidad de visitar la ciudad de Mexico habrán podido comprobar las enormes dificultades que presenta una urbanización acelerada e informal

domingo, 22 de julio de 2007

RETORNO A LA ISLA CIUDAD

La ciudad de La Laguna en la isla de Tenerife a comienzos del siglo XX

En 1992, publicaba este mismo autor en un periódico local (Gaceta de Canarias, 19 de enero de 1992) un artículo sobre el funcionamiento metropolitano de la isla de Tenerife, titulado La isla es una ciudad. Transcurridos quince años los conceptos que allí se vertieron siguen plenamente vigentes si bien la estructuración de las áreas urbanas de la isla ha ido creciendo y consolidándose paulatinamente.
Lo sorprendente de esa pieza fue que la concebí como un divertimento sin mayor trascendencia y ha pasado, sin embargo, a constituirse en una referencia para ciertas personas de la comunidad universitaria que suele citarse con frecuencia en foros y publicaciones.
No siendo accesible con facilidad me ha parecido una buena idea volver a publicarlo. Por ello he decidido rescatar este texto como una forma para que pueda volver a ser accesible a los lectores de esta bitácora
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Cuando se compara nuestra percepción sobre el territorio insular con la que nuestros antecesores tenían, se evidencia la magnitud de las transformaciones urbanas que han tenido lugar a lo largo de este siglo.
Hasta muy recientemente, el universo insular era concebido en el campo dentro de una visión muy reductiva del espacio. El agricultor tenía como referente una doble presencia, a la espalda la montaña y al frente el mar. Era ésta una experiencia territorial muy poco compleja en comparación a la que podían tener los habitantes de la Europa continental.
Si consideramos que en los ámbitos urbanos de Tenerife eran hasta principios del siglo XX una excepción frente a la poderosa realidad de lo natural y la relativa preponderancia de la agricultura, es posible aventurar que estos factores constituían por ello, la esencia de lo canario. En ciertos países de latinoamericanos, todavía en la actualidad, el canario es sinónimo de campesino.
Remontándonos hacia el pasado solo media centuria el entorno en el cual se desenvolvía la vida de los isleños era extremadamente reducida si la medimos con los parámetros actuales. Tanto en el campo como en los núcleos habitados, cotidianamente se acudía al trabajo caminando. Las calles y caminos solían ser el lugar principal de encuentro y de relación. De esta manera, los viajes que se realizaban entre las distintas partes de la isla eran algo excepcional para la mayoría de los habitantes. Un viaje a Santa Cruz, por ejemplo, era una auténtica expedición que comportaba el empleo de una jornada de completa y hacer noche en la capital en la mayoría de los casos.
La situación en que se encintraba entonces la red de comunicaciones era de una gran precariedad y todavía se seguían empleando los mismos caminos reales por los que discurrieron tantos viajeros ilustres que visitaron Tenerife, como George Glass o Sabino Berthelot, que los describieron como origen de importantes incomodidades y fatigas. Piénsese que la carretera que comunica las principales poblaciones del norte de la isla, entre la capital e Icod se termina de construir a principios de este siglo y que la vieja carretera del sur con todos sus inconvenientes de trazado, curvas, etc., no tiene mas allá de cincuenta años.
Algo que resulta sorprendente desde esta perspectiva, es la observación de imágenes antiguas en las que se muestran los paisajes insulares. En ellas se evidencia la gran amplitud de los espacios en comparación a su contemplación actual; y esto, a pesar de que, físicamente, las dimensiones permanecen inalteradas. Si nos situamos en lo alto de la montaña de San Roque, en las proximidades de La Laguna, y miramos hacia el llano de Los Rodeos nos parece hoy un lugar bastante abarcable y pequeño en comparación a una fotografía antigua del mismo lugar.
La gran accesibilidad al territorio que suponen las actuales autopistas, el importante volumen de vías y carreteras, así como los medios de transporte con que hoy se cuenta, ha inducido una relación distinta con el territorio insular. El entorno físico, en su forma de percibirse, ha sufrido una gran compresión, tanto espacial como temporal. Los habitantes de la isla la comprendemos inconscientemente como una totalidad, es decir, como un continuo espacial. Por esta razón, se usa cada vez más en su conjunto por un volumen creciente de personas.
La unidad insular tiene un reflejo directo en el carácter de los desplazamientos, basta para corroborarlo la exposición de algunos casos: un residente en Los Silos o La Guancha puede trasladarse, a pesar de ciertas dificultades, a Playa de las Américas para trabajar a diario. Lo cual ocurre con una frecuencia superior a lo que pudiera parecer a primera vista. Por otra parte, un importante número de personas se desplaza cada mañana desde el norte de la isla al área de Santa Cruz y La Laguna y regresa por la tarde, realizando un trayecto que supera los cien kilómetros diarios en algunos casos. Algo inimaginable hace solo veinticinco años.
