Cabaña refugio en Fichtelberg. AFF Architekten, 2009. Foto: Sven Fröhlich
Vivimos en tiempos en los que los límites completos de nuestro hábitat cercano y lejano se han constatado ya de una manera certera. El planeta se ha transformado así en un espacio finito que nos ofrece unos recursos que son cada vez más escasos. Por ello, lo que procede es usar lo disponible con la máxima eficacia y lo menos posible. Es debido a ello que la arquitectura de nuestro tiempo, hoy más que nunca, debe ser una expresión de la austeridad.
Una condición ética que implica considerar la sobriedad y la moderación como algo necesario desligado de los alardes a los que nos hemos acostumbrado en los tiempos más cercanos. En nuestro tiempo, se precisa recurrir a todas las estrategias posibles para el ahorro de materiales, energía y un reparto más equitativo de lo que existe en este entorno que habitamos ya un número superior a 7.000 millones de personas. Frente al adagio estetizante de Mies, Menos, es mas procede que los arquitectos consideremos el realismo de Buckminster Fuller que proponía por el contrario Más con menos.
Casa patio de les Carrieres Centrales, Fototeca de la Ecole Nationale de Architecture de Rabat. Publicado en OASE, 82. 2010
Michel Ecochard es uno de esos personajes que no han obtenido la atención que merecen en la historiografía de la arquitectura y el urbanismo contemporáneo. Conocemos su trabajo debido a la presentación que realizaría en uno de los últimos Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna, el que se celebraría en Aix en Provence en 1953. Ecochard fue un arquitecto que tendría un papel preponderante en el gran esfuerzo para atender la explosiva demanda de urbanización y vivienda que experimentó ese país en el segundo tercio del siglo XX y que haría el protectorado francés de Maruecos, después de la II Guerra Mundial.
Villa Mercure, Dakar. Koffi & Diabaté Architectes, 2003
En Europa se suele tener una visión tópica de África, un continente de enormes riquezas naturales, con sociedades extremadamente desiguales y devastadas por una extrema pobreza. Probablemente, es un reflejo de nuestro desconocimiento radical de las realidades realmente existentes en esos países. Sorprendentemente, y frente a los estereotipos, existen oasis de sofisticación que están claramente relacionados con los grupos dirigentes locales y el gusto asociado a la disponibilidad de muchísimo dinero.
El Cavallo di Bronzo frente a las iglesias de San Carlos y Santa Cristina en la Piazza San Carlo de Turín. Foto: Wikipedia
Hace ya unos cuantos años pasé con unos amigos un par de días en Turín, o Torino como los italianos denominan a la capital piamontesa. Recorriendo sus hermosas calles y monumentos nos sorprendió la magnificencia y belleza de unos espacios urbanos que desconocía completamente. Con el tiempo llegaría a saber que aquel conjunto de plazas y calles, tratadas uniformemente desde una perspectiva barroca, responderían a un proyecto urbano unitario que se desarrollaría durante más de siglo y medio.
En nuestro mundo contemporáneo ¿Vivimos todavía en ciudades? ¿Podemos llamar metrópolis a esos lugares en los que discurre nuestra vida?
A contestar a estas preguntas, ha intentado responder el filósofo y político italiano Massimo Cacciari, a través del conjunto de textos profundamente reflexivos que se han recogido La cittá y que fueran publicados en 2004.
Un maravilloso video que he descubierto recientemente y que muestra el transcurso diario de la vida en los canales y espacios más representativos de la ciudad.
Escuela de Arquitectura de la Universidad Europea de Madrid Exposición Final del Año Académico 2011. Un evento al que me invitarían y en el que participaría.
Ese acto se celebró en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Europea de Madrid en la primavera del año pasado. El panel al que asistí fue el que se refería al Departamento de Urbanismo. Durante toda una mañana debatiríamos con los alumnos de varios cursos sobre sus trabajos.
La impresión que me dio es que contaban con una buena orientación académica en esa materia. Los profesores, gente con mucha experiencia real, han establecido un sistema de enseñanza basado en el estudio de casos verdaderamente abordables por los alumnos.
En consecuencia, se presentaron unos trabajos de curso que tenían una buena conexión con la realidad de la ordenación del territorio que se produce hoy en día. Frente a la creciente desconexión con los problemas reales a los que se enfrentan los arquitectos que experimentan la mayoría de las Escuelas de Arquitectura, allí se busca una preparación más adaptada al complejo panorama que existe en el mundo del diseño urbano y la construcción de edificios.
Durante todo el día se celebrarían encuentros y debates paralelos. Me interesó mucho el que se refería a la evolución de las revistas de arquitectura y que liderarían Fernando Márquez de la revista El Croquis y Edgar González del blog del mismo nombre y que tendría lugar en el vestíbulo principal.
Ambos representarían allí dos formas diametralmente opuestas de entender la distribución de información relativa a la arquitectura. Mientras Márquez ejemplificaba el ocaso de una época, basada en la realización de piezas tradicionales de una alta factura técnica y, también el establecimiento de filtros y controles para determinar que es la arquitectura contemporánea de calidad, Edgar González reflejaría una nueva forma emergente y más participativa de exposición de los contenidos que interesan a los arquitectos y a los estudiantes, basado solo en medios digitales.
Para mi, y como conclusión, es que esa experiencia de contacto con los estudiantes fue muy enriquecedora y estimulante.