Pero en el caso del movimiento derivado de las pautas de trabajo hay múltiples combinaciones posibles que se están poniendo en práctica de una manera cotidiana. Por ejemplo, desde Tegueste a Granadilla o desde la capital de la isla al Puerto de la Cruz.
Pero es que la isla no solo se usa unitariamente en lo que respecta al trabajo, sino que también se realizan desplazamientos importantes por otros motivos como el ocio o las gestiones administrativas. Un número significativo de personas acude de compras a los centros de Santa Cruz o La Laguna, al igual que los domingos se produce un traslado masivo simplemente para almorzar fuera de casa, dirigiéndose hacia las comarcas del Norte o para bañarse en las playas del sur de la isla, aumentando considerablemente el nivel de utilización de la red de carreteras disponible a nivel insular y empeorando sus niveles de congestión por estos motivos.
En este sentido, resulta interesante comprobar el uso creciente que se está haciendo de Las Cañadas del Teide como un inmenso parque cuasi urbano al que se accede desde todos los puntos de la isla tanto para admirar el paisaje como para hacer deporte o cualquier otro tipo de entretenimiento. Con el cambio de escala que se ha producido, el Teide, en otro contexto, corresponde al papel que pudo desempeñar el parque García Sanabria en los años 30 para Santa Cruz o la plaza del Adelantado en el siglo XVII.
Naturalmente, el aumento de la congestión en la red de carreteras se está notando cada día más, aunque gozamos todavía de una buena relación entre su tamaño y el parque de vehículos existente. Esta utilización unitaria del espacio insular requerirá de inversiones muy cuantiosas en transporte público y nuevas vías si requiere simplemente mantener los estándares de acceso que existen actualmente. La isla se ha convertido realmente en una gran ciudad en la que las interrelaciones entre las distintas partes se están haciendo cada vez más potentes y en la que la desaparición acelerada del suelo agrícola es un fenómeno incontrovertible a pesar de la proclamación de voluntades en contra. La masiva integración que se está produciendo no coincide con nuestra concepción de la isla. Seguimos considerando el territorio insular como un espacio fragmentado en nuestro inconsciente imaginario.
Un tacorontero se considera sicológicamente muy separado de un lagunero cuando se hallan en una proximidad física mayor que dos habitantes de distintos barrios de Santa Cruz como San Andrés y Ofra. Así se podría entender que la voluntad política de cooperación y coordinación de acciones y servicios entre municipios limítrofes es prácticamente inexistente.
Determinados espacios del territorio insular han adquirido en este proceso de transformación funcional un papel preponderante al establecerse una cierta jerarquía respecto a la cual se están definiendo los nuevos valores de centralidad urbana y de los que, apenas, se es consciente. Por ejemplo. Cuando se analiza el relieve que está cobrando el tramo de la autopista Norte entre Santa Cruz y La Laguna, se puede asegurar que, en el futuro, este lugar será el espacio central de la isla de Tenerife, relevando a los cascos urbanos tradicionales en este papel.
Si se observa el rango de la traza que esta vía representa sobre un plano de la isla es suficiente para reconocer su preponderancia. Por este tramo de la red de comunicaciones insular circulan diariamente varias decenas de miles de personas, lo que para una empresa situada en sus bordes puede suponer un impacto publicitario superior al que le otorgaría anunciarse indefinidamente en toda la prensa local.
Los problemas que estas tendencias espontáneas del desarrollo están originando, se vuelven mas graves aún, si se considera que no contamos realmente con un gobierno insular del territorio. La ausencia de una visión de conjunto sobre la isla en la sociedad isleña, ha propiciado una dejación en el control del cada vez más escaso suelo por parte de las estructuras administrativas tradicionales, los ayuntamientos.
Por otra parte, en los municipios se mantienen mecanismos para la administración territorial que se encuentran desfasados frente a las dinámicas de transformación en curso. Los ayuntamientos, debido a sus problemas financieros y a la concepción del gobierno que les son inherentes, tampoco cuentan con la asistencia técnica que sería necesaria para responder a las fuertes presiones especulativas que se están desarrollando sobre el suelo.
Desde esta perspectiva, el organismo al que, en buena lógica, debiera corresponder ejercer esta función es el Cabildo Insular. Sin embargo, la falta de una visión política de carácter estratégico y la ausencia de unas demandas populares efectivas en este sentido, han llevado a la inexistencia práctica de las infraestructuras administrativas que serían necesarias para atender esta imperiosa necesidad.
Es preciso cambiar primero nuestra idea mítica de la isla como paso previo a la recuperación del control del espacio sobre el que vivimos.

domingo, 15 de julio de 2007

EL COLAPSO AMBIENTAL DE LAS SOCIEDADES CONTEMPORÁNEAS


Colapso. Como las sociedades eligen fallar o triunfar de Jared Diamond
Penguin 2005. Debate. 2006

En el año 900 de nuestra era, Eric el Rojo llegaba a Groenlandia después de haber sido expulsado sucesivamente de varios sitios, primero de su tierra natal en Noruega y después de la colonia de Islandia, debido a su carácter fuertemente violento. Encontró en aquella isla remota, valles y fiordos con pastos veraniegos que asemejaban notablemente lo que había dejado atrás en su tierra de nacimiento. La aventura de este vikingo excepcional dio lugar a varios asentamientos que sobrevivirían en esta tierra inhóspita durante más de cuatrocientos años hasta finalmente desaparecer.
La hazaña fue descrita en una saga que forma parte sustancial de la cultura y del imaginario de Escandinavia. Pero la cuestión relevante es porqué esta sociedad de agricultores y ganaderos que alcanzó un tamaño superior a las diez mil personas en dos asentamientos separados y que basaban su subsistencia principalmente en la cría de vacas y cerdos, no pudo prolongar su existencia y sus costumbres sucumbiendo finalmente
Este es un hecho, la desaparición de sociedades organizadas y con un fuerte respaldo en su proceso de expansión por el mundo que no constituye una excepción sino que se ha repetido históricamente en muchas ocasiones al igual que la viabilidad a largo plazo de otros grupos humanos ¿Porqué dos países como Haití y Santo Domingo que comparten un espacio único, la antigua isla de la Española, son tan diferentes en su relación con los elementos naturales y su capacidad de sobrevivir? ¿Porque los antiguos habitantes de la isla de Pascua acabaron por desaparecer? ¿Porque una colonia de raíz europea como la que los vikingos noruegos establecieron en Groenlandia no pudo resistir al lugar y los esquimales siguen allí todavía?
Este tipo de preguntas es la que ha pretendido responder este interesante libro que trata de explicar la influencia de los factores ambientales en la capacidad de permanencia de sociedades y de comunidades concretas en relación con su medio físico y cultural. La obra que ha sido elegida libro del año en 2005 por multitud de periódicos norteamericanos, como el Washington Post o Los Angeles Times, tiene el respaldo de su autor, el profesor de geografía californiano Jared Diamond que, anteriormente, ya fue Premio Pulitzer con su ensayo Armas, Gérmenes y Acero.
Varias son las causas que determinan la viabilidad de una sociedad a partir de su relación con el medio físico según Diamond y que hoy han pasado a convertirse en problemas determinantes de la viabilidad de la especie en el futuro. La existencia de bosques y biodiversidad junto con la desaparición de la fertilidad de los suelos son causas ambientales de primer orden que posibilitan la existencia biológica de la especie humana sobre la tierra.
La deforestación ha sido históricamente el mayor problema que se cita como causa en la desaparición de las sociedades en el pasado. Y ello tiene que ver no solo con la supresión de la fuente principal para la obtención de madera y combustible sino con la provisión de un ecosistema eficiente que garantice una protección frente a la erosión del suelo fértil, las riadas y la existencia de un hábitat adecuado para la supervivencia de la mayor parte de las plantas terrestres y las especies animales. Un proceso de fuerte deforestación tuvo que ver probablemente con la desaparición de los Mayas en la península del Yucatán varias centurias antes de la llegada de Hernán Cortés.
La extinción acelerada de los alimentos salvajes es otro problema al que se enfrenta la humanidad en estos momentos y al que no se le presta la debida atención. Especies como el pescado o los mariscos representan todavía una fracción importante de las proteínas que hoy en día se consume habitualmente entre los habitantes de los países ribereños de los mares y océanos. La colonización del Pacífico Oriental se apoyó en la gran riqueza de sus mares y fue aprovechada hasta su colapso por los polinesios que llegaron más al Este, a las islas de Mangareva, Henderson y Pitcairn. En ese caso, la falta de control colectivo de los escasos recursos disponibles determinó el declive y desaparición final de aquellos isleños de tal manera que cuando los amotinados de la nave británica H.M.S Bounty tomaron como base de su destierro Pitcairn, fue precisamente porque no existía población nativa.
La perdida de biodiversidad que va a significar esta decadencia acelerada los productos naturales y del mar, tendrá notables consecuencias negativas por cuanto los ecosistemas funcionan como una unidad en la que desaparición de una parte lleva implícita la aniquilación del conjunto.
La destrucción lenta pero progresiva de los suelos fértiles destinados a la agricultura intensiva es un proceso del que no se tiene conciencia real y que, sin embargo, está haciendo que la capacidad productiva y el tamaño de las cosechas vayan disminuyendo paulatinamente. Diamond cita como ejemplo un caso concreto en Iowa, Estados Unidos, en pleno corazón del territorio más productivo de trigo y maíz, las grandes planicies americanas. Allí, una iglesia construida a mediados del siglo XIX en el centro de un campo de cultivo que se había trabajado desde entonces estaba en el momento de la visita, hace escasos años, situada a una altura de 3 metros sobre la superficie de la llanura.
Otros condicionantes importantes para una buena relación humana con el medio tienen que ver con las posibilidades de aprovisionamiento de bienes esenciales como la energía, el agua y el tamaño poblacional respecto a la capacidad del territorio.
Las mayores fuentes actuales de energía en las sociedades industrializadas provienen de combustibles fósiles no renovables, petróleo, gas y carbón, y que tienen techos de producción científicamente estimados. Estos límites finales se presentan bastante cercanos en el tiempo, a partir de los cuales su aportación a la demanda energética tiene que ir disminuyendo progresivamente a pesar de que las demandas energéticas no cesan de aumentar.
El agua potable, un factor considerado inagotable hasta fechas muy recientes es objeto ya de múltiples disputas entre países y regiones por garantizar su control. Las reservas de lagos y ríos se están utilizando ya a plena capacidad por lo que cualquier contaminación como la salinización produce además consecuencias catastróficas. El ejemplo del mar de Aral en el centro de Asia es suficiente significativo a este respecto. La adecuada captación, administración y ahorro de este recurso va a ser una de las claves para la supervivencia de la mayor parte de los territorios habitados del planeta.
La aportación energética del sol sobre la tierra se considera infinita pero lo cierto es que según cálculos científicos efectuados más de la mitad de la capacidad de fotosíntesis posible aplicada a cosechas, plantaciones de árboles, campos de golf, y similares ya es usada habitualmente en el planeta.
La industria química junto con otras actividades manufactureras representan un peligro importantísimo por la facilidad con que pueden distribuir tóxicos altamente contaminantes sobre los cursos de agua que afectan a los seres vivos y produciendo procesos instantáneos de desertización y eliminación de la vida
La introducción de especies foráneas de plantas y animales sin una evaluación adecuada de su repercusión sobre las existentes ha traído en el pasado casos positivos pero en nuestros días se producen casos de consecuencias desastrosas como la introducción de pestes que devastan la flora o animales con una gran agresividad que eliminan rápidamente a los vernáculos en una competencia despiadada.
Finalmente, el crecimiento de la población humana es un factor acelerador del conjunto de problemas señalado, máxime si se considera la potente voluntad de los habitantes de los países no desarrollados para alcanzar unos estándares de vida similares a los obtenidos en el hemisferio norte del planeta.
Pero lo seguro es que también han existido sociedades que han sabido adaptarse a su medio geográfico para sobrevivir a lo largo de períodos temporales de aislamiento físico. El autor cita el caso de la isla de Tikopia, de Papua Nueva Guinea y la Republica Dominicana.
En Tikopia, una pequeña isla tropical en el Suroeste del Pacífico, se ha producido una combinación sostenible entre población y medio. Con una superficie de 6 kilómetros cuadrados escasos ha sobrevivido durante más de 3.000 años una población que se mantiene regularmente en 1.200 personas aisladas de sus más próximos vecinos de las islas Salomón a más de 200 kilómetros. Para ello, los habitantes de Tikopia han aprendido a mantener una relación con su medio físico y biológico que se caracteriza por la conciencia sobre la capacidad máxima de regeneración botánica y la gestión colectiva a largo plazo de los recursos con que cuentan. A primera vista, parece otro atolón cubierto de una vegetación natural lujuriosa pero cuando el visitante se aproxima y entra en contacto más directo comprueba que hasta los cocoteros son cultivados primorosamente.
Algo similar ha ocurrido en Nueva Guinea y la Republica Dominicana. En este último caso, debido a la visión de un solo hombre, el presidente Balaguer, que impuso, de una manera cuasi dictatorial, su percepción erudita sobre la necesidad de proteger los bosques y los recursos naturales para garantizar la viabilidad a largo plazo de los habitantes de su país. Actualmente, se percibe de una manera neta la diferencia entre la devastación de Haití y la existencia de vegetación y bosques en Republica Dominicana, dentro de un mismo espacio territorial.
Aunque el archipiélago canario no presenta unas condiciones ambientales similares al trópico en el océano pacífico, se podría llevar a cabo un paralelismo simplista, considerando una posible sostenibilidad similar a la de aquellas islas. De acuerdo al planteamiento anterior, Canarias con 7.000 km2, sería capaz de albergar a 1.400.000 habitantes en una situación de aislamiento, por lo que habríamos ya sobrepasado en un 50% una posible capacidad teórica. Algo similar se podría plantear respecto a las islas centrales; en Tenerife la cifra sería de 400.000 habitantes, superada en dos veces y media por la actual realidad poblacional.
Lo cierto es que el archipiélago canario ha dejado atrás la posibilidad de una autosuficiencia alimentaria, energética, etc. y ha pasado a constituirse en una realidad metropolitana desde hace varias décadas que depende totalmente de contar con un territorio externo que le ofrezca suministros. Esta es una reflexión que convendría tener en cuenta sobre todo cuando estas cuestiones aparecen en programas de gobierno como el que esta semana se ha anunciado para este archipiélago.
Todo esto se describe con detalle en esta magnifica obra que nos sitúa ante el panorama de un colapso generalizado de las sociedades contemporáneas en un plazo no superior a varias décadas si no se modifican las actuales pautas de comportamiento económico insostenible.

TIKOPIA


Nativo de la isla de Tikopia en el archipiélago Salomón.
Un ejemplo de sostenibilidad en un espacio territorial reducido.YidnaMU, Flickr

domingo, 8 de julio de 2007

EL MONUMENTO NATURAL DEL TEIDE

Amanecer sobre el pico Teide. Daniel López

El pasado 27 de junio la UNESCO decidía otorgar el título de Patrimonio Natural de la Humanidad al volcán del Teide. Las razones para esta declaración han estado fundamentadas en el alto interés científico que este paraje ha despertado en el imaginario europeo a lo largo de los siglos.
A nivel territorial, el Teide es un espacio que cuenta con importantes salvaguardas para su conservación, entre las que habría que destacar su calificación por ley como Espacio Natural Protegido de la comunidad autónoma de Canarias y, principalmente, su consideración como Parque Nacional con su patronato de gestión y su Plan específico de uso y gestión. Actualmente, visitan el Parque Nacional del Teide más de cuatro millones de turistas al año lo que lo ha convertido en un referente y un atractivo de esta parte del Atlántico a escala mundial.
La verdadera protección de este elemento natural se remonta a la década de los 50 del siglo XX que es cuando se gesta el proceso de conversión de este entorno en Parque Nacional. La aprobación en 1987 de la ley canaria de Espacios Naturales consagró definitivamente la instauración de mecanismos que garantizan la conservación de este paisaje singular junto con todos los elementos geológicos, botánicos y faunísticos que lo integran.
La reciente declaración del Teide como Patrimonio Natural de la Humanidad en la ciudad neozelandesa de Christ Church redundaría en la valoración ambiental del hito geográfico y tiene en sí misma unas componentes esencialmente simbólicas. De hecho, el Teide es una parte esencial de la marca turística de Tenerife a la cual se le añade más valor.
Esta estrategia, al margen de los efectos chovinistas sobre los tinerfeños, va a contribuir a mejorar indirectamente la economía turística. Al mismo tiempo, ha generado una alta rentabilidad política con una aportación intelectual relativamente sencilla. Tanto fervor político en conseguir la declaración de lugares Patrimonio de la Humanidad, ya se cuenta con dos junto a el casco histórico de La Laguna, estaría indicando la necesidad de iniciar una campaña para que Tenerife pasase a figurar en el libro One thousand places to see before you die (Mil lugares que ve antes de morir), una de los principales éxito editoriales de la librería en línea Amazon en Estados Unidos.
El esfuerzo realizado tiene como efecto negativo el aumento del atractivo sobre un espacio enormemente saturado en su uso y que va a apoyar la visita de un mayor número de personas en el futuro. A los efectos de la isla de Tenerife va siendo hora de valorar si lo realmente importante es lograr un incremento anual en el número de personas que acceden a esta isla o si, por el contrario, como señalan muchas voces, la tarea es conseguir una mayor rentabilidad del considerable flujo de viajeros ya existente.
La diferencia con la misma táctica llevada a cabo para La Laguna, ciudad histórica de la isla que ya fue declarada también como Patrimonio de la Humanidad, es palmaria. El otorgamiento de esta distinción significó, en su momento, la incorporación del casco histórico al negocio turístico y ha contribuido notablemente a la ampliación de los recursos turísticos con que cuenta la isla de Tenerife. Por otra parte, ello estableció la exigencia de llevar a cabo definitivamente la protección de este recinto histórico fundamental para la historia y el patrimonio territorial de Canarias.
La tortuosa planificación patrimonial del casco histórico de La Laguna, con la reiterada redacción de diversos documentos de planeamiento, planes especiales, catálogos, etc., prolongada a lo largo de más de dos décadas, no se habría podido culminar si no se hubiera producido esta declaración que supuso un impulso definitivo.
No obstante, hay tareas que deben abordarse para mejorar la gestión de este espacio natural y que sean superadoras de situaciones que nos son comprensibles. El Parque Nacional del Teide es el de mayor éxito del contexto español y, por ello, con esta declaración puede morir de éxito. De una vez, se debería valorar la cuestión del control de accesos para limitar el impacto que el elevado número de visitantes actuales supone. En otros lugares se define una capacidad máxima que permita el encauzamiento de estos flujos de personas y la real protección de los valores naturales que han dado origen a su atractivo.
La eliminación definitiva de elementos exógenos, como el caso de los muflones, animales introducidos por razones de caza deportiva y altamente depredadores de las especies originales y exclusivas del lugar, es otra cuestión que se debería abordar definitivamente por encima de los interese de grupos minoritarios como el de los cazadores. Es, por tanto, el momento de la reconsideración del actual Plan de Uso y Gestión, tarea que debería de iniciarse pronto dados los años transcurridos de la aprobación del vigente.
Por otra parte, esta consideración del Teide como Patrimonio de la Humanidad puede representar una oportunidad para reconsiderar la estrategia de marca de la isla de Tenerife.
Años atrás, el logo que identifica a este territorio fue sustituido por un símbolo que no es representativo del carácter de nuestra comunidad. En mi opinión, la marca actual de Tenerife presenta un alto nivel de confusión que no contribuye para nada a mejorar la imagen de la isla., Como señala Wally Ollins en su libro sobre las marcas y responsable de la imagen olímpica de Londres 2012, el branding de las regiones es un elemento económico de primer orden al que no se le suele prestar una atención adecuada desde los estamentos políticos y administrativos:
Dice este autor que el riesgo para los países que dependen mucho del turismo tradicional es que el sol y la arena están en peligro de convertirse en simples mercancías genéricas, commodities, empujadas por una feroz competencia de precios para atraer cada vez a más gente que cada vez gasta menos. En consecuencia, un país puede terminar captando a más turistas de los que puede absorber, turistas además con un gasto per cápita cada vez mas reducido. La alternativa es jugar al alza, diferenciarse como las marcas de consumo, destacar el arte, la cultura, la historia, la comida, la arquitectura, el paisaje y otras características exclusivas por medio de imágenes refinadas. Así el país atraerá cada vez menos turistas que cada vez gastarán más dinero.
El Teide ha pasado a ser el referente esencial que identifica a la isla de Tenerife y, por ello, debería de pasar a incorporarse a la imagen de marca insular. De alguna manera un elemento que ya está en el imaginario popular internacional debe de formar parte del branding insular. Es cuestión de que nuevos publicitarios y sus diseñadores asociados se replanteen este problema para recuperar una mejor representación que la que actualmente se promociona.
Ejemplos de buenas ideas sobre promoción de los territorios abundan por doquier. En el caso del archipiélago podría citarse el caso de la isla de Lanzarote y su logo inspirado por César Manrique que refleja eficientemente el carácter de ese territorio. Un ejemplo local mejor valorado que la marca actualmente vigente es el que se llevó a cabo con la campaña Tenerife amable, que sintonizaba mucho mejor con el carácter de la idiosincrasia local.
Si bien es conveniente felicitarse de la oportunidad de estos acontecimientos, es interesante aprovechar el momento para mejorar algunas cuestiones que se relacionan con los mismos y esperemos que como colectivo que habita este pequeño territorio seamos capaces de producir esas ligeras reformas que incrementan la sostenibilidad, nuestra capacidad de permanencia en el futuro.

Otra marca para la isla de Tenerife

lunes, 2 de julio de 2007

EL TRANVÍA DE TENERIFE

Visiones de una nueva urbanidad insular. Mataparda, Flckr

La isla de Tenerife ha venido padeciendo de una manera incremental un problema de congestión viaria que tiene su origen en la excesiva dependencia del vehículo privado para el traslado personal de sus habitantes. A este respecto, el tranvía inaugurado a comienzos del mes de julio, ha supuesto un antes y un después en los modos de desplazamiento en el área metropolitana de Santa Cruz de Tenerife.

La apuesta personal del presidente del Cabildo por este medio de transporte ha significado un cambio notable en el enfoque institucional hacia la corrección de los problemas de accesibilidad en esta isla. El esfuerzo realizado ha partido de una intuición personal, puesto que no ha habido una evaluación real de alternativas. No obstante, supone un avance significativo en la consecución de una mejor movilidad insular frente a la promoción de más carreteras por las que apuestan otros departamentos de la administración regional.
El objetivo básico que debería guiar toda política de planificación territorial y transporte serí conveniente centrarlo en la reducción de las necesidades de desplazamiento personal, incentivando la localización del trabajo, el comercio, el ocio y los servicios lo más cercano al lugar de residencia. Este es un objetivo que debería estar constantemente en la mente de los responsables de la instauración de medidas relacionadas con la movilidad.
Y ello debido a la dificultad que supone invertir en infraestructuras para el transporte que se caracterizan por un altísimo coste económico para el sector público y que, además, requieren de largos períodos para su construcción e importantes incomodidades para los futuros beneficiarios de la implantación.
La renuncia en el tiempo a otros temas prioritarios y necesarios socialmente es otra consecuencia negativa de las políticas de transporte basadas en la construcción de estos costosos servicios. Para una administración de tamaño medio como el Cabildo, gobierno insular de la isla y que promueve la actuación sobre cuestiones de carácter social y de asistencia de muy variada gama como la sanidad, el transporte, la agricultura, medio ambiente, cultura, etc., puede significar una hipoteca a largo plazo sumamente gravosa que impida dotar de otros servicios muy necesarios.
Respecto al tranvía se echa en falta un paso previo que establezca una racionalidad superior. Hubiera sido importante llevar a cabo previamente una planificación insular del sistema de transporte. Para ello, con buen criterio, se previó un documento específico de desarrollo del vigente Plan Insular, el denominado Plan Territorial Especial del Transporte Público. Su elaboración habría servido, en primer lugar, como escenario en el contraste de alternativas para abordar colectivamente esta cuestión. En segundo término, hubiera posibilitado un cauce a una participación ciudadana que la población demanda cada vez más intensamente y, finalmente, establecería una programación adaptada a la capacidad financiera pública de las inversiones necesarias a largo plazo.
Ahora que según las propuestas electorales se pretende acometer un esfuerzo aun superior para dotar a la isla de infraestructuras ferroviarias sería deseable una reflexión previa sobre la planificación necesaria para extraer una mayor rentabilidad a este tipo de actuaciones y llevar a cabo una planificación global de las actuaciones antes de su abordaje.
Otra duda relevante sobre el modelo de transporte público basado en los sistemas guiados se plantea cuando se tiene en mente el ejemplo de la ciudad de Curitiba en Brasil, llevado a cabo por el admirado alcalde Jaime Lerner. Este modelo basado en autobuses de alta capacidad y la reserva de carriles exclusivos situados sobre las vías estructurales de aquella metrópoli brasileña se caracteriza por un coste muy inferior, una mayor versatilidad y haber sido instaurado con el consenso de la población.
Pero no todo son percepciones negativas sobre el proceso culminado para la puesta en servicio del tranvía de Santa Cruz de Tenerife. Un beneficio innegable ha sido la reurbanización de ámbitos centrales de la ciudad y su sustracción a la tiranía de los vehículos privados. La eliminación de los carriles múltiples de circulación y de las bandas de aparcamiento en determinadas calles han dado lugar a espacios más tranquilos reservados para el uso peatonal lo que va a redundar en el florecimiento del comercio en las principales vías afectadas, rambla de Pulido, avenida de la Trinidad, etc.
Al respecto es de agradecer el alto nivel con que se han diseñado las propuestas de reurbanización de vías y espacios lo que ha redundado en una gran calidad espacial a pesar de que la construcción final no haya estado al mismo nivel que el esfuerzo de diseño.
La duración final de desplazamiento que ha establecido la línea inaugurada del tranvía entre las dos áreas centrales urbanas de La Laguna y Santa Cruz es excesivo. Aunque tiene su razón de ser en la voluntad de llevar este servicio al mayor número de usuarios posible. Planteamiento que tiene el inconveniente de su baja competitividad frente a otras alternativas. Treinta y cinco minutos, en el caso más favorable es un lapso temporal que va a hacer poco atractivo este medio de transporte en las circunstancias actuales.
De una primera aproximación a la utilidad de esta infraestructura se desprende que los principales beneficiarios han sido los vecinos de los barrios intermedios de Ofra y Taco, así como los usuarios de los principales servicios comunitarios metropolitanos, hospitales y universidad. En el núcleo urbano de Santa Cruz se ha demostrado como un excelente medio para el desplazamiento entre la parte alta y baja de la ciudad
No obstante, el tranvía está teniendo una escasa repercusión en la atenuación del tráfico urbano, a pesar de que los vagones van normalmente con una alta ocupación. Alguien ya ha estimado en un 8% la disminución del tráfico de vehículos en el área metropolitana
Sin embargo, más allá de las zonas centrales de la comarca cabecera de Tenerife, la repercusión del tranvía es inexistente, lógicamente. La descentralización que es necesario llevar a cabo en esta isla indicaría la necesidad de pensar también en la reestructuración de las redes de autobuses de los ámbitos del valle de La Orotava y el sur de la isla que se están configurando como aglomeraciones alternativas a la zona de La Laguna y Santa Cruz.
Ya que se ha apostado por los tranvías como sistema público de transporte urbano sería apropiada la extensión urgente de la red para mejorar sus potencialidades. La prolongación de la línea al aeropuerto de los Rodeos es una necesidad perentoria así como la creación de la línea litoral y la que se preve como conexión transversal hacia los barrios de la Cuesta y Santa María del Mar, esfuerzos que mejorarían notablemente la eficacia del sistema.